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El país|Domingo, 28 de noviembre de 2010
OPINION
Lo inesperado
Por Ricardo Forster
La historia muy pocas veces es lineal. Imaginar, entre nosotros, un recorrido causal y necesario es suponer que el hilo del tiempo discurre con placidez, alejado de tormentas y sorpresas, de situaciones inesperadas y de bruscos giros que suelen sacar de quicio aquello que supuestamente responde a una racionalidad subyacente. El tiempo, el de un país, el nuestro, zigzagueante y espasmódico, entrañable y trágico, suele responder a una extraña alquimia de materialidades realmente existentes y acontecimientos que dislocan lo previamente anunciado como esperable. Ruptura y continuidad se entrelazan marcando a fuego la complejidad de un presente anómalo; de un presente capaz de persistir atravesado de viejas matrices, a la vez que nos ofrece el panorama de lo nuevo que disloca lo establecido hasta configurar una escena inimaginable de acuerdo a la fuerza inercial de una historia que, eso parecía evidente e inmodificable, seguía una marcha hacia una decadencia siempre anunciada como destino irrevocable. Muy de vez en cuando, cuando no se lo espera, algo sucede, algo intenso, que viene a alterar las escrituras del poder. Algo de eso, en su excepcionalidad, aconteció a partir del 25 de mayo de 2003. Lo insólito, lo que no podía estar pasando, simplemente comenzó a derramarse sobre una época descreída que, en muchos que continuaron aferrados a su incredulidad, condujo a la teoría de la impostura. De una suerte de relato de ficción astutamente desplegado por el saltimbanqui y prestidigitador venido del sur y dispuesto a engañar para que todo siguiese igual. Hubo que esperar hasta su muerte, también inesperada, para terminar de desgarrar el velo de la impostura, de ese relato mentiroso y autoexculpatorio que tanto les sirvió a ciertos intelectuales y políticos supuestamente progresistas a la hora de consolidar su opción por el poder corporativo y la restauración conservadora.
El vértigo estaba marcado por la caída en abismo, por esa espera del cumplimiento de lo peor que venía arrojándonos, en tanto habitantes de esta geografía sureña y muchas veces destemplada, a la intemperie. Sin horizonte, pero también sin pasado a redimir. Puro presente de angustia, corroboración de un destino estrellado contra el muro de ilusiones vanas o de engreimientos ahuecados después de años de horrores, miedos, desilusiones, banalidades, fiestas dispendiosas, cualunquismos diversos y profetismos quiméricos. Años en los que los puentes entre las generaciones se rompieron y en los que lenguajes y tradiciones emancipatorios se transformaron en objetos arqueológicos, piezas de colección de un museo temático en el que el presente, como tiempo de llegada al fin de la historia, se volvía escenario de un mundo sin sueños ni esperanzas. Apenas entre sus pliegues, o en sus napas soterradas, persistían legados y herencias maltratados por las inclemencias de una realidad despojadora de ilusiones y de proyectos alternativos al de un capitalismo neoliberal que parecía devorarse todo a su paso.
Kirchner, su nombre, vino a invertir esa inercia, vino a enloquecer la marcha del tiempo argentino quebrando la repetición maldita y abriendo fisuras, cada vez más hondas, en el muro de un sistema (amasado entre la dictadura y el menemismo) capaz de aniquilar memorias de equidad y tradiciones populares al vil precio del consumismo y la exclusión como etapa final del miedo destilado sobre cuerpos y conciencias. Su impronta, su firma que era un jeroglífico para la mayoría de una sociedad que no sabía quién era ni de dónde venía (sabía, apenas, que era gobernador de Santa Cruz pero desconocía su pasado, sus antiguas lealtades, la persistencia, en él, de historias clausuradas por la violencia dictatorial pero a la espera de una reparación), su firma, decía, selló lo inesperado, aquello caudaloso que se liberó en un discurso alocado, inusual, antiguo y lozano, admirable y sorpresivo que pronunció, entre la seriedad de la investidura presidencial y la informalidad de un personaje subvertidor de todo protocolo, lúdico en momentos de extrema gravedad y serio para aliviar, con sus malabares simbólicos con el bastón de mando, la incredulidad de una sociedad demasiado lastimada y, también, envilecida.
Una doble reparación comenzó en un país incrédulo. Reparación del pasado, sobre la que volveré, al reabrir no sólo los expedientes cerrados por las leyes de la impunidad y los indultos, sino al destrabar una memoria que lograba, con esfuerzos pero con intensidad, interrogar críticamente por una época decisiva, preñada de utopías y de errores, de sueños revolucionarios y de violencias, de generosas entregas generacionales y de poderes asesinos que se preparaban para quebrarle el espinazo a un tiempo crepuscular y soñador pero potente en su capacidad para jugar a fondo los destinos del país. Una época que dejó una marca indeleble en cuerpos y memorias pero que había sido arrojada a la pieza de los trastos viejos, formas espectrales de un pasado tabicado y ausente que, pese a todo, seguían susurrando desde una lejanía que se volvió, en el giro loco de la historia abierta de nuevo, actualidad e interpelación. Kirchner, haciéndose eco y cargo de los mil hilos resistentes de los movimientos de derechos humanos y de antiguos mandatos que se guardaban en su propia deuda impaga, habilitó, como no se lo hacía desde los comienzos del gobierno de Alfonsín, la dimensión entrecruzada de la memoria, la verdad y la justicia. Pero también, y allí se guarda lo no previsto, oxigenó el debate sellado de los setenta y lo hizo recobrando las luces y las sombras de una extraordinaria apuesta generacional. Lo que parecía ya no tener lugar, lo destinado a ser invisible o a convertirse en polvo que se lleva el viento huracanado del “progreso”, interrumpió el presente reescribiendo las páginas de la memoria que siempre transforman lo heredado, lo guardado en lo recóndito del recuerdo y lo vivido como tiempo presente supuestamente alejado de esas deudas con un pasado “olvidado”.
En ese giro reparador hacia el pasado (en esa suerte de imposible redención de las víctimas devolviéndoles rostros, ideas, convicciones, sueños, pesadillas, cuerpos, justicia) también se abrieron las puertas de una casa que habían permanecido cerradas hacia el futuro. Una doble maldición pendía sobre Argentina: la maldición de un pasado irresuelto cuyas figuras espectrales permanecían irredentas, y el borramiento de toda esperanza en el mañana. Sin pasado y sin futuro, arrojados a un puro presente impiadoso y descreído. Kirchner, emergiendo de lo previo y de lo anómalo, heredero de fuerzas sociales y de tradiciones en disonancia con una época hegemonizada por la práctica y el relato de los vencedores, giró la inercia del tiempo histórico y le dio forma, en un mismo movimiento, a la reparación, todavía en curso, del pasado y del futuro. De ese modo, y los festejos del Bicentenario dan testimonio de lo caudaloso de ese giro en las sensibilidades y en las conciencias, el daño abisal causado por la dictadura y perpetuado por la impiedad del capitalismo neoliberal más las expresiones prostibularias emergentes de tradiciones que eran supuestas portadoras de ideologías populares pero travestidas en instrumentos de la reacción, inició su camino de reparación. El peronismo le debe demasiado al flaco desgarbado que inició su rescate del envilecimiento menemista; en él, en su lenguaje y en sus gestos, lo que se hizo presente fueron los espectros fundacionales del 17 de octubre, sus metamorfosis en la generación del setenta y los desafíos de una realidad, la actual, cargada de sus propias novedades. Allí, en esa alquimia renovadora, en esa apropiación salvaje de viejos y nuevos símbolos, se encuentra eso que llamamos, con cautela pero con entusiasmo, kirchnerismo. El pueblo, el olvidado y el dañado durante tantos años, lo supo y por eso dio testimonio caudaloso de su profunda tristeza entramada, como no podía ser de otro modo, con la fuerza del agradecimiento y del apoyo decidido a su compañera de toda la vida.
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domingo, 28 de noviembre de 2010
CRISTINA 2011
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El país|Domingo, 28 de noviembre de 2010
A UN MES DE LA MUERTE DE KIRCHNER, LA OPINION PUBLICA FRENTE AL GOBIERNO
La imagen y sus razones
La mejora de imagen es notable y se extiende tanto al ex presidente como a la Presidenta, que ganaría en primera vuelta. La oposición aparece más desdibujada que nunca. El efecto solidaridad y la sensación de que Cristina Kirchner está al mando.
Por Raúl Kollmann
El diagnóstico de los consultores-encuestadores es unánime. Todos ellos perciben que en el mes transcurrido desde la muerte de Néstor Kirchner, el oficialismo mejoró notablemente en casi todos sus parámetros de opinión pública. La imagen del propio Néstor es más alta, lo mismo sucede con la Presidenta. La intención de voto de Cristina Kirchner trepó y la mayoría considera que ganaría en primera vuelta o se impondría en todos los escenarios de ballottage. Además, la oposición aparece cada vez más atomizada, diluida y con menores apoyos.
Los consultores que trabajan para el oficialismo y para la oposición creen que esto se debe a tres factores. En primer lugar, que hay una revalorización de Néstor Kirchner. En segundo lugar, que la Presidenta cosechó cierta solidaridad en el dolor y se mostró gobernando. Por último, también está el factor de que el oficialismo mejora porque la oposición quedó desacomodada.
Las discrepancias empiezan al hablar del futuro. Para algunos de los que trabajan para la oposición, el Gobierno vive un estado de gracia, frecuente cuando muere un líder pero pasajero. Para otros, el panorama económico positivo que se anticipa para 2011 asegura que los buenos índices llegaron para quedarse. Y están los que creen que Cristina Fernández de Kirchner exhibió algunos cambios en el estilo de gobierno y que de ellos depende que el buen momento se prolongue.
Nueva oportunidad
“Los primeros datos indican que se produjo una fuerte revalorización de la figura de Néstor Kirchner como de la gestión de Cristina”, analiza Hugo Haime, titular de Haime y Asociados. “Es como si la población estuviera diciendo ‘estamos dispuestos a comenzar de nuevo, estamos dispuestos a dar una nueva oportunidad al Gobierno’. Es como estar situados temporalmente en noviembre 2007, con el mandato de Cristina por empezar, y no en noviembre de 2010. Al mismo tiempo, se verifica la falta de alternativa opositora. Los que más están sufriendo son los candidatos del Peronismo Federal, Elisa Carrió y Julio Cobos. A futuro, habrá que esperar. Si bien el clima general cambió abruptamente, todo dependerá de la acción del Gobierno. Hasta dos meses atrás, sus índices de popularidad dependían de su propia dinámica: crecía cuando acertaba y caía cuando generaba polarizaciones y peleas políticas innecesarias a la vista de la población. Por eso, a futuro, gran parte de la dinámica parece depender de las decisiones gubernamentales. Hasta hace poco, las tendencias al cambio eran muy fuertes. Hoy, el clima social es otro. Ha disminuido la bronca y crecido la esperanza. Habrá que esperar los próximos meses para terminar de hacer un diagnóstico definitivo.”
Sergio Berenztein, de Poliarquía, sostiene que los datos actuales pueden ser transitorios. “No tenemos suficientes mediciones como para evaluar una tendencia. Hay una ola de empatía y solidaridad con la Presidenta por la pérdida de su marido. Pero no se trata necesariamente de un apoyo político, sino respeto y acompañamiento solidario. De todas formas, la experiencia histórica comparada sugiere que luego de la muerte de líderes políticos se generan en el corto/mediano plazo dos fenómenos: la sociedad tiende a enfatizar los aspectos más positivos de esos liderazgos; y en el caso de que familiares cercanos se dediquen también a la política, suelen experimentar un incremento de su popularidad. Eso ocurrió en el caso de Alfonsín. Pero se trata de ciclos de simpatía o apoyo de duración limitada. Es decir, son fenómenos transitorios.”
Empezar de nuevo
“¿Qué cambios hubo en este mes? –se pregunta Analía Del Franco, de Analogías–. Depende para quién. Para la sociedad, cierta satisfacción de percibir una gestión que se sostiene y se refuerza. La desaparición de quien se presentaba como el principal respaldo presidencial, a diferencia de lo que se suponía, no implicó caos ni debilidad. Para la oposición implica recomponer el armado de su mensaje-propuesta, ya que se alteró el perfil de su adversario principal. Para el oficialismo, la oportunidad de comenzar un nuevo período plebiscitado exitosamente, con las muestras de dolor del 27 de octubre y con el favorable recuerdo (hoy Néstor tiene un 68 por ciento de aprobación) del líder del kirchnerismo en el imaginario popular. Para todos, es un nuevo escenario político y social, es un cambio, un ‘pasaje’ que transcurre en el marco de un aceptable clima social sin temores ni incertidumbre.”
Para Enrique Zuleta Puceiro, de Opinión Pública, Servicios y Mercados (OPSM), “en la opinión pública persiste un clima de optimismo. No es un optimismo delirante, se basa en la situación económica y en el hecho de que buena parte de la población considera que su situación personal está bien. Hay una imagen de estabilidad al futuro que se basa en dos cosas: la economía y que la Presidenta gobierna. No se percibe patetismo, sino agenda, actividad, iniciativa. A esto debe agregarse que la oposición se ha ido descomponiendo. Ya no se ve un veto opositor fuerte, poderoso, como el que había antes. El grupo A tiene dificultades, hubo pasos al costado importantes en el Peronismo Federal, Elisa Carrió se desmarcó y se piensa que Mauricio Macri no va a jugar un papel importante, salvo en la ciudad de Buenos Aires. A diferencia de mis colegas, yo no percibo un salto importante en la intención de voto de Cristina. Sigue en el 36 por ciento, pero veo que se amplió la diferencia con cualquier opositor. Los duplica o aún más que eso. Esa sensación hace que esté instalada la idea de que Cristina gana en primera vuelta. Y la realidad es que si las elecciones fueran mañana, eso sería así. Está claro, por otra parte, que la Presidenta gana en cualquier escenario de ballottage. Subió un poco Ricardo Alfonsín, Julio Cobos se diluye y los demás están muy lejos. La inflación aparece como una preocupación, pero más que en términos económicos, en términos de posibles conflictos, peleas gremiales o huelgas. Tiene más que ver con la paz social que con la economía”.
