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19 y 20 de diciembre de 2001.-



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domingo, 23 de agosto de 2009

Carlos Fazio: PLAN COLOMBIA FSCISTA...

Barack Obama y la fase dos del Plan Colombia


20-Agosto-09





En una misma línea de continuidad con las políticas abiertas y clandestinas de la administración anterior, la diplomacia de guerra de Washington, ahora con Barack Obama en la Casa Blanca, no se da respiro.

Por Carlos Fazio (*) - Prensa Latina

Consumado el golpe oligárquico-militar en Honduras de clara factura estadounidense, la administración Obama dispuso que el principal peón del imperio en el hemisferio occidental, Álvaro Uribe, saliera a hacer un control de daños a varias capitales sudamericanas, ante la polémica instalación de más bases del Pentágono en Colombia.

El incremento del pie de fuerza militar de Estados Unidos en ese país, con clara proyección expansionista hacia la región amazónica y los estados andinos, forma parte de la tradicional política del garrote y la zanahoria, con la novedad de que ahora opera en "redes", contando con mandatarios títeres como Uribe.

Las nuevas bases están relacionadas con una adecuación del Plan Colombia a la coyuntura.

Dicho plan fue instrumentado por la administración de William Clinton en 1999, con el objetivo de consolidar un espacio geopolítico, acondicionado militarmente.

Ello debía servir para hacer funcionales los propósitos de la entonces propuesta Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), fundamentalmente ligada con megaproyectos del capital multinacional. Durante los dos períodos de George W. Bush en la Casa Blanca se priorizó el fortalecimiento de Estados Unidos como gendarme mundial, para lo cual se dinamizó a la industria militar y se posicionó a grandes consorcios y multinacionales de las nuevas tecnologías, tanto de las comunicaciones como de la biotecnología.

En relación con América del Sur, Bush lanzó la Iniciativa Regional Andina (IRA) como continuación del Plan Colombia, enfocada, con las particularidades de la región, a controlar un área de importancia vital para los propósitos geopolíticos de Estados Unidos.

A partir de 2003, además de Colombia, la Iniciativa Andina intentó incorporar a Ecuador, Venezuela, Brasil, Perú, Bolivia y Panamá, proporcionándoles recursos para el fortalecimiento militar y policial.

En la práctica se ejecutaron tres fórmulas.

Por una parte se buscaba que los ejércitos sudamericanos estuvieran cada vez más condicionados por la tecnología y el financiamiento estadounidense, a partir de crear las necesidades para el mantenimiento, entrenamiento y operaciones de equipos y desempeño de tácticas de combate, inteligencia y defensa.

Por otro lado se efectuaron operaciones encubiertas y acciones de guerra sucia, implementadas y desarrolladas por grupos paramilitares y mercenarios.

En un tercer plano estuvo la instalación de bases, equipos de telecomunicaciones y expertos que no pudieran ser monitoreados ni fiscalizados por los gobiernos o los pueblos donde se ubicaban.

Durante la era Bush, la globalización en el plano militar significó la extensión de las guerras de baja intensidad y se priorizó el control y dominio absoluto de la fuerza por parte de un solo país.

Para ello se adoptaron formas como la flexibilización de la intervención u operación, la fácil movilidad y reacción de tropas, el rápido desplazamiento con eficiente apoyo de comunicaciones y logística adecuada, todo ello para enfrentar los nuevos escenarios de conflicto del siglo XXI.

A tales efectos, el Pentágono buscó consolidar una red de puestos militares denominados Centros de Operaciones Avanzadas (FOL, por sus siglas en inglés).

Entre ellos se incluyó inicialmente a la base de Manta, sobre el Pacífico ecuatoriano; las de Aruba y Curazao, en el Caribe; Comalapa en El Salvador; Alcántara en Brasil y Mariscal Estigarribia en el Chaco paraguayo.

Sin embargo, la nueva arquitectura militar regional del Pentágono comenzó a distorsionarse a raíz del giro político e ideológico que adoptaron varios gobiernos del área, apoyados por amplios movimientos populares.

En particular, los de Venezuela, Bolivia y Ecuador, a lo que se sumó el sano distanciamiento de Brasil de las políticas injerencista de Washington en la subregión, que incluyó la no aprobación, finalmente, de una base militar en Alcántara.

La pérdida, este año, de la base de Manta, ante la posición nacionalista del presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien se negó a renovar el contrato para que el Pentágono siguiera operando en su territorio, significó un revés para estos planes.

En respuesta, se precipitó el golpe militar contra el presidente Manuel Zelayala ante su intención de transformar en aeropuerto civil la base militar de Soto Cano (o Palmerola) en Honduras, asiento de la Fuerza de Tarea Bravo.

Como parte de la reacción estadounidense estuvo también la decisión de abrir cinco bases más en Colombia, tres aéreas y dos navales.

De la mano de Uribe, ese país está en vías de convertirse en el Israel de Estados Unidos en América Latina.

Además, todo indica que a 10 años de su creación, otra administración demócrata, la de Obama, acelera una nueva fase militar del Plan Colombia.

Los objetivos de la nueva estrategia imperial son los mismos de entonces, incluida una eventual vietnamización del corazón de América Latina.

Ello se complementa con un nuevo elemento: la Iniciativa Mérida, con México como capataz, que busca cerrar desde el Norte la pinza sobre los países que considera "hostiles".



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(*) El autor es un reconocido articulista de la prensa mexicana y colaborador de Prensa Latina.

sábado, 22 de agosto de 2009

Michel Husson: ¿seguira la dictadura economica?

21-08-2009



Entrevista a Michel Husson, integrante del Instituto de Estudios Económicos y Sociales francés
"La dictadura de la economía se volverá más brutal"


Juan Kornblihtt
Bolpress




Integrante del Instituto de Estudios Económicos y Sociales (IRES) ligado a diversos sindicatos franceses y autor de numerosos libros que analizan la dinámica de la acumulación de capital, el economista francés Michel Husson es uno de los marxistas más consultados sobre la crisis mundial. En esta entrevista nos revela parte de su visión sobre la actual crisis. Razones y argumentos para seguir pensando la llamada "crisis sistemática global" para Husson.
Husson ha sido miembro del Comité Central de la Liga Comunista Revolucionaria. Sus libros más recientes son Le grand bluff capitaliste (2001) y Les casseurs de l'Etat social (2003). hussonet.free.fr

P. ¿Cuál es la característica de la crisis actual?

R. Se trata de una crisis sistemática global, lo que significa que afecta a todos los sectores de la economía mundial y que pone en cuestión los fundamentos mismos del modo de producción capitalista. La crisis comenzó como una crisis financiera, pero, fundamentalmente, remite a la separación creciente entre la búsqueda de una híper rentabilidad y la satisfacción de las necesidades sociales.

Las transformaciones del sistema financiero deben ser analizadas en base a dos tendencias esenciales que ocurren desde principios de los años '80. La primera, es el alza tendencial de la tasa de explotación: en casi todo el mundo, la parte de la riqueza producida que corresponde a los asalariados está en baja, y los países emergentes no son la excepción a esta tendencia. Incluso el FMI o la Comisión Europea lo constatan. Esta baja de la parte salarial permitió una recuperación espectacular de la tasa media de ganancia a partir de mediados de los '80. Sin embargo, la segunda tendencia, muestra que la tasa de acumulación continuó fluctuando a un nivel inferior al previo a la crisis. Dicho de otra forma, la punción sobre los salarios no ha sido utilizada para invertir más. El "teorema de Schmidt" enunciado por el canciller alemán Helmut Schmidt, a principio de la década de 1980 ("las ganancia de hoy son las inversiones de mañana y los empleos de pasado mañana"), no funcionó.

Esta masa creciente de plusvalía no acumulada fue distribuida principalmente bajo la forma de ingresos financieros, siendo la fuente del proceso de financiarización. La diferencia entre la tasa de ganancia y la tasa de inversión es de por sí un buen indicador del grado de financiarización. También podemos verificar que la suba del desempleo y de la precariedad laboral se encuentra a la par del crecimiento de la esfera financiera. Incluso aquí, la razón es simple: el sector financiero logró captar la mayor parte de los aumentos de la productividad en detrimento de los asalariados, reduciendo los salarios y sin reducir de forma suficiente, incluso aumentando, la duración de la jornada laboral. La relación entre capital productivo y capital financiero se modificó profundamente y las exigencias de una híper rentabilidad pesan, por un efecto feedback, sobre las condiciones de explotación.

