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Córdoba, Argentina



19 y 20 de diciembre de 2001.-



sábado, 25 de febrero de 2012

JUICIO AL FASCISMO POLICIAL

¡¡¡ VIVA CRISTINA FERNANDEZ KIRCHNER  ¡¡






(C) 2002 PrensaRed Todos los deechos reservados



"En Córdoba hubo una Noche de los Lápices, era una cacería" Declararon Patricia Trigueros y Tato Ensabella, ex militantes de la JUP y el ex policía Gustavo Salgado. El Navarrazo como antesala del terrorismo de Estado. El pasado y las continuidades en el presente.
2012-02-23 ::
Por Katy García- Prensared

En el marco de la causa por los fusilamientos de los militantes populares
Ana maría Villanueva, Jorge Diez y Carlos Oliva, declararon Patricia Trigueros y Guillermo Ensabella, ex militantes de la agrupación.

Además de corroborar la información acerca de los hechos, analizaron políticamente la etapa antes y después del golpe. Causó revuelo en la prensa cuando Trigueros reveló que
José Manuel de la Sota durante la época del Navarrazo usaba brazalete.
En tanto, el ex policía del D2 Gustavo Salgado dijo que en aquella época y ahora hay comisionados de civil que hacen inteligencia.

Patricia Trigueros: “Era una cacería ”

La testigo reveló que el 2 de junio de 1976 estaba en su casa de Villa Rivera Indarte a la espera de Jorge y Ana quienes iban a buscar un mimeógrafo que años atrás habían enterrado en ese domicilio.

“Yo tenía que esperar con la casa abierta, comer un asado y luego desenterrarlo. Estaba a tres metros más o menos. Espero y como no llegan levanto la cita. Ya no vivía con mis padres y tenia que encontrarme con una compañera”, contó.
Cuando se reunió con Andrea Yanquelevich le preguntó qué pasó. No sabía. Deciden ir a la casa de Jorge. “Bajo del ascensor y toco timbre. La particularidad del timbre era de una débil sonoridad. Vivía con su mamá. Escucho golpes, martillazos y me doy vuelta y le digo a Andrea: vámonos a la mierda. Me voy a mi casa y sale mi madre. ¡Hija estas viva! Y me dice: mataron a Ana y Jorge.” Y agregó que esa imagen que vio por canal 12 donde se veía el auto de Jorge la acompañó por años.
“Nos dimos cuenta que estaba la policía en el edificio. Salimos por otro ingreso, bastante inocentes. En ese momento mi familia, Andrea y yo supimos que habían matado a los chicos”, afirmó.

Al otro día se contactó con ella el “Conejo” que luego supo era Hunziker y le contó que desde la parada del colectivo vio que a Carlos le tiraron un tiro en la espalda, a Ana la arrastraron del cabello y a Jorge lo tiraron en el auto. “Teníamos la seguridad de que los habían interceptado, a casi 40 años esa imagen me conmueve”, añadió.

“El auto era muy conocido, a veces, inocentemente, se le tapaba la patente con barro; íbamos a peñas, a las fábricas a volantear; mas que reconocer a los chicos creo que reconocieron el auto”, analizó.

Militantes de superficie

Narró que militaban juntos primero en el Peronismo de Base y luego de la fusión de las organizaciones en la Tendencia Revolucionaria lo hacían en la JUP.

Con Jorge y Ana mantenían una relación muy estrecha porque vivían en el mismo edificio ubicado en avenida Chacabuco 147. “Jorge en el 6º A y yo en el 9º B. Muchas veces hacíamos reuniones en su casa o en la mía. Siempre tuve el aval de mi familia y eso me salvó porque me sacaron de Córdoba para evitar la desaparición”.

Explicó el proceso histórico de la época y la intensidad con que se abrazaba la militancia. Las discusiones políticas, el contacto con la realidad social, la proscripción del peronismo, y el ingreso pleno a la militancia organizada. El Navarrazo, las bandas de la derecha peronista que los perseguían y una ciudad transformada “en una cacería en pleno proceso democrático”.

“Incluso algunos funcionarios actuales eran comandos civiles que andaban con brazaletes en la calle”, afirmó. Y dijo que uno ellos fue el actual gobernador José Manuel de la Sota y un funcionario rubio (Herman Olivero).

Durante un acto eleccionario en abogacía a la hora del escrutinio “hubo un apagón y entraron las bandas de la derecha peronista con armas largas -itakas y fales -y formamos cadenas humanas para protegernos”, ilustró.

Y agregó que “en una manifestación metieron 400 personas presas y se chequeo que casi todos terminaron muertos. Fue en octubre del 1975. Eso fue determinante porque la mayoría eran estudiantes”, atestiguó.

