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sábado, 27 de noviembre de 2010

INDUSTRIA CULTURAL

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Entrevista con Rodolfo Amawi
“En la batalla contra los monopolios, el único aliado posible es la política”
Publicado el 27 de Noviembre de 2010
Por María Iribarren
El director nacional de Industrias Culturales se refirió al apoyo que el Estado debe prestar a la producción y distribución de bienes simbólicos, y a proyectos como la reinstalación de los premios nacionales de literatura.
Rodolfo Hamawi asumió como director nacional de Industrias Culturales –bajo la órbita de la Secretaría de Cultura de Nación–, en agosto de 2009. Días atrás, abrió y cerró el Encuentro Latinoamericano del Libro Social y Político, por el que pasaron editores, lectores, intelectuales, humoristas y políticos nacionales y latinoamericanos. A pocas horas de presentar la primera publicación del SinCA (Sistema de Información Cultural de la Argentina) y de inaugurar Cocinas del Bicentenario, conversó con Tiempo Argentino.

–¿Qué objetos forman parte del concepto “industrias culturales”?
– Históricamente nació como un concepto crítico, pensado por los integrantes de la Escuela de Frankfurt que entendían que la reproducción técnica de los contenidos culturales los achataba, los masificaba. Walter Benjamin se alarmaba de que al pasar de una radio a otra, escuchaba lo mismo en todas. ¡Imaginate si prendiera la televisión ahora! A mi gusto, esa crítica tuvo un sesgo elitista.Con el paso del tiempo, el concepto se pluralizó. Se empezó a hablar de “industrias culturales” y a ver que la posibilidad de reproducir libros, discos, películas, cuadros, propiciaba el acceso de la población a esos bienes que, si no, hubieran quedado en poder de una élite.
–¿Qué papel juega o debería jugar el Estado en este tipo de producciones?
–Como siempre, lo que tiene que hacer el Estado es pelear las asimetrías. Hoy la Argentina tiene dos fuertes asimetrías con relación a las industrias culturales. Una es geográfica: el 80% de la producción se aglutina en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires. La otra es el proceso de concentración económica que, creo, es muy difícil de frenar porque se trata de una tendencia mundial. Por un lado, el Estado tiene que darles voz y posibilidades de expresión, de producción y de distribución a aquellos proyectos pequeños, en muchos casos hasta artesanales, que necesitan de su apoyo para poder existir. Por otro lado, el Estado debe llevar las producciones regionales a todo el país. Hoy en día, el problema no es tanto de producción, en general, sino de distribución. Éste es el tema básico. Vos podés sacar libros en Chaco o hacer discos en Neuquén y difícilmente lleguen a Buenos Aires o al resto del país. En este sentido, nos parece que tenemos que ayudar a crear redes de distribución. Te pongo un ejemplo: cuando impulsamos el Instituto Nacional del Libro Argentino, una de las tareas prioritarias fue ayudar a abrir librerías en aquellas ciudades donde no las hay. Para que te des una idea: el 25% de las ciudades de entre 40 y 100 mil habitantes, no tiene una sola librería. Un Instituto que financie ese tipo de emprendimientos es fundamental. Otra posibilidad es la de colaborar con la infinidad de bandas que existe, para que puedan hacer su demo, su primer disco y llegar a distribuirlo. Aun cuando cueste ponerlo en la red comercial, por lo menos, se puede garantizar que lleguen a radios comunitarias, a radios de cierta escucha masiva, para que sean medianamente conocidos.
–La producción de alimentos o de vestimenta, ¿no está incluida en la industria cultural?
–Es una polémica que se da en todo el mundo. Nosotros, básicamente, elegimos aquellos productos más cargados de valor simbólico. El libro, el cine, la música. Ampliamos hacia el diseño. Por ejemplo, en el Mercado de Industrias Culturales (MICA) que estamos armando para el 2011, ampliamos a los juegos electrónicos. De todos modos, nos parece que abrir demasiado el abanico tiene el riesgo de perder especificidad. Si una zapatilla Adidas tiene el mismo valor simbólico que un libro, seguramente cuando vayamos a discutir a la Organización Mundial de Comercio sobre la especificidad de un libro, vamos a perder. Tenemos que ser muy claros en esto: nos paramos en la vereda de pensar las industrias culturales como aquellas que, por un lado, tienen un autor reconocido, una relación directa entre autor y producción (aunque sea un colectivo, como suele ocurrir en la música o el cine), y un fuerte valor simbólico. De este modo, podemos poner un paraguas sobre algunos objetos, en los debates sobre la libre circulación de bienes culturales.