Sin embargo, no podemos aplicar al capitalismo contemporáneo una lectura "financierista" que consistiría en distinguir una tendencia autónoma hacia la financiarización que vendría a parasitar el funcionamiento normal del "buen" capitalismo industrial. Esto vendría a disociar artificialmente el rol de las finanzas y el de la lucha de clases por el reparto del valor agregado. Se debe articular correctamente el análisis de los fenómenos. A partir del momento en el cual la tasa de ganancia aumenta gracias al retroceso salarial, sin producir oportunidades de acumulación rentable, las finanzas empiezan a jugar un rol funcional en la reproducción procurando salidas alternativas a la demanda salarial: el consumo de los rentistas y el sobreendeudamiento de los obreros.

Esta aproximación se refuerza cuando se tiene en cuenta la mundialización. En la progresiva constitución de un mercado mundial, las finanzas juegan hoy un papel que consiste en abolir, dentro de sus posibilidades, las delimitaciones de espacios de valorización. La gran fuerza del capital financiero es ignorar las fronteras geográficas o sectoriales, porque se da los medios para pasar de una zona económica a otra muy rápido, y de una rama a otra: los movimientos de capitales pueden, a partir de ahora, desarrollarse a una escala considerablemente ampliada. La función de las finanzas es endurecer las leyes de la competencia al hacer más fluidos los movimientos del capital. Parafraseando lo que Marx dice del trabajo, podríamos esbozar que las finanzas mundializadas son el proceso de abstracción concreto que somete a cada capital individual a una ley del valor, donde el campo de aplicación se extiende sin cesar. La característica principal del capitalismo contemporáneo no reside entonces en la oposición entre un capital financiero y un capital productivo, sino en la híper competencia entre capitales como resultado de la financiarización.

Fundamentalmente, esta crisis es una crisis de la forma capitalista de satisfacer las necesidades sociales. Existe una brecha creciente entre la demanda social y lo que el capitalismo puede producir de acuerdo a normas de rentabilidad más y más exigentes. El ensanchamiento creciente entre la tasa de ganancia (creciente) y la tasa de acumulación (estable) se explica de esta forma: las oportunidades de inversión rentables se vuelven más raras en detrimento de necesidades insatisfechas. Un economista francés llegó a decir que la verdadera regulación del capitalismo supondría que éste aceptase funcionar con una menor rentabilidad. Es a la vez cierto, en este sentido, que la búsqueda de maximizar la ganancia aleja del óptimo social. Pero al mismo tiempo es ingenuo, porque, retomando una expresión de Marx, esta reivindicación es completamente ajena al capital.

P. ¿Es comparable con la crisis de 1930? La salida de la crisis mundial del ‘30 precisó de la segunda guerra mundial para relanzar la acumulación, ¿el capital puede relanzarse sin destruir el capital sobrante y aumentar la tasa de explotación como en ese entonces?

R. Este tipo de comparaciones es un poco académica y tiene el riesgo de ser un obstáculo al análisis concreto. Hay ciertos puntos comunes, pero puede ser útil insistir sobre las principales diferencias. La primera es que se trata, hoy en día, de una crisis que golpea a todos los sectores de una economía mucho más mundializada. La segunda, es que los gobiernos aprendieron y evitaron los errores de política económica que agravaron los efectos de la crisis en los años ‘30. Luego, está la historia: el mundo no pudo salir de esa crisis sino a partir del estruendo y la furia (fascismo y guerra mundial) en un contexto dominado por el enfrentamiento entre "bloques". Después de la segunda guerra mundial, se instaló hasta principios de los '80 un capitalismo más regulado, calificado, para ser simples, de keynesianismo.

Toda la cuestión es saber si existe un escenario similar en la crisis actual. En términos absolutos, podríamos imaginar que la debacle del neoliberalismo puede desembocar en un retorno a este tipo de capitalismo regulado. No obstante, y es sin duda la lección que nos da la gran crisis precedente, eso no será posible sino por medio de choques económicos, sociales y políticos de una amplitud comparable. Estamos autorizados a pensar que incluso podrían implicar una puesta en cuestión de la lógica capitalista. Sin esta presión social, el escenario más probable es bastante sombrío: una regresión social gestionada de forma autoritaria por las clases dominantes, con formas de repliegue nacional o regional, en un clima de guerra económica generalizada y de dislocación social. Esta visión pesimista corresponde a una apreciación realista de la profundidad de la crisis y de la violencia que las clases dominantes están preparadas a ejercer para mantener el orden establecido y sus privilegios. La dictadura de la economía sobre las aspiraciones sociales va, por lo tanto, a volverse todavía más brutal.

P. La crisis ha tenido un particular impacto en Europa, con un fuerte aumento del desempleo y una contracción industrial. ¿Por qué Europa es una de las más afectadas, si el epicentro es en EE.UU.?

R. La transmisión de la crisis nacida en los EE.UU. al resto del mundo, y por lo tanto a Europa, se produjo en tres tiempos. En el primer tiempo los productos financieros tóxicos tenían una vocación de expansión a escala mundial y lograron colocarse en las carteras de los bancos, incluidos los europeos. De allí que las quiebras o casi quiebras bancarias y los derrumbes de los mercados financieros e inmobiliarios golpearon a países como el Reino Unido o aún más a España, donde el boom inmobiliario se interrumpió brutalmente. En un segundo tiempo, las restricciones del crédito (credit crunch) pesaron sobre la actividad de las empresas y el consumo. Para el tercer tiempo, el descenso de la actividad se convirtió en una bola de nieve a través del comercio internacional. En Alemania, donde las exportaciones representan el 45% del PBI, la recesión es particularmente severa.

P. ¿Qué efectividad tendrán los planes anti-crisis de los gobiernos de EE.UU. y Europa?

R. Los planes de relanzamiento plantean dos tipos de problemas: su tamaño y sus posibles efectos. Los planes europeos están sub-dimensionados en relación al de los EE.UU. Pero el principal déficit es la falta de coordinación que muestra la inadecuación de las instituciones europeas a esta coyuntura de crisis, evidenciado en un presupuesto europeo insuficiente. Algunos países, como Italia y en menor medida Francia, se juegan a la opción del "pasajero clandestino", que consiste en esperar que los vecinos relancen su propia demanda. Otros esperan relanzar su mercado interno contra los demás países a partir de medidas fiscales como la baja del IVA en el Reino Unido. La crisis no es entonces la ocasión de solucionar esta falta de coordinación lanzando, por ejemplo, programas de inversión pública social y ecológicamente útiles. No existe una política de cambio con respecto al dólar y el único acuerdo alcanzado se basa en la necesidad de profundizar las políticas neoliberales de privatización y flexibilidad del mercado de trabajo.

En cuanto a los EE.UU., están enfrentando un dilema. Si los hogares se desendeudan y aumentan su tasa de ahorro, se va a reducir el consumo y el crecimiento no podría volver a arrancar. Si el gasto público toma la posta, el déficit comercial exterior se va a profundizar otra vez y el flujo de capital necesario para su financiamiento puede convertirse en un problema. Es una gran incógnita qué va a pesar sobre la trayectoria de la economía mundial.

P. Dichos planes están llevando a una expansión del déficit fiscal, ¿estamos ante una nueva "burbuja" de capital ficticio, pero ahora en el Estado? ¿Cuáles son las perspectivas frente a esta expansión de la deuda estatal?

R. Como no fue tomada ninguna medida seria de regulación, el riesgo es, en efecto, una huída hacia adelante en una nueva burbuja. Podría ser de nuevo en torno a las materias primas como el petróleo o incluso el llamado "capitalismo verde", como se observa en el nuevo campo especulativo que se abre con los mercados de permisos de emisión de CO2. Lo que es seguro, es que los países van a acumular enormes déficits presupuestarios. Para 2010, la OCDE prevé que alcanzaran el 7% del PBI en la zona Euro y el 12% en los EE.UU. Al mismo tiempo, la destrucción de empleos hará aumentar la tasa de desempleo. Según la OCDE, se pasará entre el 2008 y el 2010 de un 7,5% a un 11,7% en la zona Euro y de un 5,8% a un 19,3% en los EE.UU. La cuestión de la vuelta al crecimiento después de 2010 se planteará entonces en un contexto marcado por objetivos contradictorios: mejorar la competitividad creando empleos y relanzar la demanda efectuando nuevos golpes en los presupuestos sociales con el fin de reducir los déficits fiscales.

