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Córdoba, Argentina



19 y 20 de diciembre de 2001.-



martes, 29 de junio de 2010

ARGENTINA: A 40 años del copamiento de La Calera

El copamiento de La Calera






Por Celeste Bustos y Evelina Ramírez


Introducción
Indagando sobre los orígenes de la agrupación guerrillera Montoneros notamos que dos de sus acciones originarias se realizaron la localidad cordobesa de La Calera: el asalto a la sucursal del Banco de Córdoba, perpetrado el 26 de Diciembre de 1969 y el copamiento armado de dicha ciudad, realizado el 1 de Julio de 1970.
¿Por qué La Calera fue elegida como una de las bases operativa del accionar montonero?, ¿qué vínculos tenía Montoneros con dicha localidad? Para tratar de entender esto, comenzaremos con una contextualización del período.
En 1955, un golpe cívico militar, auto denominado “Revolución Libertadora”, derrocó al segundo gobierno encabezado por Juan Domingo Perón. El general Eduardo Lonardi asumió como presidente y el almirante Isaac Rojas como vice. Antes de los dos meses, Lonardi fue reemplazado por el general Pedro Eugenio Aramburu.
En 1958 se realizaron elecciones con la proscripción del peronismo y triunfó Arturo Frondizi, candidato de la Unión Cívica Radical Intransigente. En 1962, una asonada militar derrocó a Frondizi, y el Dr. José María Guido, presidente del Senado, asumió como presidente provisional. En 1963, las elecciones nacionales, en las que se mantuvo la proscripción del peronismo, dieron el triunfo a Arturo Humberto Illia, candidato de la Unión Cívica del Pueblo. En 1966, un nuevo golpe militar derrocó a Arturo Illia y llevó al poder al teniente general Juan Carlos Onganía, quien asumió como presidente de un gobierno conjunto de las tres fuerzas armadas.
Las primeras medidas adoptadas durante este gobierno fueron: destitución del presidente y gobernadores de las provincias, disolución del Congreso Nacional y las legislaturas provinciales, separación de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, disolución de los partidos políticos y vigencia del Estatuto de la Revolución Argentina.
Tal como lo señala Marcelo Cavarozzi, el golpe del ´66 significó la suplantación de la política por la administración. El golpe tenía objetivos, no plazos, aseguró el nuevo presidente. Onganía anunció que el ordenamiento del país debía realizarse gradualmente y según una secuencia prefijada. Para el jefe de Estado el tiempo económico tenía prioridad sobre el tiempo social y el tiempo político. Declaró, asimismo, que el tiempo económico se extendería hasta lograr la paz social y estabilidad económica, realizar grandes obras de infraestructura para la “modernización y la integración física del país”, racionalizar la administración pública, mejorar la situación presupuestaria de las provincias y sentar las bases de a concordancia y respeto de la autoridad. Luego llegarían los ajustes del tiempo social. Esto es: distribuir con justicia los beneficios de un desarrollo hecho posible por el ordenamiento del tiempo económico. Y finalmente llegaría el tiempo político: allí culminaría la “revolución argentina” mediante la transferencia del poder político a las instituciones del Estado. Onganía entendía que en ese tiempo político debería lograse el ensamble del Estado con la comunidad organizada.
La formula institucional de la Revolución Argentina se vio coloreada por una retórica corporativista que pretendía despolitizar el tratamiento de las cuestiones económicas y sociales. El nuevo tipo de Estado autoritario fue caracterizado como burocrático. Significó el cierre de los canales democráticos de acceso al gobierno y también la supresión de la ciudadanía de la sociedad argentina. Todos los sectores sociales quedaron sin canales de representación de sus intereses.
El intento de Onganía de eliminar las trincheras del juego político, clausurando los múltiples mecanismos institucionales y extra institucionales terminó por producir lo que había venido a erradicar: la explosión popular. Una de ellas fue el Cordobazo.
Por aquel entonces Córdoba se había convertido en la capital industrial del interior. En ella estaban instaladas la mayoría de las fábricas de automotores del país, una industria moderna propiedad de poderosas sociedades extranjeras como Fíat y Renault. Esta última había adquirido las instalaciones de Industrias Káiser Argentina, IKA, de origen estadounidense, radicada en Córdoba desde 1955 y dedicada a la producción de automóviles. Los obreros industriales que trabajaban en esas plantas recibían salarios más altos que el salario promedio industrial percibido en otras provincias. Como resultado de todos estos factores, en la ciudad de Córdoba se profundizó el proceso de urbanización.
En mayo de 1969, el Poder Ejecutivo Nacional dictó un decreto por el cual se derogaban los regímenes especiales sobre el descanso del sábado inglés en Mendoza, San Juan, Tucumán y Córdoba. Al mismo tiempo también anunció el congelamiento de los convenios colectivos y de los salarios.
El 29 de mayo de 1969, obreros y estudiantes cordobeses se movilizaron por las calles de Córdoba. Las regionales de SMATA -el Sindicato de los Mecánicos de Automotores y Transportes de la Argentina-, de Luz y Fuerza y la UTA -Unión de Tranviarios Automotor- lideraron la protesta. Durante el paso de la manifestación, estudiantes y ciudadanos en general se sumaban a la marcha. La policía abrió fuego sobre los manifestantes y mató a un obrero. Los trabajadores atacaron entonces al cordón policial desbandándolo, transformándose la movilización en una revuelta urbana espontánea en la cual participó prácticamente la totalidad de la comunidad cordobesa.
De todos modos, siguiendo el planteo de Mónica Gordillo y James Brennan, hay que reconocer que en Córdoba existía una tradición de militancia que precedía a las embestidas de la dictadura de Onganía y que influyó decisivamente en la participación de los sindicatos en el levantamiento. Las bases de esa militancia, afirman los autores, no eran sólo industriales sino también políticas y culturales.