No hay milagros
“Desde la muerte de Néstor Kirchner hubo cambios en la opinión pública, pero no fueron producto de ningún milagro –sostiene Roberto Bacman, titular del Centro de Opinión Pública (CEOP)–. En primer lugar se puede mencionar el crecimiento de la imagen positiva de Cristina Fernández: 55 por ciento en la primera semana de octubre, 66 a mediados de noviembre. Cuando se observa cuáles son los segmentos de la sociedad que en mayor medida impulsan el crecimiento de la imagen de la Presidenta, salta a la vista una nueva evidencia empírica de los cambios producidos en las actitudes de los argentinos: las mujeres, los más jóvenes (algo que se pudo ver en los días del velatorio), los estratos sociales bajos y los residentes en el interior del país. Desde los momentos más difíciles de este gobierno, cuando el conflicto del campo arreciaba, que no se veía este apoyo sociodemográfico que acompañó a la gestión de Kirchner durante el período 2003-2007. En el terreno de las explicaciones vale la pena pensar que aquello que en los últimos tiempos fue una marcada debilidad para los Kirchner, tras la muerte de Néstor trastrocó en una sustancial fortaleza. Mucho se criticó su estilo (especialmente después de la 125), incluyendo su tendencia a confrontar, su pobre capacidad de diálogo y búsqueda de consenso. Tras su fallecimiento, la mayor parte de los argentinos le encontraron otro sentido a eso y comenzaron a decodificar a Kirchner como un hombre que nunca bajó sus banderas. Entonces, cuando tienen que evaluar esta gestión, no tienen tanto en cuenta los defectos de su estilo y rescatan los aspectos concretos.”
Estado de gracia
“Hay un estado de gracia del Gobierno –afirma Graciela Römer, de Römer y Asociados–. Aparece un sentimiento que tiene que ver con nuestra cultura y que es la solidaridad con la viudez y el dolor. El otro factor es que la desaparición física de un hombre que fue actor importante en la escena política debilitó a la oposición. La fragmentó y la desperfiló. Se puso en evidencia algo que ya veíamos, que la oposición se articulaba más como reactiva que como proactiva, era más anti-K que alternativa de un programa distinto. Yo creo que también el Gobierno toma conciencia de que es mejor reorientar la estrategia, en especial el vínculo con la clase media. La Presidenta, por ejemplo, dialoga con la Unión Industrial, busca conciliar al empresariado con la dirigencia gremial, se relativizó la demonización del FMI. Y me parece que se dieron cuenta de que les da más rédito que la estrategia anterior. De hecho, hay un aumento de 20 puntos en la aprobación de la gestión presidencial. Para mí, hay señales de cambio de discurso, aunque todavía falta ver si se producen cambios en la política concreta. De eso depende que el gran colchón de ventaja que hoy tiene Cristina Kirchner se consolide o se diluya.”
Para Artemio López, titular de la consultora Equis, los cambios de este mes fueron rotundos. “En términos generales la opinión pública duplicó a nivel nacional la imagen positiva de Cristina Kirchner, llevándola al 60 por ciento. Se reconfiguró, además, el escenario electoral que mantiene la misma arquitectura que en 2007, previo a la crisis de la 125. Cristina Kirchner, con el 46 por ciento de los votos, gana en primera vuelta. La segunda minoría está en manos de Ricardo Alfonsín con el 17 por ciento y, como dato significativo, hay una desaparición electoral de Elisa Carrió que obtuvo en 2007 algo más de 4.500.000 votos y hoy proyecta sólo un cuatro por ciento de intención de voto a nivel nacional y sigue en caída.”
Esto ya venía
“La opinión pública desde hace un mes acentuó una tendencia que venía ocurriendo desde hace meses: la recuperación de la imagen presidencial y la intención de voto de Cristina Kirchner –afirma Ricardo Rouvier, de Rouvier y Asociados–. Muy rápidamente, Cristina accedió a los valores actuales con una imagen positiva de un poco menos del 70 por ciento (incluye el regular bueno) y con una intención de voto que la coloca ganando en primera vuelta. Hoy, el reconocimiento colectivo para Néstor Kirchner supera por unos puntos aquella cifra. Algo que contribuyó a este cambio de ritmo fue la difusión de imágenes de las exequias que mostraron la congoja popular y la gran presencia de jóvenes. Se produjo una identificación y una toma de conciencia respecto de un gobierno que produce ante una oposición improductiva. El futuro siempre tiene una gran dosis de incertidumbre, pero puede estimarse que una vez comenzada la campaña electoral los porcentajes se ajustarán hacia abajo. Pero el Gobierno tiene una enorme ventaja, desde la gestión, para sostener que las cifras contundentes de hoy se manifiesten en las urnas.
Continuidad
“Algunos dicen que la imagen de la Presidenta subió por la viudez. Yo no lo veo así –sostiene Carlos Fara, de Fara y Asociados–. Me parece que se percibe la fuerza de su liderazgo, pero sobre todo se empieza a hablar de que se necesita continuidad del proyecto. A esto hay que sumarle la imagen muy negativa que tiene la oposición. Estos elementos, según creo, van a seguir así durante todo el verano.”
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El país|Domingo, 28 de noviembre de 2010
A UN MES DE LA MUERTE DE KIRCHNER, LA OPINION PUBLICA FRENTE AL GOBIERNO
La imagen y sus razones
La mejora de imagen es notable y se extiende tanto al ex presidente como a la Presidenta, que ganaría en primera vuelta. La oposición aparece más desdibujada que nunca. El efecto solidaridad y la sensación de que Cristina Kirchner está al mando.
Por Raúl Kollmann
El diagnóstico de los consultores-encuestadores es unánime. Todos ellos perciben que en el mes transcurrido desde la muerte de Néstor Kirchner, el oficialismo mejoró notablemente en casi todos sus parámetros de opinión pública. La imagen del propio Néstor es más alta, lo mismo sucede con la Presidenta. La intención de voto de Cristina Kirchner trepó y la mayoría considera que ganaría en primera vuelta o se impondría en todos los escenarios de ballottage. Además, la oposición aparece cada vez más atomizada, diluida y con menores apoyos.
Los consultores que trabajan para el oficialismo y para la oposición creen que esto se debe a tres factores. En primer lugar, que hay una revalorización de Néstor Kirchner. En segundo lugar, que la Presidenta cosechó cierta solidaridad en el dolor y se mostró gobernando. Por último, también está el factor de que el oficialismo mejora porque la oposición quedó desacomodada.
Las discrepancias empiezan al hablar del futuro. Para algunos de los que trabajan para la oposición, el Gobierno vive un estado de gracia, frecuente cuando muere un líder pero pasajero. Para otros, el panorama económico positivo que se anticipa para 2011 asegura que los buenos índices llegaron para quedarse. Y están los que creen que Cristina Fernández de Kirchner exhibió algunos cambios en el estilo de gobierno y que de ellos depende que el buen momento se prolongue.
Nueva oportunidad
“Los primeros datos indican que se produjo una fuerte revalorización de la figura de Néstor Kirchner como de la gestión de Cristina”, analiza Hugo Haime, titular de Haime y Asociados. “Es como si la población estuviera diciendo ‘estamos dispuestos a comenzar de nuevo, estamos dispuestos a dar una nueva oportunidad al Gobierno’. Es como estar situados temporalmente en noviembre 2007, con el mandato de Cristina por empezar, y no en noviembre de 2010. Al mismo tiempo, se verifica la falta de alternativa opositora. Los que más están sufriendo son los candidatos del Peronismo Federal, Elisa Carrió y Julio Cobos. A futuro, habrá que esperar. Si bien el clima general cambió abruptamente, todo dependerá de la acción del Gobierno. Hasta dos meses atrás, sus índices de popularidad dependían de su propia dinámica: crecía cuando acertaba y caía cuando generaba polarizaciones y peleas políticas innecesarias a la vista de la población. Por eso, a futuro, gran parte de la dinámica parece depender de las decisiones gubernamentales. Hasta hace poco, las tendencias al cambio eran muy fuertes. Hoy, el clima social es otro. Ha disminuido la bronca y crecido la esperanza. Habrá que esperar los próximos meses para terminar de hacer un diagnóstico definitivo.”
Sergio Berenztein, de Poliarquía, sostiene que los datos actuales pueden ser transitorios. “No tenemos suficientes mediciones como para evaluar una tendencia. Hay una ola de empatía y solidaridad con la Presidenta por la pérdida de su marido. Pero no se trata necesariamente de un apoyo político, sino respeto y acompañamiento solidario. De todas formas, la experiencia histórica comparada sugiere que luego de la muerte de líderes políticos se generan en el corto/mediano plazo dos fenómenos: la sociedad tiende a enfatizar los aspectos más positivos de esos liderazgos; y en el caso de que familiares cercanos se dediquen también a la política, suelen experimentar un incremento de su popularidad. Eso ocurrió en el caso de Alfonsín. Pero se trata de ciclos de simpatía o apoyo de duración limitada. Es decir, son fenómenos transitorios.”
Empezar de nuevo
“¿Qué cambios hubo en este mes? –se pregunta Analía Del Franco, de Analogías–. Depende para quién. Para la sociedad, cierta satisfacción de percibir una gestión que se sostiene y se refuerza. La desaparición de quien se presentaba como el principal respaldo presidencial, a diferencia de lo que se suponía, no implicó caos ni debilidad. Para la oposición implica recomponer el armado de su mensaje-propuesta, ya que se alteró el perfil de su adversario principal. Para el oficialismo, la oportunidad de comenzar un nuevo período plebiscitado exitosamente, con las muestras de dolor del 27 de octubre y con el favorable recuerdo (hoy Néstor tiene un 68 por ciento de aprobación) del líder del kirchnerismo en el imaginario popular. Para todos, es un nuevo escenario político y social, es un cambio, un ‘pasaje’ que transcurre en el marco de un aceptable clima social sin temores ni incertidumbre.”
Para Enrique Zuleta Puceiro, de Opinión Pública, Servicios y Mercados (OPSM), “en la opinión pública persiste un clima de optimismo. No es un optimismo delirante, se basa en la situación económica y en el hecho de que buena parte de la población considera que su situación personal está bien. Hay una imagen de estabilidad al futuro que se basa en dos cosas: la economía y que la Presidenta gobierna. No se percibe patetismo, sino agenda, actividad, iniciativa. A esto debe agregarse que la oposición se ha ido descomponiendo. Ya no se ve un veto opositor fuerte, poderoso, como el que había antes. El grupo A tiene dificultades, hubo pasos al costado importantes en el Peronismo Federal, Elisa Carrió se desmarcó y se piensa que Mauricio Macri no va a jugar un papel importante, salvo en la ciudad de Buenos Aires. A diferencia de mis colegas, yo no percibo un salto importante en la intención de voto de Cristina. Sigue en el 36 por ciento, pero veo que se amplió la diferencia con cualquier opositor. Los duplica o aún más que eso. Esa sensación hace que esté instalada la idea de que Cristina gana en primera vuelta. Y la realidad es que si las elecciones fueran mañana, eso sería así. Está claro, por otra parte, que la Presidenta gana en cualquier escenario de ballottage. Subió un poco Ricardo Alfonsín, Julio Cobos se diluye y los demás están muy lejos. La inflación aparece como una preocupación, pero más que en términos económicos, en términos de posibles conflictos, peleas gremiales o huelgas. Tiene más que ver con la paz social que con la economía”.
No hay milagros
“Desde la muerte de Néstor Kirchner hubo cambios en la opinión pública, pero no fueron producto de ningún milagro –sostiene Roberto Bacman, titular del Centro de Opinión Pública (CEOP)–. En primer lugar se puede mencionar el crecimiento de la imagen positiva de Cristina Fernández: 55 por ciento en la primera semana de octubre, 66 a mediados de noviembre. Cuando se observa cuáles son los segmentos de la sociedad que en mayor medida impulsan el crecimiento de la imagen de la Presidenta, salta a la vista una nueva evidencia empírica de los cambios producidos en las actitudes de los argentinos: las mujeres, los más jóvenes (algo que se pudo ver en los días del velatorio), los estratos sociales bajos y los residentes en el interior del país. Desde los momentos más difíciles de este gobierno, cuando el conflicto del campo arreciaba, que no se veía este apoyo sociodemográfico que acompañó a la gestión de Kirchner durante el período 2003-2007. En el terreno de las explicaciones vale la pena pensar que aquello que en los últimos tiempos fue una marcada debilidad para los Kirchner, tras la muerte de Néstor trastrocó en una sustancial fortaleza. Mucho se criticó su estilo (especialmente después de la 125), incluyendo su tendencia a confrontar, su pobre capacidad de diálogo y búsqueda de consenso. Tras su fallecimiento, la mayor parte de los argentinos le encontraron otro sentido a eso y comenzaron a decodificar a Kirchner como un hombre que nunca bajó sus banderas. Entonces, cuando tienen que evaluar esta gestión, no tienen tanto en cuenta los defectos de su estilo y rescatan los aspectos concretos.”