P. En una entrevista usted señalaba que la crisis puede llevar a un crecimiento más autocentrado de los países emergentes, incluido China, poniendo como ejemplo la ISI en América Latina. Incluso afirmaba que es posible que el impacto de la crisis no sea tan fuerte. Sin embargo, la base de acumulación de estos países, incluso en el período de la llamada ISI, siguió siendo la exportación de materias primas y sus economías estuvieron atadas a fuertes ciclos en función del mercado mundial. En efecto, lo favorable no fue la crisis, sino la segunda guerra mundial, que hizo subir los precios de las commodities. En este sentido, ¿por qué una crisis puede ser "favorable" para los países de América Latina?

R. Durante un tiempo, sostuvimos la tesis del desacople: los países emergentes escaparían en parte de la crisis y podrían mantener el ritmo de crecimiento. No ocurrió por la interdependencia de las diferentes economías nacionales en el seno de la economía mundial. La crisis no ofrece entonces un desenlace mecánico para los países emergentes. Sin embargo, la contracción del sector externo puede dar impulso a un doble proceso de focalizarse sobre la demanda interna y de la regionalización de los intercambios sobre los principios del ALBA.

Con todo, esta reorientación no tiene nada de mecánico y se enfrenta a dos tipos de obstáculos. El primero es social y resulta de la resistencia de los intereses sociales dominantes cuyo proyecto es volver al business as usual que les conviene. Es la oportunidad de insistir sobre un punto general pero muy importante: toda salida de una crisis impone un cuestionamiento de intereses sociales dominantes. El segundo es de orden económico: la relativa rigidez de la división internacional del trabajo instalada por la mundialización vuelve incierta una transición de este estilo que no podrá ser inmediata.

P. ¿Cuál es el rol que jugará China, teniendo en cuenta que su expansión reside en la exportación de mercancías a EE.UU. y que un aumento de su poder adquisitivo interno implicará una pérdida de competitividad?

R. El modelo de crecimiento chino no puede continuar indefinidamente porque es aberrante: un peso excesivo de las exportaciones (43% del PBI en 2007) y de las inversiones (42,7%) y parte decreciente del consumo privado y público en los gastos (49,6% del PBI en 2007). Por lo tanto, está expuesta a riesgos de sobreacumulación y, simétricamente, de subconsumo. El excedente exterior jugó un rol durante los últimos años, pero está amenazado por el menor crecimiento de las exportaciones y, en un plazo mayor, por la dependencia energética creciente.

En lo inmediato, China necesita centrarse sobre su mercado interno bajo la presión de las tensiones sociales. Estas preocupaciones sociales y energéticas están, de hecho, muy presentes en las medidas de estímulo tomadas por el gobierno chino. Sin embargo, esta reconversión del modelo de crecimiento se enfrenta de la misma forma que en los EE.UU. al cuestionamiento de las desigualdades sociales que implica.

P. La magnitud de la crisis plantea serios problemas para la acción de la clase obrera, marcando serios límites para cualquier reivindicación reformista por la incapacidad del sistema de resolverla. ¿Cómo ve las perspectivas revolucionarias, en particular en Francia?

R. De forma un poco abstracta, podríamos decir que, a los efectos de la crisis, la estrategia revolucionaria debe buscar organizar el movimiento de la resistencia hacia una perspectiva anticapitalista. Toda situación de crisis es, desde este punto de vista, profundamente contradictoria: el desempleo debilita a la clase obrera, el miedo al caos puede engendrar conservadurismo o resignación. Pero al mismo tiempo hay una profunda debacle no sólo de la economía sino también de la ideología dominante: el capitalismo nos da hoy la demostración de no poder responder a las necesidades básicas de la mayoría de la humanidad. La crisis cuestiona todos los preceptos neoliberales y hace caer muchos tabúes. Que podamos tener hoy una gran respuesta al proponer la nacionalización de los bancos es un síntoma entre muchos otros. La crisis hace también nacer un profundo sentimiento de injusticia frente a la violencia de los propietarios por defender sus privilegios.

Por todo esto, hay que respaldar reivindicaciones transitorias fundadas en la idea de control: control sobre los fondos públicos entregados a los bancos y las empresas y control sobre el empleo a través de la lucha contra los despidos. De esta idea de control, podemos pasar a un cuestionamiento concreto a la propiedad privada. Esta perspectiva se enfrenta, en Europa, a los proyectos socialdemócratas y a la dificultad de una salida política. En Francia, las luchas de resistencia son por el momento dispersas y podríamos decir que los países oscilan entre la resignación y la explosión social. Para la izquierda radical, la agenda consiste en poner adelante la perspectiva de un movimiento de unidad, construyendo frentes de lucha que permitan la expresión de una radicalización de las masas.

* Integrante del CEICS (Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales).

Fuente: Observatorio Marxista de Economía - boletín Nº 12 - Julio de 2009

sábado, 15 de agosto de 2009

Zygmunt Bauman: ¿Hacia donde va el mundo?

15-08-2009



Entrevista con el sociólogo Zygmunt Bauman
Un mundo nuevo y cruel


Héctor Pavón
Ñ Revista de Cultura




El sociólogo que sacudió a las ciencias sociales con su concepto de "modernidad líquida" advierte que hay un temible divorcio entre poder y política, socios hasta hoy inseparables en el estado-nación. En todo el mundo, dice, la población se divide en barrios cerrados, villas miseria y quienes luchan por ingresar o no caer en uno de esos guetos.
How to spend it.... Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que "cualquiera" se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto "no tienen otra opción que ir a por uno mejor...". Esta cosmovisión le sirvió a Zygmunt Bauman para teorizar sobre cuestiones imprescindibles y así intentar comprender esta era.

La idea de felicidad, el mundo que está resurgiendo después de la crisis, seguridad versus libertad, son algunas de sus preocupaciones actuales y que explica en sus recientes libros: Múltiples culturas, una sola humanidad (Katz editores) y El arte de la vida (Paidós). "No es posible ser realmente libre si no se tiene seguridad, y la verdadera seguridad implica a su vez la libertad", sostiene desde Inglaterra por escrito.

Bauman nació en Polonia pero se fue expulsado por el antisemitismo en los 50 y recaló en los 60 en Gran Bretaña. Hoy es profesor emérito de la Universidad de Leeds. Estudió las estratificaciones sociales y las relacionó con el desarrollo del movimiento obrero. Después analizó y criticó la modernidad y dio un diagnóstico pesimista de la sociedad. Ya en los 90 teorizó acerca de un modo diferente de enfocar el debate cuestionador sobre la modernidad. Ya no se trata de modernidad versus posmodernidad sino del pasaje de una modernidad "sólida" hacia otra "líquida". Al mismo tiempo y hasta el presente se ocupó de la convivencia de los "diferentes", los "residuos humanos" de la globalización: emigrantes, refugiados, parias, pobres todos. Sobre este mundo cruel y desigual versó este diálogo con Bauman.

P. Uno de sus nuevos libros se llama Múltiples culturas, una sola humanidad . ¿Hay en este concepto una visión "optimista" del mundo de hoy?

R. Ni optimista ni pesimista... Es sólo una evaluación sobria del desafío que enfrentamos en el umbral del siglo XXI. Ahora todos estamos interconectados y somos interdependientes. Lo que pasa en un lugar del globo tiene impacto en todos los demás, pero esa condición que compartimos se traduce y se reprocesa en miles de lenguas, de estilos culturales, de depósitos de memoria. No es probable que nuestra interdependencia redunde en una uniformidad cultural. Es por eso que el desafío que enfrentamos es que estamos todos, por así decirlo, en el mismo barco; tenemos un destino común y nuestra supervivencia depende de si cooperamos o luchamos entre nosotros. De todos modos, a veces diferimos mucho en algunos aspectos vitales. Tenemos que desarrollar, aprender y practicar el arte de vivir con diferencias, el arte de cooperar sin que los cooperadores pierdan su identidad, a beneficiarnos unos de otros no a pesar de, sino gracias a nuestras diferencias.

P. Es paradójico, pero mientras se exalta el libre tránsito de mercancías, se fortalecen y construyen fronteras y muros. ¿Cómo se sobrevive a esta tensión?