A Buenos Aires

Su madre planificó la partida hacia Buenos Aires. Perdió contacto con casi todos y allá se encontró con algunos. “Todos habíamos grabado en la memoria un mecanismo para protegernos, protegerme y sobrevivir. No pudimos hacerlos duelos, ahora los estamos haciendo”.Dijo que su memoria, al igual que la de muchos, estaba fragmentada y habló de cómo el encuentro de subjetividades va reconstruyendo –no armando-un relato.

Le costó abandonar su tierra pero “en un mes desparecieron entre 30 a 40 compañeros”. Entre ellos, Jorge Cazorla, John William Ruarte, Graciela Geuna, la Gringa, Liliana Gell, el Sanjua, la Sanjua, el Vasco, Rubén Motta.

Mi vida, la de muchos

“Mi vida sigue afectada“,respondió ante la pregunta de la querella sobre el impacto que tuvieron estos eventos. Y rescató a su madre quien fuera “la primera contadora egresada de la UNC”, que realizó las gestiones para que partiera rumbo a ese exilio interior varias veces descripto por sobrevivientes. “Haber hecho una opción política me trajo dificultades, mis padres fueron los mas afectados, no pude recuperar los vínculos con la familia y mis hijos pasaron muchas necesidades”, respondió.

Tato Ensabella: “Hubo una noche de los Lápices”

“Nunca pensamos que la represión iba a ser tan dura, se pensaba que podía haber represalias pero no con la alevosía con que se llevó adelante”, reflexionó Gullermo Pablo “Tato” Ensabella, ex presidente del centro de estudiantes del colegio Manuel Belgrano.

El testigo explicó ante el Tribunal que junto a un grupo de militantes “con ansias de lograr una participación política organizada”, se integraron al Peronismo de Base, liderado por Rodolfo Ortega Peña en el plano nacional y por Juan Schiaretti y Esteban Dómina en Córdoba. En este espacio conoció a Jorge y Ana. “Éramos peronistas, reivindicamos sus banderas de justicia social, soberanía política e independencia económica, y la presencia de un estado fuerte. Teníamos trabajo político en villas, barrios, y sindicatos y nunca andábamos armados”, esclareció.

Y destacó que las actividades estudiantiles desarrolladas en cada facultad “eran legales, a cara descubierta y publicas”.

“Anita y Jorge eran un ejemplo para los compañeros, muy queridos, eran pareja y uno los tiene presentes”, afirmó emocionado. No conoció a Carlos Oliva, si al “Alemancito” (Hunziker) con quien participaba en el área de prensa de la JUP. “Para mi era Diego Hunsiker, pero le decían "el Alemancito" en la UES y en otros sectores le decían "Conejo". Muchas veces no nos conocíamos por el nombre de pila, por la represión”, sostuvo.

Antesala del horror

Políticamente “apoyamos al gobierno de Obregón Cano y Atilio López “pero después del golpe institucional conocido como el “Navarrazo” enviaron al Manuel Belgrano al interventor Tránsito Rigatuzzo, cambiaron los preceptores y se produjo la desaparición de militantes de la UES”, se explayó.
En 1984 se ventiló el tema por una causa iniciada por el ex interventor contra Sonia Torres porque en una entrevista habló de las listas y de los desaparecidos del Belgrano. Finalmente fue considerado como autor de delación, un delito no punible. Previo al golpe se perseguían y limitaban las actividades estudiantiles y los padres en el Belgrano hicieron una asamblea. “En Córdoba hubo una Noche de los lápices” al mando de Luis Manzanelli, afirmó. En julio secuestraron y desaparecieron a Gustavo Torres, Oscar Liñeira, Graciela Vitale, Daniel Bachetti, Silvina Parodi de Orozco, Jorge Nadra, Raúl Castellano, Walter Magallanes, Pablo Schmucler, Fernando Avila, Miguel Arias y
Claudio Román.

“Las cosas cambiaron radicalmente, no teníamos como imprimir afiches, estábamos en una situación límite y queríamos expresarnos mediante panfletos o mariposa. Estábamos muy hostigados”, describió.

“Había mucha confusión y se planteó seguir resistiendo la dictadura, pero la represión avanzaba tanto que nos secuestraban compañeros de todos los sectores; y los abogados Hugo Vaca Narvaja y Gustavo Roca, presentaron hábeas corpus”, expresó.

“Antes militábamos de siete a doce de la noche pero ahora desde las 20 no se podía estar en la calle, no se podían hacer reuniones, no teníamos casas para eso”. De ahí la necesidad de contar con un mimeógrafo.
El Alemancito le comentó que Ana, Jorge y Oliva iban a buscar uno, pero que “al ver que los seguían, decidieron repartirse e irse. Que unos patrulleros persiguieron el auto de Jorge, que les dieron alcance y le dijo que no hubo ningún enfrentamiento, si resistencia física para que no los lleven”, explicó.