La radicalización que se dio en Córdoba en algunos sectores de la tradicionalmente conservadora Iglesia Católica argentina, fue en sí misma un símbolo de los cambios que se expandían por la ciudad en aquellos años. Los Teólogos de la Liberación habían comenzado a hacer significativas incursiones en Córdoba. Los sacerdotes radicalizados se habían trasladado a los barrios más humildes de la ciudad, embarcándose en programas de alfabetización y servicio comunitario. En 1968, se realizó en la Ciudad de Córdoba el primer congreso del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, acontecimiento que significó el bautismo oficial de la iglesia radicalizada y que alentó a los estudiantes católicos a intensificar su política de oposición.
La radicalización de la vida política cordobesa profundizó el descontento hacia el régimen, alentó una mayor militancia estudiantil y proporcionó una justificación ideológica para las protestas y el enfrentamiento con el gobierno.

Esta idea de tradición combativa en Córdoba queda graficada en uno de los testimonios que aparecen en el documental “Julio de 1970. Montoneros y el copamiento de La Calera” producido por la cooperativa de trabajo documental “Cuarto Patio”. Allí, uno de los entrevistados, Luis Lozada, afirma: “Veníamos de una militancia social importante. Nos habíamos ido a vivir a los barrios obreros”. Como se verá más adelante, Luis Lozada participó del copamiento de La Calera, del cual salió herido.
De acuerdo con lo afirmado por Daniel James, el Cordobazo cristalizó el cuestionamiento al régimen. Manifestó una crisis de autoridad en el interior de las diferentes organizaciones de la sociedad civil e implicó la aparición de la juventud en la esfera pública como un actor colectivo. Comenzó así a tomar cuerpo un ciclo de protesta que serviría de base para la construcción de un movimiento social.
En consonancia con estas ideas, Matilde Ollier señala:

Algunos estudios señalan que a partir del Cordobazo, importantes sectores de la juventud, sobre todo estudiantes e intelectuales, descubren o confirman el papel indispensable de la violencia en la construcción de una sociedad más justa.

Sin embargo, la autora destaca que esta sustitución de la política por la violencia debe situarse y comprenderse en el interior de la cultura política argentina. Una cultura, afirma, “cargada con fuertes componentes de autoritarismo y violencia. La reducción de los términos de la política a los de la guerra ponen en evidencia los rasgos extremos de esta cultura.”
Del mismo tenor son las afirmaciones de Richard Gillespie, quien sostiene:

La radicalización de la que se beneficiaron los Montoneros se debió mucho más a factores políticos y culturales que a sociales y económicos. Para la clase media, el golpe de Onganía supuso más que una pérdida de representación política. Significó un violento ataque a lo que sus componentes habían considerado tradicionalmente como su coto privado: las universidades y el mundo cultural en general.

Las ocho universidades nacionales fueron intervenidas, al tiempo que se anulaba su autonomía. Gillespie afirma que el violento ataque de Onganía hacia las Universidades contribuyó mucho a empujar a la juventud hacia el campo de la oposición nacional-popular. Asimismo, el autor señala la desilusión y el descontento que los jóvenes argentinos sentían hacia el sistema político en general, “tanto en la forma constitucional como en su forma espuria bajo Onganía. Solo si uno advierte esta extensión más general y la rebeldía puede comprenderse porque los Montoneros y sus compañeros de lucha se vieron favorecidos por tantos reclutas y simpatizantes, convirtiéndose en considerables adversarios del régimen militar.”
Luego de los sucesos del Cordobazo, el interventor federal Carlos Caballero fue destituido y reemplazado por José Carcagno, y éste luego por Roberto Huerta. El cambio de nombres no implicó un cambio sustancial en la política. El régimen de Onganía comenzaba a resquebrajarse.
Por aquel entonces, Montoneros no se había constituido como organización. Lucas Lanusse destaca que, previo al “Aramburazo”, existían diferentes células y grupos que venían operando en diversos puntos del país. Así, podemos señalar el Grupo Córdoba, el grupo Santa Fe, el Grupo Reconquista, el Grupo Sabino, y el Grupo Fundador. Todas las células tenían en común una amplia y desarrollada militancia integral de base, con mucha presencia en los barrios obreros y fábricas. La mayoría de sus militantes tenía vínculos asiduos con el mundo católico. Muchos de ellos pasaron por las aulas de las universidades nacionales, como así también asumieron un mandato de armas, como se verá más adelante.