R. Eso sólo parece ser una paradoja. En realidad, esa contradicción era algo esperable en un planeta donde las potencias que determinan nuestra vida, condiciones y perspectivas son globales, pueden ignorar las fronteras y las leyes del estado, mientras que la mayor parte de los instrumentos políticos sigue siendo local y de una completa inadecuación para las enormes tareas a abordar. Fortificar las viejas fronteras y trazar otras nuevas, tratar de separarnos a "nosotros" de "ellos", son reacciones naturales, si bien desesperadas, a esa discrepancia. Si esas reacciones son tan eficaces como vehementes es otra cuestión. Las soberanías locales territoriales van a seguir desgastándose en este mundo en rápida globalización.

P. Hay escenas comunes en Ciudad de México, San Pablo, Buenos Aires: de un lado villas miseria; del otro, barrios cerrados. Pobres de un lado, ricos del otro. ¿Quiénes quedan en el medio?

R. ¿Por qué se limita a las ciudades latinoamericanas? La misma tendencia prevalece en todos los continentes. Se trata de otro intento desesperado de separarse de la vida incierta, desigual, difícil y caótica de "afuera". Pero las vallas tienen dos lados. Dividen el espacio en un "adentro" y un "afuera", pero el "adentro" para la gente que vive de un lado del cerco es el "afuera" para los que están del otro lado. Cercarse en una "comunidad cerrada" no puede sino significar también excluir a todos los demás de los lugares dignos, agradables y seguros, y encerrarlos en sus barrios pobres. En las grandes ciudades, el espacio se divide en "comunidades cerradas" (guetos voluntarios) y "barrios miserables" (guetos involuntarios). El resto de la población lleva una incómoda existencia entre esos dos extremos, soñando con acceder a los guetos voluntarios y temiendo caer en los involuntarios.

P. ¿Por qué se cree que el mundo de hoy padece una inseguridad sin precedentes? ¿En otras eras se vivía con mayor seguridad?

R. Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas específicos y sus pesadillas, y crea sus propias estratagemas para manejar sus propios miedos y angustias. En nuestra época, la angustia aterradora y paralizante tiene sus raíces en la fluidez, la fragilidad y la inevitable incertidumbre de la posición y las perspectivas sociales. Por un lado, se proclama el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron ); por otro lado, todo lo que ya se ganó y se obtuvo es nuestro "hasta nuevo aviso" y podría retirársenos y negársenos en cualquier momento. La angustia resultante permanecería con nosotros mientras la "liquidez" siga siendo la característica de la sociedad. Nuestros abuelos lucharon con valentía por la libertad. Nosotros parecemos cada vez más preocupados por nuestra seguridad personal... Todo indica que estamos dispuestos a entregar parte de la libertad que tanto costó a cambio de mayor seguridad.

P. Esto nos llevaría a otra paradoja. ¿Cómo maneja la sociedad moderna la falta de seguridad que ella misma produce?

R. Por medio de todo tipo de estratagemas, en su mayor parte a través de sustitutos. Uno de los más habituales es el desplazamiento/trasplante del terror a la globalización inaccesible, caótica, descontrolada e impredecible a sus productos: inmigrantes, refugiados, personas que piden asilo. Otro instrumento es el que proporcionan las llamadas "comunidades cerradas" fortificadas contra extraños, merodeadores y mendigos, si bien son incapaces de detener o desviar las fuerzas que son responsables del debilitamiento de nuestra autoestima y actitud social, que amenazan con destruir. En líneas más generales: las estratagemas más extendidas se reducen a la sustitución de preocupaciones sobre la seguridad del cuerpo y la propiedad por preocupaciones sobre la seguridad individual y colectiva sustentada o negada en términos sociales.

P. ¿Hay futuro? ¿Se puede pensarlo? ¿Existe en el imaginario de los jóvenes?

R. El filósofo británico John Gray destacó que "los gobiernos de los estados soberanos no saben de antemano cómo van a reaccionar los mercados (...) Los gobiernos nacionales en la década de 1990 vuelan a ciegas." Gray no estima que el futuro suponga una situación muy diferente. Al igual que en el pasado, podemos esperar "una sucesión de contingencias, catástrofes y pasos ocasionales por la paz y la civilización", todos ellos, permítame agregar, inesperados, imprevisibles y por lo general con víctimas y beneficiarios sin conciencia ni preparación. Hay muchos indicios de que, a diferencia de sus padres y abuelos, los jóvenes tienden a abandonar la concepción "cíclica" y "lineal" del tiempo y a volver a un modelo "puntillista": el tiempo se pulveriza en una serie desordenada de "momentos", cada uno de los cuales se vive solo, tiene un valor que puede desvanecerse con la llegada del momento siguiente y tiene poca relación con el pasado y con el futuro. Como la fluidez endémica de las condiciones tiene la mala costumbre de cambiar sin previo aviso, la atención tiende a concentrarse en aprovechar al máximo el momento actual en lugar de preocuparse por sus posibles consecuencias a largo plazo. Cada punto del tiempo, por más efímero que sea, puede resultar otro "big bang", pero no hay forma de saber qué punto con anticipación, de modo que, por las dudas, hay que explorar cada uno a fondo.

P. Es una época en la que los miedos tienen un papel destacado. ¿Cuáles son los principales temores que trae este presente?

R. Creo que las características más destacadas de los miedos contemporáneos son su naturaleza diseminada, la subdefinición y la subdeterminación, características que tienden a aparecer en los períodos de lo que puede llamarse un "interregno". Antonio Gramsci escribió en Cuadernos de la cárcel lo siguiente: "La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: en este interregno aparece una gran variedad de síntomas mórbidos". Gramsci dio al término "interregno" un significado que abarcó un espectro más amplio del orden social, político y legal, al tiempo que profundizaba en la situación sociocultural; o más bien, tomando la memorable definición de Lenin de la "situación revolucionaria" como la situación en la que los gobernantes ya no pueden gobernar mientras que los gobernados ya no quieren ser gobernados, separó la idea de "interregno" de su habitual asociación con el interludio de la trasmisión (acostumbrada) del poder hereditario o elegido, y lo asoció a las situaciones extraordinarias en las que el marco legal existente del orden social pierde fuerza y ya no puede mantenerse, mientras que un marco nuevo, a la medida de las nuevas condiciones que hicieron inútil el marco anterior, está aún en una etapa de creación, no se lo terminó de estructurar o no tiene la fuerza suficiente para que se lo instale. Propongo reconocer la situación planetaria actual como un caso de interregno. De hecho, tal como postuló Gramsci, "lo viejo está muriendo". El viejo orden que hasta hace poco se basaba en un principio igualmente "trinitario" de territorio, estado y nación como clave de la distribución planetaria de soberanía, y en un poder que parecía vinculado para siempre a la política del estado-nación territorial como su único agente operativo, ahora está muriendo. La soberanía ya no está ligada a los elementos de las entidades y el principio trinitario; como máximo está vinculada a los mismos pero de forma laxa y en proporciones mucho más reducidas en dimensiones y contenidos. La presunta unión indisoluble de poder y política, por otro lado, está terminando con perspectivas de divorcio. La soberanía está sin ancla y en flotación libre. Los estados-nación se encuentran en situación de compartir la compañía conflictiva de aspirantes a, o presuntos sujetos soberanos siempre en pugna y competencia, con entidades que evaden con éxito la aplicación del hasta entonces principio trinitario obligatorio de asignación, y con demasiada frecuencia ignorando de manera explícita o socavando de forma furtiva sus objetos designados. Un número cada vez mayor de competidores por la soberanía ya excede, si no de forma individual sin duda de forma colectiva, el poder de un estado-nación medio (las compañías comerciales, industriales y financieras multinacionales ya constituyen, según Gray, "alrededor de la tercera parte de la producción mundial y los dos tercios del comercio mundial").

P. La "modernidad líquida", como un tiempo donde las relaciones sociales, económicas, discurren como un fluido que no puede conservar la forma adquirida en cada momento, ¿tiene fin?

