Portada :: Argentina :: Opinión
10-10-2010
Auge de las tomas de colegios y reclamos juveniles
Esa vieja costumbre de denigrar a los movimientos populares en Argentina
Emilio Marín
La Arena
Antes se cuestionó a los nacientes sindicatos. Luego a los organismos de derechos humanos. Ahora le pegan duro a los secundarios. Es una vieja costumbre en Argentina de los que defienden el “status quo”.
El 19 de agosto los alumnos del colegio Mariano Acosta, a mitad de camino entre Plaza Once y la Iglesia de la Santa Cruz, decidieron tomarlo. Estaban hartos de la pésima situación edilicia y las promesas incumplidas de Mauricio Macri. Paradojalmente, el marketing del PRO son los carteles amarillos de “Hace Buenos Aires”.
Dante Stringa, secretario del Centro de Estudiantes del Mariano Acosta, declaró diez días después de haber ocupado el colegio: “no aceptamos el plan que nos presentaron, pensamos que iba a ser un proyecto superador y en vez de eso mostraron un papel sin la firma de Bullrich. Además mentía, decía que los ascensores y las escaleras están arreglados y no es así. Encima el presupuesto general que mostraba era de 3 millones de pesos y el que presentaron hace dos semanas era de 5 millones. En quince días desaparecieron 2 millones de pesos”.
Inmediatamente, como por arte de contagio, otras escuelas fueron ocupadas. Entre otros, los normales 1, 4, 5, 6, 7 y 10, la Media Nº 2, las escuelas Juan Pedro Esnaola, Cornelio Saavedra, Confederación Suiza, Rogelio Yrurtia, Urquiza, Cerámica Nº 1, Mariano Moreno, La Roque, Manuel Belgrano, Lengüitas, María Claudia Falcone, Julio Cortázar, Nacional Nº 17, Fernando Fader, Nicolás Avellaneda, Otto Krause, Norberto Piñero y Escuela de Danzas Nº 2.
Hubo 28 colegios donde los pibes se quedaron incluso a pernoctar, acompañados de algunos padres y docentes. Con ese gesto concreto, más grandes carteles colgados a la vista del público y sus declaraciones públicas muy maduras para su edad, el conflicto no pudo ser más invisibilizado.
Después hubo establecimientos que reanudaron sus tareas, en pequeña medida porque el gobierno les hizo promesas de obras más o menos inmediatas. Y en buena medida también, porque las tomas largas producen desgaste. Jorge Lanata mintió al decir que “tomar un colegio es lo más fácil” porque se trata de algo difícil, riesgoso, que provoca un desgaste físico y por momento anímico entre los ocupantes. ¿Habrá tomado algún colegio Lanata en su vida? Capaz que fue hace tanto tiempo que ya se olvidó, como de tantas otras cosas, con su corrimiento a la derecha.
Frente a la aparición de ese formidable movimiento de masas, espontáneo –sin menospreciar a las agrupaciones secundarias preexistentes, más bien reducidas-, la reacción de Macri fue agresiva, descalificadora y con un sesgo de espionaje policial.
Su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, acusó a los secundarios de estar manejados por intereses políticos y ¡el chavismo! Esteban Bullrich, mandó una directiva para que las autoridades escolares confeccionaran una “lista negra” con los revoltosos. La jueza Elena Liberatori la revocó por juzgarla una “decisión gravísima desde el punto de vista de los valores democráticos, que viola los derechos y garantías que la Constitución de la ciudad reconoce y garantiza a los estudiantes”.
Otras prioridades
¿Acaso el jefe de gobierno procesado por espionaje ilegal no tenía recursos para obras en Educación?
Rodríguez Larreta admitió a varias radios y la agencia DyN, que el gobierno de la Ciudad “sólo ejecutó en lo que va del año el 7% del presupuesto destinado a infraestructura escolar”. Esa admisión dio la razón a la legisladora opositora, María José Lubertino, quien en plena sesión y vistiendo un guardapolvos blanco, acusó: “el gobierno de Macri subejecutó el presupuesto en Educación en un 95 por ciento en el marco de una política sistemática y reiterada”.
Había recursos presupuestarios y no se emplearon en infraestructura para la educación pública, y se aumentó el subsidio gubernamental a escuelas privadas, por solicitudes del cardenal Jorge Bergoglio. Ese contraste seguramente estuvo en la base de la indignación de los estudiantes secundarios, que se politizaron más en estas semanas que antes en años.
Los chicos y chicas no tienen un pelo de tontos. Cuando les presentaron planes de obras sin fechas ni sellos ni firmas, los rechazaron y mantuvieron las tomas. Cuando periodistas tan reaccionarios como Eduardo Feinmann les hacían reportajes para “hacerles pisar el palito”, los desairaron con mucha altura. Pobre José Pablo Feinmann, ¡cómo habrá sufrido de ver a su homónimo de C5N interrogando a los secundarios sobre si sabían qué día de 1983 se había votado cuando ganó Raúl Alfonsín!
La idea de esos medios era desprestigiar al movimiento estudiantil, haciéndolo quedar como vago y mal entretenido. En realidad es Macri el que necesita muchas lecciones de historia y cultura general, porque suele confundir el Día de la Bandera con el de la Independencia., y dijo haber leído novelas de Jorge Luis Borges que este nunca escribió.
Un paso importante del movimiento fue coordinar con otros colegios, una necesidad por el complicado y politizado conflicto. Así nació la Coordinadora Unificada de Escuelas Secundarias (CUES), uno de los mejores frutos del mes de movilizaciones.
Cuando aquéllas decayeron en Buenos Aires, tomaron la posta otras provincias. Esta semana había 16 colegios tomados en la ciudad de Córdoba y uno en el interior provincial. A los aspectos similares de Capital, en lo referido a las deficiencias de edificios que ya no dan más, los cordobeses sumaron un punto político-educativo. Se oponen al proyecto de ley de Educación provincial que le abre espacio a la enseñanza religiosa en las escuelas públicas.
Lejos de arrepentirse de su memorando para armar “listas negras”, el ministro Bullrich siguió tratando de meter miedo a los secundarios. A las radios La Red y Continental, les declaró: “lo que tenemos que entender que estas acciones tienen consecuencias; la toma de un edificio público, hasta que se cambie el Código Penal, es un delito”. “Mirá como tiemblo”, se le rieron.
Denigrar y mentir
Macri denostó a los estudiantes, asegurando que eran parte de un complot en su contra. El ingeniero está contra las cuerdas con el caso de espionaje, pero si se dedicara un poco más a la política, y menos a esas actividades ilícitas, debería saber que el 18 de mayo de 2005, cuando gobernaba Aníbal Ibarra, los alumnos del Mariano Acosta ocuparon la escuela. “La intención de extender los piquetes estudiantiles y tomar edificios escolares en protesta por el avanzado deterioro de las escuelas públicas repercutirá hoy en varios establecimientos educativos de la ciudad”, podría haber leído en “La Nación” (19/5/2005).
Los jóvenes de entonces planteaban -hace un lustro- un pliego de diez puntos: mejoras en la infraestructura de todas las escuelas públicas de la ciudad, un boleto estudiantil de $ 0,05, más becas y viandas para los alumnos de bajos recursos, aumento en el presupuesto educativo, la derogación de la leyes federales de educación y educación superior. En ese momento era Ibarra el que veía una mano política traviesa de la izquierda y el macrismo…
Este ejemplo demuestra palmariamente que la rebelión secundaria tiene razones reivindicativas profundas y gana en contenido político a medida que los gobiernos de turno la ignoran y calumnian.
Las nuevas camadas de jóvenes que han luchado desde agosto a la fecha tendrán que curtirse para enfrentar tanta patraña de la derecha y los periodistas afines. Desde que Cristina Fernández dijo comprender el reclamo estudiantil porteño, esos medios se pusieron más agresivos con los jóvenes. Así de funcionales son a Macri.
Esos muchachos y muchachas deberán saber que en Argentina siempre se ha cuestionado a los movimientos populares. “La Nación” se burló de los 2.000 obreros que en 1890 conmemoraron por primera vez el 1 de mayo porque dijo que eran muy pocos y hablaron en cuatro idiomas distintos. A los luchadores de los ´70 los estigmatizaron como “agentes de Moscú”. A las Madres de Plaza de Mayo las llamaron “locas de la plaza” y también “madres de subversivos”; el genocida Luciano B. Menéndez las criticaba porque “usan los pañuelos como las mujeres soviéticas”. A los piqueteros les dijeron que eran “vagos”, “violentos” y que andaban “armados”, pero los que terminaron asesinados fueron Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. A los periodistas que lucharon tantos años por una nueva ley democrática de comunicación los tacharon de “estar pagados por los K” y de defender una “ley mordaza”.