El robo al Banco
El robo a la sucursal de La Calera del Banco de Córdoba realizado el 26 de Diciembre de 1969 significó la primera acción conjunta de las células porteñas y cordobesas del Grupo Fundador. En él participaron Norma Arrostito, Emilio Maza, Ignacio Vélez, Carlos Capuano Martínez, Susana Lesgart, Alejandro Cofre y Cristina Liprandi.
Los ocho integrantes del comando unificado, a bordo de dos autos robados, se dirigieron hacia la sucursal local del Banco de Córdoba. Mientras algunos montaron guardia afuera, el resto ingresó al mismo con el propósito de asaltarlo. A los pocos segundos, un policía, ignorante del hecho, intentó traspasar la puerta y fue recibido a balazos. Otros dos agentes que andaban por la zona se acercaron, lo cual suscitó una espectacular balacera. Los tres policías resultaron heridos y los guerrilleros lograron escapar.(1)
Tras el asalto, los ocho militantes se subieron a los autos. Al percatarse de que uno de ellos estaba herido, todos se amontonaron en un solo vehículo, un Chevrolet 400. Regresaron a la ciudad de Córdoba, pasando por la zona de los cuarteles del Tercer Cuerpo del Ejército. Como la noticia del asalto comenzaba a difundirse por la radio, decidieron dirigirse a una de las parroquias ubicada en las afueras de la capital. Los militantes conocían bien al cura del lugar, producto de la militancia cristiana de muchos de ellos. Debido a que el párroco colaboraba con las actividades del Grupo Córdoba, los puso en contacto con uno de sus integrantes, el cura Elvio Alberione.
Lo sucedido en La Calera sirvió no solo como operativo recaudatorio de dinero y armamentos para los posteriores accionares, sino, por sobre todas las cosas, para aceitar los vínculos entre el Grupo Fundador y el Grupo Córdoba. Este fue el puntapié inicial; luego se fueron dando las posteriores integraciones de los diferentes grupos.
Lanusse detalla:

A partir de esos sucesos, el Grupo Fundador y el Grupo Córdoba iniciaron una serie de conversaciones acerca del peronismo y la lucha armada, ya que las posiciones sobre estos temas no eran totalmente uniformes. Esas charlas pronto culminaron en la decisión de comenzar la integración de ambos grupos. Las experiencias tendían a complementarse, a causa de la amplia experiencia militar de Grupo Fundador y del intensivo trabajo de base del Grupo Córdoba (…)
Por la misma época, el grupo Sabino también inició un proceso de integración con el Grupo Fundador. José Sabino Navarro y Fernando Abal Medina, sus respectivos jefes, se conocían a partir del paso de ambos por Cristianismo y Revolución. A comienzos de 1970, un intermediario posibilitó el reencuentro, y la decisión de confluir en una única organización fue casi inmediata. El Grupo Sabino, al igual que el Grupo Córdoba, aportaba un trabajo político del cual carecía el militarizado Grupo Fundador, y además numerosos contactos dentro del mundo sindical y el peronismo revolucionario.
Idéntico proceso inició el Grupo Santa Fe en la última semana de mayo de 1970. Su jefe, Mario Ernst fue presentado a Emilio Maza, del Grupo Fundador, a través de del sacerdote Elvio Alberione, integrante del Grupo Córdoba.