R. Es difícil contestar esa pregunta, no sólo porque el futuro es impredecible, sino debido al "interregno" que mencioné antes, un lapso en el que virtualmente todo puede pasar pero nada puede hacerse con plena seguridad y certeza de éxito. En nuestros tiempos, la gran pregunta no es "¿qué hace falta hacer?", sino "¿quién puede hacerlo?" En la actualidad hay una creciente separación, que se acerca de forma alarmante al divorcio, entre poder y política, los dos socios aparentemente inseparables que durante los dos últimos siglos residieron -o creyeron y exigieron residir- en el estado nación territorial. Esa separación ya derivó en el desajuste entre las instituciones del poder y las de la política. El poder desapareció del nivel del estado nación y se instaló en el "espacio de flujos" libre de política, dejando a la política oculta como antes en la morada que se compartía y que ahora descendió al "espacio de lugares". El creciente volumen de poder que importa ya se hizo global. La política, sin embargo, siguió siendo tan local como antes. Por lo tanto, los poderes más relevantes permanecen fuera del alcance de las instituciones políticas existentes, mientras que el marco de maniobra de la política interna sigue reduciéndose. La situación planetaria enfrenta ahora el desafío de asambleas ad hoc de poderes discordantes que el control político no limita debido a que las instituciones políticas existentes tienen cada vez menos poder. Estas se ven, por lo tanto, obligadas a limitar de forma drástica sus ambiciones y a "transferir" o "tercerizar" la creciente cantidad de funciones que tradicionalmente se confiaba a los gobiernos nacionales a organizaciones no políticas. La reducción de la esfera política se autoalimenta, así como la pérdida de relevancia de los sucesivos segmentos de la política nacional redunda en el desgaste del interés de los ciudadanos por la política institucionalizada y en la extendida tendencia a reemplazarla con una política de "flotación libre", notable por su carácter expeditivo, pero también por su cortoplacismo, reducción a un único tema, fragilidad y resistencia a la institucionalización.

P. ¿Cree que esta crisis global que estamos padeciendo puede generar un nuevo mundo, o al menos un poco diferente?

R. Hasta ahora, la reacción a la "crisis del crédito", si bien impresionante y hasta revolucionaria, es "más de lo mismo", con la vana esperanza de que las posibilidades vigorizadoras de ganancia y consumo de esa etapa no estén aún del todo agotadas: un esfuerzo por recapitalizar a quienes prestan dinero y por hacer que sus deudores vuelvan a ser confiables para el crédito, de modo tal que el negocio de prestar y de tomar crédito, de seguir endeudándose, puedan volver a lo "habitual". El estado benefactor para los ricos volvió a los salones de exposición, para lo cual se lo sacó de las dependencias de servicio a las que se había relegado temporalmente sus oficinas para evitar comparaciones envidiosas.

P. Pero hay individuos que padecen las consecuencias de esta crisis de los que poco se habla. Los protagonistas visibles son los bancos, las empresas...

R. Lo que se olvida alegremente (y de forma estúpida) en esa ocasión es que la naturaleza del sufrimiento humano está determinada por la forma en que las personas viven. El dolor que en la actualidad se lamenta, al igual que todo mal social, tiene profundas raíces en la forma de vida que aprendimos, en nuestro hábito de buscar crédito para el consumo. Vivir del crédito es algo adictivo, más que casi o todas las drogas, y sin duda más adictivo que otros tranquilizantes que se ofrecen, y décadas de generoso suministro de una droga no pueden sino derivar en shock y conmoción cuando la provisión se detiene o disminuye. Ahora nos proponen la salida aparentemente fácil del shock que padecen tanto los drogadictos como los vendedores de drogas: la reanudación del suministro de drogas. Hasta ahora no hay muchos indicios de que nos estemos acercando a las raíces del problema. En el momento en que se lo detuvo ya al borde del precipicio mediante la inyección de "dinero de los contribuyentes", el banco TSB Lloyds empezó a presionar al Tesoro para que destinara parte del paquete de ahorro a los dividendos de los accionistas. A pesar de la indignación oficial, el banco procedió impasible a pagar bonificaciones cuyo monto obsceno llevó al desastre a los bancos y sus clientes. Por más impresionantes que sean las medidas que los gobiernos ya tomaron, planificaron o anunciaron, todas apuntan a "recapitalizar" los bancos y permitirles volver a la "actividad normal": en otras palabras, a la actividad que fue la principal responsable de la crisis actual. Si los deudores no pudieron pagar los intereses de la orgía de consumo que el banco inspiró y alentó, tal vez se los pueda inducir/obligar a hacerlo por medio de impuestos pagados al estado. Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad de consumo y crédito. La "vuelta a la normalidad" anuncia una vuelta a las vías malas y siempre peligrosas. De todo modos todavía no llegamos al punto en que no hay vuelta atrás; aún hay tiempo (poco) de reflexionar y cambiar de camino; todavía podemos convertir el shock y la conmoción en algo beneficioso para nosotros y para nuestros hijos.

Fuente: Revista Ñ / IADE, traduccion Joaquin Ibarburu.

Fuente original http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/07/18/_-01960446.htm

Rolando E. Gialdino: La proteccion internacional de los DDHH

15 de agosto de 2009
Opinión
Hacia la protección internacional de los derechos humanos
Por Rolando E. Gialdino *
Suele decirse que en el plano de los derechos humanos, el derecho al trabajo, a la vivienda, a la alimentación, a la seguridad social, a la salud, a la educación, integran el grupo de los derechos económicos, sociales y culturales, al tiempo que el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad, al respeto de la vida privada y familiar, a elegir y ser elegido para los cargos públicos, conforman otro grupo, el de los derechos civiles y políticos. Mientras éstos son exigibles, por entero, en todo tiempo y lugar, los primeros apenas excederían una suerte de programa a ser satisfecho según progresen los vientos y mareas.

La división, y sus efectos, por lo pronto, no son hijos de los ejercicios filosófico-jurídicos, aun cuando éstos, si dóciles, con frecuencia los adopten, sino de otros ejercicios, los del poder político o institucional. Las decisiones en ese terreno revelan siempre, entre otras muchas cosas, las conceptos que quienes las adoptan se han formado sobre cuál es el ser de la persona humana. Muestran, si se quiere, una determinada ontología. Pues si los derechos humanos son divisibles, será porque el titular de éstos también es divisible. Y de tal manera será tratado. El poder tiene, e impone (pretende hacerlo), una ontología oficial.

Algo de esto ocurrió en el seno de la ONU durante el proceso en el que se cruzaron la Guerra Fría y la elaboración del Derecho Internacional de los Derechos Humanos: el desacuerdo entre los dos “bloques” de Estados predominantes, uno acentuando los derechos civiles y políticos, el otro los derechos económicos, sociales y culturales, condujo a que en 1966, y contrariamente al espíritu de la Declaración Universal (1948), no viera la luz un solo Pacto Internacional, sino dos: el de Derechos Civiles y Políticos y el de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Peor aún; sólo el primero estuvo acompañado de otro tratado (Protocolo) que autorizaba a la víctima de una violación de un derecho civil o político por un Estado parte a llevar la cuestión ante un órgano internacional y obtener una reparación.

Este resultado, sin dudas, implicó negar, de manera deliberada, patente y potente, otra ontología, la del ser humano infragmentable, de la cual deriva, naturalmente, el principio de interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos, con arreglo al cual, cada uno de éstos sólo es respetado y garantizado si, a la par, también lo son, de manera conjunta e inseparable, todos los restantes derechos humanos. ¿Cuál es el derecho (civil) a la inviolabilidad del domicilio que goza el que está privado del derecho (social) a la vivienda y habita en los umbrales? ¿Cómo explicar que se prohíban la ejecución sumaria y los tratos inhumanos (derechos civiles) y, al unísono, se tolere la desnutrición, el hambre o las condiciones de vida indignas (derechos sociales)? Sin embargo, ninguno de los dos “bloques” entonces enfrentados pareció ver más que retazos (diferentes, por cierto) de la plenitud e integridad del ser del individuo. Y así se legisló, internacionalmente. Empero, no en balde han corrido cuarenta y tres años.