Pese a tantas mentiras, al final la realidad, que es tozuda, se mostrará tal cual es. Los estudiantes sabrán librarse del estigma de los Macri, Bullrich, Feinmann y Lanata. Los jóvenes están estudiando, luchando y participando de algo social, para mejorar una parte de la vida, cosa que estos tipos nunca hicieron.
Fuente original: www.laarena.com.ar
Envía esta noticia
Compartir esta noticia:
domingo, 31 de octubre de 2010
LOS ESTUDIANTES SECUNDARIOS
LIMA : VENCIO EL PUEBLO
Imprimir|Regresar a la nota
El mundo|Miércoles, 27 de octubre de 2010
Después de veintitrés días, Susana Villarán fue confirmada ganadora
La izquierda se queda con Lima
Villarán venció a su rival conservadora Lourdes Flores. Por segunda vez en la historia de Perú, una fuerza progresista asumirá el poder en la capital. La demora en dar los resultados siembra preocupación para los comicios del 2011.
Por Carlos Noriega
Susana Villarán, de Fuerza Social, pudo celebrar una victoria largamente esperada.Desde Lima
Terminó la incertidumbre. Finalmente, Susana Villarán, 61 años, de la izquierdista Fuerza Social, fue confirmada como la ganadora de las elecciones para la alcaldía de Lima, realizadas el 3 de octubre. Una confirmación que demoró veintitrés interminables días, en los que quedaron en evidencia la lentitud y las deficiencias de las autoridades electorales. Esta demora no tiene precedentes y siembra preocupación y dudas para las elecciones presidenciales de abril de 2011. Con este triunfo, la izquierda asumirá el gobierno de la capital del país por segunda vez en su historia; la anterior fue en 1983.
“Me comprometo a gobernar con limpieza, con honestidad, a sacarme la mugre (trabajar muy fuerte) para darle a Lima lo que quiere: una Lima para todos”, fueron las primeras palabras de Susana Villarán, después que su rival, la derechista Lourdes Flores, finalmente aceptara ayer su derrota, algo a lo que se había resistido por más de tres semanas. “Reconocemos que hay una triunfadora en las elecciones y es Fuerza Social y su candidata, Susana Villarán, a quien saludo y le deseo el mejor de los éxitos”, fueron las palabras con las que Flores admitió su derrota, poniendo así fin a su larga agonía de veintitrés días. “Lourdes Flores ha reconocido la verdad, que yo he ganado. Estoy muy contenta”, respondió poco después Villarán. De esta forma, llegaba a su fin el proceso electoral más largo e incierto que se recuerde.
Todo pudo haberse definido en no más de 48 horas, cuando dos días después de las elecciones los resultados oficiales correspondientes al 74 por ciento confirmaban la victoria de Villarán –adelantada por todas las proyecciones extraoficiales el mismo día de las elecciones– por una diferencia estrecha, de unos 40 mil votos, que los expertos coincidieron en definir como irreversible. Pero la derecha se negó a admitir lo inevitable y jugó a prolongar el mayor tiempo posible una definición. La observación del 26 por ciento de las actas, por errores menores que no cambiaban el sentido de la votación, detuvo el conteo oficial y retrasó todo el proceso. Entonces vino la incertidumbre, alimentada por la mayor parte de los medios que, desafiando las cifras, alentaron la posibilidad de una victoria de la derecha. Pero, a medida que las observaciones se resolvían y las actas entraban al conteo, las cosas no cambiaron. Sin embargo, cuando el conteo oficial había superado el 90 por ciento de los votos y Villarán mantenía su ventaja, los voceros de Lourdes Flores insistían en decir que su candidata era la ganadora. Su estrategia fue impugnar una gran cantidad de actas en las que ganaba la izquierda para intentar revertir el resultado en la mesa, pero esas impugnaciones fueron rechazadas.
Recién ayer, luego de que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) dio los resultados del 97 por ciento que confirmaban a Villarán como ganadora con 38,39 por ciento contra 37,57 por ciento de Flores, que representa una ventaja de 36.492 votos, y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) desestimó las primeras 81 actas impugnadas por el equipo legal de Lourdes Flores, la candidata de la derecha se quedó sin juego y se presentó ante los medios para admitir su derrota. “Damos por terminada nuestra participación en esta contienda”, dijo, rodeada de sus colaboradores más cercanos y congresistas de su partido. Flores, que participó en estas elecciones en un intento por relanzar su carrera política luego de dos derrotas consecutivas en las elecciones presidenciales de 2001 y 2006, y que partió como la gran favorita, se veía afectada al admitir su nuevo fracaso electoral. La rodeaban caras largas y desencajadas. Pero no quiso irse sin dejar de sembrar dudas sobre la victoria de Susana Villarán y cuestionó la decisión del JNE de rechazar la impugnación de actas presentada por sus asesores legales.
Villarán, que ayer finalmente pudo celebrar sin reservas una victoria que tenía en el bolsillo desde hace tres semanas pero que no se hacía oficial, dijo que “perdonaba” a su rival por los ataques que le lanzó en la campaña. Flores había acusado a la candidata de la izquierda de tener vínculos con el terrorismo. Acusación que no tenía ningún sustento, pero que se repitió permanentemente durante la campaña. “No podemos tener rencores. Hay cosas que me hirieron en esta campaña, pero ya la perdoné”, dijo Villarán, antes de ir a su local partidario a celebrar la confirmación de su triunfo. Al momento del envío de esta nota, los partidarios de la futura alcaldesa de Lima, que asumirá el cargo el próximo 1º de enero, se comenzaban a congregar frente al local de Fuerza Social para un festejo largamente esperado.
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
El mundo|Miércoles, 27 de octubre de 2010
Después de veintitrés días, Susana Villarán fue confirmada ganadora
La izquierda se queda con Lima
Villarán venció a su rival conservadora Lourdes Flores. Por segunda vez en la historia de Perú, una fuerza progresista asumirá el poder en la capital. La demora en dar los resultados siembra preocupación para los comicios del 2011.
Por Carlos Noriega
Susana Villarán, de Fuerza Social, pudo celebrar una victoria largamente esperada.Desde Lima
Terminó la incertidumbre. Finalmente, Susana Villarán, 61 años, de la izquierdista Fuerza Social, fue confirmada como la ganadora de las elecciones para la alcaldía de Lima, realizadas el 3 de octubre. Una confirmación que demoró veintitrés interminables días, en los que quedaron en evidencia la lentitud y las deficiencias de las autoridades electorales. Esta demora no tiene precedentes y siembra preocupación y dudas para las elecciones presidenciales de abril de 2011. Con este triunfo, la izquierda asumirá el gobierno de la capital del país por segunda vez en su historia; la anterior fue en 1983.
“Me comprometo a gobernar con limpieza, con honestidad, a sacarme la mugre (trabajar muy fuerte) para darle a Lima lo que quiere: una Lima para todos”, fueron las primeras palabras de Susana Villarán, después que su rival, la derechista Lourdes Flores, finalmente aceptara ayer su derrota, algo a lo que se había resistido por más de tres semanas. “Reconocemos que hay una triunfadora en las elecciones y es Fuerza Social y su candidata, Susana Villarán, a quien saludo y le deseo el mejor de los éxitos”, fueron las palabras con las que Flores admitió su derrota, poniendo así fin a su larga agonía de veintitrés días. “Lourdes Flores ha reconocido la verdad, que yo he ganado. Estoy muy contenta”, respondió poco después Villarán. De esta forma, llegaba a su fin el proceso electoral más largo e incierto que se recuerde.
Todo pudo haberse definido en no más de 48 horas, cuando dos días después de las elecciones los resultados oficiales correspondientes al 74 por ciento confirmaban la victoria de Villarán –adelantada por todas las proyecciones extraoficiales el mismo día de las elecciones– por una diferencia estrecha, de unos 40 mil votos, que los expertos coincidieron en definir como irreversible. Pero la derecha se negó a admitir lo inevitable y jugó a prolongar el mayor tiempo posible una definición. La observación del 26 por ciento de las actas, por errores menores que no cambiaban el sentido de la votación, detuvo el conteo oficial y retrasó todo el proceso. Entonces vino la incertidumbre, alimentada por la mayor parte de los medios que, desafiando las cifras, alentaron la posibilidad de una victoria de la derecha. Pero, a medida que las observaciones se resolvían y las actas entraban al conteo, las cosas no cambiaron. Sin embargo, cuando el conteo oficial había superado el 90 por ciento de los votos y Villarán mantenía su ventaja, los voceros de Lourdes Flores insistían en decir que su candidata era la ganadora. Su estrategia fue impugnar una gran cantidad de actas en las que ganaba la izquierda para intentar revertir el resultado en la mesa, pero esas impugnaciones fueron rechazadas.