De modo que, en los meses siguientes, el Grupo Fundador, el Grupo Córdoba, el Grupo Sabino y el Grupo Santa Fe se embarcaron en un proceso de formación de una única organización política y militar. Lanusse señala que en este proceso de integración fue muy importante la influencia del mundo católico, ya que el mismo conservaba un lugar central en las redes que vinculaban a los grupos originales. “Símbolo de ello -destaca el autor- fue el cura (Elvio Alberione) al que recurre el Grupo Fundador tras el tiroteo en La Calera, que los contacta con el Grupo Córdoba y el hecho de que, para resguardarse una vez que salieron de Córdoba dos guerrilleros se refugiaran en un seminario de Buenos Aires” (Ibídem: 196). Con esto vemos que lo sucedido en La Calera en el ´69 no fue un hecho menor, sino que sirvió como un puente entre las distintas células que conformarían Montoneros.
En Febrero de 1970, integrantes del Grupo Córdoba, del Grupo Santa Fe y del Grupo Reconquista realizaron una reunión conjunta en Córdoba. En ese encuentro se avanzó en la idea de conformar una única organización de carácter nacional. Cada uno de los participantes debatiría en su ámbito la idea y a mediados de ese año se volverían a reunir para llevar adelante la empresa. En la reunión, los militantes acordaron plantear que el nombre de la nueva organización fuera Montoneros, sin saber que el Grupo Fundador decidiría el mismo nombre. La coincidencia remitía a algunas ideas comunes. Se correspondía al revisionismo histórico de estos grupos, y significaba recuperar las tradiciones y los méritos del hombre criollo en las luchas del siglo anterior. Por otra parte, implicaba optar por un nombre que surgiera de la historia del pueblo argentino, y no de una experiencia extranjera (Ibídem).
Por aquellos días, los grupos originales también decidieron que la nueva organización realizaría primero un gran operativo en Buenos Aires –cuya planificación, de hecho, ya estaba concluida-, luego realizaría un segundo operativo en Córdoba, y finalmente un tercero en Santa Fe.
La actividad armada de los primeros meses de 1970 fue intensa para la mayoría de los grupos originales. La finalidad era lograr un acopio importante de armamentos, uniformes y dinero que permitiera llevar a cabo los operativos planeados.(2)
Respecto a la opción por las armas, Gillespie afirma:

Los fundadores del movimiento Montonero y los que se unieron a él estaban convencidos de que la lucha armada era el único medio eficaz que tenían a su disposición -en sus palabras, se trató de “responder con la lucha armada a la lucha armada que [la dictadura] ejercía desde el Estado”.

En efecto, el clima de represión, el agotamiento y cierre de los canales institucionales por medio de los cuales se podría haber encauzado la protesta, hacían del ambiente un lugar propicio para el surgimiento de la lucha armada. Sin olvidarnos de la influencia de la Revolución Cubana, la difusión de las ideas guevaristas sobre la teoría del foco guerrillero y la incidencia de las ideas radicalizadas de la Iglesia.(3)
A esto se suma, el mandato de armas asumido por muchos de los militantes montoneros. En el caso de Córdoba, muchos de los integrantes de la organización habían cursado sus estudios en el Liceo Militar General Paz.(4) Así lo expone en su testimonio, Luis Lozada:

Muchos de los compañeros eran liceístas y habían asumido un mandato de armas. No es mi caso, pero sí el de muchos que había pasado por las filas del Liceo Militar General Paz.

El Aramburazo
Como ya se señaló con anterioridad, para principios de 1970 estaba decidido el operativo con el que la organización se daría a conocer. Lanusse detalla que el “Operativo Pinapoy” fue planificado y ejecutado exclusivamente por el Grupo Fundador. Del resto de los grupos originales, sólo los jefes conocían el objetivo. De todas formas, el grupo Córdoba llegó a participar de la discusión política del hecho y dio algún apoyo logístico al mismo. También ayudaría a divulgar por el interior del país los comunicados que la organización emitiría. Por su parte, varios militantes del Grupo Sabino harían de “red de contención”, en caso de que se presentaran dificultades.
La fecha elegida para la presentación pública de Montoneros fue el viernes 29 de Mayo de 1970, día del Ejército y primer aniversario de Cordobazo. Ese día, el teniente general Pedro Eugenio Aramburu fue secuestrado y conducido a la estancia “La Celma”, a unos 350 km. al sudoeste de Capital Federal. Allí fue sometido a “juicio revolucionario” y en la madrugada del 1 de Junio se lo ejecutó.
A los efectos de la presente investigación, no nos detendremos demasiado en este hecho sin que esto implique una reducción de la importancia del mismo. Reconocemos que este fue el acontecimiento fundante de Montoneros y que con él irrumpieron en la escena política del momento. Pero, recordemos que el objetivo de nuestra investigación es analizar a La Calera como ámbito de operaciones guerrilleras.
Tomamos esta caracterización teniendo presente la definición de guerrilla propuesta en el Diccionario de Política de Bobbio, Mateucci y Pasquino. Allí se lee:

La guerrilla es un tipo de combate que se caracteriza por el encuentro entre formaciones irregulares de combatientes y un ejército regular. Los objetivos que ésta persigue son más políticos que militares.