En diciembre del año pasado, la Asamblea General de la ONU adoptó el ansiado Protocolo del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que dará a las personas, en estos derechos, una protección internacional análoga a la que tienen, como hemos dicho, respecto de los derechos civiles y políticos. Falta para que entre en vigor, desde luego, que los Estados lo ratifiquen. Por ello, dado que este instrumento se abrirá a la firma de las naciones en diciembre próximo, no sólo es esperable que la nuestra lo suscriba y ratifique, sino que resulte, como ya lo ha sido en los últimos tiempos, con la Convención Internacional sobre Desaparición Forzada de Personas, una promotora de las adhesiones a escala universal y regional. Todo fervor será poco, pues la opción político-ontológica sigue en pie. Así como el nuevo Protocolo tuvo el impulso de Argentina, Bolivia, Chile, Cuba, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela, por citar algunos países latinoamericanos, no contó con los auspicios, por ejemplo, de Estados Unidos, Inglaterra, Japón y Canadá.

* Profesor de Derecho Constitucional y de Derechos Humanos.

Link a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elpais/1-129997-2009-08-15.html

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jueves, 13 de agosto de 2009

Claudia Ciobanu entrevista a Serge Latouche

08-08-2009



Entrevista a Serge Latouche, profesor emérito de la Universidad de París Sur XI
La opción del decrecimiento


Claudia Ciobanu
IPS




Para combatir el capitalismo en el Sur es necesario lograr un decrecimiento en el Norte, según el profesor emérito de la Universidad de París Sur XI, Serge Latouche, quien promueve e investiga ese sistema al que define como prácticas alternativas a la destrucción del ambiente y al aumento de la pobreza.

El economista francés propone abandonar "el objetivo del crecimiento por el crecimiento mismo, una meta demente con consecuencias desastrosas para el ambiente", subrayó.

La necesidad de crear una sociedad del "decrecimiento" deriva de la certeza, explica, de que los recursos de la Tierra y los ciclos naturales no pueden sostener el crecimiento económico, la esencia misma del capitalismo y de la modernidad.

En lugar del sistema dominante actual, Latouche propone "una sociedad con una sobriedad asumida, trabajar menos en tener mejores vidas, consumir menos, pero de mejor calidad, producir menos basura y reciclar más", explicó.

La nueva sociedad significa "recuperar el sentido de la mesura y una huella sostenible desde el punto de vista ecológico", señaló Latouche, "y encontrar la felicidad en la convivencia con los demás y no en la acumulación desesperada de aparatos".

Autor de varias obras y artículos sobre la racionalidad occidental, el mito del progreso, el colonialismo y el posdesarrollo, Serge Latouche describe los principales principios de la sociedad del decrecimiento en sus libros "Le Pari de la décroissance" ("La apuesta por el decrecimiento") y "Petit traité de la décroissance sereine" ("Pequeño tratado del decrecimiento sereno"), publicado en 2006 y 2007 respectivamente.

Serge Latouche explicó a IPS de qué se trata la sociedad del decrecimiento.

IPS: ¿Qué características tiene una sociedad del decrecimiento? ¿Existen prácticas actualmente compatibles con su propuesta?

Serge Latouche: Decrecimiento no significa crecimiento negativo. Crecimiento negativo es una expresión contradictoria que sólo revela el domino que la idea de crecimiento ejerce en el imaginario colectivo.

Por otro lado, el decrecimiento no es una alternativa al crecimiento, sino una matriz de alternativas que permitirán reabrir el espacio a la creatividad humana, una vez eliminado el yeso del totalitarismo económico.

La sociedad del decrecimiento no será la misma en Texas, que en (el sureño estado mexicano de) Chiapas ni en Senegal ni en Portugal. El decrecimiento volverá a lanzar la aventura humana hacia una pluralidad de destinos posibles.

Se pueden encontrar los principios del decrecimiento en propuestas teóricas e iniciativas desarrolladas en el Norte y en el Sur.

Por ejemplo, el intento de los neo-zapatistas de Chiapas de crear una región autónoma. También hay experiencias en América del Sur, con indígenas, entre otras, como lo que ocurrió en Ecuador, donde se incorporó a la Constitución el objetivo del Sumak Kausay (buen vivir).

En el Norte también empiezan a propagarse iniciativas que promueven el decrecimiento y la solidaridad.

Las AMAP (Asociaciones para el Mantenimiento de una Agricultura Campesina, en francés, entre grupos de consumidores y granjas locales a fin de abastecerse) son ejemplos de autoproducción como el PADES (Programa de Autoproducción y Desarrollo Social, que implica asumir todas las actividades de producción de bienes y servicios, para sí y para la comunidad, sin contrapartida monetaria).

El movimiento de Ciudades en Transición comenzó en Irlanda y su propagación al resto del mundo puede ser una forma de producción desde abajo, que se asemeja mucho a la sociedad del decrecimiento. Las localidades tratan, primero, de lograr la autosuficiencia energética dado el agotamiento de recursos y, en general, promueven la búsqueda de la resiliencia, (la capacidad de adaptarse a los cambios del ambiente).

IPS: ¿Cuál sería el papel de los mercados en una sociedad de decrecimiento?

SL: El sistema capitalista es una economía de mercado, pero éstos no son instituciones exclusivas del capitalismo. Es importante hacer la distinción entre el Mercado y los mercados.

Éstos últimos no obedecen a una ley de competencia perfecta y eso es para mejor. Siempre incorporan elementos de la cultura del don, que la sociedad del decrecimiento trata de redescubrir. Implica vivir en comunidad con otros, desarrollar relaciones humanas entre compradores y vendedores.

IPS: ¿Qué estrategias puede desarrollar el Sur para eliminar la pobreza, sin hacer lo que hizo el Norte de dañar el ambiente y empobrecer al Sur?

SL: En los países africanos no es necesario ni deseable reducir la impronta ecológica ni el producto interno bruto. Pero no por eso hay que concluir que se debe construir una sociedad del crecimiento.

Primero es claro que el decrecimiento en el Norte es una condición necesaria para poder abrir alternativas en el Sur.

Mientras Etiopía y Somalia se vean obligadas a exportar alimento para nuestros animales domésticos en plena escasez y mientras engordemos nuestro ganado con soja cultivada gracias a la destrucción de la selva amazónica, vamos a estar asfixiando todo intento de autonomía real del Sur.

Animarse al decrecimiento en el Sur significa iniciar un círculo virtuoso que implica romper la dependencia económica y cultural con el Norte, reconectar una línea histórica interrumpida por la colonización, reintroducir productos específicos que fueron abandonados y olvidados, así como valores "anti-económicos" relacionados con el pasado de esos países, y recuperar técnicas y conocimientos tradicionales.

Esas iniciativas deben combinarse con otros principios, válidos en todo el mundo, como reconceptualizar lo que entendemos por pobreza, escasez y desarrollo. Por ejemplo, reestructurar la sociedad y la economía, restablecer prácticas no industriales, en especial agrícolas, y redistribuir, relocalizar, reutilizar y reciclar.

IPS: La sociedad del decrecimiento implica un cambio radical en la consciencia humana. ¿Cómo se lograr eso? ¿Puede ocurrir en cualquier momento?

SL: Es difícil romper con la adicción al crecimiento, en especial porque es lo que interesa a las corporaciones multinacionales y los poderes políticos que las sirven, para mantenernos esclavizados.

Las experiencias alternativas y los grupos disidentes, como cooperativas, sindicatos, asociaciones para preservar la agricultura campesina, algunas organizaciones no gubernamentales, sistemas de permuta local, redes de intercambio de conocimiento, son laboratorios pedagógicos para la creación del "nuevo ser humano" que requiere la sociedad.

Son universidades populares que promueven la resistencia y contribuyen a descolonizar el imaginario.

Seguro, no tenemos mucho tiempo, pero el curso de los acontecimientos puede contribuir a acelerar la transformación. La crisis ecológica, junto con la económica y financiera, puede servir de choque saludable.

IPS: ¿Los actores políticos convencionales pueden desempeñar algún papel en la transformación?

SL: Todos los gobiernos son, lo quieran o no, funcionarios del capitalismo. En el mejor de los casos, pueden, como mucho, disminuir o suavizar procesos sobre los cuales ya no tienen ningún control.

Para nosotros es más importante el proceso de auto-transformación de la sociedad y de los ciudadanos que la política electoral. Aunque los últimos logros relativos obtenidos en ese terreno por ecologistas franceses y belgas, quienes adoptaron algunos puntos de la agenda del decrecimiento, parecen un signo positivo.

UNASUR contra TLCAN

El ilusionista Obama, el TLCAN y la UNASUR


13-Agosto-09



El primer ministro canadiense Stephen Harper, el presidente de México Felipe Calderón y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

El lunes 10 de agosto fue un día singular. En Guadalajara, México, se reunieron los tres "líderes" de Norteamérica y lo más destacado de la jornada fue la presencia del Mariachi Vargas.

