VIVA CRISTINA FERNANDEZ de KIRCHNER NOBEL de la PAZ 2013 ¡¡¡

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Córdoba, Argentina



19 y 20 de diciembre de 2001.-



martes, 5 de octubre de 2010

LA COMPLICIDAD de los PERIODISTAS

Hace falta un Nunca Más del periodismo - Por Pablo Llonto*
El incesante ejercicio de la justicia mantiene una deuda con los argentinos.

A 27 años de recuperada la democracia no hay condena alguna contra los dueños de los medios y los principales periodistas que gozaron con el agrio beneficio de fogonear a los dictadores y sembrar el silencio.

No alcanzan wikipedias, ni bibliotecas de Alejandría para depositar allí las porfiadas vergüenzas que desde un diario, una revista o un programa nos atormentaron.

Fue la prensa argentina, tal vez, de las peores en la historia universal. Durante siete años y siete meses utilizó una regla de comportamiento: no apartarse del aliento a la represión, la sumisión y la mentira.

Enorme filósofo de la comunicación –desconocido en las universidades y en los tratados sobre derecho a la información– ha sido el futbolista uruguayo Obdulio Varela. El “Negro Jefe”, dueño de la camiseta más gloriosa del Maracanazo, harto de los reportajes y del periodismo dijo alguna vez en los años 50: “Los diarios traen sólo dos verdades: la fecha, y el precio”.

Quizás ni el precio ni la fecha de los principales diarios a partir de marzo de 1976 sean ciertos. Por entonces, La Prensa, de la familia Gainza Paz, La Nación de la familia Mitre y Clarín, de la viuda de Noble, encabezaban las ventas. Más atrás, como diarios nacionales, se desparramaban La Razón, Crónica, Buenos Aires Herald, La Opinión, Diario Popular, La Tarde, Ámbito Financiero.

Todos ellos tuvieron su participación. Se mintió en presentar al golpe como un cambio de gobierno.

Se ocultó desde el inicio la cacería genocida desatada desde cuarteles, comisarías, escuelas de mecánica, bases aéreas y tantas otras reparticiones del horror.

Se robó bebés en San Isidro, papeles prensa en San Pedro y miles de verdades sobre fábricas cerradas, industrias destruidas, miserias y deudas externas.

Para quienes gustan analizar el comportamiento de los medios y los periodistas desde el punto de vista de la teoría comunicacional, se trató de un reflejo de la sociedad. Para quienes diferenciamos los efectos ideológicos del periodismo preferimos observar en tales acciones, la actitud destructiva contra todo humanismo y contra toda conducta rebelde frente al poder.

Los diarios y sus periodistas más famosos pretendían lo mismo que Videla. Veamos las palabras del asesino mayor: “es un delito grave atentar contra el estilo de vida occidental y cristiano, queriéndolo cambiar por otro que nos es ajeno, y en este tipo de lucha no solamente es considerado como agresor el que agrede a través de la bomba, del disparo o del secuestro, sino también aquel que en el plano de la ideas quiera cambiar nuestro sistema de vida a través de ideas que son justamente subversivas; es decir subvierten valores, cambian, trastocan valores... El terrorista no sólo es considerado tal por matar con un arma o colocar una bomba, sino también por activar a través de ideas contrarias a nuestra civilización...” (diciembre de 1977 ante periodistas extranjeros).

Veamos las palabras del diario de la Viuda el 12 de abril de 1976: “La opinión internacional ha recibido con marcado beneplácito la actitud de las nuevas autoridades en lo tocante a Derechos Humanos. Ello granjea sin duda una corriente de simpatía y estimula el apoyo. Pero aunque no fuera ése el resultado, nada puede ser más acertado que la adopción por parte del gobierno de una postura que conforma a nuestra ciudadanía y se inserta en las mejores tradiciones argentinas y cristianas”.

El procedimiento fue el mismo en las tres ramas, gráfica, radial o televisiva: la publicación de todos los comunicados que emitían los militares sin permitirse una duda sobre ellos. Todo lo contrario, muchos de los textos eran acompañados por supuestas “investigaciones” propias que avalaban lo dicho por los militares. Así pueden citarse en todo el país los centenares de casos de enfrentamientos truchos que las oficinas de prensa de los represores distribuían casi diariamente. La noticia era publicada textualmente. En algunos casos se acompañaban fotografías repartidas por los servicios de Inteligencia y luego los periodistas editaban reseñas históricas no muy extensas, del “subversivo abatido”.

Abatir era el verbo. Tan marcial y verde oliva como otros verbos de la época.
De aquellas barbaridades reincidentes año tras año, los ejemplos sobran.