Estado de gracia
“Hay un estado de gracia del Gobierno –afirma Graciela Römer, de Römer y Asociados–. Aparece un sentimiento que tiene que ver con nuestra cultura y que es la solidaridad con la viudez y el dolor. El otro factor es que la desaparición física de un hombre que fue actor importante en la escena política debilitó a la oposición. La fragmentó y la desperfiló. Se puso en evidencia algo que ya veíamos, que la oposición se articulaba más como reactiva que como proactiva, era más anti-K que alternativa de un programa distinto. Yo creo que también el Gobierno toma conciencia de que es mejor reorientar la estrategia, en especial el vínculo con la clase media. La Presidenta, por ejemplo, dialoga con la Unión Industrial, busca conciliar al empresariado con la dirigencia gremial, se relativizó la demonización del FMI. Y me parece que se dieron cuenta de que les da más rédito que la estrategia anterior. De hecho, hay un aumento de 20 puntos en la aprobación de la gestión presidencial. Para mí, hay señales de cambio de discurso, aunque todavía falta ver si se producen cambios en la política concreta. De eso depende que el gran colchón de ventaja que hoy tiene Cristina Kirchner se consolide o se diluya.”
Para Artemio López, titular de la consultora Equis, los cambios de este mes fueron rotundos. “En términos generales la opinión pública duplicó a nivel nacional la imagen positiva de Cristina Kirchner, llevándola al 60 por ciento. Se reconfiguró, además, el escenario electoral que mantiene la misma arquitectura que en 2007, previo a la crisis de la 125. Cristina Kirchner, con el 46 por ciento de los votos, gana en primera vuelta. La segunda minoría está en manos de Ricardo Alfonsín con el 17 por ciento y, como dato significativo, hay una desaparición electoral de Elisa Carrió que obtuvo en 2007 algo más de 4.500.000 votos y hoy proyecta sólo un cuatro por ciento de intención de voto a nivel nacional y sigue en caída.”
Esto ya venía
“La opinión pública desde hace un mes acentuó una tendencia que venía ocurriendo desde hace meses: la recuperación de la imagen presidencial y la intención de voto de Cristina Kirchner –afirma Ricardo Rouvier, de Rouvier y Asociados–. Muy rápidamente, Cristina accedió a los valores actuales con una imagen positiva de un poco menos del 70 por ciento (incluye el regular bueno) y con una intención de voto que la coloca ganando en primera vuelta. Hoy, el reconocimiento colectivo para Néstor Kirchner supera por unos puntos aquella cifra. Algo que contribuyó a este cambio de ritmo fue la difusión de imágenes de las exequias que mostraron la congoja popular y la gran presencia de jóvenes. Se produjo una identificación y una toma de conciencia respecto de un gobierno que produce ante una oposición improductiva. El futuro siempre tiene una gran dosis de incertidumbre, pero puede estimarse que una vez comenzada la campaña electoral los porcentajes se ajustarán hacia abajo. Pero el Gobierno tiene una enorme ventaja, desde la gestión, para sostener que las cifras contundentes de hoy se manifiesten en las urnas.
Continuidad
“Algunos dicen que la imagen de la Presidenta subió por la viudez. Yo no lo veo así –sostiene Carlos Fara, de Fara y Asociados–. Me parece que se percibe la fuerza de su liderazgo, pero sobre todo se empieza a hablar de que se necesita continuidad del proyecto. A esto hay que sumarle la imagen muy negativa que tiene la oposición. Estos elementos, según creo, van a seguir así durante todo el verano.”
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PABLO y la MENTIRA
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Contratapa|Domingo, 28 de noviembre de 2010
Apuntes para una nueva militancia
Por José Pablo Feinmann
Si bien una concepción adecuada de la democracia debe contemplar la posibilidad de que el Otro tiene una parte de la razón, que esa parte me completa y es, por consiguiente, indispensable para mí, la situación actual de la Argentina y de América latina en general está lejos de admitir algo semejante. Los que se oponen a los nuevos proyectos nacionales, populares, de integración continental, participación del Estado, redistribución del ingreso y regulación de un mercado siempre abierto a los apetitos de los más fuertes, se expresan en un lenguaje que carece de ideas, de propuestas superadoras, que no ha podido generar un solo político con peso propio, sino, lejos de tal cosa, exhibe una galería de impresentables y hasta risibles personajes cuya única característica radica en esperar qué hace el Gobierno para oponerse o bloquearlo en las cámaras. Se ha dado un fenómeno inesperado el día de la muerte de Néstor Kirchner. El fracaso de la manipulación mediática. La sorpresa fue mayúscula. Luego de ser vilipendiado, injuriado por todos los medios a disposición del Poder (ahí radica el Poder, no en Balcarce 50), luego de años de bombardeo informático de todo tipo, de libros anti K exhibidos en los mejores espacios de las vidrieras de las librerías de Buenos Aires, luego de que periodistas publicaran engendros supuestamente documentados que demostraban la maldad “desmesurada” de “los Kirchner”, de que las radios penetraran en los fachotachos de la ciudad y de que los fachotacheros impusieran su parloteo a los pasajeros que, con paciencia, debían oírlos ya que era inútil cambiar de fachotacho porque el otro diría lo mismo, una multitud espontánea salió a la calle a honrar o a llorar al inesperado muerto. ¿Qué pasó, qué falló? ¿Qué fue lo que rompió el cerco con que el poder mediático sometía al Gobierno y dominaba, al parecer, la opinión pública? Si apenas dos años atrás se estuvo a un paso de destituir a este Gobierno (logrando el primer golpe exitoso de todos los que se planean en América latina), ¿por qué ahora todo se trastrocaba? Acaso se trate de cierto efecto paradójico. Se conoce la frase de Goebbels: mil repeticiones hacen una verdad. Sin embargo, dos mil hacen una mentira. ¿Cómo se ve la mentira, cómo se la descubre? No se trata de una actitud, en principio, racional. La mentira del Poder se empieza a descubrir desde el hartazgo. Si el Poder quiere mentir siempre tiene que acompañar sus mentiras por medio de la represión autoritaria. O del terror. No es casual que Videla y la Junta hicieran una cadena nacional para anunciar: “Un militante que repartía volantes en una empresa en huelga fue apresado y abatido por las fuerzas del orden”. ¿Cómo, lo mataron por repartir panfletos? Ahí, la mentira del Poder se puede repetir hasta el infinito. El miedo hará que el que la recibe sepa que debe obedecerla, creer en ella o correr el riesgo de ser confundido con alguien que no piensa como el Poder. “Yo creo en todo lo que me dicen. No quiero que me maten.” Pero, en una sociedad en que el miedo no se ha logrado instalar, la libertad del sujeto (que siempre está ahí, a la espera, a punto de asomar y arrasar con todo lo que se hacía para sofocarlo) se expresa primero, como dije, en el hartazgo, luego en la sospecha y por fin en la adhesión a lo que tanto es abominado por los abominadores profesionales. En la Argentina, eso ya ocurrió con el Perón del exilio. No hubo atrocidad que no se dijera sobre Perón. O sobre Evita. De ella, se exhibieron sus vestidos Dior, sus joyas, sus autos. De él, se tomaron cuidadosamente las peores frases de sus discursos. Se apeló a recursos patéticos: la foto en que se lo ve junto a una Gina Lollobrigida desnuda por sus malas artes de viejo vicioso, por la orden de trucar la imagen e injuriar a la estrella. Hasta se dijo que el boxeador Archie Moore era su amante, su bestia negra violatoria. Las masas, en los estadios, respondieron: “Puto y maricón/ Queremos a Perón”. (Eran los años ’50, la corrección política y el respeto por las diferencias estaban muy lejos de aparecer. Los peronistas a un puto le decían puto. Ahora también: hay una organización de “putos peronistas”. Dicen: “Los gay son gorilas”. Cosas de los tiempos.) Pero de nada sirvió la catarata injuriosa. Tuvo el efecto paradójico. Hizo de Perón un líder al que fueron a buscar dos millones de personas cuando regresó. (Lo que siguió es otra historia.) Pero dos millones de personas, la manifestación más caudalosa de la historia argentina, fueron a buscar al “tirano prófugo”. ¿Quiénes lo habían convertido en ese fenómeno popular, en ese mito poderoso? Sus enemigos. (Y el recuerdo de su primer gobierno: el único, hasta ese momento, que volcó el orden de las cosas, que es, siempre, el orden de los poderosos, para el lado popular. Salvo los tímidos intentos de Yrigoyen.) Lo mismo con Néstor Kirchner. Se podrían repasar todos los elementos que se utilizaron para “erosionarlo” (palabra de escritores que utilizó el agrarista popular-oligarca Buzzi): primero empezaron con el “republicanismo”, las “instituciones”, luego “la seguridad”, luego “la crispación”, luego la defensa “del campo” y siempre “la corrupción”. Hasta un actor amigo mío –militante, creo, del Partido Comunista– inventó una fórmula ingeniosa: “el patrimonio Kirchner”. ¿Cómo luego de tanto derroche de ingenio toda esa gente va a llorar a semejante político tramado por todo tipo de atrocidades éticas y políticas? Porque estaban hartos de los insultos con que el poder mediático lo estigmatizaba. Hartos del maltrato que se le infería. Hartos de las jetas de una oposición a la que –por más aire y manija que se le dé– nadie logra adosarle algo de carisma. Y sobre todo: porque los liberales no tienen razón. Hagan lo que hagan, digan lo que digan, sólo por medio de golpes de Estado llegaron al poder en la Argentina. Desde 1955 a 1973 gobernaron proscribiendo al peronismo. Todos los gobiernos de esa etapa fueron ilegales, anticonstitucionales, engendros del poder militar. Aceptaron llegar al gobierno bajo la inaceptable ley básica de ese poder: el decreto 4161. Aceptaron darle una máscara civil al poder de los cuarteles. Cuando, tímidamente, buscaron hacer algo propio (con Illia, por ejemplo, los militares temían seriamente que legalizara al peronismo en las siguientes elecciones), fueron derrocados. En un libro modesto, escrito apenas en base a recuerdos personales, Tulio Halperín Donghi habla de “la sabiduría de nuestro constitucionalismo liberal”. Y hasta dice que –con él– el país había estado libre de tormentas demasiado intensas. ¿Cuándo se aplicó el constitucionalismo liberal en la Argentina? Se piensa de inmediato en Alfonsín. Alfonsín fue un meritorio presidente democrático. Pero, ¿fue liberal? No. ¿O por qué lo insultaron en la Sociedad Rural? ¿No están acaso las imágenes de esa vergüenza? ¿Por qué lo agravió la Iglesia? ¿Por qué las corporaciones financieras lo voltearon con el golpe de mercado? Luego, ¿cuándo el liberalismo democrático que hoy proclaman todos los que atacan a los Kirchner desde el inicio y con furia patológica (Morales Solá, por ejemplo, o Grondona o Biolcati) llegó democráticamente al gobierno? Nunca. La única vez que las corporaciones financieras y los agraristas oligarcas gobernaron con votos no fue con sus votos sino con los del peronismo de Menem, que los puso a su servicio. Luego, siempre la espada y en seguida el plan económico. Videla y luego Martínez de Hoz. Uno ha pasado todos los años de su vida en este país y al constitucionalismo liberal no le ha visto nunca la cara. Cuidado entonces. También ahora saben que no llegan con votos. Lo saben en toda América latina. Lo saben todos los perfectos idiotas neoliberales como Alvarito Vargas Llosa. Sin embargo, los gobiernos que enfrentan al enemigo (los de Brasil, Ecuador, Uruguay, Venezuela y Argentina) saben que sólo la unidad de sus proyectos, siguiendo las huellas de la vieja y venerable idea de Unidad Latinoamericana –que, en nuestro país, levantó Felipe Varela en su Manifiesto inspirado en los escritos del doctor Alberdi, ese amigo de las provincias en sus mejores escritos– podrá frenar el golpe institucional que la derecha siempre prepara. Algo, sin embargo, les falló. Algo, en este año de 2010 en la Argentina, por causa de la muerte de un fervoroso líder político, modificó la frase de Goebbels, que era un axioma del poder mediático. Sí, mil repeticiones hacen una verdad. Dos mil, una mentira.