Recién ayer, luego de que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) dio los resultados del 97 por ciento que confirmaban a Villarán como ganadora con 38,39 por ciento contra 37,57 por ciento de Flores, que representa una ventaja de 36.492 votos, y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) desestimó las primeras 81 actas impugnadas por el equipo legal de Lourdes Flores, la candidata de la derecha se quedó sin juego y se presentó ante los medios para admitir su derrota. “Damos por terminada nuestra participación en esta contienda”, dijo, rodeada de sus colaboradores más cercanos y congresistas de su partido. Flores, que participó en estas elecciones en un intento por relanzar su carrera política luego de dos derrotas consecutivas en las elecciones presidenciales de 2001 y 2006, y que partió como la gran favorita, se veía afectada al admitir su nuevo fracaso electoral. La rodeaban caras largas y desencajadas. Pero no quiso irse sin dejar de sembrar dudas sobre la victoria de Susana Villarán y cuestionó la decisión del JNE de rechazar la impugnación de actas presentada por sus asesores legales.
Villarán, que ayer finalmente pudo celebrar sin reservas una victoria que tenía en el bolsillo desde hace tres semanas pero que no se hacía oficial, dijo que “perdonaba” a su rival por los ataques que le lanzó en la campaña. Flores había acusado a la candidata de la izquierda de tener vínculos con el terrorismo. Acusación que no tenía ningún sustento, pero que se repitió permanentemente durante la campaña. “No podemos tener rencores. Hay cosas que me hirieron en esta campaña, pero ya la perdoné”, dijo Villarán, antes de ir a su local partidario a celebrar la confirmación de su triunfo. Al momento del envío de esta nota, los partidarios de la futura alcaldesa de Lima, que asumirá el cargo el próximo 1º de enero, se comenzaban a congregar frente al local de Fuerza Social para un festejo largamente esperado.
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
LOS MEDIOS
Imprimir|Regresar a la nota
La ventana|Miércoles, 27 de octubre de 2010
medios y comunicación
Que podamos
Dos aportes mirando hacia el futuro de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y los desafíos que plantea. Javier Piñeiro y Luis López advierten, entre otros temas, sobre la necesidad de estudiar la financiación de los medios comunitarios para producir contenidos de calidad y la consolidación de un sistema de medios estatales no gubernamentales.
Por Javier Piñeiro y Luis López *
El poder mediático atraviesa el entramado social, permea nuestros juicios y percepciones sobre el mundo. Si la afirmación sonara a mucho podríamos trocar el arrebato semántico diciendo que modelando el sentido común de los ciudadanos se configura la sensación térmica del humor social. Hablamos de la potencialidad de insuflar malhumor o beneplácito en la red de significaciones compartidas que un país posee. De los medios, el poder. Antonio Pasquali –comunicólogo venezolano– planteó la tesis de que las sociedades se estructuran de acuerdo con los modos y condiciones en que los hombres que las conforman se comunican. La capacidad de participación y de acceso equitativo a la palabra se revela como una condición sine qua non para poder darle forma a un modelo de sociedad más justo, plural, respetuoso de las diferencias e integrador. La promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) constituye un paso fundamental en esa urgencia tardía del mapa mediático: garantizarnos un sistema de medios en, por y para la democracia.
Esta nueva ley nos embarca como sociedad en un proceso que intenta doblegar la argucia maniquea de la que fuimos rehenes durante mucho tiempo: la Verdad. Con mayúsculas, por ser ella única y revelada. La Verdad que deriva de una situación anómala, de un poder mediático con la capacidad de repicar/replicar una y mil veces su verdad contada como la Verdad. En ese derrotero al enmascaramiento fue desgastándose el proceso de discusiones estructurales necesarias sobre los destinos de esta Argentina y todas las que le precedieron hasta hoy. Es por eso que la LSCA plantea como valor fundamental garantizar pluralidad de voces: sindicatos, iglesias, universidades, pueblos originarios y demás organizaciones sin fines de lucro tienen ahora destinado un tercio del espectro radioeléctrico para sus licencias. Un tercio de espacio para edificar el tono de otras voces contando la Argentina. Otros actores, otro relato. Otras voces. Pluralidad de relatos. De voces.
La puesta en marcha de una iniciativa como ésta abre una serie de desafíos en relación con cuestiones como la financiación de los medios comunitarios más modestos, la capacidad de los licenciatarios estatales y privados sin fines de lucro de producir contenidos de calidad en todos los géneros, la efectiva consolidación de un sistema de medios estatales no gubernamentales y la instrumentación de concursos públicos transparentes para obtener las licencias. Enfrentar estos desafíos implica militancia con el sueño de ayer que hoy muta en realidad. Los anhelos que durante años circularon por los claustros universitarios deberán transformarse en políticas militantes propositivas que permitan vislumbrar el objetivo central después de tantos años: que la ley cobre vida en el ecosistema mediático argentino a pura aplicación, insuflarle vida haciéndola cotidiana.
Habrá que poner proa hacia la promoción de producción local y del federalismo, la defensa del trabajo y del capital argentino; aquellos estandartes en función de los cuales se cimienta una nueva cosmovisión de los contenidos que circulan por el sistema nervioso central mediático argentino. Bregar por que se cumpla con que el 60 por ciento de los contenidos de los servicios de radiodifusión y el ciento por ciento de los avisos publicitarios sean de producción nacional, por que cada licenciatario emita como mínimo un 30 por ciento de producción propia. Poner el foco en lo micro para que la macro se robustezca desde la base. Allí donde el unitarismo denigrante de la otrora Capital Federal operaba sobre el deber ser de todo el territorio, amanece una promesa de relatos federales, de un espectro coral de voces articulando múltiples capas de ojos contando la Argentina.
Lo que está en juego es algo muchísimo más rico y valioso que la confrontación entre un gobierno y monopolios mediáticos; ésa es la reducción de la cuestión. De estas transformaciones en el sistema de medios depende el modelo de sociedad por venir y el porvenir de las próximas generaciones de argentinos. La clave de normativas como la LSCA radica en la trascendencia que en ellas habita, el legado indeleble que las futuras generaciones podrán usufructuar en virtud de la decisión política de hoy. Estamos siendo contemporáneos de una época obstinada en ser bisagra, en instalarse como línea divisoria: estamos cruzando la frontera que divide los tiempos del antes y el después. Nuestro desafío: convertir los tiempos venideros en después. Poder desconcentrar para no desconcertar. Que podamos.
* Licenciados en Ciencias de la Comunicación (UBA). Miembros del Dpto. de Comunicación de la Sociedad Internacional para el Desarrollo. Capítulo Buenos Aires (SIDbaires).
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
La ventana|Miércoles, 27 de octubre de 2010
medios y comunicación
Que podamos
Dos aportes mirando hacia el futuro de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y los desafíos que plantea. Javier Piñeiro y Luis López advierten, entre otros temas, sobre la necesidad de estudiar la financiación de los medios comunitarios para producir contenidos de calidad y la consolidación de un sistema de medios estatales no gubernamentales.
Por Javier Piñeiro y Luis López *
El poder mediático atraviesa el entramado social, permea nuestros juicios y percepciones sobre el mundo. Si la afirmación sonara a mucho podríamos trocar el arrebato semántico diciendo que modelando el sentido común de los ciudadanos se configura la sensación térmica del humor social. Hablamos de la potencialidad de insuflar malhumor o beneplácito en la red de significaciones compartidas que un país posee. De los medios, el poder. Antonio Pasquali –comunicólogo venezolano– planteó la tesis de que las sociedades se estructuran de acuerdo con los modos y condiciones en que los hombres que las conforman se comunican. La capacidad de participación y de acceso equitativo a la palabra se revela como una condición sine qua non para poder darle forma a un modelo de sociedad más justo, plural, respetuoso de las diferencias e integrador. La promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) constituye un paso fundamental en esa urgencia tardía del mapa mediático: garantizarnos un sistema de medios en, por y para la democracia.
Esta nueva ley nos embarca como sociedad en un proceso que intenta doblegar la argucia maniquea de la que fuimos rehenes durante mucho tiempo: la Verdad. Con mayúsculas, por ser ella única y revelada. La Verdad que deriva de una situación anómala, de un poder mediático con la capacidad de repicar/replicar una y mil veces su verdad contada como la Verdad. En ese derrotero al enmascaramiento fue desgastándose el proceso de discusiones estructurales necesarias sobre los destinos de esta Argentina y todas las que le precedieron hasta hoy. Es por eso que la LSCA plantea como valor fundamental garantizar pluralidad de voces: sindicatos, iglesias, universidades, pueblos originarios y demás organizaciones sin fines de lucro tienen ahora destinado un tercio del espectro radioeléctrico para sus licencias. Un tercio de espacio para edificar el tono de otras voces contando la Argentina. Otros actores, otro relato. Otras voces. Pluralidad de relatos. De voces.