Recordemos que la finalidad que perseguía Montoneros era el retorno de Perón y la instauración de “la patria socialista, justa y soberana”. Otra particularidad de Montoneros que permite catalogarlos como guerrilleros es la elección de blancos puntuales. Gordon Mc Cormick sostiene:

El terrorismo es una táctica de los débiles. Es una “medida forzada” destinada a superar las iniciales desventajas materiales de un grupo de oposición y situarlo en una posición más igualitaria con el Estado (…) El terrorismo puede ser empleado también para provocar. Los terroristas comienzan el juego con la capacidad de ver a sus oponentes. El Estado, por el contrario, comienza el juego con mucha mayor capacidad para atacar lo que ve pero una capacidad limitada para ver lo que desea atacar. Los grupos terroristas disfrutan de una ventaja informativa. El Estado disfruta de una ventaja de fuerza (…) Una estrategia de provocación está destinada a aprovechar la ventaja informativa de la oposición y volver la ventaja de la fuerza del Estado en su contra provocando que el régimen golpee indiscriminadamente a objetivos que no puede ver.(6)

En efecto, la elección de Aramburu como blanco respondió al hecho de que el militar había comenzado a conspirar contra Onganía para dar una solución de recambio al régimen militar. Los Montoneros consideraban que el plan de Aramburu era una maniobra pensada en perjuicio del peronismo combativo, del auténtico peronismo, que se ejecutaría con la complicidad del peronismo de “buenos modales” y a espaldas del pueblo. En esta visión, uno de los principales objetivos de la conspiración de Aramburu era la integración del peronismo al sistema liberal, utilizando a numerosos dirigentes “burócratas”.

La Toma de La Calera
Treinta días después del secuestro de Aramburu, un nuevo accionar Montoneros sacudía al país: la toma de La Calera. Cecilio Salguero, militante montonero y encargado de la logística, preparación y análisis del territorio para la realización del operativo, comenta:

Hubo una serie acontecimientos previos que sirvieron para la preparación de la infraestructura de Montoneros en Córdoba. Entre ellos: la toma de la Comisaría de Villa Carlos Paz, la toma del Tiro Federal, que está camino a La Calera y el robo al Banco de la Provincia de Córdoba, de La Calera.(7)

Salguero también señala:

Se eligió La Calera porque era una población mayoritariamente peronista, que había participado de la primera resistencia en los años ´60 en la campaña en pro del retorno de Perón.

En consonancia con esta idea, Lanusse señala que la elección de La Calera para este operativo no fue adrede, sino que también incidía la “carga simbólica” de localidad. Concretamente señala: “La Calera tenía de por sí, un valor simbólico ya que había sido el último foco de resistencia del peronismo durante la Revolución Libertadora”.
Asimismo, la toma de la localidad de Progreso realizada por el Grupo Santa Fe en la provincia homónima (realizada el 25 de Febrero de 1970) también sentó precedente en lo referido al operativo. De hecho, existen muchas similitudes: en ambos casos se copó una localidad de pocos habitantes, se inutilizaron las líneas telefónicas y se asaltó el destacamento policial y el banco de la localidad.
Por su parte, Richard Gillespie señala que el operativo fue “inspirado en la ocupación de Pando en 1969, por los Tupamaros uruguayos. Era la primera operación militar importante de la guerrilla urbana argentina. Fue bien planeada y perfectamente sincronizada.”
En este sentido, Lanusse también destaca la vinculación con Pando:

Los jefes montoneros habían previsto que el hecho fundacional podía ser interpretado por algunos sectores como ejecutado por una organización de derecha, dado el carácter político “liberal” de Aramburu, y esta segunda operación remitiría inmediatamente a la toma de la localidad de Pando por parte de los izquierdistas Tupamaros uruguayos.

También podría señalarse, como antecedente lo sucedido en La Calera, el 3 de Octubre de 1969. A este hecho refiere el diario Los Principios en su edición del día 3 de Julio de 1970:

El 3 de octubre del año pasado, La Calera vivió un casi perfecto clima de guerra. Novecientos paracaidistas, se lanzaron desde aviones Hércules C 130 y Douglas DC 3 para rodear la localidad, ante la posibilidad de que un grupo de guerrilleros hubiera tomado la zona.

Al parecer, se tenían noticias de Montoneros estaba operando en la provincia de Córdoba. Así lo describe más adelante el diario: “Desde hace tiempo los Montoneros vienen operando en nuestra ciudad. Sin embargo, algunos círculos se negaban a creer anteriormente, cuando los extremistas daban a conocer sus comunicados que la célula existiera en la realidad.”
De todos modos, el operativo del 3 de octubre no fue más que una falsa alarma. No lo fue lo que sucedió el 1 de Julio de 1970. A las siete de la mañana de ese día, unos 25 guerrilleros identificados con brazaletes del color de la bandera nacional y con la leyenda Montoneros, ingresaron a La Calera en varios vehículos. Estaban divididos en los comandos: “Eva Perón”, “Comandante Uturunco”, “General José de San Martín y “29 de Mayo”. Durante una hora se apoderaron de: la central telefónica, la sucursal del Banco Córdoba, la comisaría, el correo y la Municipalidad. Se llevaron documentos, armas y dinero. En la comisaría, los policías fueron encarcelados y obligados a cantar la marcha peronista. Mientras tanto, otros militantes pintaban “Montoneros” y “Perón o muerte” en las paredes del centro. Los comandos dejaron La Calera en un convoy de autos, esparciendo clavos “miguelito” a su paso, detrás de un falso patrullero. El dato pintoresco fue la confección de una “bomba” que en realidad resultó ser un alto parlante que se dejó encendido a todo volumen con la “Marcha de los Muchachos Peronistas”. Esta peculiaridad hizo ganarse la simpatía de muchos lugareños.(8) Luego del hecho, los Montoneros dieron a conocer un comunicado en el que expresaban los objetivos del copamiento. A saber:

a) Recuperación de dinero, b) Recuperación de armas, c) Desarrollo de la propaganda armada, d) Dar testimonio concreto de nuestra solidaridad combatiente con los mecánicos cordobeses reprimidos por la patronal y el gobierno, e) demostrar que los hechos militares de envergadura son posibles y que el enemigo es vulnerable, y f) poner a prueba la capacidad, la disciplina y la responsabilidad de los militantes en operativos de volumen.(9)

Respecto a estos hechos, Gillespie señala:

La elección de un lugar cercano a la base del Regimiento de Infantería Aerotransportada de Córdoba, cuyo personal era incapaz de reaccionar con suficiente rapidez, fue deliberadamente calculada para minar la moral del enemigo.

En efecto, tal como lo señala Lanusse, el accionar en La Calera había sido concebido antes del operativo Aramburu y tenía entre sus objetivos “marcar la presencia de la organización en distintos lugares del país”. Como marca Mc Cormick al analizar el marco estratégico de las operaciones terroristas, lo que se buscaba era crear “una organización secreta que tenga dispersos a sus miembros en pequeños grupos a lo largo de todo un territorio (…) pero a pesar de ello, estar firmemente unida, inspirada por un ideal común y un objetivo común”. Precisamente, la generación de una imagen de omnipresencia desorienta y paraliza al enemigo, que es el Estado. Éste, al quedar despistado, no sabe dónde atacar.
En tanto, las características geográficas de La Calera, también la hacían un centro atractivo para las operaciones guerrilleras. En el Diccionario de Política de Bobbio, Mateucci y Pasquino se hace referencia a esta particularidad:

El ambiente físico, el “terreno en que se ha practicado la guerrilla”, se ha caracterizado siempre por ser montañoso y estar cubierto por una espesa vegetación. Este terreno reduce, en efecto, la movilidad de los grandes ejércitos convencionales y les da a las fuerzas irregulares la ventaja de poder esconderse fácilmente y de no ser señaladas solo de una manera muy aproximada.

Este aspecto, sin duda, también influyó en la elección de La Calera como base de operaciones. Del mismo modo, merece destacarse el hecho de que La Calera era una localidad pequeña, con pocos habitantes.(10) Ya vimos anteriormente las posibles razones que podrían haber inducido a la elección de una localidad del interior del país. Ahora, el hecho de que se trate de un pequeño pueblo también corresponde al accionar típico de la guerrilla. Al respecto, Gordon Mc Cormick señala:

Los terroristas operan en la sombra, desde una posición de relativa debilidad. Superar esa desventaja les exige llevar a cabo actos espectaculares que llamen la atención de los medios de comunicación, y, a través del efecto de magnificación de la exposición de los medios, generar un impacto político que sea mayor que la inversión requerida para llevar a cabo los ataques (…) La exposición que recibe el grupo está directamente relacionada con los efectos de sus ataques. Para lograr estos efectos, los terroristas buscan continuamente una oportunidad táctica y técnica que les permita crear el tipo de acto teatral que desean.

Precisamente, una de las formas de lograr tal espectacularidad era la realización de operativos en pequeñas ciudades del interior. De todos modos, siguiendo el planteo de Mc Cormick, los efectos logrados con la intervención de los medios no siempre son los esperados.

Aunque el grupo terrorista pueda escoger qué, cuando y cómo atacar, tiene escaso control sobre cómo los medios de comunicación interpretan sus acciones (…) El terrorismo estratégico, a este respecto, tiene una característica paradójica. Por un lado, los ataques terroristas tienen normalmente un impacto político mayor que la intervención material que se necesita para llevarlos a cabo. La naturaleza de este impacto y sus implicaciones para el comportamiento, no obstante, están a menudo más allá de la capacidad de un grupo terrorista de controlar o incluso predecir adecuadamente.