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Contratapa|Domingo, 28 de noviembre de 2010
Apuntes para una nueva militancia
Por José Pablo Feinmann
Si bien una concepción adecuada de la democracia debe contemplar la posibilidad de que el Otro tiene una parte de la razón, que esa parte me completa y es, por consiguiente, indispensable para mí, la situación actual de la Argentina y de América latina en general está lejos de admitir algo semejante. Los que se oponen a los nuevos proyectos nacionales, populares, de integración continental, participación del Estado, redistribución del ingreso y regulación de un mercado siempre abierto a los apetitos de los más fuertes, se expresan en un lenguaje que carece de ideas, de propuestas superadoras, que no ha podido generar un solo político con peso propio, sino, lejos de tal cosa, exhibe una galería de impresentables y hasta risibles personajes cuya única característica radica en esperar qué hace el Gobierno para oponerse o bloquearlo en las cámaras. Se ha dado un fenómeno inesperado el día de la muerte de Néstor Kirchner. El fracaso de la manipulación mediática. La sorpresa fue mayúscula. Luego de ser vilipendiado, injuriado por todos los medios a disposición del Poder (ahí radica el Poder, no en Balcarce 50), luego de años de bombardeo informático de todo tipo, de libros anti K exhibidos en los mejores espacios de las vidrieras de las librerías de Buenos Aires, luego de que periodistas publicaran engendros supuestamente documentados que demostraban la maldad “desmesurada” de “los Kirchner”, de que las radios penetraran en los fachotachos de la ciudad y de que los fachotacheros impusieran su parloteo a los pasajeros que, con paciencia, debían oírlos ya que era inútil cambiar de fachotacho porque el otro diría lo mismo, una multitud espontánea salió a la calle a honrar o a llorar al inesperado muerto. ¿Qué pasó, qué falló? ¿Qué fue lo que rompió el cerco con que el poder mediático sometía al Gobierno y dominaba, al parecer, la opinión pública? Si apenas dos años atrás se estuvo a un paso de destituir a este Gobierno (logrando el primer golpe exitoso de todos los que se planean en América latina), ¿por qué ahora todo se trastrocaba? Acaso se trate de cierto efecto paradójico. Se conoce la frase de Goebbels: mil repeticiones hacen una verdad. Sin embargo, dos mil hacen una mentira. ¿Cómo se ve la mentira, cómo se la descubre? No se trata de una actitud, en principio, racional. La mentira del Poder se empieza a descubrir desde el hartazgo. Si el Poder quiere mentir siempre tiene que acompañar sus mentiras por medio de la represión autoritaria. O del terror. No es casual que Videla y la Junta hicieran una cadena nacional para anunciar: “Un militante que repartía volantes en una empresa en huelga fue apresado y abatido por las fuerzas del orden”. ¿Cómo, lo mataron por repartir panfletos? Ahí, la mentira del Poder se puede repetir hasta el infinito. El miedo hará que el que la recibe sepa que debe obedecerla, creer en ella o correr el riesgo de ser confundido con alguien que no piensa como el Poder. “Yo creo en todo lo que me dicen. No quiero que me maten.” Pero, en una sociedad en que el miedo no se ha logrado instalar, la libertad del sujeto (que siempre está ahí, a la espera, a punto de asomar y arrasar con todo lo que se hacía para sofocarlo) se expresa primero, como dije, en el hartazgo, luego en la sospecha y por fin en la adhesión a lo que tanto es abominado por los abominadores profesionales. En la Argentina, eso ya ocurrió con el Perón del exilio. No hubo atrocidad que no se dijera sobre Perón. O sobre Evita. De ella, se exhibieron sus vestidos Dior, sus joyas, sus autos. De él, se tomaron cuidadosamente las peores frases de sus discursos. Se apeló a recursos patéticos: la foto en que se lo ve junto a una Gina Lollobrigida desnuda por sus malas artes de viejo vicioso, por la orden de trucar la imagen e injuriar a la estrella. Hasta se dijo que el boxeador Archie Moore era su amante, su bestia negra violatoria. Las masas, en los estadios, respondieron: “Puto y maricón/ Queremos a Perón”. (Eran los años ’50, la corrección política y el respeto por las diferencias estaban muy lejos de aparecer. Los peronistas a un puto le decían puto. Ahora también: hay una organización de “putos peronistas”. Dicen: “Los gay son gorilas”. Cosas de los tiempos.) Pero de nada sirvió la catarata injuriosa. Tuvo el efecto paradójico. Hizo de Perón un líder al que fueron a buscar dos millones de personas cuando regresó. (Lo que siguió es otra historia.) Pero dos millones de personas, la manifestación más caudalosa de la historia argentina, fueron a buscar al “tirano prófugo”. ¿Quiénes lo habían convertido en ese fenómeno popular, en ese mito poderoso? Sus enemigos. (Y el recuerdo de su primer gobierno: el único, hasta ese momento, que volcó el orden de las cosas, que es, siempre, el orden de los poderosos, para el lado popular. Salvo los tímidos intentos de Yrigoyen.) Lo mismo con Néstor Kirchner. Se podrían repasar todos los elementos que se utilizaron para “erosionarlo” (palabra de escritores que utilizó el agrarista popular-oligarca Buzzi): primero empezaron con el “republicanismo”, las “instituciones”, luego “la seguridad”, luego “la crispación”, luego la defensa “del campo” y siempre “la corrupción”. Hasta un actor amigo mío –militante, creo, del Partido Comunista– inventó una fórmula ingeniosa: “el patrimonio Kirchner”. ¿Cómo luego de tanto derroche de ingenio toda esa gente va a llorar a semejante político tramado por todo tipo de atrocidades éticas y políticas? Porque estaban hartos de los insultos con que el poder mediático lo estigmatizaba. Hartos del maltrato que se le infería. Hartos de las jetas de una oposición a la que –por más aire y manija que se le dé– nadie logra adosarle algo de carisma. Y sobre todo: porque los liberales no tienen razón. Hagan lo que hagan, digan lo que digan, sólo por medio de golpes de Estado llegaron al poder en la Argentina. Desde 1955 a 1973 gobernaron proscribiendo al peronismo. Todos los gobiernos de esa etapa fueron ilegales, anticonstitucionales, engendros del poder militar. Aceptaron llegar al gobierno bajo la inaceptable ley básica de ese poder: el decreto 4161. Aceptaron darle una máscara civil al poder de los cuarteles. Cuando, tímidamente, buscaron hacer algo propio (con Illia, por ejemplo, los militares temían seriamente que legalizara al peronismo en las siguientes elecciones), fueron derrocados. En un libro modesto, escrito apenas en base a recuerdos personales, Tulio Halperín Donghi habla de “la sabiduría de nuestro constitucionalismo liberal”. Y hasta dice que –con él– el país había estado libre de tormentas demasiado intensas. ¿Cuándo se aplicó el constitucionalismo liberal en la Argentina? Se piensa de inmediato en Alfonsín. Alfonsín fue un meritorio presidente democrático. Pero, ¿fue liberal? No. ¿O por qué lo insultaron en la Sociedad Rural? ¿No están acaso las imágenes de esa vergüenza? ¿Por qué lo agravió la Iglesia? ¿Por qué las corporaciones financieras lo voltearon con el golpe de mercado? Luego, ¿cuándo el liberalismo democrático que hoy proclaman todos los que atacan a los Kirchner desde el inicio y con furia patológica (Morales Solá, por ejemplo, o Grondona o Biolcati) llegó democráticamente al gobierno? Nunca. La única vez que las corporaciones financieras y los agraristas oligarcas gobernaron con votos no fue con sus votos sino con los del peronismo de Menem, que los puso a su servicio. Luego, siempre la espada y en seguida el plan económico. Videla y luego Martínez de Hoz. Uno ha pasado todos los años de su vida en este país y al constitucionalismo liberal no le ha visto nunca la cara. Cuidado entonces. También ahora saben que no llegan con votos. Lo saben en toda América latina. Lo saben todos los perfectos idiotas neoliberales como Alvarito Vargas Llosa. Sin embargo, los gobiernos que enfrentan al enemigo (los de Brasil, Ecuador, Uruguay, Venezuela y Argentina) saben que sólo la unidad de sus proyectos, siguiendo las huellas de la vieja y venerable idea de Unidad Latinoamericana –que, en nuestro país, levantó Felipe Varela en su Manifiesto inspirado en los escritos del doctor Alberdi, ese amigo de las provincias en sus mejores escritos– podrá frenar el golpe institucional que la derecha siempre prepara. Algo, sin embargo, les falló. Algo, en este año de 2010 en la Argentina, por causa de la muerte de un fervoroso líder político, modificó la frase de Goebbels, que era un axioma del poder mediático. Sí, mil repeticiones hacen una verdad. Dos mil, una mentira.
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DDHH en FORMOSA
Un conflicto en Formosa terminó con violencia por la represión policial contra indígenas. Acusaciones cruzadas y una dura situación para el gobernador Gildo Insfrán.
Por Tomás Eliaschev
A Gildo Insfrán, el eterno mandatario formoseño, le costará mucho remontar las gravísimas acusaciones que pesan en su contra. Es que el desalojo de la comunidad toba “La Primavera”, que terminó con dos integrantes de esa comunidad y un policía muertos, decenas de heridos y con un clima que para algunos es de extrema gravedad, tomó estado público. Todavía no pasó una semana de la escandalosa irrupción policial en un colegio secundario y Formosa está, otra vez, en las noticias por una represión sin límites.
Hasta el cierre de esta edición había entre 28 y 29 tobas detenidos –nadie podía afirmarlo con exactitud– y los teléfonos celulares de los dirigentes de la comunidad estaban fuera de servicio, por lo que no se conocía el paradero de muchos de ellos. Sí hubo tres muertos confirmados: los tobas Samuel Garcete y Sixto Gómez y el oficial Heber Falcón. Varios de los heridos fueron atendidos en el Hospital de Laguna Blanca, mientras que otros, por temor a represalias, evitaron la atención médica. Entre las personas que se encontraban desaparecidas al cierre de esta edición, estaba el cacique Félix Díaz, referente de la protesta.
“La situación en Laguna Blanca es gravísima”, dijo la diputada nacional del partido de la Concertación FORJA Silvia Vázquez, sobre la localidad donde se produjeron los incidentes, ubicada 170 kilómetros al norte de la capital provincial y muy cerca de la frontera con Paraguay. “Gildo Insfrán es un genocida, no respeta los derechos humanos, es un corrupto y su conducta es aberrante”, dijo a Veintitrés la legisladora. La diputada nacional viene denunciando las violaciones a los derechos humanos que sufren los pueblos originarios, en Formosa, y al enterarse de las muertes se mostró indignada. “A Insfrán no le cabe otro adjetivo que el de genocida. A lo largo de este año ya hay denunciadas más de 50 muertes de indígenas en Formosa, por falta de atención médica y por desnutrición. Esto –según Vázquez– es deliberado. A los indígenas de La Primavera ya les habían cortado el agua potable.”
Las más de 900 familias tobas de la comunidad Qom Navogoh (La Primavera) reclaman 5.000 hectáreas de la localidad de Laguna Blanca desde hace años, ya que las reivindican como territorio ancestral, algo que parece chocar con el gobierno provincial. La ley de relevamiento territorial de territorios indígenas prohíbe cualquier desalojo, hasta tanto se realicen los relevamientos en cada provincia. Sin embargo, en Formosa no hay un estudio sobre estas tierras. Para hacerse escuchar, hace cuatro meses que los indígenas decidieron cortar la ruta 86 en forma pacífica. El gobernador, en tanto, decidió levantar sobre esas tierras una universidad, lo que provocó el reclamo de los tobas.
El sangriento desalojo comenzó cuando en horas de la mañana del martes 23 de noviembre Jorge Celia, un terrateniente de la zona, denunció en la comisaría el supuesto ingreso ilegal de indígenas a un campo del que dice ser propietario, lindero a la ruta donde se realizaba la protesta. El hombre se presentó donde estaban los indígenas acompañado por policías. Las versiones sobre lo que sucedió difieren en un ciento por ciento.
Por Tomás Eliaschev
A Gildo Insfrán, el eterno mandatario formoseño, le costará mucho remontar las gravísimas acusaciones que pesan en su contra. Es que el desalojo de la comunidad toba “La Primavera”, que terminó con dos integrantes de esa comunidad y un policía muertos, decenas de heridos y con un clima que para algunos es de extrema gravedad, tomó estado público. Todavía no pasó una semana de la escandalosa irrupción policial en un colegio secundario y Formosa está, otra vez, en las noticias por una represión sin límites.
Hasta el cierre de esta edición había entre 28 y 29 tobas detenidos –nadie podía afirmarlo con exactitud– y los teléfonos celulares de los dirigentes de la comunidad estaban fuera de servicio, por lo que no se conocía el paradero de muchos de ellos. Sí hubo tres muertos confirmados: los tobas Samuel Garcete y Sixto Gómez y el oficial Heber Falcón. Varios de los heridos fueron atendidos en el Hospital de Laguna Blanca, mientras que otros, por temor a represalias, evitaron la atención médica. Entre las personas que se encontraban desaparecidas al cierre de esta edición, estaba el cacique Félix Díaz, referente de la protesta.
“La situación en Laguna Blanca es gravísima”, dijo la diputada nacional del partido de la Concertación FORJA Silvia Vázquez, sobre la localidad donde se produjeron los incidentes, ubicada 170 kilómetros al norte de la capital provincial y muy cerca de la frontera con Paraguay. “Gildo Insfrán es un genocida, no respeta los derechos humanos, es un corrupto y su conducta es aberrante”, dijo a Veintitrés la legisladora. La diputada nacional viene denunciando las violaciones a los derechos humanos que sufren los pueblos originarios, en Formosa, y al enterarse de las muertes se mostró indignada. “A Insfrán no le cabe otro adjetivo que el de genocida. A lo largo de este año ya hay denunciadas más de 50 muertes de indígenas en Formosa, por falta de atención médica y por desnutrición. Esto –según Vázquez– es deliberado. A los indígenas de La Primavera ya les habían cortado el agua potable.”
Las más de 900 familias tobas de la comunidad Qom Navogoh (La Primavera) reclaman 5.000 hectáreas de la localidad de Laguna Blanca desde hace años, ya que las reivindican como territorio ancestral, algo que parece chocar con el gobierno provincial. La ley de relevamiento territorial de territorios indígenas prohíbe cualquier desalojo, hasta tanto se realicen los relevamientos en cada provincia. Sin embargo, en Formosa no hay un estudio sobre estas tierras. Para hacerse escuchar, hace cuatro meses que los indígenas decidieron cortar la ruta 86 en forma pacífica. El gobernador, en tanto, decidió levantar sobre esas tierras una universidad, lo que provocó el reclamo de los tobas.