La puesta en marcha de una iniciativa como ésta abre una serie de desafíos en relación con cuestiones como la financiación de los medios comunitarios más modestos, la capacidad de los licenciatarios estatales y privados sin fines de lucro de producir contenidos de calidad en todos los géneros, la efectiva consolidación de un sistema de medios estatales no gubernamentales y la instrumentación de concursos públicos transparentes para obtener las licencias. Enfrentar estos desafíos implica militancia con el sueño de ayer que hoy muta en realidad. Los anhelos que durante años circularon por los claustros universitarios deberán transformarse en políticas militantes propositivas que permitan vislumbrar el objetivo central después de tantos años: que la ley cobre vida en el ecosistema mediático argentino a pura aplicación, insuflarle vida haciéndola cotidiana.
Habrá que poner proa hacia la promoción de producción local y del federalismo, la defensa del trabajo y del capital argentino; aquellos estandartes en función de los cuales se cimienta una nueva cosmovisión de los contenidos que circulan por el sistema nervioso central mediático argentino. Bregar por que se cumpla con que el 60 por ciento de los contenidos de los servicios de radiodifusión y el ciento por ciento de los avisos publicitarios sean de producción nacional, por que cada licenciatario emita como mínimo un 30 por ciento de producción propia. Poner el foco en lo micro para que la macro se robustezca desde la base. Allí donde el unitarismo denigrante de la otrora Capital Federal operaba sobre el deber ser de todo el territorio, amanece una promesa de relatos federales, de un espectro coral de voces articulando múltiples capas de ojos contando la Argentina.
Lo que está en juego es algo muchísimo más rico y valioso que la confrontación entre un gobierno y monopolios mediáticos; ésa es la reducción de la cuestión. De estas transformaciones en el sistema de medios depende el modelo de sociedad por venir y el porvenir de las próximas generaciones de argentinos. La clave de normativas como la LSCA radica en la trascendencia que en ellas habita, el legado indeleble que las futuras generaciones podrán usufructuar en virtud de la decisión política de hoy. Estamos siendo contemporáneos de una época obstinada en ser bisagra, en instalarse como línea divisoria: estamos cruzando la frontera que divide los tiempos del antes y el después. Nuestro desafío: convertir los tiempos venideros en después. Poder desconcentrar para no desconcertar. Que podamos.
* Licenciados en Ciencias de la Comunicación (UBA). Miembros del Dpto. de Comunicación de la Sociedad Internacional para el Desarrollo. Capítulo Buenos Aires (SIDbaires).
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
LA PLAZA LLENA 2010
Imprimir|Regresar a la nota
Sociedad|Domingo, 31 de octubre de 2010
LUIS ALBERTO QUEVEDO HABLA DE LA MOVILIZACION QUE GENERO EL FUNERAL DE KIRCHNER
“Fue un mensaje con vista al futuro”
El sociólogo sostiene que quienes se movilizaron “salieron a decir que el ciclo no está terminado”. Destaca también la variada “composición social y etaria de esa multitud” y la sorpresa que significó la masiva presencia de jóvenes.
Por Soledad Vallejos
La muerte de Néstor Kirchner sembró una incógnita inmediata: qué iba a pasar en el velatorio. Eso opina el sociólogo Luis Alberto Quevedo, remarcando de tanto en tanto, como si la alerta pudiera puntuar las frases, que todo análisis es, todavía, “en caliente”. La multitud en las calles, los rostros jóvenes, las familias, el acompañamiento hasta el último minuto posible: todo está, sí, “en caliente”, pero las imágenes no dejarán de repetirse ni de pedir imperiosamente, más que alentar, interpretaciones. “La calle es escenario de un dolor político, no sólo del dolor por la muerte del líder y el acompañamiento de su cuerpo”, señala Quevedo, antes de indicar que a la incógnita no la sació una respuesta, sino tres sorpresas.
–La primera de las sorpresas fue la masividad de la respuesta. Y digo que fue una sorpresa porque sucedió contra todos los diagnósticos que hablaban del fin del ciclo kirchnerista y que insistían sobre la desconexión entre el Gobierno y la sociedad, a los que se sumaban los diagnósticos de que la gente se acercaba porque se les paga, se los acarrea, se los obliga. En lugar de todo eso, apareció una masividad militante. Es el aluvión.
–¿Cuál fue la segunda sorpresa?
–Sin duda la composición social y etaria de esa multitud. Asombró porque era realmente una muestra de transversalidad: estaban todos los sectores sociales, y eso también implicaba una transversalidad territorial. A la Plaza de Mayo llegó gente de todos los rincones del país. Sorprendió la cantidad que viajó desde el interior. Y en cuanto a lo etario, la sorpresa fue encontrarse con mucha preeminencia de jóvenes: pibes de veinte años, treinta años, que no conocieron a Perón, que no lo tuvieron como referencia de la experiencia política. Son jóvenes de la democracia, porque alguien que tiene 20 años hoy no es un pibe de los ‘70.
–¿Por qué cree que salieron a la calle?
–Creo que todos fueron a decir algo que la derecha no soporta y es que están interesados en la política, pero en esta manera de ver y vivir la política que se identifica con Kirchner: el compromiso, el salir a la calle, la defensa de ideas muy específicas vinculadas con el crecimiento económico, la redistribución de la riqueza, los derechos humanos, la independencia de los organismos internacionales. Quiero decir: no es la política en un sentido general lo que les interesa, sino una manera de vivir y ver la política. Por eso apareció en escena un sector del pueblo invisibilizado por los grandes medios de comunicación, y que se presenta como una minoría consistente. Era decir: “Nosotros tenemos a Néstor Kirchner como referente y venimos por ese modelo y esas ideas políticas”. Al recorrer la calle, subyacía la idea de que la gente había ido a despedir a un tipo corajudo de la política. Políticos hay muchos, corajudos tal vez también, pero no hay muchos a los que la gente vaya a despedir así: en actividad militante, ocupando la calle por las ideas. Por eso digo que la calle volvió a ser escenario de la política. La capilla ardiente en Casa Rosada fue una tribuna de expresión popular. En ese sentido, me interesó el clima que se vivía en la cola, entre el silencio respetuoso y la consigna militante.
–¿Tiene hipótesis acerca de por qué estaban ahí?
–Creo que la idea que los llevaba ahí, lo que los unía, era la respuesta al modo de enamorar que tuvo Kirchner, al volver a hacer creer en la política. Eso es lo que me parece que demostraba, y no la idea de que estaban por vivir en tal barrio o pertenecer a tal agrupación o movimiento. La gente fue por Kirchner y le fue a rendir homenaje a alguien que los hizo volver a creer en la política.
–¿Y la tercera sorpresa a la que hacía referencia?
–Fue encontrarse con un entierro militante. Mientras que el entierro de Ricardo Alfonsín fue el entierro de un pedazo de historia argentina, éste fue un entierro que se hizo mirando al futuro. Fue una multitud ocupada en hablar del futuro, y eso se sintetizó en las consignas “Gracias Néstor” y “Fuerza Cristina”. Fue un mensaje con vista al futuro, y no la despedida de un hombre que fue gobernante entre 2003 y 2007. Negar esa carga de futuro sería hacer una lectura mezquina y pobre de una plaza que fue a reafirmar su apoyo. Esas lecturas según las cuales ha muerto el líder y el hombre de coraje, incluso la lectura de que el kirchnerismo murió porque murió Kirchner son pobres y negadoras. De esas lecturas, lo que más indigna es la anulación que hacen de Cristina Fernández. Estando ella, que además todavía es la Presidenta, no puede decirse “se cierra el ciclo”, “se murió el líder”. Creo que la calle fue a decir “estamos acá para despedir a Néstor, pero también para defender el modelo, y creemos que el modelo está representado en Cristina Kirchner. Ella es la Presidenta y la bancamos”. Es la diferencia, enorme, entre una multitud que simplemente lloró a un líder. Acabamos de asistir a un entierro político, no solamente de homenaje, como sucedió con el de Alfonsín, que era claramente un hombre del pasado. En estos días, la gente salió a decir que el ciclo no está terminado. Y eso para la derecha es insoportable.
–¿Y por qué sorprende que haya sucedido todo esto? ¿Por qué no era tan fácil de prever?