Precisamente, esto es lo que les sucedió a Montoneros en La Calera. La cobertura mediática sobre el copamiento estuvo focalizada en los errores cometidos durante la retirada. Sí, se logró visibilidad pública, pero también quedó al descubierto la debilidad y déficit organizacional que presentaba la organización. También, los medios pusieron en duda la vinculación del comando cordobés con la organización central que había perpetrado el secuestro de Aramburu.(11)
Luego del copamiento, mientras los militantes se dispersaban en las afueras de Córdoba, comenzaron los problemas. Uno de los automóviles se averió y los montoneros Luis Lozada y José Fierro fueron heridos y detenidos por la policía. A raíz de la información obtenida por uno de ellos,(12) las fuerzas de seguridad llegaron a una casa del barrio cordobés de Los Naranjos,(13) donde se encontraban los jefes del operativo. Los guerrilleros se resistieron a balazos. En el tiroteo resultaron heridos de gravedad Ignacio Vélez y Emilio Maza, quien moriría horas más tarde.
En la casa de los Naranjos, la policía encontró: un fichero con una lista de colaboradores escritas en clave, que fue descifrada con facilidad; una autorización para manejar un Renault 4 otorgada por Norma Arrostito a favor de Emilio Maza. Según las pericias, el documento había sido escrito con la misma máquina de escribir con que se tipió los comunicados del secuestro de Aramburu. De esta manera, las fuerzas de seguridad dieron con una punta para descubrir a la célula porteña del Grupo Fundador (Lanusse, 2005: 211).
Más allá de los errores en la retirada, debemos reconocer que la realización del copamiento de La Calera fue minuciosamente planificada y en su realización incidieron múltiples factores aludidos en la presente investigación.

Conclusión
En la elección de La Calera como base de operaciones de Montoneros, pesaron muchos aspectos que trataremos de puntualizar.
Factores contextuales: el enardecimiento del ciclo de protestas. En principio, la tradición combativa de Córdoba se había exacerbado por aquellos años. El Cordobazo, la radicalización de las ideas cristianas, el cierre de las Universidades, la proscripción del peronismo, el contexto de represión, la clausura de canales institucionales de protesta, la intransigencia combativa de los sindicatos, etc. Todos estos factores hacían de la política un escenario efervescente, con una activa participación de obreros y estudiantes.
Esto no fue ajeno a La Calera. Muchos historiadores y protagonistas señalan que La Calera fue uno de los principales focos de resistencia durante la Revolución Libertadora, además de tener un pueblo mayoritariamente justicialista, lo cual convertía a la localidad un ámbito propicio para las operaciones de la guerrilla peronista.
Factores simbólicos que tiene estrecha vinculación con lo enunciado en el ítem anterior. Pero además, La Calera también tenía una gran carga simbólica para Montoneros por el hecho de que el robo a la sucursal del Banco Córdoba realizado en diciembre del 69 permitió estrechar los vínculos entre el Grupo Córdoba y el Grupo Fundador. De modo que fue la base de la integración de las distintas unidades que con posterioridad conformarían la agrupación.
Factores estratégicos que hacen a las particularidades físicas y geográficas de la localidad: el terreno montañoso, la cercanía con la capital provincial (tan solo 18 km.), a la cual se podía ingresar mediante dos accesos: la Av. Colón y la Av. Alberdi (por Argüello), la proximidad con las instalaciones del Regimiento de Infantería Aerotransportada de Córdoba (lo cual le otorgaba al operativo cierto grado de osadía). Al tratarse de un pueblo pequeño y tranquilo, las dimensiones del operativo convulsionaron a la localidad y con ello lograron un gran impacto en el escenario político.
En definitiva, todos estos aspectos confluyeron en la toma de decisión de la organización e hicieron de La Calera una localidad ideal para el accionar guerrillero de Montoneros.