Por Carlos Fazio (*) - Prensa Latina


Al mismo tiempo, a miles de kilómetros, en Quito, Ecuador, los presidentes de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), ratificaron su condena al golpe oligárquico-militar en Honduras y reiteraron que no reconocerán las elecciones del gobierno de facto.

Además, decidieron convocar a Estados Unidos para tratar el tema de las bases militares del Pentágono en Colombia.

La de Guadalajara fue otra "cumbre" de la simulación. No hubo nada nuevo. Pura retórica y humo mediático.

Si acaso hubo muchas fotos y se cumplió con el ritual protocolario, pero, al menos públicamente, resultó más vacía de contenidos que un "reality show".

Nada sobre una reforma migratoria. Nada sobre ajustes al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Nada sobre la cancelación de las visas canadienses a mexicanos.

Falta saber, claro, qué se acordó en lo oscurito.

Lo cierto es que la principal nota del día en México no fue la autodenominada Quinta Cumbre de Líderes de América del Norte, que reunió a Felipe Calderón, al primer ministro canadiense, Stephen Harper y al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sino la existencia de un brumoso proyecto de narcoatentado contra el mandatario anfitrión.

El curioso incidente, que catapultó a Calderón a los titulares de la prensa internacional, resultó materia propicia para robustecer el tono de valentía y triunfalismo con que el inquilino de Los Pinos viene ejerciendo la violencia reguladora contra los cárteles de la economía criminal.

Tanto fue así, que la oportuna detención de los presuntos sicarios del Cártel del Pacífico, consiguió el apoyo expreso, casi militante, de Obama y Harper.

Es de hacer notar, también, la peculiar coincidencia entre la milagrosa detención y el final de la cumbre.

Lo llamativo del caso fue la puntería con que el tema fue insertado en las declaraciones postreras de la reunión de Guadalajara, lo que hizo pensar en un final inducido.

Aparte de eso, "The three amigos" se despidieron sin resultados espectaculares.

Sólo que Obama y Harper volverán a reunirse el 16 de septiembre, ya sin el licenciado Calderón, para discutir sus diferencias sobre el TLCAN.

Resulta que la cláusula "Buy American" incluida en el decreto de estímulo económico de Obama, con la finalidad de promover el consumo preferente de productos y servicios estadounidenses, ha causado irritación en compañías canadienses.

Y es que han sido vetadas de licitaciones en el ramo de la construcción, ingeniería y alta tecnología, lo que provocó quiebras y pérdidas de empleo en provincias fronterizas.

Esa evidente forma de proteccionismo no resultó aceptable para el gobierno de Ottawa.

Muchos se preguntan ya ¿qué sentido tienen esas reuniones trilaterales, si en los temas de fondo del ámbito del TLCAN, Canadá y Estados Unidos hacen a un lado a México?

Porque es obvio el ninguneo, que resalta el papel asimétrico de México en Norte América.

Aparte de eso, Obama esgrimió la zanahoria de un acuerdo migratorio futuro con México, y Harper no se movió un milímetro de la draconiana decisión de su gobierno de imponer visas a los viajeros mexicanos.

Otra cuestión fue el giro novedoso del ilusionista Obama, para lavarse las manos con respecto al cuartelazo de factura estadunidense en Honduras.

Obama llamó "hipócritas" a los "críticos" que le piden que intervenga para quitar al sátrapa Micheletti y Cía., y dijo que ya no quiere que Estados Unidos siga siendo el policía del mundo.

Una forma brillante, pero falaz e hipócrita de eludir responsabilidades, dado que Obama debe saber que la verdadera no intervención en el caso Honduras, consistiría en suspender de tajo la ayuda económica y militar al régimen de facto, para que este cayera.

Toso eso lleva a pensar que la administración Obama hace tiempo que tomó la decisión de tolerar a los gorilas hondureños, pese al repudio internacional.

A su vez, la inconsistencia del nuevo discurso imperial, queda exhibida en la contradicción aparente entre no querer ser el gendarme mundial y negociar la instalación de cinco nuevas bases militares del Comando Sur en Colombia.

El asunto de las bases en Colombia, que llevó al presidente venezolano Hugo Chávez a advertir, en Quito, que soplan "vientos de guerra" en la región, será tratado el 24 de agosto por los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores de la UNASUR.

De aquí a entonces, Barack Obama tendrá tiempo para preparar su nuevo acto de magia.




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(*) El autor es un reconocido articulista de la prensa mexicana y colaborador de Prensa Latina.

¿Se sale de la recesion ?

Interrogantes sobre la "recuperación"

El gran debate y las dudas en Wall Street: ¿Se sale o no de la recesión?


TeleSur 13-Agosto-09



Economistas, medios y analistas especializados examinan con lupa y con acentuadas dudas las tímidas señales de "recuperación" que exhiben algunas variables de la economía estadounidense, mientras persisten los interrogantes sobre los verdaderos alcances -y la duración- de la crisis y de la desocupación con caída del consumo en la primera potencial imperial.

Informe especial






"La recesión ha terminado", afirmó contundente el martes The Wall Street Journal (versión en inglés) citando un sondeo realizado entre los más destacados economistas del centro financiero neoyorquino que proyecta un crecimiento del 2,4% para el tercer trimestre del año de la primera potencia mundial, luego de cuatro trimestres de contracción consecutivos.

"Los mercados festejan el repunte de EE.UU., pero el endeudamiento puede limitar el alza", señala por su parte la versión en español de The Wall Street Journal.

Los economistas -señala el financiero- revisan al alza sus pronósticos de crecimiento de la economía estadounidense, mientras mejoran las cifras del desempleo, la producción industrial está cerca de tocar fondo, la demanda inmobiliaria se fortalece y algunos ejecutivos prominentes ya empiezan a decir que lo peor ya pasó.

El Promedio Industrial Dow Jones dio un salto de 43% desde su mínimo de 12 años registrado el 9 de marzo. El viernes acabó en 9.370,07 puntos, su cierre más alto desde el 4 de noviembre. Las inversiones de crédito riesgosas, como los bonos chatarra e incluso los valores respaldados por hipotecas, muestran señales de recuperación.

Pero no todo es color de rosa, advierte el Journal. Un número sorprendentemente grande de expertos advierte que, pese a las señales esperanzadoras, la economía sigue en un pozo y aún no es lo suficientemente fuerte para sostener una recuperación a largo plazo de las acciones y los bonos.

"La economía mejora pero el sufrimiento continúa", advierte por su lado The Washington Post, que atribuye la mejora de los últimos indicadores a una "recuperación que solo ven los amantes de las estadísticas".

De acuerdo con el Post, los síntomas de que la crisis ha acabado no llegarán al mercado laboral estadounidense ni se traducirán en mayores sueldos, como mínimo, hasta 2011.

La Agencia Internacional de la Energía, en cambio, se muestra más pesimista en su último boletín publicado el martes donde afirma que "la evidencia de que la recesión ha tocado fondo es todavía un poco incierto".

La AIE recuerda que los últimos datos conocidos sobre producción industrial en algunas de las grandes potencias llamadas a liderar la recuperación mundial como China no son todo lo positivo que se esperaban.

El repunte de la producción industrial de China y la demanda de commodities continuó en julio, según datos oficiales divulgados el martes. Pero una nueva moderación en la inversión del gobierno y en los préstamos podría poner a prueba esa racha positiva, apunta en otro articulo The Wall Street Journal.

Pero la medida de referencia del gasto de capital de China se desaceleró en julio a un aumento del 30% frente al alza de 35% en junio, por debajo de las predicciones del mercado. Los préstamos bancarios también perdieron fuerza: los préstamos nuevos en moneda local ascendieron a 355.900 millones de yuanes (US$52.100 millones) en julio, comparado con 1,53 billones (millones de millones) de yuanes en junio.

El dato de la evolución de la de la economía china es crucial para la recuperación de la primera potencia económica, dado que China, con un PBI de US$ 7.8 billones, es la tercera economía mundial detrás de EEUU y la Unión Europea, y su desarrollo productivo-exportador está altamente entrelazado a la economía estadounidense.

El entrelazamiento financiero y comercial que existen en ambas economías (la primera y la tercera en el orden mundial capitalista) las convierten casi en hermanas simbióticas: Si se cae China se cae EEUU, y viceversa.