–Primero, creo que realmente hubo en Argentina grandes medios de comunicación responsables de la invisibilización del fervor K. Creo que hay un efecto mediático de mostrar a este hombre en el fin de su historia. La sorpresa es encontrarse ante el sentido que dio la gente a esta muerte. Es algo que sorprende a todo el mundo. De hecho, guiándose por lo que fueron los diagnósticos de los últimos tiempos, uno debería decir que Kirchner formaba parte de la Argentina del odio y el rencor. Y, sin embargo, se lo despidió como el hombre que construyó un liderazgo a fuerza de tener ideas políticas y querer sostenerlas. Era muy impresionante oír las cosas que la gente gritaba en la capilla ardiente, muy impresionante notar la fuerza que querían darle a Cristina, no como esposa sino como Presidenta de la Nación con un proyecto político.
–Podría decirse que una idea terminó de cuajar esta semana, como si la muerte hubiera permitido hacer un click.
–Sí, por lo que se escuchaba en la calle, mucha gente se dio cuenta de todo lo que respetaba, quería y deseaba para la Argentina que tenía en sus manos Kirchner, al saber que ya no está. Pero eso sucede en caliente. Va a decantar en mucha gente en estos días. Pero en caliente, lo que hizo la gente cuando fue a la Plaza, fue más bien pararse para decir “yo no tengo ninguna duda de que el lugar donde tengo que estar es acá; no necesito unos días para darme cuenta del lugar en que debo estar”. Y creo que estos días, la muerte y lo que siguió van a hacer madurar a mucha gente. Creo que se está abriendo un debate hoy sobre la necesidad de no mirar a Kirchner simplemente como un ex presidente. La derecha quiere interpretar su política como un ciclo que terminó y muere con él. Pero en la sociedad el de-safío es una pregunta que toda la ciudadanía tiene que hacerse: ¿querés que siga el proceso o tiene que ocurrir la muerte de una política? Esa pregunta la responde lo que decanta de estos días y toda esa gente en la calle. En cierta forma, esa multitud dijo “siempre estuvimos acá”. Eso es lo que sorprende. ¿Son todos ésos? Sí, todos ésos.
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
Sociedad|Domingo, 31 de octubre de 2010
LUIS ALBERTO QUEVEDO HABLA DE LA MOVILIZACION QUE GENERO EL FUNERAL DE KIRCHNER
“Fue un mensaje con vista al futuro”
El sociólogo sostiene que quienes se movilizaron “salieron a decir que el ciclo no está terminado”. Destaca también la variada “composición social y etaria de esa multitud” y la sorpresa que significó la masiva presencia de jóvenes.
Por Soledad Vallejos
La muerte de Néstor Kirchner sembró una incógnita inmediata: qué iba a pasar en el velatorio. Eso opina el sociólogo Luis Alberto Quevedo, remarcando de tanto en tanto, como si la alerta pudiera puntuar las frases, que todo análisis es, todavía, “en caliente”. La multitud en las calles, los rostros jóvenes, las familias, el acompañamiento hasta el último minuto posible: todo está, sí, “en caliente”, pero las imágenes no dejarán de repetirse ni de pedir imperiosamente, más que alentar, interpretaciones. “La calle es escenario de un dolor político, no sólo del dolor por la muerte del líder y el acompañamiento de su cuerpo”, señala Quevedo, antes de indicar que a la incógnita no la sació una respuesta, sino tres sorpresas.
–La primera de las sorpresas fue la masividad de la respuesta. Y digo que fue una sorpresa porque sucedió contra todos los diagnósticos que hablaban del fin del ciclo kirchnerista y que insistían sobre la desconexión entre el Gobierno y la sociedad, a los que se sumaban los diagnósticos de que la gente se acercaba porque se les paga, se los acarrea, se los obliga. En lugar de todo eso, apareció una masividad militante. Es el aluvión.
–¿Cuál fue la segunda sorpresa?
–Sin duda la composición social y etaria de esa multitud. Asombró porque era realmente una muestra de transversalidad: estaban todos los sectores sociales, y eso también implicaba una transversalidad territorial. A la Plaza de Mayo llegó gente de todos los rincones del país. Sorprendió la cantidad que viajó desde el interior. Y en cuanto a lo etario, la sorpresa fue encontrarse con mucha preeminencia de jóvenes: pibes de veinte años, treinta años, que no conocieron a Perón, que no lo tuvieron como referencia de la experiencia política. Son jóvenes de la democracia, porque alguien que tiene 20 años hoy no es un pibe de los ‘70.
–¿Por qué cree que salieron a la calle?
–Creo que todos fueron a decir algo que la derecha no soporta y es que están interesados en la política, pero en esta manera de ver y vivir la política que se identifica con Kirchner: el compromiso, el salir a la calle, la defensa de ideas muy específicas vinculadas con el crecimiento económico, la redistribución de la riqueza, los derechos humanos, la independencia de los organismos internacionales. Quiero decir: no es la política en un sentido general lo que les interesa, sino una manera de vivir y ver la política. Por eso apareció en escena un sector del pueblo invisibilizado por los grandes medios de comunicación, y que se presenta como una minoría consistente. Era decir: “Nosotros tenemos a Néstor Kirchner como referente y venimos por ese modelo y esas ideas políticas”. Al recorrer la calle, subyacía la idea de que la gente había ido a despedir a un tipo corajudo de la política. Políticos hay muchos, corajudos tal vez también, pero no hay muchos a los que la gente vaya a despedir así: en actividad militante, ocupando la calle por las ideas. Por eso digo que la calle volvió a ser escenario de la política. La capilla ardiente en Casa Rosada fue una tribuna de expresión popular. En ese sentido, me interesó el clima que se vivía en la cola, entre el silencio respetuoso y la consigna militante.
–¿Tiene hipótesis acerca de por qué estaban ahí?
–Creo que la idea que los llevaba ahí, lo que los unía, era la respuesta al modo de enamorar que tuvo Kirchner, al volver a hacer creer en la política. Eso es lo que me parece que demostraba, y no la idea de que estaban por vivir en tal barrio o pertenecer a tal agrupación o movimiento. La gente fue por Kirchner y le fue a rendir homenaje a alguien que los hizo volver a creer en la política.
–¿Y la tercera sorpresa a la que hacía referencia?
–Fue encontrarse con un entierro militante. Mientras que el entierro de Ricardo Alfonsín fue el entierro de un pedazo de historia argentina, éste fue un entierro que se hizo mirando al futuro. Fue una multitud ocupada en hablar del futuro, y eso se sintetizó en las consignas “Gracias Néstor” y “Fuerza Cristina”. Fue un mensaje con vista al futuro, y no la despedida de un hombre que fue gobernante entre 2003 y 2007. Negar esa carga de futuro sería hacer una lectura mezquina y pobre de una plaza que fue a reafirmar su apoyo. Esas lecturas según las cuales ha muerto el líder y el hombre de coraje, incluso la lectura de que el kirchnerismo murió porque murió Kirchner son pobres y negadoras. De esas lecturas, lo que más indigna es la anulación que hacen de Cristina Fernández. Estando ella, que además todavía es la Presidenta, no puede decirse “se cierra el ciclo”, “se murió el líder”. Creo que la calle fue a decir “estamos acá para despedir a Néstor, pero también para defender el modelo, y creemos que el modelo está representado en Cristina Kirchner. Ella es la Presidenta y la bancamos”. Es la diferencia, enorme, entre una multitud que simplemente lloró a un líder. Acabamos de asistir a un entierro político, no solamente de homenaje, como sucedió con el de Alfonsín, que era claramente un hombre del pasado. En estos días, la gente salió a decir que el ciclo no está terminado. Y eso para la derecha es insoportable.
–¿Y por qué sorprende que haya sucedido todo esto? ¿Por qué no era tan fácil de prever?
–Primero, creo que realmente hubo en Argentina grandes medios de comunicación responsables de la invisibilización del fervor K. Creo que hay un efecto mediático de mostrar a este hombre en el fin de su historia. La sorpresa es encontrarse ante el sentido que dio la gente a esta muerte. Es algo que sorprende a todo el mundo. De hecho, guiándose por lo que fueron los diagnósticos de los últimos tiempos, uno debería decir que Kirchner formaba parte de la Argentina del odio y el rencor. Y, sin embargo, se lo despidió como el hombre que construyó un liderazgo a fuerza de tener ideas políticas y querer sostenerlas. Era muy impresionante oír las cosas que la gente gritaba en la capilla ardiente, muy impresionante notar la fuerza que querían darle a Cristina, no como esposa sino como Presidenta de la Nación con un proyecto político.
–Podría decirse que una idea terminó de cuajar esta semana, como si la muerte hubiera permitido hacer un click.
