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19 y 20 de diciembre de 2001.-



viernes, 29 de octubre de 2010

KIRCHNER 39

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El país|Jueves, 28 de octubre de 2010
Kirchner logró modificar la composición del tribunal supremo menemista
Mayoría automática antes, Corte después
Los integrantes de la Corte se refieren a los avances logrados con Néstor Kirchner. Highton de Nolasco dijo que “la renovación de la Corte fue una decisión de dar independencia al Poder Judicial”. Lorenzetti sostuvo que “su aporte posibilitó avanzar con los derechos humanos”.
Por Irina Hauser

La Corte dejó de lado la mayoría automática y además, por primera vez, fue integrada con dos mujeres.En junio de 2003 todo el mundo decía que Néstor Kirchner estaba “loco”. Había algo elogioso en esa descripción. Era una forma de decir que estaba loco “bien”, loco por osado. Acababa de dar una de las primeras grandes muestras de su audacia presidencial al criticar por cadena nacional al entonces mandamás de la Corte Suprema, Julio Nazareno. Lo pintó, ante millones de televidentes, como exponente de “un pasado que se resiste a conjugar el verbo cambiar” y le pidió al Congreso que se animara a marcar “un hito hacia la nueva Argentina preservando las instituciones de los hombres que no están a la altura de las circunstancias”. Aquel empujón derivó en lo que hasta entonces parecía impensable: fue el fin de la “mayoría automática” que sirvió durante más de una década al menemismo y a los grandes intereses económicos.

Kirchner fue el presidente que logró cambiar la Corte y dotarla de jueces respetables, entre quienes incluyó –algo también novedoso– a dos mujeres. Una de ellas, Elena Highton de Nolasco, conmovida, le dijo a Página/12 que “la renovación de la Corte fue una decisión de dar independencia al Poder Judicial” y habló de un “antes y un después” del ex presidente. Ricardo Lorenzetti, actual titular del tribunal, apesadumbrado, señaló que la impronta de Kirchner ya es palpable en los grandes temas de la Justicia: “Sin su aporte –aseguró a este diario– hubiera sido imposible que avanzaran las causas por violaciones a los derechos humanos”. Raúl Zaffaroni dijo que su muerte debe llevar a revalorar “el sacrificio de la vida política”.

“A mí no me interesa la Presidencia para estar por estar”, fue lo que dijo Kirchner poco después de reclamarle al Congreso por televisión que cumpliera su rol y promoviera juicio político a la “triste y célebre mayoría automática de la Corte Suprema”. Así, con el avance del enjuiciamiento, tres supremos renunciaron (Nazareno, Adolfo Vázquez y Guillermo López) y dos fueron destituidos (Eduardo Moliné O’Connor y Antonio Boggiano). Sus reemplazantes, designados por el ex presidente, fueron Zaffaroni, Highton de Nolasco, Carmen Argibay y Lorenzetti.

El recambio de por sí, que se precipitó en cuestión de meses, fue tan sorprendente como algunos de los nuevos nombres. Lo innovador, además, fue el sistema por el cual fueron elegidos: con el decreto 222 Kirchner autolimitó al Poder Ejecutivo para la selección de los nuevos jueces supremos, estableció la publicidad de sus antecedentes, la posibilidad de impugnarlos y las audiencias públicas para que la sociedad civil pudiera hacerles preguntas y conocer su parecer. Las nuevas designaciones, además, debían reflejar “las diversidades de género, especialidad y procedencia regional”. Con aquel nuevo modelo Kirchner cumplió el reclamo de años y la propuesta que un grupo de organizaciones no gubernamentales habían volcado en un documento conocido como “Una Corte para la Democracia”. Tiempo después, también tomó de ellos la idea de reducir el número de integrantes del tribunal.

A Lorenzetti lo que más lo sorprendió de su propio nombramiento fue que Kirchner no lo conocía. Además, venía de la abogacía pero no había sido juez. “Me pareció un gesto extraordinario que siempre valoré”, recordó ayer. “La única referencia había sido a través de Cristina Kirchner, que me había escuchado exponer sobre algunos proyectos de ley en el Senado”, dijo. Y había un vínculo indirecto a través del secretario legal y técnico Carlos Zannini. La primera y casi única vez que se entrevistó con el entonces presidente fue en su despacho, en la Casa Rosada. “Había leído trabajos míos sobre igualdad y derechos humanos y me dijo: ‘Seguí con esas ideas’. El cambio que logró en la composición de la Corte fue gravitante”, recapituló el juez supremo.

“Cuando Kirchner asumió y dijo que avanzaría en la política de derechos humanos abrió una puerta importantísima y ya no hay marcha atrás. Sin su aporte hubiera sido imposible que avanzaran en la Justicia las causas por violaciones a los derechos humanos. En ningún país es posible lograr que avancen este tipo de causas sin ese respaldo y el alto nivel de conciencia social logrado. Es, de hecho, una de las grandes transformaciones que nos deja Kirchner, junto con la lucha por la igualdad, la lucha por una distribución más equitativa de la riqueza ya que más allá de los vaivenes siempre fue en ese camino, y la visión de integración latinoamericana, que yo comparto. Es el legado que hay que continuar”, señaló Lorenzetti a Página/12.

Highton de Nolasco describió la misma sensación de extrañeza cuando Kirchner le ofreció un sillón en la Corte, porque no se conocían. A lo que se sumaba el impacto de poder convertirse en la primera mujer nombrada en el máximo tribunal en democracia. “Me hizo buscar por Alberto Fernández, hasta que me encontró”, rememora. “A mí me parecía muy importante para la historia argentina el cambio que él proponía en la Corte, que todo el mundo celebraba. Fue una decisión de dar independencia al Poder Judicial. Convenció al país de que estaba buscando un cambio de rumbo”, destacó la jueza en diálogo con este diario. “La segunda y última vez que lo vi fue cuando me llamó para darme el decreto de mi designación. En adelante, nunca me llamó para decirme o pedirme nada”, dijo Highton. “Está claro que la historia argentina tiene un antes y un después de la presidencia de Kirchner y un antes y un después de su muerte inesperada”.

La nueva Corte firmó decisiones que dieron mucha satisfacción a Kirchner, como la anulación de las leyes de punto final y obediencia debida, y la de los indultos con que el menemismo los había favorecido. Hubo otras que le valieron disgustos y despertaron sus reproches a Sus Señorías, como el fallo que el año pasado ordenó reponer al ex procurador de Santa Cruz –desplazado cuando Kirchner gobernaba la provincia– al que recientemente la Corte sumó la denuncia al actual gobernador por incumplir aquella sentencia. “Pero más allá de que no le gustaran ciertos fallos fue siempre respetuoso y lo vamos a extrañar como dirigente político”, dijo Lorenzetti.

Zaffaroni dijo en un reportaje televisivo que la muerte de Kirchner debe llevar a revalorar “a toda la política, que a veces es víctima de una antipolítica, de un desprecio cuando uno ve una vida política consumida de esa manera, con ese fuego, con esa insistencia, con esa tenacidad, tienen que empezar a valorar en serio lo que es el sacrificio de la vida política”.


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