–¿Cómo se inserta en esta concepción general el subsidio a las revistas culturales?
–En el caso concreto del Concurso Nacional de Nuevas Revistas Culturales Abelardo Castillo, apunta a dos objetivos: fomentar la aparición de estos proyectos pero, a la vez, premiar cierta excelencia en la realización, vinculada a los contenidos, al diseño, a la calidad del producto terminado. En el sector editorial estamos pensando en reinstalar los premios nacionales, que también es una forma de premiar la calidad de la producción. O sea, una política pública debe trabajar lo horizontal y lo vertical también. Debe extender la posibilidad de producción y consumo y mejorar la calidad de lo que se está produciendo.
–En el caso de las revistas culturales, los editores reclaman mejorar su situación impositiva en relación al IVA. ¿Ésta es una preocupación del área?
–Es parte de la preocupación del área, aunque no está en nuestras manos resolver temas como el del IVA. Claramente, somos solidarios en los planteos de los productores de cultura ya que es muy difícil que ciertas áreas se desarrollen sin una presencia activa del Estado. No sólo para financiar sus proyectos sino para colaborar en la difusión, en hacerlos visibles. En casos como el cine, sin el apoyo decisivo del Estado, a través del INCAA, la Argentina no tendría la producción que tiene porque hacer una película tiene costos millonarios. En el caso del libro, que tiene costos mucho más reducidos, acabamos de poner a la vista, en la Feria que realizamos en la Biblioteca Nacional, al conjunto de la producción del libro de temática social y política.
–La Argentina tiene una fuerte tradición de revistas culturales. ¿Por qué pusiste en ellas, uno de los ejes de tu gestión?
–La revista cultural sigue siendo un instrumento de vanguardia. Es el lugar de experimentación: allí donde los grandes medios o las editoriales no pueden meterse, se mete algún colectivo para intentar nuevas formas de comunicación. El concurso partió de esta premisa: las revistas son el gran semillero de la producción cultural en el país y, por lo tanto, había que estimular la aparición de nuevos proyectos. Estimular implica facilitar la aparición de los cuatro primeros números, que siempre son el precipicio de una revista. La verdad, es que fue una gratísima sorpresa, porque se presentaron más de 120 propuestas de todo el país y de la mayor diversidad. Afortunadamente, esto quedó reflejado en la elección de Jorge Boccanera, Luis Bruschtein, Alejandro Kaufman y Daniel Samoilovich que fueron los jurados. O sea, en las diez revistas seleccionadas vamos a encontrar, prácticamente cubierta, la mayoría de las temáticas: la danza, la plástica, la política, la sociología, la poesía. Todas de gran calidad en los lenguajes, en el diseño, en el uso de la fotografía… No nos equivocamos: hay un potencial enorme. Y nos quedamos cortos, como siempre en la política pública… Seguiremos pensando alternativas para esos nuevos proyectos que no fueron seleccionados. Con vistas a 2011, también, estamos evaluando lanzar un certamen que premie la calidad de las notas, el diseño, las tapas, las entrevistas, de las revistas culturales ya existentes.
–Hay creadores, artistas, que evitan la ayuda estatal para no poner en riesgo su independencia. ¿Cuál es tu parecer?
–Acá hay un tema que me parece interesante para tener en cuenta. Nosotros fuimos formados en la idea de que la gran resistencia era contra el Estado, porque el Estado era el gran achicador de los márgenes individuales. Me parece que, hoy por hoy, si la gran batalla que lleva la sociedad argentina es contra los monopolios, el único aliado posible es la política.
Cuando digo “batalla contra los monopolios” quiero decir atacar el concepto básico de monopolio que es “aquello que coloniza”. Cuando la Unesco define cultura, lo hace bajo el concepto de biodiversidad. Todo aquello que rompa la biodiversidad empobrece la vida y la cultura.
Entonces, la preocupación por preservar el poder del Estado absoluto me parece que no es el tema básico en la Argentina. Hay otro problema que es que, al lado de los Estados, han crecido poderosas corporaciones que tienen igual o más poder que los Estados. <

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