–Sí, por lo que se escuchaba en la calle, mucha gente se dio cuenta de todo lo que respetaba, quería y deseaba para la Argentina que tenía en sus manos Kirchner, al saber que ya no está. Pero eso sucede en caliente. Va a decantar en mucha gente en estos días. Pero en caliente, lo que hizo la gente cuando fue a la Plaza, fue más bien pararse para decir “yo no tengo ninguna duda de que el lugar donde tengo que estar es acá; no necesito unos días para darme cuenta del lugar en que debo estar”. Y creo que estos días, la muerte y lo que siguió van a hacer madurar a mucha gente. Creo que se está abriendo un debate hoy sobre la necesidad de no mirar a Kirchner simplemente como un ex presidente. La derecha quiere interpretar su política como un ciclo que terminó y muere con él. Pero en la sociedad el de-safío es una pregunta que toda la ciudadanía tiene que hacerse: ¿querés que siga el proceso o tiene que ocurrir la muerte de una política? Esa pregunta la responde lo que decanta de estos días y toda esa gente en la calle. En cierta forma, esa multitud dijo “siempre estuvimos acá”. Eso es lo que sorprende. ¿Son todos ésos? Sí, todos ésos.
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
JUVENTUD
Imprimir|Regresar a la nota
El país|Domingo, 31 de octubre de 2010
LA PRESENCIA DE LOS JOVENES EN LA DESPEDIDA A NESTOR KIRCHNER
Protagonistas
Llamaron la atención en la Plaza de Mayo, en la fila para entrar en la Casa Rosada. Adolescentes y sub-30 con ganas de participar. Sus testimonios y el análisis de un fenómeno que la muerte del ex presidente hizo visible.
Producción y textos:
Federico Poore y Werner Pertot
Se los vio en la Plaza. En el velatorio. Corriendo detrás del cortejo fúnebre. Lloraban, cantaban, hacían pogo, coreaban consignas contra Cobos. Los jóvenes fueron protagonistas de los tres días de vigilia por la muerte de Néstor Kirchner. ¿Se trata de un resurgimiento de la participación política en los sub-30? ¿Se volcarán a la militancia o a otras formas de participación? ¿Cuándo empezó este fenómeno? Algunas pinceladas para empezar a descifrar lo que se vio en la despedida del ex presidente.
Josefina observó con sus ojos verdes cómo partía la caravana, el viernes al mediodía. No lloró, a diferencia de una de sus hermanas, con las que viajó desde Rosario a despedir a Kirchner. Tiene 29 años y es docente de primaria. “No milito, bah, estoy en el sindicato docente”, afirma. “En la secundaria, en los noventa, empecé a militar en la agrupación Venceremos. Fue a los 16 años”, relata. Luego tuvo una impasse, hasta que en el 2000 se sumó al Equipo de Investigación por la Memoria Político-Cultural. “Hicimos un trabajo sobre un centro clandestino de detención de Rosario, El pozo (ex Servicio de Informaciones)”, detalla.
“¿Y tus viejos cómo veían tu participación en política?”, pregunta Página/12. “Bueno, mis viejos son dos militantes de los setenta. Mi viejo ahora está en el Movimiento Evita y mi vieja, en Proyecto Sur”, sorprende. “Con mi mamá ni hablé antes de venir a Buenos Aires”, aclara. “Mi papá está ahí”, completa, y señala a Horacio Baster, ex militante del Movimiento Revolucionario Peronista (“ahí estaba cuando hicimos el Rosariazo”). “En los noventa nos sentíamos desahuciados con Reutemann y el peronismo trucho. Cuando llega Kirchner, nos juntamos varios ex montos y nos metimos en el kirchnerismo. Ahí andamos desde 2003”, cuenta. Su hija no siguió ese camino, sino que hizo el propio. Mientras se acomoda el impermeable improvisado, Josefina advierte: “Una siempre pensó que los gobiernos estaban para robar. Yo no lo voté a Kirchner. Me identificaba más con Pino Solanas. Pero a partir de lo que pasó con el campo, se empezaron a generar cosas en mi generación que yo realmente no esperaba ver. Empecé a encontrarme con gente que nunca estuvo en nada y se te acercaba a hablar de lo que estaba pasando en el país”, detalla, antes de alejarse con sus dos hermanas y su padre por una Plaza de Mayo cubierta de pancartas y bañada por la llovizna.
Alto, de impermeable naranja, Diego se acercó hasta Aeroparque junto a su novia para despedir a Kirchner. Tiene 26 años, vive en Caballito y se define como “independiente”. Minutos después de que despegara el avión rumbo a Río Gallegos, intenta explicar su repentino interés: “Pasé de todo en este país”, suspira. “Cuando fue la hiperinflación, con mi mamá hacíamos huevitos de Pascua y alfajores de maicena que vendíamos en el edificio para sobrevivir. Sufrí mucho los noventa y a los dieciocho años, con De la Rúa, me quedé sin mi carrera y sin mis amigos: todos se fueron a vivir afuera.” En retrospectiva, Diego piensa que “con Kirchner y el gobierno pude volver a recuperar mis proyectos. Por eso estoy acá. Porque en nueve años volví a creer en la mística que puede llegar a tener un gobierno”. “No milito en ningún lado, pero sentí que tenía que estar”, sostiene. ¿De dónde viene su interés por la política? “De mi familia, de mi mamá más que nada. Ella siempre militó, me inculcó y me enseñó”, dice.
Este mismo reconocimiento generacional aparece en el blog El Buen Salvaje (las redes de microblogging son uno de los principales lugares de discusión de los jóvenes). “Para los que oscilamos en torno a la frontera de los treinta años, el kirchnerismo y Néstor Kirchner representaron la posibilidad de ver con nuestros propios ojos que era posible torcer el rumbo que el país seguía desde, probablemente, el fracaso del proyecto alfonsinista”, escribe Mariano, el autor del post. “Nos incorporamos al mercado laboral cuando no existía un mercado laboral. Nuestra educación sentimental se dio entre las ruinas de un país asolado, y así, precarizados, desempleados, descreídos, con la piel curtida malamente, vimos llegar a Kirchner a la presidencia”, recuerda.
“Kirchner nos hizo, en estos años, más difícil el ejercicio libre de nuestro cinismo generacional y eso es algo que le vamos a agradecer para siempre. ¿Qué carajo es la Anses? ¿Qué son las retenciones? ¿Qué significan las paritarias? Nosotros crecimos mirando a Chacho y Graciela en el estudio de Hora Clave, repitiendo ‘corrupción’ como santo y seña del mal argentino. La pedagogía de Lanata y compañía nos enseñó a buscar el origen de la crisis nacional en las declaraciones juradas. El 2001 voló en mil pedazos todo eso”, reflexiona el joven blogger.
Para el psicólogo Sergio Balardini, titular del programa de estudios sobre juventud de Flacso, la crisis del 2001 fue, en efecto, un punto de inflexión en la participación juvenil. “Produjo una suerte de fin de la infancia para muchos: la ilusión del uno a uno, del país del ‘primer mundo’ y otras sandeces”, sostiene. “De su mano, muchísimos jóvenes de clase media y sectores populares expresan una voluntad de acompañar, sin llegar a la militancia. Vimos encuestas que nos hablaban de sus ganas de intervenir y de su cuestionamiento a la política partidaria. Allí aparecía la brecha: participación sí, pero no en partidos”, precisa.
“Ahí es donde surge la figura de Kirchner y adquiere relevancia. Con él, viene a recuperarse la dimensión de la política como lucha de intereses y herramienta de transformación de la sociedad y mediante sus peleas con las corporaciones, los militares, la Iglesia, los organismos internacionales de crédito, los medios de comunicación concentrados, fue ampliando la frontera de lo que se aceptaba como posible. Generó una agenda con fuertes debates, sumamente atrayente, en especial para los jóvenes”, explica Balardini, rememorando la descripción de Jean-Paul Sartre del Mayo del ’68 como ampliación del campo de lo posible. Para Balardini, esta repolitización que empezó en 2001 se acentuó a mediados de esta década.
Lo que se vio esta semana contrasta con un cierto imaginario del joven de los noventa. “Se pone en escena nuevamente a los jóvenes como protagonistas de la política, a diferencia de la generación de los años noventa que aparecían como identificados con el modelo antipolítica y competitivo individualismo propuesto por el neoliberalismo”, compara Ana Wortman, socióloga e investigadora del Instituto Gino Germani. “A pesar de que la consigna era ‘que se vayan todos’, no quería decir que no exista la política sino que impugnaba los principios antipolíticos de los noventa, fuertemente economicistas”, analiza. Advierte que la militancia juvenil se despliega tanto en el kirchnerismo como en la CGT, la CTA, el PO y el PRO.