Luego lo leyó en el diario Córdoba. “Fue una persecución, los habían secuestrado”, afirmó y trajo a la memoria a Claudio Román (16) también asesinado en el descampado del Chateaux Carreras. “Parece que en esa zona se daban los enfrentamientos”, ironizó.
Al tiempo supo que Hunziker fue secuestrado en la cancha de Ríver Plate. El testigo también debió irse a San Pablo porque lo buscaban. Allanaron su casa y la de su novia –hoy esposa- en San Francisco. A fines del 76 se fue a vivir a San Antonio de Arredondo.

El comando radioeléctrico

También declaró el testigo ofrecido por la defensa,comisario Gustavo Rodolfo Salgado, imputado en la causa Gontero, luego absuelto.
“A Bustos lo conozco desde 1976, creo que estaba en el comando. No teníamos contacto, salvo funcional. No recuerdo que haya entregado este procedimiento”, expresó.
El ex policía del D2 explicó que a diario salían partes “con fecha y hora, a disposición de qué juzgado estaba, y nombre y apellido” confeccionado por el área judicial a la que no pertenecía pero que durante los feriados “lo hacíamos nosotros, he firmado varios, eran 8 copias”, señaló.

Expuso que una de las copias era entregada por el chofer al juez de turno. “El que más recuerdo es Zamboni Ledesma y Garzón de Lascano no si era jueza o secretaria”, amplió.

Dijo que la tarea principal del Comando era realizar patrullaje previsional en toda la ciudad incluso en Villa Allende.

No me suena

Durante las audiencias de debate realizadas surgió de las declaraciones de los testigos que la persona que las víctimas vieron –un agente del D2- era un tal “Ratón”. Al ser consultado dijo: “no me suena” y tampoco conoce si había comunicación entre el 141 y el D2.
El testigo respondió a las preguntas de las partes sobre el funcionamiento de la institución. Por caso, dijo que los detenidos eran fotografiados y que otras veces traían un sobre que era agregado al expediente.

También recordó que una vez “llenaron el pasaje Santa Catalina con detenidos y en un momento nos llegaron casi 500 detenidos …”
En cambio, no recuerda que haya habido entrega de cadáveres. “Los sumarios decían justicia federal y a veces PM (Policía Militar) al lado. La preparación nuestra no era para eso”, respondió ante una pregunta de la querella.

Atados, vendados y encapuchados

“Después del golpe se hicieron cargo militares”, el titular de la fuerza Carlos Telleldín lo era en tanto que el subjefe Esteban, era policía, admitió.
“Mi función era recibir al preso y darle las pertenencias ala familia”, aclaró. “Había un memo, y a veces estaban atados, vendados o encapuchados, era la orden que había que cumplir y el área judicial lo hacía. Venía con sumario y la orden y el informe médico y no venia nadie golpeado” dijo
La única denuncia por “apremios” que conoce es la presentada por Urquiza. Sabe que tres policías están desaparecidos pero no se enteró que haya habido por esos años alguna reunión de oficiales que manifestaran descontento por lo que estaba pasando.

En cuanto a las felicitaciones por procedimientos exitosos indicó que “salía la nomina de todo el personal que había participado en el orden del día, capturas y paraderos y eso iba al legajo personal la copia para el ascenso”.

En relación a la jurisdicción que debían cubrir los móviles dijo que “…la 14 llegaba casi hasta Villa Allende”. No recuerda si se enteró de este caso por la prensa, tampoco sobre otro ocurrido en Ascochinga.

Una de las preguntas frecuentes que el Juez Pérez Villalobos les formula a los testigos se refiere al concepto de subversivo. “Es alguien que quería subvertir el orden constitucional”, respondió y tras cartón dijo que ellos “cumplían órdenes”.
Asimismo expresó que en esa época había policías con pelo largo y barba que eran comisionados que trabajaban en inteligencia “en la calle, de civil, en esa época y actualmente”, afirmó.

La fiscalía con el apoyo de la querella solicitaron que se gestione ante el Archivo Provincial de la Memoria la provisión de copias de los libros de guardia de las seccionales 9 y 14, del 1º al 4 de junio de 1976. La defensa agregó que se haga lo propio con la 11. También requirió que se pidan datos sobre lo resuelto en el caso del Manuel Belgrano y el testimonio de Graciela Geuna. El tribunal deberá resolver estas cuestiones. La próxima audiencia será el miércoles 29.

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