El sangriento desalojo comenzó cuando en horas de la mañana del martes 23 de noviembre Jorge Celia, un terrateniente de la zona, denunció en la comisaría el supuesto ingreso ilegal de indígenas a un campo del que dice ser propietario, lindero a la ruta donde se realizaba la protesta. El hombre se presentó donde estaban los indígenas acompañado por policías. Las versiones sobre lo que sucedió difieren en un ciento por ciento.
DDHH en UNQUILLO
ENCUENTRO de DDHH en UNQUILLO
Ayer sabado 27 de noviembre, se realizo en la Plaza Alem, de Unquillo, el primer Encuentro de la Mesa de DDHH de las Sierras Chicas.
Con la presencia de numeroso publico, participaron representantes de Saldan, La Calera,Rio Ceballos, Unquillo,Mendiolaza, Villa Valle Azul y Villa Allende.
Participó, brillantemente, el Coro de los ex presos políticos de Cordoba.
En el mismo, se informó sobre el avance del Juicio Oral contra Videla,Menendez y sus 29 complices en el terrorismo de estado, donde asesinaron a 33 presos politicos en 1976.
Se consignó que el 30 de noviembre, expondran los Fiscales y que el 20 de noviembre se leerá la sentencia condenatoria.
Se hablo , tambien , del agua como DDHH, del reordenamiento territorial, de la ley de bosques y de los problemas ambientales del Departamento Colon.
28/11/2010
Ayer sabado 27 de noviembre, se realizo en la Plaza Alem, de Unquillo, el primer Encuentro de la Mesa de DDHH de las Sierras Chicas.
Con la presencia de numeroso publico, participaron representantes de Saldan, La Calera,Rio Ceballos, Unquillo,Mendiolaza, Villa Valle Azul y Villa Allende.
Participó, brillantemente, el Coro de los ex presos políticos de Cordoba.
En el mismo, se informó sobre el avance del Juicio Oral contra Videla,Menendez y sus 29 complices en el terrorismo de estado, donde asesinaron a 33 presos politicos en 1976.
Se consignó que el 30 de noviembre, expondran los Fiscales y que el 20 de noviembre se leerá la sentencia condenatoria.
Se hablo , tambien , del agua como DDHH, del reordenamiento territorial, de la ley de bosques y de los problemas ambientales del Departamento Colon.
28/11/2010
EL PCA se ACTUALIZA
Fanny Edelman
Un ejemplo de vida militante
28 de Noviembre de 2010
Por Andrea Recúpero y Hernán Cocchi
La presidenta del Partido Comunista de la Argentina fue testigo de innumerables cambios mundiales a lo largo de sus 99 años de vida. Comenzó a militar a los 23, y desde su participación en la Guerra Civil Española realiza tareas solidarias y se dedica a la formación de las mujeres. En diálogo con Tiempo Argentino, destacó la importancia del nuevo escenario latinoamericano, el rol clave de los mandatarios de la región y las políticas sociales del modelo kirchnerista.
Fanny Edelman no duda en reafirmar su optimismo por el nuevo escenario latinoamericano. Ingresó al Partido Comunista en 1934, y desde entonces nunca abandonó la lucha por construir esa “nueva sociedad” que la impulsó a comenzar a militar.
La oficina en la sede del Comité Nacional del PC de la Avenida Entre Ríos es modesta. Apenas unos pocos libros, una foto de su referente Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, los postigos a medio abrir, una bolsa con los colores de la bandera venezolana que dice Telesur y un pequeño busto de Lenin son el escenario de la entrevista.
Sencilla y sagaz. Profunda y militante. Se detiene a buscar la palabra precisa, y la encuentra. A los 99 años es todavía coqueta. En todo momento está atenta a que el bastón que la ayuda a subir y bajar la escalera no salga en las fotos. De soslayo, reniega por el reconocimiento que le hicieron el miércoles pasado en el Teatro Nacional Cervantes personalidades de la política y la cultura: “No me gustan los homenajes”, aseguró.
Fanny Edelman no es sólo un personaje romántico de la historia de la izquierda argentina. Su vida sigue transcurriendo entre discusiones y actos políticos, ya que preside el Partido Comunista Argentino. “Tenemos que terminar a las 15, porque tengo una reunión, y soy muy puntual”, aclaró mirando el reloj. La entrevista duró un poco más de la cuenta, pero aceptó llegar tarde a la convocatoria. Después de todo, algunos militantes no son tan estrictos con los horarios.
Sus manos, que hablan de todos esos años vividos, ya no se deslizan en el piano como en su primera juventud, cuando se dedicaba a la música, pero en todo momento reafirman y acompañan sus palabras, las de quien sabe exactamente qué quiere decir.
–¿Cuántas veces vio cambiar el mundo desde que se afilió al Partido Comunista?
–El mundo cambió, en primer término, con la Revolución Rusa, que fue en realidad un cambio profundo, una verdadera conmoción universal. El nuevo nacimiento de un pueblo en realidad, que sale del régimen feudal y pasa a ser dueño de su destino. Eso es lo singular del siglo que me tocó vivir. Luego se dan la revolución china y la revolución vietnamita, esta última que durante 30 años lucha contra el poder del mismo colonialismo francés, contra la invasión japonesa y contra el imperialismo estadounidense, provocando el acontecimiento más extraordinario de aquellos años. Ya estamos en la mitad del siglo pasado, pasada la mitad del siglo. La gesta del pueblo vietnamita, un pueblo pobre de toda pobreza, que vence a la potencia militar más grande del mundo. Ese fue un hecho histórico. Se produce el proceso de liberación de África del colonialismo. La Guerra Civil Española, que es en realidad la antesala de la Segunda Guerra Mundial. El derrumbe de la Unión Soviética a fines del siglo. Para los comunistas, es una conmoción viéndolo en lo profundo, pero en el caso nuestro no fractura ni nuestras esperanzas ni nuestros objetivos. Eso podría resumir lo que fue el siglo en que yo nací.
–El siglo en el que nació y militó. ¿Cuándo se afilió al Partido Comunista?
–Son 76 años que llevo en el partido. Yo ingresé en 1934. Han sido años de luchas muy duras, muchas alegrías, dolores profundos, como ocurre en todo proceso de lucha. Y soy fiel a los objetivos que fijaron mi ingreso al partido, sus principios y sus objetivos. Y esos años, todos los que he vivido, he estado al servicio de esos objetivos, de transformar la vida, proceso bastante difícil, largo, con avances y retrocesos que nos llevan hoy a plantear la necesidad urgente de ponernos a tono con lo que ocurre en América. Una América sustanciada en una verdadera rebeldía en las entrañas de la América, como hemos podido constatar con los procesos que se dan en el continente, y que nos llevan a nosotros a seguir luchando por construir una alternativa política al capitalismo, el sistema dominante. Una alternativa política anticapitalista, antiimperialista, socialista, que parte de la unidad de toda la cultura comunista, que supera naturalmente las filas de nuestro partido. Y construir una fuerza política muy amplia y simultáneamente muy profunda, que permita alcanzar los objetivos propuestos, los objetivos de liberación, e incorporarnos de esa manera a los procesos que vive el continente. Inspirados todos por esta experiencia única que fue la Revolución Cubana. La Revolución Cubana está en la raíz de los procesos que estamos viviendo en América Latina, y demuestra que el imperialismo, con todo su poderío, con toda su fuerza militar agresiva, toda su potencialidad, hoy está sumergido en una crisis económica profunda. Yo diría más que una crisis económica es una crisis “civilizatoria”, que impone luchar para dejar atrás esta historia de sumisión, de persecución, de hambre, de violación de los Derechos Humanos, que es la esencia del imperialismo, y construir una nueva sociedad donde el hombre y la mujer, el ser humano, sean dueños de su destino. Es una empresa muy grande, pero es una empresa que puede ser conquistada.
–Decía recién que hay un proceso, algo en marcha en América Latina…
–No cabe duda. Lo que ocurre en Bolivia, en Venezuela, en Ecuador. Son cambios anticapitalistas. Son cambios que se proyectan hacia nuevas relaciones humanas. No de sumisión, no de dependencia, sino de independencia. Son procesos que avanzan y retroceden, naturalmente, pero sus objetivos son los que se llaman hoy, los de construir el socialismo del siglo XXI, es decir, una sociedad absolutamente superadora a la que estamos viviendo.
–¿Los líderes de estos países son un factor importante en lo que usted observa?
–No cabe duda. Tienen una responsabilidad principal. Y lo que está ocurriendo, si uno penetra en las realidades de estos países, constata que efectivamente provocan cambios a favor del pueblo, y eso es de una validez enorme. ¿Qué va a ocurrir más adelante? Yo no soy pitonisa, pero me parece que son procesos que no pueden ser destruidos, a pesar de que las fuerzas de la reacción, a nivel nacional y latinoamericano, tratan de que no cuaje este proceso, junto al Imperio, pero yo tengo la convicción de que la fuerza movilizadora y organizativa de los pueblos vence a esa política, porque responde a intereses esenciales de la vida humana.
–¿Observa puntos en común entre esos grandes procesos históricos que mencionaba y esta nueva etapa que vivimos en América Latina? ¿Renació esa esperanza de la liberación?
–Yo creo que sí. El derrumbe de la Unión Soviética impuso lo que se llamó la Política Única: no había otra perspectiva que la proyectada por el capitalismo. Previamente, estuvo la Guerra Fría, que inició el proceso de destrucción de la Unión Soviética, en las postrimerías del siglo. Sin embargo, no hay que olvidar tampoco que en ese mismo momento cinco partidos de América Latina –el Partido Comunista de la Argentina, de Cuba, de Honduras, de la República Dominicana y de El Salvador– lanzaron la Carta de los Cinco, que tuvo una importancia enorme, porque dicha carta planteaba la importancia de la derrota del capitalismo, pero planteaba la posibilidad de que cambie a favor del socialismo. Esa Carta de los Cinco marca un momento sustancial de ese trozo de época. La Revolución Cubana se mantiene firme, sólida, a pesar de la influencia terrible que para ellos significó el derrumbe de la Unión Soviética, y empieza a caminar este momento que caminamos hoy. Nosotros somos optimistas, a pesar de las dificultades que impone construir esta alternativa política, pero pensamos que está inserta en esta nueva verdad de la América rebelde, de la América combativa, de la América que se levanta.
–¿Cómo se inserta el país en ese escenario que nos describe?
–Comencemos diciendo que la Argentina es un país capitalista, un país de grandes posibilidades, con riquezas infinitas, pero gran parte de su pueblo sigue siendo pobre, incluso indigente. Se necesita, y lo estamos percibiendo nosotros, impulsar con mucha energía una radicalización de este sistema que está en choque con las fuerzas reaccionarias, con las fuerzas del pasado. Y ha tenido algunas realizaciones en beneficio del pueblo: la Ley de Jubilaciones, la Asignación por Hijo, la recuperación de Aerolíneas, de las fábricas militares de Córdoba, etcétera. Son pasos, pero no son pasos que modifiquen el carácter de la sociedad, el carácter del sistema. Uno de los aspectos fundamentales de la política del gobierno ha sido la unidad de los pueblos de América del Sur. La Unasur tiene un valor imponderable. El Mercosur lo tiene también. Se va constituyendo un conglomerado de fuerzas que rechazan la política imperial, y eso tiene un valor político, táctico y estratégico significativo. Hasta dónde se va a avanzar, es el interrogante.
–Dijo que son optimistas. ¿Nunca perdió el optimismo a lo largo de tantos años?
–Jamás. Nunca perdí el optimismo. Y ahora lo estoy más aun, porque veo que hay una profunda rebeldía en las bases de América. América Latina se ha transformado en el continente de los cambios. En la vieja Europa renace el racismo, la xenofobia, el crimen del fascismo que fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo no ser optimista? Claro que lo soy.
–¿Cómo vivieron los comunistas la caída de la Unión Soviética?
–Fue una conmoción y un dolor profundo, pero la ideología no puede ser derrotada. Cuando la defendemos profundamente (y esa ideología, que simboliza para nosotros un mundo distinto, no fue derrotada, ni fraccionada, ni destrozada), seguimos con nuestro optimismo, recuperando un elemento fundamental que nos sirvió de lección: observar el desarrollo de los procesos de cambio, los procesos revolucionarios, con objetividad. Nosotros hicimos una lectura apolítica de la realidad, y esa lectura apolítica es la que nos tocó profundamente. Fue una lección que no olvidaremos jamás.
–¿Cómo se vinculó usted al partido? ¿A través de alguien?
–Fue una cosa muy interesante. No recuerdo por qué, me encontré en un momento con una rusa: Raquel Alperovich, que actuaba en el Socorro Rojo (año 1934, dictadura de Justo, con las cárceles llenas de obreros y trabajadores anarquistas y comunistas), con una labor de solidaridad enorme. Esa mujer me invitó a incorporarme al Socorro Rojo y le dije que sí. Ahí conocí a la mujer que presidía el Socorro, Alcira de la Peña, dirigente de nuestro partido. Y comencé a hacer las tareas de solidaridad, visitar a los comercios del barrio para que nos dieran víveres para los presos, fiestas que hacíamos para recaudar fondos para ellos, dinero para pagarle el salario al jefe de familia que estaba en cárcel. En el ’34 me afilié, por el que fue mi compañero. En el ’32 empecé a trabajar. Un día me preguntaron si quería afiliarme, y dije que sí sin saber qué era el Partido Comunista.