Wortman también señala matices entre la militancia de los años setenta y la actual: “El interés por la política hoy recupera un nuevo tono emocional irónico de la cultura, menos trágico y sacrificial, en búsqueda de nuevos fundamentos”, considera la socióloga y pone como ejemplo las tomas de los secundarios en Capital y Córdoba. “Son jóvenes de clase media los que toman los colegios obligando a los políticos a hacerse cargo del fundamento de sus discursos y promesas incumplidas: piden educación de calidad, no socialismo. Pero tampoco sólo estufas y tizas”, indica.
¿Por qué se percibe este revival de la participación política en torno de la muerte de Kirchner? “Lo que se manifiesta estos días se vincula con la necesidad de recuperar la creencia como factor que constituye el sentido de nuestra vida, y en algún punto Kirchner tuvo algo que ver –estima Wortman–. Estos jóvenes están lejos del escepticismo y la indiferencia de los noventa. Por suerte.”
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
El país|Domingo, 31 de octubre de 2010
LA PRESENCIA DE LOS JOVENES EN LA DESPEDIDA A NESTOR KIRCHNER
Protagonistas
Llamaron la atención en la Plaza de Mayo, en la fila para entrar en la Casa Rosada. Adolescentes y sub-30 con ganas de participar. Sus testimonios y el análisis de un fenómeno que la muerte del ex presidente hizo visible.
Producción y textos:
Federico Poore y Werner Pertot
Se los vio en la Plaza. En el velatorio. Corriendo detrás del cortejo fúnebre. Lloraban, cantaban, hacían pogo, coreaban consignas contra Cobos. Los jóvenes fueron protagonistas de los tres días de vigilia por la muerte de Néstor Kirchner. ¿Se trata de un resurgimiento de la participación política en los sub-30? ¿Se volcarán a la militancia o a otras formas de participación? ¿Cuándo empezó este fenómeno? Algunas pinceladas para empezar a descifrar lo que se vio en la despedida del ex presidente.
Josefina observó con sus ojos verdes cómo partía la caravana, el viernes al mediodía. No lloró, a diferencia de una de sus hermanas, con las que viajó desde Rosario a despedir a Kirchner. Tiene 29 años y es docente de primaria. “No milito, bah, estoy en el sindicato docente”, afirma. “En la secundaria, en los noventa, empecé a militar en la agrupación Venceremos. Fue a los 16 años”, relata. Luego tuvo una impasse, hasta que en el 2000 se sumó al Equipo de Investigación por la Memoria Político-Cultural. “Hicimos un trabajo sobre un centro clandestino de detención de Rosario, El pozo (ex Servicio de Informaciones)”, detalla.
“¿Y tus viejos cómo veían tu participación en política?”, pregunta Página/12. “Bueno, mis viejos son dos militantes de los setenta. Mi viejo ahora está en el Movimiento Evita y mi vieja, en Proyecto Sur”, sorprende. “Con mi mamá ni hablé antes de venir a Buenos Aires”, aclara. “Mi papá está ahí”, completa, y señala a Horacio Baster, ex militante del Movimiento Revolucionario Peronista (“ahí estaba cuando hicimos el Rosariazo”). “En los noventa nos sentíamos desahuciados con Reutemann y el peronismo trucho. Cuando llega Kirchner, nos juntamos varios ex montos y nos metimos en el kirchnerismo. Ahí andamos desde 2003”, cuenta. Su hija no siguió ese camino, sino que hizo el propio. Mientras se acomoda el impermeable improvisado, Josefina advierte: “Una siempre pensó que los gobiernos estaban para robar. Yo no lo voté a Kirchner. Me identificaba más con Pino Solanas. Pero a partir de lo que pasó con el campo, se empezaron a generar cosas en mi generación que yo realmente no esperaba ver. Empecé a encontrarme con gente que nunca estuvo en nada y se te acercaba a hablar de lo que estaba pasando en el país”, detalla, antes de alejarse con sus dos hermanas y su padre por una Plaza de Mayo cubierta de pancartas y bañada por la llovizna.
Alto, de impermeable naranja, Diego se acercó hasta Aeroparque junto a su novia para despedir a Kirchner. Tiene 26 años, vive en Caballito y se define como “independiente”. Minutos después de que despegara el avión rumbo a Río Gallegos, intenta explicar su repentino interés: “Pasé de todo en este país”, suspira. “Cuando fue la hiperinflación, con mi mamá hacíamos huevitos de Pascua y alfajores de maicena que vendíamos en el edificio para sobrevivir. Sufrí mucho los noventa y a los dieciocho años, con De la Rúa, me quedé sin mi carrera y sin mis amigos: todos se fueron a vivir afuera.” En retrospectiva, Diego piensa que “con Kirchner y el gobierno pude volver a recuperar mis proyectos. Por eso estoy acá. Porque en nueve años volví a creer en la mística que puede llegar a tener un gobierno”. “No milito en ningún lado, pero sentí que tenía que estar”, sostiene. ¿De dónde viene su interés por la política? “De mi familia, de mi mamá más que nada. Ella siempre militó, me inculcó y me enseñó”, dice.
Este mismo reconocimiento generacional aparece en el blog El Buen Salvaje (las redes de microblogging son uno de los principales lugares de discusión de los jóvenes). “Para los que oscilamos en torno a la frontera de los treinta años, el kirchnerismo y Néstor Kirchner representaron la posibilidad de ver con nuestros propios ojos que era posible torcer el rumbo que el país seguía desde, probablemente, el fracaso del proyecto alfonsinista”, escribe Mariano, el autor del post. “Nos incorporamos al mercado laboral cuando no existía un mercado laboral. Nuestra educación sentimental se dio entre las ruinas de un país asolado, y así, precarizados, desempleados, descreídos, con la piel curtida malamente, vimos llegar a Kirchner a la presidencia”, recuerda.
“Kirchner nos hizo, en estos años, más difícil el ejercicio libre de nuestro cinismo generacional y eso es algo que le vamos a agradecer para siempre. ¿Qué carajo es la Anses? ¿Qué son las retenciones? ¿Qué significan las paritarias? Nosotros crecimos mirando a Chacho y Graciela en el estudio de Hora Clave, repitiendo ‘corrupción’ como santo y seña del mal argentino. La pedagogía de Lanata y compañía nos enseñó a buscar el origen de la crisis nacional en las declaraciones juradas. El 2001 voló en mil pedazos todo eso”, reflexiona el joven blogger.
Para el psicólogo Sergio Balardini, titular del programa de estudios sobre juventud de Flacso, la crisis del 2001 fue, en efecto, un punto de inflexión en la participación juvenil. “Produjo una suerte de fin de la infancia para muchos: la ilusión del uno a uno, del país del ‘primer mundo’ y otras sandeces”, sostiene. “De su mano, muchísimos jóvenes de clase media y sectores populares expresan una voluntad de acompañar, sin llegar a la militancia. Vimos encuestas que nos hablaban de sus ganas de intervenir y de su cuestionamiento a la política partidaria. Allí aparecía la brecha: participación sí, pero no en partidos”, precisa.
“Ahí es donde surge la figura de Kirchner y adquiere relevancia. Con él, viene a recuperarse la dimensión de la política como lucha de intereses y herramienta de transformación de la sociedad y mediante sus peleas con las corporaciones, los militares, la Iglesia, los organismos internacionales de crédito, los medios de comunicación concentrados, fue ampliando la frontera de lo que se aceptaba como posible. Generó una agenda con fuertes debates, sumamente atrayente, en especial para los jóvenes”, explica Balardini, rememorando la descripción de Jean-Paul Sartre del Mayo del ’68 como ampliación del campo de lo posible. Para Balardini, esta repolitización que empezó en 2001 se acentuó a mediados de esta década.
Lo que se vio esta semana contrasta con un cierto imaginario del joven de los noventa. “Se pone en escena nuevamente a los jóvenes como protagonistas de la política, a diferencia de la generación de los años noventa que aparecían como identificados con el modelo antipolítica y competitivo individualismo propuesto por el neoliberalismo”, compara Ana Wortman, socióloga e investigadora del Instituto Gino Germani. “A pesar de que la consigna era ‘que se vayan todos’, no quería decir que no exista la política sino que impugnaba los principios antipolíticos de los noventa, fuertemente economicistas”, analiza. Advierte que la militancia juvenil se despliega tanto en el kirchnerismo como en la CGT, la CTA, el PO y el PRO.