La nota realizada en 1979 en la revista Para Ti de la Editorial Atlántida (propiedad de la familia Vigil) es uno de tantos dolores que persisten. El 10 de septiembre de aquel año, Thelma Jara de Cabezas (madre de Gustavo, quien se encontraba desaparecido) fue sacada unos minutos de su cautiverio en la Escuela de Mecánica de la Armada, llevada a la confitería Selquet en el barrio de Núñez y allí, con la participación de la editorial, los torturadores la obligaron a simular un reportaje que en realidad era una de las tantas operaciones de prensa de la propaganda golpista.

“Habla la madre de un subversivo muerto”, decía el titular. Editada por los actuales periodistas Lucrecia Gordillo y Agustín Botinelli (directores de Para Ti). El ardid consistía en obligarla a “confesar” que había sido “usada” para campañas de denuncia contra la dictadura y ahora estaba amenazada por los Montoneros.

Que Atlántida apadrinó a la dictadura, no hay dudas. De sus revistas, de ventas millonarias en aquellos años (Gente, Para Ti, Somos, El Gráfico, La Chacra, Billiken), se desprende el empeño puesto para alentar crímenes, censuras, robos, saqueos. Desde allí la prensa de la dictadura se “armó” para desmoronar aquello que llamaban la campaña antiargentina.

Tan lastimero como los editoriales y los recursos engañosos de los principales diarios. Para diciembre de 1977 Clarín acordó con los servicios de inteligencia militar dedicarle una página a la falsa noticia de que existía un “centro de rehabilitación para extremistas”. Se hablaba de “presentación espontánea de subversivos” y se llegaron a publicar fotografías de hombres y mujeres jóvenes, de espaldas, quienes “revelaban sus arrepentimientos”.

Fue también el semanario Gente, que comandaba Samuel “Chiche” Gelblung, el que dedicaba buena parte de su papel a una agachada tras otra. Gelblung viajó a Francia para denunciar personalmente a quienes trabajaban para mostrar al mundo la barbarie argentina. Ni a los niños dejó tranquilos y, en diciembre de 1977 se fraguó en la editorial la noticia del asesinato del matrimonio Barry en Uruguay. Alejandrina, la hija de tres años y sobreviviente de la masacre, fue exhibida en una fotografía cuyo encabezado era “Los hijos del terror”.

Otros personajes, merecen otras notas, como Magdalena Ruiz Guiñazú y la apología de Videla, Joaquín Morales Solá y sus alabanzas a Bussi y Viola, los ya fallecidos e impunes Ramón Andino, José Gómez Fuentes, José María Muñoz, y tantos otros que fueron rostro en TV, voz en AM y presencia cotidiana en cuanto acto y viaje protocolar existiera. En otra clasificación ingresa la investigación sobre Papel Prensa ya que allí se trata de comprobar que Magnetto (Clarín) y La Nación sabían de la existencia de secuestros, torturas y amenazas contra la familia Graiver mientras se realizaba la venta coaccionada de las acciones de la fábrica de papel.

Para los primeros, ya hay denuncias formuladas. El caso Thelma Jara de Cabezas aguarda que el juez Sergio Torres del juzgado Federal 12 de Capital llame a indagatorias a responsables editoriales e integrantes del directorio. El caso de “la recuperación de subversivos” fue denunciado en el juzgado Federal 3 de Daniel Rafecas. El caso Barry se encontraba en preparación a la fecha de cierre de este artículo.

La idea es que la Argentina no quede atrás en la jurisprudencia internacional que empieza a ocuparse de estos casos. En junio de 2000 la Sala I del Tribunal Penal Internacional condenó a Georges Henry Joseph Ruggiu, ex periodista y locutor de Radio Televisión Libre des Mille Collines (RTLM) en Ruanda, a 12 años de cárcel por incitación pública y directa a la comisión de genocidio y de crímenes contra la humanidad.

Sabemos que en cada rincón de la Argentina sucedió lo mismo. Que, por dar un caso, los ejemplares de La Nueva Provincia en Bahía Blanca destilaban fragancias a favor del “aniquilamiento” de los marxistas y que centenares de publicaciones aguardan que la paciencia de nuestros estudiantes de periodismo y de los jóvenes abogados renueven las investigaciones.

Por supuesto, nuestra esperanza no tiene tamaño. Es tan enorme como la certeza de saber que muy pronto, la prensa nueva, comprometida con la vida, la verdad y la justicia, verá flamear otra bandera del Nunca Más.

* Periodista y abogado de Derechos Humanos. Trabajó en Clarín desde 1978 hasta 1991, cuando la empresa impidió su ingreso. Escribió en las revistas Somos, Noticias, Veintitrés, El gráfico, Un caño, Llegás, Selecciones, Caras y caretas, Gatopardo, y en los diarios El Expreso y La Razón. Relator de boxeo en canal 9, ATC y Telefé. Participa en radio La Red, Libertad y Radio de las Madres.

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