Notas
(1) Relatos aparecidos en los diarios La Voz del Interior y Los Principios del día 27 de Diciembre de 1969. Resulta importante destacar que en este hecho, pues los militantes no dejaron ningún tipo de inscripción. Los medios hablaron de un robo común y corriente con la única particularidad de un inusual tiroteo.
(2) El 25 de Febrero, la célula cordobesa del Grupo Fundador asaltó el destacamento policial de Parque Siquiman, llevándose armas, uniformes y una emisora de radio. Un mes más tarde, la misma célula copó la guardia del Hospital Militar de Córdoba para recuperar armamento. El 9 de Marzo, la célula porteña del Grupo Fundador tomó el puesto policial de San Ignacio, apropiándose de uniformes y armas. El Grupo Santa Fe también se mantuvo activo. El 25 de febrero un comando copó la localidad de Progreso, ubicada a 60 km. al noroeste de la ciudad de Santa Fe. Tomaron la telefónica e inutilizaron todas las líneas del lugar, asaltaron el destacamento policial y se llevaron el dinero de la sucursal del Banco de Santa Fe. También secuestraron un camión con una importante cantidad de explosivos que salía de Rafaela y tenía como destino Chocón-Cerros Colorados.
El 15 de Abril, el grupo Sabino asaltó un destacamento policial, firmando el operativo como “Comando Evita”. En tanto, a fines del mismo mes, el grupo Córdoba y el Grupo Fundador realizaron dos operativos conjuntos en Córdoba y en Buenos Aires, firmados como “Comando Eva Perón” y “Comando Juan José Valle” respectivamente (Lanusse: 2005).
(3) El Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, creado en 1968 en la Conferencia de Medellín, fue quien tradujo mejor las experiencias sociales innovadoras en un programa de apostolado social dirigido a los sectores populares. La encíclica Populorum progressio concretamente rezaba: “ya se sabe, la insurrección revolucionaria-salvo en caso de tiranía evidente y prolongada, que atentase gravemente a los derechos fundamentales de las personas y damnificase peligrosamente el bien común del país- engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios y provoca nuevas ruinas”. El tema es, señala Lanusse, que muchos creían ver en el gobierno de Onganía un excelente ejemplo de “tiranía evidente y prolongada”, y por ende justificaban la “insurrección revolucionaria”. El Movimiento instaba a que “en la consideración de la violencia en América Latina se evite, por todos los medios, equiparar o confundir la violencia injusta de los opresores que sostienen este ‘nefasto sistema’ con la justa violencia de los oprimidos, que se ven obligados a recurrir a ella para su liberación”
(4) También hace referencia a esto el artículo publicado en el diario Los principios, el día 4 de Julio de 1970. Allí se menciona a José Fierro, detenido después del copamiento. Se habla de su paso por el Liceo Militar General Paz y se publica una fotografía luciendo su uniforme.
(5) Para conocer los pormenores del juicio y demás detalles del secuestro ver comunicados 1, 2, 3 y 4 emitidos por la agrupación.
(6) La correspondencia entre las nociones de “guerrilla” y “terrorismo”, corresponde a una interpretación de las autoras.
(7) Testimonio extraído del documental “Julio de 1970. Montoneros y el copamiento de La Calera producido por la cooperativa de trabajo documental “Cuarto Patio”, Córdoba, 2006.
(8) Ver diarios: La voz del Interior, Los Principios, La Nación y La Prensa de los días 2, 3 y 4 de Julio de 1970.
(9) “Comunicado sobre la toma de La Calera” en: Revista Cristianismo y Revolución, Número 25, Septiembre de 1970.
(10) La mayoría de las crónicas del día hacen referencia la “tranquilidad y la calma” de la localidad. El copamiento fue construido como un acontecimiento que “conmocionó” a la población.
(11) Ver diario La Voz del interior de los días 3 y 4 de Julio de 1970.
(12) En el documental “Julio de 1970. Montoneros y el copamiento de La Calera” producido por la cooperativa de trabajo documental “Cuarto Patio”, José Fiero reconoce que fue él quien suministró la información. Dice que no pudo soportar la tortura.
(13) Esa casa había sido alquilada por Luis Lozada. Ver testimonio del mismo en el documental ya citado.


Bibliografía
BOBBIO, MATEUCCI, PASQUINO, Diccionario de Política, México, Siglo XXI, 1983.
BRENNAN, J. P. y GORDILLO, Mónica, “Protesta obrera, rebelión popular e insurrección urbana en la Argentina: el Cordobazo”, Estudios Nº 4, julio-diciembre de 1994, págs. 51-74
CAVAROZZI, Marcelo, Autoritarismo y democracia. (1955-1983), Buenos Aires, CEAL, 1987.
JAMES, Daniel, “Sindicatos, burócratas y movilización”, en: JAMES, Daniel (comp.) Nueva Historia Argentina, Tomo IX: “Violencia, proscripción y autoritarismo, 1955-1976”, Buenos Aires, Sudamericana, 2003.
GILLESPIE, Richard, Soldados de Perón. Los Montoneros, Buenos Aires, Grijalbo, 1987.
GORDILLO, Mónica, “Protesta, rebelión y movilización: de la resistencia a la lucha armada”, en: JAMES, Daniel (comp.), Nueva Historia Argentina. Tomo IX “Violencia, proscripción y autoritarismo, 1955-1976”. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. Cap. VIII
LANUSSE, Lucas Montoneros. El mito de sus 12 fundadores, Buenos Aires, Vergara Grupo Z, 2005.
MC CORMICK, Gordon, “La toma de decisiones de los terroristas”, en: Zona Abierta, 2005.
OLLIER, Matilde, El fenómeno insurrecional y la cultura política. 1969-1973, Buenos Aires, CEAL, 1986.

Fuentes periodísticas
Diario La Nación: 2, 3 y 4 de Julio de 1970
Diario La Prensa, 2 de Julio de 1970
Diario La voz del Interior: 27 de Diciembre de 1969; 2, 3 y 4 de Julio de 1970
Diario Los Principios: 27 de Diciembre de 1969; 2, 3 y 4 de Julio de 1970.
“Comunicado sobre la toma de La Calera” en: Revista Cristianismo y Revolución, Nº 25, septiembre de 1970.
Documento audiovisual de la Cooperativa de trabajo documental “Cuarto Patio”, Julio de 1970. Montoneros y el copamiento de La Calera, Córdoba, 2006.

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