–¿Cuál ha sido el rol de la mujer en estos 70 años de militancia?
–Yo trabajé esencialmente en la Unión de Mujeres de la Argentina, que tenía por objetivo todas las reivindicaciones de los sectores más vulnerables de la sociedad. Ahí trabajé durante 50 años, y luego en el Movimiento Internacional, como secretaria de la Federación Democrática Internacional de Mujeres, en contacto con mujeres de todo el mundo, en la lucha por sus derechos, por el reconocimiento de sus valores. Y la ola feminista de los años ’50 y ’60, que se desplegó por todo el mundo, nos incorporó al feminismo marxista, que unifica y consolida la unión entre los derechos de la mujer y la lucha de clases, porque tienen el mismo origen: la sumisión, la dependencia, la explotación. Unos en el hogar, otros en el trabajo. Hemos constituido justamente la Cátedra de Género y Clase, en la que trabajamos con nuestras compañeras y tratamos de integrarnos a este enorme movimiento de mujeres que hay en el país. Aunque es un movimiento disperso, lamentablemente, ha avanzado en la conquista de muchas de nuestras reivindicaciones, y es preciso continuar, para lo que ya se reconoce, o debe reconocerse hoy: que no hay transformación social ni nuevo orden social sin la participación de las mujeres, como lo ha sido a lo largo de la Historia.
–¿Fue difícil dentro del partido dar esa batalla por el rol de la mujer?
–Nosotros hemos tenido que luchar con algunos sectores del partido, por su incomprensión de este papel emancipador de la mujer, pero en el conjunto del partido hemos logrado avanzar notablemente. Hoy el partido está consustanciado con este tema, al igual que lo está con el respeto a las diferencias sexuales. Nosotros venimos trabajando hace muchos años con este tema, difícil, porque la subjetividad de la sociedad está dañada por la heterosexualidad. Es la única relación humana que el capitalismo acepta, y nosotros hemos trabajado y seguimos trabajando para que se respete la diversidad sexual. Tenemos un ejemplo muy claro: Cuando nuestro secretario general fue diputado en la Legislatura porteña, una de sus secretarias en Derechos Humanos fue una travesti, Lohana Berkins, quien llegó a ser respetada por los trabajadores. Ella tiene el gran mérito de haber constituido cooperativas de trabajo, y un conjunto considerable de travestis gana su vida en esos talleres, cosiendo y haciendo todo tipo de trabajos, que les permiten esquivar la prostitución.
–¿Qué significó La Pasionaria para usted?
–¡Significó tanto! Fue para mí la figura más destacada. Superó la frontera de España y se convirtió en una figura de carácter internacional por su valía, por su inteligencia, por su capacidad de persuasión, por su lucha. Tuve con ella muchos encuentros. La conocí en España, pero mis encuentros fueron durante su exilio en la Unión Soviética, y allí pude penetrar aun más en los valores de esta mujer, de esta dirigente que añoraba profundamente a su España. Y quería volver. Y cuando regresó: una manifestación imponente, no solamente con los afiliados al Partido Comunista. Los valores de esta mujer que para mí es una de las figuras más distintivas del siglo pasado.
–Se habló mucho, a partir de la muerte de Néstor Kirchner, de los jóvenes y la política. ¿Cómo ve esa participación?
–Siempre he tenido un gran amor y un gran respeto por la juventud, y he rechazado esta política de los medios, del capital, para quienes la juventud es la droga, el paco, la indecencia que debe ser condenada. Y aquel señor Blumberg logró que se modificara el Código Penal para castigar más a estos chicos que son, en realidad, víctimas del sistema. Creo que la juventud de hoy se ha despojado totalmente de la herencia trágica que nos dejó la dictadura. Y es una juventud que ya mostró, en las huelgas de los secundarios, su esencia política. Y efectivamente su presencia en el duelo del ex presidente Kirchner –no creo que toda esa juventud haya sido juventud peronista o kirchnerista– demuestra una gran sensibilidad política y una comprensión de todos aquellos aspectos que el ex presidente Kirchner hizo a favor de la sociedad. Creo que es un desafío muy grande de nuestras fuerzas políticas impulsar más y más la acción de nuestra juventud comunista heroica. Es una historia de lucha, de sacrificio muy grande, que no se conoce suficientemente y que seguramente se pondrá de relieve en abril del año que viene cuando cumpla 90 años de vida y de lucha.
–Recién hablábamos de La Pasionaria. ¿Cuál es su opinión sobre la irrupción de Eva Perón en la política argentina?
–Eva Perón fue indiscutidamente la figura de aquellos momentos en la Argentina. Una mujer reverenciada y calumniada al mismo tiempo. Contribuyó mucho a la incorporación de la mujer a la vida social, económica y política, pero no la “ideologizó”. Tengo la impresión de que había autoritarismo en su conducta, por esa capacidad que tenía de movilizar, de concentrar a las mujeres alrededor de la figura de Perón, que era su objetivo destacado, y en sus discursos golpeaba duro a la oligarquía, pero el gobierno no hizo nada para, no diría destruir, pero para condenar la política de la oligarquía. Esa despolitización sirvió únicamente para convertirla a ella en un ídolo para hombres y mujeres peronistas, y no a ellos en sujetos sociales para llevar adelante la propia política del peronismo. Eso pude observar. Esa es la sensación que yo tengo.
–Ahora hay otra mujer en el centro de la escena, Cristina Fernández. ¿Cómo ve a la presidenta?
–A Cristina Fernández la veo como una mujer inteligente, culta, capaz, que está llevando adelante su gobierno bajo una presión brutal y escandalosa de los medios de comunicación, que tienen tanta incidencia sobre la subjetividad de la sociedad. Yo creo que depende mucho de ella esto de radicalizar su política, que efectivamente puede enriquecer el cuerpo de adhesiones que tiene. Si no lo hace, me parece que puede avanzar en el país la política de la derecha, la derecha conservadora, neoliberal, que nos haría retroceder años y años en el desarrollo de la sociedad.
–¿Qué es para usted la vida militante?
–Es esforzarnos por llevar adelante la línea política del partido. Allí donde nos toque actuar, en movimientos sindicales, con la juventud, con el pueblo, con los intelectuales. Eso es.
Un ejemplo de vida militante
28 de Noviembre de 2010
Por Andrea Recúpero y Hernán Cocchi
La presidenta del Partido Comunista de la Argentina fue testigo de innumerables cambios mundiales a lo largo de sus 99 años de vida. Comenzó a militar a los 23, y desde su participación en la Guerra Civil Española realiza tareas solidarias y se dedica a la formación de las mujeres. En diálogo con Tiempo Argentino, destacó la importancia del nuevo escenario latinoamericano, el rol clave de los mandatarios de la región y las políticas sociales del modelo kirchnerista.
Fanny Edelman no duda en reafirmar su optimismo por el nuevo escenario latinoamericano. Ingresó al Partido Comunista en 1934, y desde entonces nunca abandonó la lucha por construir esa “nueva sociedad” que la impulsó a comenzar a militar.
La oficina en la sede del Comité Nacional del PC de la Avenida Entre Ríos es modesta. Apenas unos pocos libros, una foto de su referente Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, los postigos a medio abrir, una bolsa con los colores de la bandera venezolana que dice Telesur y un pequeño busto de Lenin son el escenario de la entrevista.
Sencilla y sagaz. Profunda y militante. Se detiene a buscar la palabra precisa, y la encuentra. A los 99 años es todavía coqueta. En todo momento está atenta a que el bastón que la ayuda a subir y bajar la escalera no salga en las fotos. De soslayo, reniega por el reconocimiento que le hicieron el miércoles pasado en el Teatro Nacional Cervantes personalidades de la política y la cultura: “No me gustan los homenajes”, aseguró.
Fanny Edelman no es sólo un personaje romántico de la historia de la izquierda argentina. Su vida sigue transcurriendo entre discusiones y actos políticos, ya que preside el Partido Comunista Argentino. “Tenemos que terminar a las 15, porque tengo una reunión, y soy muy puntual”, aclaró mirando el reloj. La entrevista duró un poco más de la cuenta, pero aceptó llegar tarde a la convocatoria. Después de todo, algunos militantes no son tan estrictos con los horarios.
Sus manos, que hablan de todos esos años vividos, ya no se deslizan en el piano como en su primera juventud, cuando se dedicaba a la música, pero en todo momento reafirman y acompañan sus palabras, las de quien sabe exactamente qué quiere decir.
–¿Cuántas veces vio cambiar el mundo desde que se afilió al Partido Comunista?
–El mundo cambió, en primer término, con la Revolución Rusa, que fue en realidad un cambio profundo, una verdadera conmoción universal. El nuevo nacimiento de un pueblo en realidad, que sale del régimen feudal y pasa a ser dueño de su destino. Eso es lo singular del siglo que me tocó vivir. Luego se dan la revolución china y la revolución vietnamita, esta última que durante 30 años lucha contra el poder del mismo colonialismo francés, contra la invasión japonesa y contra el imperialismo estadounidense, provocando el acontecimiento más extraordinario de aquellos años. Ya estamos en la mitad del siglo pasado, pasada la mitad del siglo. La gesta del pueblo vietnamita, un pueblo pobre de toda pobreza, que vence a la potencia militar más grande del mundo. Ese fue un hecho histórico. Se produce el proceso de liberación de África del colonialismo. La Guerra Civil Española, que es en realidad la antesala de la Segunda Guerra Mundial. El derrumbe de la Unión Soviética a fines del siglo. Para los comunistas, es una conmoción viéndolo en lo profundo, pero en el caso nuestro no fractura ni nuestras esperanzas ni nuestros objetivos. Eso podría resumir lo que fue el siglo en que yo nací.
–El siglo en el que nació y militó. ¿Cuándo se afilió al Partido Comunista?
–Son 76 años que llevo en el partido. Yo ingresé en 1934. Han sido años de luchas muy duras, muchas alegrías, dolores profundos, como ocurre en todo proceso de lucha. Y soy fiel a los objetivos que fijaron mi ingreso al partido, sus principios y sus objetivos. Y esos años, todos los que he vivido, he estado al servicio de esos objetivos, de transformar la vida, proceso bastante difícil, largo, con avances y retrocesos que nos llevan hoy a plantear la necesidad urgente de ponernos a tono con lo que ocurre en América. Una América sustanciada en una verdadera rebeldía en las entrañas de la América, como hemos podido constatar con los procesos que se dan en el continente, y que nos llevan a nosotros a seguir luchando por construir una alternativa política al capitalismo, el sistema dominante. Una alternativa política anticapitalista, antiimperialista, socialista, que parte de la unidad de toda la cultura comunista, que supera naturalmente las filas de nuestro partido. Y construir una fuerza política muy amplia y simultáneamente muy profunda, que permita alcanzar los objetivos propuestos, los objetivos de liberación, e incorporarnos de esa manera a los procesos que vive el continente. Inspirados todos por esta experiencia única que fue la Revolución Cubana. La Revolución Cubana está en la raíz de los procesos que estamos viviendo en América Latina, y demuestra que el imperialismo, con todo su poderío, con toda su fuerza militar agresiva, toda su potencialidad, hoy está sumergido en una crisis económica profunda. Yo diría más que una crisis económica es una crisis “civilizatoria”, que impone luchar para dejar atrás esta historia de sumisión, de persecución, de hambre, de violación de los Derechos Humanos, que es la esencia del imperialismo, y construir una nueva sociedad donde el hombre y la mujer, el ser humano, sean dueños de su destino. Es una empresa muy grande, pero es una empresa que puede ser conquistada.
–Decía recién que hay un proceso, algo en marcha en América Latina…
–No cabe duda. Lo que ocurre en Bolivia, en Venezuela, en Ecuador. Son cambios anticapitalistas. Son cambios que se proyectan hacia nuevas relaciones humanas. No de sumisión, no de dependencia, sino de independencia. Son procesos que avanzan y retroceden, naturalmente, pero sus objetivos son los que se llaman hoy, los de construir el socialismo del siglo XXI, es decir, una sociedad absolutamente superadora a la que estamos viviendo.
–¿Los líderes de estos países son un factor importante en lo que usted observa?
–No cabe duda. Tienen una responsabilidad principal. Y lo que está ocurriendo, si uno penetra en las realidades de estos países, constata que efectivamente provocan cambios a favor del pueblo, y eso es de una validez enorme. ¿Qué va a ocurrir más adelante? Yo no soy pitonisa, pero me parece que son procesos que no pueden ser destruidos, a pesar de que las fuerzas de la reacción, a nivel nacional y latinoamericano, tratan de que no cuaje este proceso, junto al Imperio, pero yo tengo la convicción de que la fuerza movilizadora y organizativa de los pueblos vence a esa política, porque responde a intereses esenciales de la vida humana.
–¿Observa puntos en común entre esos grandes procesos históricos que mencionaba y esta nueva etapa que vivimos en América Latina? ¿Renació esa esperanza de la liberación?