Pero eso no es todo: La Unión Europea, la segunda economía mundial y el otro gran comprador (en bloque) de manufacturas chinas, y con su comercio exterior entrelazado con el de EEUU, integra este trípode de supervivencia capitalista interdependiente anudado por el cordón umbilical chino .

Europa enfrenta una recesión más profunda y una recuperación más larga que EEUU y el resto del mundo. Como resultado, la Unión Europea (UE) se ha convertido en la región donde las perspectivas de que la crisis llegue pronto a su fin son más distantes, estima el FMI.

Y hay más: EEUU, la Unión Europea y China (a los que debe agregarse India, Japón y Corea del Sur), además de representar casi el 60% del PBI mundial, son los mayores importadores mundiales de materias primas y energía (petróleo y gas), por lo que se puede inferir que si se paralizan esas economías capitalistas centrales se derrumbarían inmediatamente por efecto dominó todas las economías exportadoras del mundo emergente y periférico.

De acuerdo con el Panorama Económico Mundial publicado por el FMI, a fines de abril, la economía del planeta capitalista "atraviesa una recesión aguda provocada por una crisis financiera masiva y una grave pérdida de confianza" y "las diversas y a veces poco convencionales medidas políticas que se han tomado no han sido del todo eficaces a la hora de estabilizar los mercados".

Aunque el informe dice que se han visto señales alentadoras, "la confianza en los mercados financieros sigue siendo escasa y eso empaña las perspectivas de una pronta recuperación".

La economía de la UE se contraerá 4% este año y 0,3% en 2010, según las estimaciones del FMI, y la proyección es peor a la contemplada para la economía de EEUU que, según el FMI, retrocederá 2,8% este año y registrará un crecimiento nulo en 2010.

Según la visión de The Wall Street Journal, el precario resurgimiento del mercado financiero de los últimos cinco meses en EEUU ha sido un "festejo del éxito del gobierno de Obama en eludir el colapso financiero".



Para seguir subiendo -señala- , el mercado necesita una señal de verdadera recuperación en la economía, lo que requiere aumentos en el consumo, la inversión de las empresas y la compra de viviendas.

De acuerdo con el diario financiero, las dudas están generadas por la deuda. Pese a un alza en el ahorro de las familias, los niveles de deuda apenas empiezan a bajar. Incluso después del fin de la recesión, los economistas prevén que la reducción gradual de la gigantesca deuda del país demore años.

Mientras tanto, advierten que tras el alza del crecimiento anticipada para el segundo semestre podría venir un progreso más lento y un mercado bursátil más débil en 2010.

Para un conjunto de analistas y economistas, la clave de la "reflote económico" pasa por una reactivación del consumo y una recuperación plena de la tasa de empleos.

The Wall Street Journal arroja sombras sobre la recuperación inmediata del empleo argumentando que las empresas solo vuelven a tomar personal cuando tiene la certeza y las evidencias de una recuperación total de la economía, condiciones que no son las presentes.

Un informe de la Reserva Federal publicado hace dos semanas señaló que los mercados laborales e inmobiliarios en EEUU permanecen débiles y las condiciones crediticias siguen siendo restrictivas.

En resumen, y de acuerdo con el informe de la Fed, y aunque el ritmo de descenso económico parece haberse "desacelerado", el mercado laboral continúa debilitándose, los mercados financieros permanecen bajo tensión y las condiciones crediticias siguen siendo inferiores a lo normal.

El Libro Beige es un resumen de las condiciones económicas regionales para ser utilizado en la próxima reunión de política monetaria de la Fed, que se realizará en agosto.

Barack Obama, por su parte, sigue afirmando que el país podría estar "comenzando a ver el fin de la recesión" que ya se prolonga 19 meses, y que sus políticas están ayudando a EEUU a evitar que se hunda en una depresión económica.

Obama defiende sus políticas económicas con los rescates a la banca y a los fabricantes de automóviles, o el plan de estímulo, ante las persistentes críticas de los republicanos de que el plan de US$ 787.000 millones no ha evitado que la tasa de desempleo llegue al 9,5 por ciento.



La tasa oficial de desempleo en todo EEUU es de 9.5%, pero, según The New York Times, no incluye a aquellos que se han dado por vencido y han cesado de buscar trabajo y a los que se han visto obligados a reducir sus horas de trabajo.

De acuerdo con este panorama, si a estos desocupados y sub-ocupados se les incluyera en las estadísticas oficiales, la verdadera tasa de desempleo en California por ejemplo, llegaría al 20.3%, afirma el Times.

Poniendo otro toque "pesimista" al debate, este martes la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés) afirmó que "Aún no es tiempo para iniciar el proceso de declarar el fin de la recesión estadounidense más larga en una generación", dijo el martes el responsable de la organización que identifica los ciclos económicos del país.

"Desde el punto de vista de NBER, aún es prematuro pensar sobre un ejercicio de fechas", dijo a Reuters James Poterba, presidente la organización.

Un informe de la NBER de hace dos semanas señalaba que el declive actual empezó hace 19 meses, en diciembre de 2007. Eso hace que la recesión actual sea más larga que la de 1973-75 y la de 1981-82, que duraron 16 meses.

La caída en el Producto Interno Bruto es la más profunda desde la crisis de 1957-58 y los estadounidenses no han visto su fortuna personal evaporarse tanto desde la Gran Depresión.

La NBER define una recesión como "un declive significativo en la actividad económica por más de unos cuantos meses".

Entre los datos que la NBER considera están el PBI (producto bruto interno) y el empleo, así como los ingresos, las ventas y la producción industrial.





El martes el economista de la Universidad de Harvard, Kenneth Rogoff, afirmó que EEUU enfrenta un período prolongado de crecimiento débil y quizás podría sufrir otra recesión en los próximos cinco años.

La recesión que comenzó en diciembre del 2007 está cerca de su fin, pero el crecimiento económico rondará un magro 2 por ciento durante los próximos cinco a siete años, estimó citado por Reuters.

"Vamos a ser una versión ligera de Japón", afirmó Rogoff, en referencia a la década de bajo crecimiento que experimentó Japón tras sufrir una crisis financiera en la década de 1990. "No tendremos una década pérdida, pero enfrentaremos algunos de los mismos desafíos", agregó.

Rogoff, un ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional y experto en crisis bancarias, dijo que EEUU enfrenta una posibilidad de 50-50 de sufrir una segunda recesión en los próximos cinco años.

El experto señaló además que EEUU tendrá que subir impuestos pronto, en medio de alzas en los niveles de deuda y en las tasas de interés. Rogoff espera un impuesto nacional a las ventas en tres años.

"Ahora la pregunta es, '¿a dónde vamos desde aquí?",dijo por su parte a The Wall Street Journal, John Osterweis, director financiero de Osterweis Capital Management. "La respuesta simple es probablemente a ninguna parte de forma rápida", se respondió.

Según una encuesta de The Wall Street Journal realizada a fines de abril entre economistas, las posibilidades de una recuperación atraviesa un complicado escenario cuya salida está marcada por letras del alfabeto.

La letra "V", señala el tipo de recuperación rápida que suele llegar después de una profunda recesión.

La letra "U", marca una recesión más larga y una recuperación más lenta.

La letra "L", señala años de crecimiento lento y doloroso.

En la la "W", se produce un alza temporal cuando la economía siente el impulso del estímulo fiscal que luego se desvanece.

Finalmente está la "D" mayúscula, no por su forma sino por otra Gran Depresión.

¿ Qué letra del alfabeto marcará finalmente el desenlace de la crisis?

Pese a que los reportes son complicados y detallados, su esencia es fácil de resumir. Los optimistas ven señales de que la recesión está cerca de su fin y, por consiguiente, prevén el siguiente paso lógico: un mercado bursátil más fuerte, señalaba el martes The Wall Street Journal.

A su vez -añade-, los pesimistas opinan que el fin de la recesión no es el elemento más importante, sino el largo proceso de reducción de deuda por parte de las familias y las empresas.

Los optimistas creen que la recuperación tendrá forma de V. Los escépticos sostienen que se verá más como una W (alza temporal) , o incluso como una sucesión de letras W, concluye.

O sea que, en la visión los pesimistas, la recuperación es solo un espejismo transitorio que tiende a desvanecerse.