–Yo creo que sí. El derrumbe de la Unión Soviética impuso lo que se llamó la Política Única: no había otra perspectiva que la proyectada por el capitalismo. Previamente, estuvo la Guerra Fría, que inició el proceso de destrucción de la Unión Soviética, en las postrimerías del siglo. Sin embargo, no hay que olvidar tampoco que en ese mismo momento cinco partidos de América Latina –el Partido Comunista de la Argentina, de Cuba, de Honduras, de la República Dominicana y de El Salvador– lanzaron la Carta de los Cinco, que tuvo una importancia enorme, porque dicha carta planteaba la importancia de la derrota del capitalismo, pero planteaba la posibilidad de que cambie a favor del socialismo. Esa Carta de los Cinco marca un momento sustancial de ese trozo de época. La Revolución Cubana se mantiene firme, sólida, a pesar de la influencia terrible que para ellos significó el derrumbe de la Unión Soviética, y empieza a caminar este momento que caminamos hoy. Nosotros somos optimistas, a pesar de las dificultades que impone construir esta alternativa política, pero pensamos que está inserta en esta nueva verdad de la América rebelde, de la América combativa, de la América que se levanta.
–¿Cómo se inserta el país en ese escenario que nos describe?
–Comencemos diciendo que la Argentina es un país capitalista, un país de grandes posibilidades, con riquezas infinitas, pero gran parte de su pueblo sigue siendo pobre, incluso indigente. Se necesita, y lo estamos percibiendo nosotros, impulsar con mucha energía una radicalización de este sistema que está en choque con las fuerzas reaccionarias, con las fuerzas del pasado. Y ha tenido algunas realizaciones en beneficio del pueblo: la Ley de Jubilaciones, la Asignación por Hijo, la recuperación de Aerolíneas, de las fábricas militares de Córdoba, etcétera. Son pasos, pero no son pasos que modifiquen el carácter de la sociedad, el carácter del sistema. Uno de los aspectos fundamentales de la política del gobierno ha sido la unidad de los pueblos de América del Sur. La Unasur tiene un valor imponderable. El Mercosur lo tiene también. Se va constituyendo un conglomerado de fuerzas que rechazan la política imperial, y eso tiene un valor político, táctico y estratégico significativo. Hasta dónde se va a avanzar, es el interrogante.
–Dijo que son optimistas. ¿Nunca perdió el optimismo a lo largo de tantos años?
–Jamás. Nunca perdí el optimismo. Y ahora lo estoy más aun, porque veo que hay una profunda rebeldía en las bases de América. América Latina se ha transformado en el continente de los cambios. En la vieja Europa renace el racismo, la xenofobia, el crimen del fascismo que fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo no ser optimista? Claro que lo soy.
–¿Cómo vivieron los comunistas la caída de la Unión Soviética?
–Fue una conmoción y un dolor profundo, pero la ideología no puede ser derrotada. Cuando la defendemos profundamente (y esa ideología, que simboliza para nosotros un mundo distinto, no fue derrotada, ni fraccionada, ni destrozada), seguimos con nuestro optimismo, recuperando un elemento fundamental que nos sirvió de lección: observar el desarrollo de los procesos de cambio, los procesos revolucionarios, con objetividad. Nosotros hicimos una lectura apolítica de la realidad, y esa lectura apolítica es la que nos tocó profundamente. Fue una lección que no olvidaremos jamás.
–¿Cómo se vinculó usted al partido? ¿A través de alguien?
–Fue una cosa muy interesante. No recuerdo por qué, me encontré en un momento con una rusa: Raquel Alperovich, que actuaba en el Socorro Rojo (año 1934, dictadura de Justo, con las cárceles llenas de obreros y trabajadores anarquistas y comunistas), con una labor de solidaridad enorme. Esa mujer me invitó a incorporarme al Socorro Rojo y le dije que sí. Ahí conocí a la mujer que presidía el Socorro, Alcira de la Peña, dirigente de nuestro partido. Y comencé a hacer las tareas de solidaridad, visitar a los comercios del barrio para que nos dieran víveres para los presos, fiestas que hacíamos para recaudar fondos para ellos, dinero para pagarle el salario al jefe de familia que estaba en cárcel. En el ’34 me afilié, por el que fue mi compañero. En el ’32 empecé a trabajar. Un día me preguntaron si quería afiliarme, y dije que sí sin saber qué era el Partido Comunista.
–¿Cuál ha sido el rol de la mujer en estos 70 años de militancia?
–Yo trabajé esencialmente en la Unión de Mujeres de la Argentina, que tenía por objetivo todas las reivindicaciones de los sectores más vulnerables de la sociedad. Ahí trabajé durante 50 años, y luego en el Movimiento Internacional, como secretaria de la Federación Democrática Internacional de Mujeres, en contacto con mujeres de todo el mundo, en la lucha por sus derechos, por el reconocimiento de sus valores. Y la ola feminista de los años ’50 y ’60, que se desplegó por todo el mundo, nos incorporó al feminismo marxista, que unifica y consolida la unión entre los derechos de la mujer y la lucha de clases, porque tienen el mismo origen: la sumisión, la dependencia, la explotación. Unos en el hogar, otros en el trabajo. Hemos constituido justamente la Cátedra de Género y Clase, en la que trabajamos con nuestras compañeras y tratamos de integrarnos a este enorme movimiento de mujeres que hay en el país. Aunque es un movimiento disperso, lamentablemente, ha avanzado en la conquista de muchas de nuestras reivindicaciones, y es preciso continuar, para lo que ya se reconoce, o debe reconocerse hoy: que no hay transformación social ni nuevo orden social sin la participación de las mujeres, como lo ha sido a lo largo de la Historia.
–¿Fue difícil dentro del partido dar esa batalla por el rol de la mujer?
–Nosotros hemos tenido que luchar con algunos sectores del partido, por su incomprensión de este papel emancipador de la mujer, pero en el conjunto del partido hemos logrado avanzar notablemente. Hoy el partido está consustanciado con este tema, al igual que lo está con el respeto a las diferencias sexuales. Nosotros venimos trabajando hace muchos años con este tema, difícil, porque la subjetividad de la sociedad está dañada por la heterosexualidad. Es la única relación humana que el capitalismo acepta, y nosotros hemos trabajado y seguimos trabajando para que se respete la diversidad sexual. Tenemos un ejemplo muy claro: Cuando nuestro secretario general fue diputado en la Legislatura porteña, una de sus secretarias en Derechos Humanos fue una travesti, Lohana Berkins, quien llegó a ser respetada por los trabajadores. Ella tiene el gran mérito de haber constituido cooperativas de trabajo, y un conjunto considerable de travestis gana su vida en esos talleres, cosiendo y haciendo todo tipo de trabajos, que les permiten esquivar la prostitución.
–¿Qué significó La Pasionaria para usted?
–¡Significó tanto! Fue para mí la figura más destacada. Superó la frontera de España y se convirtió en una figura de carácter internacional por su valía, por su inteligencia, por su capacidad de persuasión, por su lucha. Tuve con ella muchos encuentros. La conocí en España, pero mis encuentros fueron durante su exilio en la Unión Soviética, y allí pude penetrar aun más en los valores de esta mujer, de esta dirigente que añoraba profundamente a su España. Y quería volver. Y cuando regresó: una manifestación imponente, no solamente con los afiliados al Partido Comunista. Los valores de esta mujer que para mí es una de las figuras más distintivas del siglo pasado.
–Se habló mucho, a partir de la muerte de Néstor Kirchner, de los jóvenes y la política. ¿Cómo ve esa participación?
–Siempre he tenido un gran amor y un gran respeto por la juventud, y he rechazado esta política de los medios, del capital, para quienes la juventud es la droga, el paco, la indecencia que debe ser condenada. Y aquel señor Blumberg logró que se modificara el Código Penal para castigar más a estos chicos que son, en realidad, víctimas del sistema. Creo que la juventud de hoy se ha despojado totalmente de la herencia trágica que nos dejó la dictadura. Y es una juventud que ya mostró, en las huelgas de los secundarios, su esencia política. Y efectivamente su presencia en el duelo del ex presidente Kirchner –no creo que toda esa juventud haya sido juventud peronista o kirchnerista– demuestra una gran sensibilidad política y una comprensión de todos aquellos aspectos que el ex presidente Kirchner hizo a favor de la sociedad. Creo que es un desafío muy grande de nuestras fuerzas políticas impulsar más y más la acción de nuestra juventud comunista heroica. Es una historia de lucha, de sacrificio muy grande, que no se conoce suficientemente y que seguramente se pondrá de relieve en abril del año que viene cuando cumpla 90 años de vida y de lucha.
–Recién hablábamos de La Pasionaria. ¿Cuál es su opinión sobre la irrupción de Eva Perón en la política argentina?
–Eva Perón fue indiscutidamente la figura de aquellos momentos en la Argentina. Una mujer reverenciada y calumniada al mismo tiempo. Contribuyó mucho a la incorporación de la mujer a la vida social, económica y política, pero no la “ideologizó”. Tengo la impresión de que había autoritarismo en su conducta, por esa capacidad que tenía de movilizar, de concentrar a las mujeres alrededor de la figura de Perón, que era su objetivo destacado, y en sus discursos golpeaba duro a la oligarquía, pero el gobierno no hizo nada para, no diría destruir, pero para condenar la política de la oligarquía. Esa despolitización sirvió únicamente para convertirla a ella en un ídolo para hombres y mujeres peronistas, y no a ellos en sujetos sociales para llevar adelante la propia política del peronismo. Eso pude observar. Esa es la sensación que yo tengo.
–Ahora hay otra mujer en el centro de la escena, Cristina Fernández. ¿Cómo ve a la presidenta?
–A Cristina Fernández la veo como una mujer inteligente, culta, capaz, que está llevando adelante su gobierno bajo una presión brutal y escandalosa de los medios de comunicación, que tienen tanta incidencia sobre la subjetividad de la sociedad. Yo creo que depende mucho de ella esto de radicalizar su política, que efectivamente puede enriquecer el cuerpo de adhesiones que tiene. Si no lo hace, me parece que puede avanzar en el país la política de la derecha, la derecha conservadora, neoliberal, que nos haría retroceder años y años en el desarrollo de la sociedad.
–¿Qué es para usted la vida militante?
–Es esforzarnos por llevar adelante la línea política del partido. Allí donde nos toque actuar, en movimientos sindicales, con la juventud, con el pueblo, con los intelectuales. Eso es.
sábado, 27 de noviembre de 2010
INDUSTRIA CULTURAL
Inicio » María Iribarren
Entrevista con Rodolfo Amawi
“En la batalla contra los monopolios, el único aliado posible es la política”
Publicado el 27 de Noviembre de 2010
Por María Iribarren
El director nacional de Industrias Culturales se refirió al apoyo que el Estado debe prestar a la producción y distribución de bienes simbólicos, y a proyectos como la reinstalación de los premios nacionales de literatura.
Rodolfo Hamawi asumió como director nacional de Industrias Culturales –bajo la órbita de la Secretaría de Cultura de Nación–, en agosto de 2009. Días atrás, abrió y cerró el Encuentro Latinoamericano del Libro Social y Político, por el que pasaron editores, lectores, intelectuales, humoristas y políticos nacionales y latinoamericanos. A pocas horas de presentar la primera publicación del SinCA (Sistema de Información Cultural de la Argentina) y de inaugurar Cocinas del Bicentenario, conversó con Tiempo Argentino.
–¿Qué objetos forman parte del concepto “industrias culturales”?
– Históricamente nació como un concepto crítico, pensado por los integrantes de la Escuela de Frankfurt que entendían que la reproducción técnica de los contenidos culturales los achataba, los masificaba. Walter Benjamin se alarmaba de que al pasar de una radio a otra, escuchaba lo mismo en todas. ¡Imaginate si prendiera la televisión ahora! A mi gusto, esa crítica tuvo un sesgo elitista.Con el paso del tiempo, el concepto se pluralizó. Se empezó a hablar de “industrias culturales” y a ver que la posibilidad de reproducir libros, discos, películas, cuadros, propiciaba el acceso de la población a esos bienes que, si no, hubieran quedado en poder de una élite.
–¿Qué papel juega o debería jugar el Estado en este tipo de producciones?
–Como siempre, lo que tiene que hacer el Estado es pelear las asimetrías. Hoy la Argentina tiene dos fuertes asimetrías con relación a las industrias culturales. Una es geográfica: el 80% de la producción se aglutina en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires. La otra es el proceso de concentración económica que, creo, es muy difícil de frenar porque se trata de una tendencia mundial. Por un lado, el Estado tiene que darles voz y posibilidades de expresión, de producción y de distribución a aquellos proyectos pequeños, en muchos casos hasta artesanales, que necesitan de su apoyo para poder existir. Por otro lado, el Estado debe llevar las producciones regionales a todo el país. Hoy en día, el problema no es tanto de producción, en general, sino de distribución. Éste es el tema básico. Vos podés sacar libros en Chaco o hacer discos en Neuquén y difícilmente lleguen a Buenos Aires o al resto del país. En este sentido, nos parece que tenemos que ayudar a crear redes de distribución. Te pongo un ejemplo: cuando impulsamos el Instituto Nacional del Libro Argentino, una de las tareas prioritarias fue ayudar a abrir librerías en aquellas ciudades donde no las hay. Para que te des una idea: el 25% de las ciudades de entre 40 y 100 mil habitantes, no tiene una sola librería. Un Instituto que financie ese tipo de emprendimientos es fundamental. Otra posibilidad es la de colaborar con la infinidad de bandas que existe, para que puedan hacer su demo, su primer disco y llegar a distribuirlo. Aun cuando cueste ponerlo en la red comercial, por lo menos, se puede garantizar que lleguen a radios comunitarias, a radios de cierta escucha masiva, para que sean medianamente conocidos.
–La producción de alimentos o de vestimenta, ¿no está incluida en la industria cultural?
–Es una polémica que se da en todo el mundo. Nosotros, básicamente, elegimos aquellos productos más cargados de valor simbólico. El libro, el cine, la música. Ampliamos hacia el diseño. Por ejemplo, en el Mercado de Industrias Culturales (MICA) que estamos armando para el 2011, ampliamos a los juegos electrónicos. De todos modos, nos parece que abrir demasiado el abanico tiene el riesgo de perder especificidad. Si una zapatilla Adidas tiene el mismo valor simbólico que un libro, seguramente cuando vayamos a discutir a la Organización Mundial de Comercio sobre la especificidad de un libro, vamos a perder. Tenemos que ser muy claros en esto: nos paramos en la vereda de pensar las industrias culturales como aquellas que, por un lado, tienen un autor reconocido, una relación directa entre autor y producción (aunque sea un colectivo, como suele ocurrir en la música o el cine), y un fuerte valor simbólico. De este modo, podemos poner un paraguas sobre algunos objetos, en los debates sobre la libre circulación de bienes culturales.
–¿Cómo se inserta en esta concepción general el subsidio a las revistas culturales?
–En el caso concreto del Concurso Nacional de Nuevas Revistas Culturales Abelardo Castillo, apunta a dos objetivos: fomentar la aparición de estos proyectos pero, a la vez, premiar cierta excelencia en la realización, vinculada a los contenidos, al diseño, a la calidad del producto terminado. En el sector editorial estamos pensando en reinstalar los premios nacionales, que también es una forma de premiar la calidad de la producción. O sea, una política pública debe trabajar lo horizontal y lo vertical también. Debe extender la posibilidad de producción y consumo y mejorar la calidad de lo que se está produciendo.
–En el caso de las revistas culturales, los editores reclaman mejorar su situación impositiva en relación al IVA. ¿Ésta es una preocupación del área?
–Es parte de la preocupación del área, aunque no está en nuestras manos resolver temas como el del IVA. Claramente, somos solidarios en los planteos de los productores de cultura ya que es muy difícil que ciertas áreas se desarrollen sin una presencia activa del Estado. No sólo para financiar sus proyectos sino para colaborar en la difusión, en hacerlos visibles. En casos como el cine, sin el apoyo decisivo del Estado, a través del INCAA, la Argentina no tendría la producción que tiene porque hacer una película tiene costos millonarios. En el caso del libro, que tiene costos mucho más reducidos, acabamos de poner a la vista, en la Feria que realizamos en la Biblioteca Nacional, al conjunto de la producción del libro de temática social y política.
–La Argentina tiene una fuerte tradición de revistas culturales. ¿Por qué pusiste en ellas, uno de los ejes de tu gestión?
–La revista cultural sigue siendo un instrumento de vanguardia. Es el lugar de experimentación: allí donde los grandes medios o las editoriales no pueden meterse, se mete algún colectivo para intentar nuevas formas de comunicación. El concurso partió de esta premisa: las revistas son el gran semillero de la producción cultural en el país y, por lo tanto, había que estimular la aparición de nuevos proyectos. Estimular implica facilitar la aparición de los cuatro primeros números, que siempre son el precipicio de una revista. La verdad, es que fue una gratísima sorpresa, porque se presentaron más de 120 propuestas de todo el país y de la mayor diversidad. Afortunadamente, esto quedó reflejado en la elección de Jorge Boccanera, Luis Bruschtein, Alejandro Kaufman y Daniel Samoilovich que fueron los jurados. O sea, en las diez revistas seleccionadas vamos a encontrar, prácticamente cubierta, la mayoría de las temáticas: la danza, la plástica, la política, la sociología, la poesía. Todas de gran calidad en los lenguajes, en el diseño, en el uso de la fotografía… No nos equivocamos: hay un potencial enorme. Y nos quedamos cortos, como siempre en la política pública… Seguiremos pensando alternativas para esos nuevos proyectos que no fueron seleccionados. Con vistas a 2011, también, estamos evaluando lanzar un certamen que premie la calidad de las notas, el diseño, las tapas, las entrevistas, de las revistas culturales ya existentes.
–Hay creadores, artistas, que evitan la ayuda estatal para no poner en riesgo su independencia. ¿Cuál es tu parecer?
–Acá hay un tema que me parece interesante para tener en cuenta. Nosotros fuimos formados en la idea de que la gran resistencia era contra el Estado, porque el Estado era el gran achicador de los márgenes individuales. Me parece que, hoy por hoy, si la gran batalla que lleva la sociedad argentina es contra los monopolios, el único aliado posible es la política.
Cuando digo “batalla contra los monopolios” quiero decir atacar el concepto básico de monopolio que es “aquello que coloniza”. Cuando la Unesco define cultura, lo hace bajo el concepto de biodiversidad. Todo aquello que rompa la biodiversidad empobrece la vida y la cultura.
Entonces, la preocupación por preservar el poder del Estado absoluto me parece que no es el tema básico en la Argentina. Hay otro problema que es que, al lado de los Estados, han crecido poderosas corporaciones que tienen igual o más poder que los Estados. <
Entrevista con Rodolfo Amawi
“En la batalla contra los monopolios, el único aliado posible es la política”
Publicado el 27 de Noviembre de 2010
Por María Iribarren
El director nacional de Industrias Culturales se refirió al apoyo que el Estado debe prestar a la producción y distribución de bienes simbólicos, y a proyectos como la reinstalación de los premios nacionales de literatura.
Rodolfo Hamawi asumió como director nacional de Industrias Culturales –bajo la órbita de la Secretaría de Cultura de Nación–, en agosto de 2009. Días atrás, abrió y cerró el Encuentro Latinoamericano del Libro Social y Político, por el que pasaron editores, lectores, intelectuales, humoristas y políticos nacionales y latinoamericanos. A pocas horas de presentar la primera publicación del SinCA (Sistema de Información Cultural de la Argentina) y de inaugurar Cocinas del Bicentenario, conversó con Tiempo Argentino.
–¿Qué objetos forman parte del concepto “industrias culturales”?
– Históricamente nació como un concepto crítico, pensado por los integrantes de la Escuela de Frankfurt que entendían que la reproducción técnica de los contenidos culturales los achataba, los masificaba. Walter Benjamin se alarmaba de que al pasar de una radio a otra, escuchaba lo mismo en todas. ¡Imaginate si prendiera la televisión ahora! A mi gusto, esa crítica tuvo un sesgo elitista.Con el paso del tiempo, el concepto se pluralizó. Se empezó a hablar de “industrias culturales” y a ver que la posibilidad de reproducir libros, discos, películas, cuadros, propiciaba el acceso de la población a esos bienes que, si no, hubieran quedado en poder de una élite.
–¿Qué papel juega o debería jugar el Estado en este tipo de producciones?
–Como siempre, lo que tiene que hacer el Estado es pelear las asimetrías. Hoy la Argentina tiene dos fuertes asimetrías con relación a las industrias culturales. Una es geográfica: el 80% de la producción se aglutina en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires. La otra es el proceso de concentración económica que, creo, es muy difícil de frenar porque se trata de una tendencia mundial. Por un lado, el Estado tiene que darles voz y posibilidades de expresión, de producción y de distribución a aquellos proyectos pequeños, en muchos casos hasta artesanales, que necesitan de su apoyo para poder existir. Por otro lado, el Estado debe llevar las producciones regionales a todo el país. Hoy en día, el problema no es tanto de producción, en general, sino de distribución. Éste es el tema básico. Vos podés sacar libros en Chaco o hacer discos en Neuquén y difícilmente lleguen a Buenos Aires o al resto del país. En este sentido, nos parece que tenemos que ayudar a crear redes de distribución. Te pongo un ejemplo: cuando impulsamos el Instituto Nacional del Libro Argentino, una de las tareas prioritarias fue ayudar a abrir librerías en aquellas ciudades donde no las hay. Para que te des una idea: el 25% de las ciudades de entre 40 y 100 mil habitantes, no tiene una sola librería. Un Instituto que financie ese tipo de emprendimientos es fundamental. Otra posibilidad es la de colaborar con la infinidad de bandas que existe, para que puedan hacer su demo, su primer disco y llegar a distribuirlo. Aun cuando cueste ponerlo en la red comercial, por lo menos, se puede garantizar que lleguen a radios comunitarias, a radios de cierta escucha masiva, para que sean medianamente conocidos.
–La producción de alimentos o de vestimenta, ¿no está incluida en la industria cultural?
–Es una polémica que se da en todo el mundo. Nosotros, básicamente, elegimos aquellos productos más cargados de valor simbólico. El libro, el cine, la música. Ampliamos hacia el diseño. Por ejemplo, en el Mercado de Industrias Culturales (MICA) que estamos armando para el 2011, ampliamos a los juegos electrónicos. De todos modos, nos parece que abrir demasiado el abanico tiene el riesgo de perder especificidad. Si una zapatilla Adidas tiene el mismo valor simbólico que un libro, seguramente cuando vayamos a discutir a la Organización Mundial de Comercio sobre la especificidad de un libro, vamos a perder. Tenemos que ser muy claros en esto: nos paramos en la vereda de pensar las industrias culturales como aquellas que, por un lado, tienen un autor reconocido, una relación directa entre autor y producción (aunque sea un colectivo, como suele ocurrir en la música o el cine), y un fuerte valor simbólico. De este modo, podemos poner un paraguas sobre algunos objetos, en los debates sobre la libre circulación de bienes culturales.
–¿Cómo se inserta en esta concepción general el subsidio a las revistas culturales?
–En el caso concreto del Concurso Nacional de Nuevas Revistas Culturales Abelardo Castillo, apunta a dos objetivos: fomentar la aparición de estos proyectos pero, a la vez, premiar cierta excelencia en la realización, vinculada a los contenidos, al diseño, a la calidad del producto terminado. En el sector editorial estamos pensando en reinstalar los premios nacionales, que también es una forma de premiar la calidad de la producción. O sea, una política pública debe trabajar lo horizontal y lo vertical también. Debe extender la posibilidad de producción y consumo y mejorar la calidad de lo que se está produciendo.
–En el caso de las revistas culturales, los editores reclaman mejorar su situación impositiva en relación al IVA. ¿Ésta es una preocupación del área?
–Es parte de la preocupación del área, aunque no está en nuestras manos resolver temas como el del IVA. Claramente, somos solidarios en los planteos de los productores de cultura ya que es muy difícil que ciertas áreas se desarrollen sin una presencia activa del Estado. No sólo para financiar sus proyectos sino para colaborar en la difusión, en hacerlos visibles. En casos como el cine, sin el apoyo decisivo del Estado, a través del INCAA, la Argentina no tendría la producción que tiene porque hacer una película tiene costos millonarios. En el caso del libro, que tiene costos mucho más reducidos, acabamos de poner a la vista, en la Feria que realizamos en la Biblioteca Nacional, al conjunto de la producción del libro de temática social y política.
–La Argentina tiene una fuerte tradición de revistas culturales. ¿Por qué pusiste en ellas, uno de los ejes de tu gestión?
–La revista cultural sigue siendo un instrumento de vanguardia. Es el lugar de experimentación: allí donde los grandes medios o las editoriales no pueden meterse, se mete algún colectivo para intentar nuevas formas de comunicación. El concurso partió de esta premisa: las revistas son el gran semillero de la producción cultural en el país y, por lo tanto, había que estimular la aparición de nuevos proyectos. Estimular implica facilitar la aparición de los cuatro primeros números, que siempre son el precipicio de una revista. La verdad, es que fue una gratísima sorpresa, porque se presentaron más de 120 propuestas de todo el país y de la mayor diversidad. Afortunadamente, esto quedó reflejado en la elección de Jorge Boccanera, Luis Bruschtein, Alejandro Kaufman y Daniel Samoilovich que fueron los jurados. O sea, en las diez revistas seleccionadas vamos a encontrar, prácticamente cubierta, la mayoría de las temáticas: la danza, la plástica, la política, la sociología, la poesía. Todas de gran calidad en los lenguajes, en el diseño, en el uso de la fotografía… No nos equivocamos: hay un potencial enorme. Y nos quedamos cortos, como siempre en la política pública… Seguiremos pensando alternativas para esos nuevos proyectos que no fueron seleccionados. Con vistas a 2011, también, estamos evaluando lanzar un certamen que premie la calidad de las notas, el diseño, las tapas, las entrevistas, de las revistas culturales ya existentes.
–Hay creadores, artistas, que evitan la ayuda estatal para no poner en riesgo su independencia. ¿Cuál es tu parecer?
–Acá hay un tema que me parece interesante para tener en cuenta. Nosotros fuimos formados en la idea de que la gran resistencia era contra el Estado, porque el Estado era el gran achicador de los márgenes individuales. Me parece que, hoy por hoy, si la gran batalla que lleva la sociedad argentina es contra los monopolios, el único aliado posible es la política.
Cuando digo “batalla contra los monopolios” quiero decir atacar el concepto básico de monopolio que es “aquello que coloniza”. Cuando la Unesco define cultura, lo hace bajo el concepto de biodiversidad. Todo aquello que rompa la biodiversidad empobrece la vida y la cultura.
Entonces, la preocupación por preservar el poder del Estado absoluto me parece que no es el tema básico en la Argentina. Hay otro problema que es que, al lado de los Estados, han crecido poderosas corporaciones que tienen igual o más poder que los Estados. <
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