Wortman también señala matices entre la militancia de los años setenta y la actual: “El interés por la política hoy recupera un nuevo tono emocional irónico de la cultura, menos trágico y sacrificial, en búsqueda de nuevos fundamentos”, considera la socióloga y pone como ejemplo las tomas de los secundarios en Capital y Córdoba. “Son jóvenes de clase media los que toman los colegios obligando a los políticos a hacerse cargo del fundamento de sus discursos y promesas incumplidas: piden educación de calidad, no socialismo. Pero tampoco sólo estufas y tizas”, indica.
¿Por qué se percibe este revival de la participación política en torno de la muerte de Kirchner? “Lo que se manifiesta estos días se vincula con la necesidad de recuperar la creencia como factor que constituye el sentido de nuestra vida, y en algún punto Kirchner tuvo algo que ver –estima Wortman–. Estos jóvenes están lejos del escepticismo y la indiferencia de los noventa. Por suerte.”
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
ZAFARONI
Imprimir|Regresar a la nota
El país|Domingo, 31 de octubre de 2010
EL JUEZ DE LA CORTE SUPREMA RAUL ZAFFARONI HABLA SOBRE KIRCHNER
“Hasta ayer era una persona, hoy es un mito”
La relación del Poder Judicial con el kirchnerismo. El futuro. El recuerdo del momento en que el ex presidente le ofreció postularlo como ministro del alto tribunal. “¿Vos me conocés?, le preguntó Zaffaroni.
Por Irina Hauser
El día que Néstor Kirchner le ofreció ser juez de la Corte Suprema, el primero del histórico recambio, Raúl Zaffaroni se quedó “mudo”. Tiene el recuerdo intacto. “Era algo que no había entrado en mi proyecto existencial”, explica a Página/12. Pero, además, semejante proposición –pensó– sólo se le podía ocurrir a alguien tanto o más “transgresor” que él mismo. “¿Vos me conocés?”, le preguntó al entonces Presidente. “Quedate tranquilo”, le respondió, en tono bromista. La relación entre ellos, para colmo, había empezado muy mal, con fuertes críticas del penalista a la reforma constitucional de Santa Cruz que establecía la reelección indefinida. Aunque no se veían con asiduidad, Zaffaroni se sorprendía de cómo Kirchner lograba “que uno se sintiese como si lo hubiese conocido siempre”. Hoy, asegura el juez supremo, ese hombre que solía tener “una actitud humilde que lo hacía ‘querible’” ya “renace como un mito” que “entra a jugar en la política” y “ni los medios ni nadie pueden evitarlo”. Ese sentimiento de irrealidad que invadió a tanta gente al conocerse la noticia de la muerte de Kirchner, también le tocó a Zaffaroni. “La sensación –describe– fue de desconcierto ante lo inesperado del hecho. Pero tuve dos sensaciones, además: la personal, la afectiva, siempre me pareció un buen tipo, ‘querible’ por así decir; otra, la política, aunque uno no participe activamente, es obvio que no puede dejar de valorar el vendaval que la desaparición del precandidato con mayor intención de voto causa. Además, Kirchner fue el más importante político de la década, no es fácil predecir las consecuencias de su desaparición. Y, en lo personal, sesenta años hoy no es nada, se es joven, pensás que tenés más años, la fragilidad de la vida. En otro orden, te salta la idea de que en pos de la política, del estrés permanente, de la lucha, exigió demasiado a la máquina, pasó por sobre su propia resistencia física.”
–¿Cómo fue que conoció a Kirchner y en qué devino la relación?
–La relación no empezó bien, sino con una fuerte crítica de mi parte a la reforma constitucional de Santa Cruz que establecía la reelección indefinida. Después de años lo volví a encontrar cuando se anunciaba su candidatura, conversamos un largo rato, un poco sobre todo, en particular sobre las instituciones, los problemas estructurales, la necesidad que iría a tener de hacer un gobierno de transición, etc. Estábamos apenas flotando en la crisis. Después hablé un par de veces, cuando me ofreció el cargo y cuando me entregó el decreto con el nombramiento. Con posterioridad hablamos algunas veces, pero no mucho, nos encontrábamos en algún acto, no tenía un diálogo permanente con Kirchner. Era un tipo con mucho sentido del humor también. Nos encontramos hace poco más de un año en Olivos, la última vez nos vimos en San Juan en ocasión del congreso de ciencia política. Después hablamos una vez por teléfono, muy brevemente. Siempre me trató con mucha deferencia y respeto, creo que nos llevamos bien pero sin una intimidad ni mucha frecuencia de trato.
–¿Y cómo llegó a ofrecerle un lugar en la Corte?
–La verdad es que yo nunca había soñado con integrar la Corte, más aún, considero que conforme a las pautas tradicionales, nunca había “hecho los deberes” para eso. No cultivé la imagen del “mesurado”, no lo soy mucho que digamos en algunos aspectos. Un buen día me llamó un ministro de Kirchner y me invitó a ir a verlo con cierta urgencia. Creí que tenía algún problema que resolver. En cuanto llegué, me largó que habían hablado y si yo aceptaría ser ministro de la Corte.
–¿Usted cómo reaccionó?
–Me quedé mudo, primero porque no tenía idea de lo que Kirchner imaginaba que ocurriría al proponerme, segundo porque era algo que nunca había entrado en mi proyecto existencial. La verdad es que me asumo como un tanto transgresor, pero sólo un presidente más o menos simétrico (o que me superase) podía proponerme. Al día siguiente conversé con Kirchner y, sinceramente, le pregunté si realmente me conocía, no quería hacerle asumir riesgos en que no hubiese calculado o pensado. Mi pregunta la tomó a broma, pero en realidad iba en serio. Creo que en análogo tono me respondió que me quedase tranquilo, que me conocía bien y por eso me propondría.
–¿Por qué aceptó si no lo tenía en los planes? ¿Qué le atrajo?
–Hay ofrecimientos que imponen deberes. Si alguien critica no puede negarse cuando le dicen que entre al ruedo, de lo contrario pierde legitimidad. En ese momento dije que era una “carga pública”, y lo sigo pensando. Hace exactamente siete largos años, desde el 31 de octubre de 2003 que vengo sintiéndolo, no lo dudes.
–¿Qué significaba Kirchner como líder político?
–Sin duda que se fue como persona, pero dada su centralidad en los últimos diez años, es obvio que renace como mito. Un hombre relativamente joven o al menos en plenitud, luchador, tenaz, que abusa hasta la muerte de sus limitaciones físicas en la lucha política, que abrió frentes donde nadie se había animado y que desaparece de repente, creo que nada le falta para renacer como mito. Es casi inevitable.
–¿Le sorprendió la respuesta colectiva, del común de la gente, que generó su fallecimiento?
–No me extraña en absoluto la reacción popular: hasta ayer era una persona, hoy es un mito.
–¿Un mito como Perón, como Evita?
–Ningún mito es igual a otro ni borra otro. Los mitos forman parte de la vida de los pueblos, surgen en su historia, se enlazan con las primeras y las últimas páginas de los libros de historia, las que se perdieron. No se pueden comparar entre sí, cada uno es original porque responde a un momento diferente.
–¿Qué cambió a partir de Kirchner en el Poder Judicial?
–En cuanto a la Corte y al Poder Judicial, soy protagonista de lo que pasa, creo que no puedo incurrir en valoraciones, es cosa que debe evaluar la sociedad. Por mi parte, trato de hacer las cosas lo mejor que puedo y nada más.
–¿Fue un error la reforma del Consejo de la Magistratura?
–No lo sé, el Consejo de la Magistratura nació mal en 1994, no está constitucionalmente claro cómo se integra ni cuál es su competencia y, por tanto, siempre es opinable lo que se haga al respecto.
–¿Cree que desde ahora va a cambiar la relación del Gobierno con la Justicia?
–La relación del Ejecutivo con el Judicial en general y pese a muchas exageraciones, ha sido respetuosa. No dejará de serlo. Si Kirchner o la Presidenta se sintieron molestos alguna vez, bueno, tienen todo el derecho a decirlo y a criticarnos, del mismo modo que como ciudadano me reservé siempre todo el derecho a criticarlos a ellos. Ninguna función pública, por alta que sea, nos priva de los elementales derechos de la ciudadanía. Cuando sienta que pierdo ese derecho me voy y pienso que la misma sensación deben haber sentido Kirchner o la Presidenta cuando algunos pretendieron que no pueden criticarnos.
–¿Qué cambios intuye que va a haber en el Gobierno, en la oposición y los medios?
–Es obvio que va a haber cambios, es un golpe fuerte, la política argentina tiene una dinámica que desafía cualquier imaginación, todo cálculo a mediano plazo deviene fantaciencia y mucho más cuando se produce un hueco de esta magnitud. Se trata de un hueco, una ausencia personal, que es reemplazada de repente por un mito, nadie puede impedir el nacimiento del mito, son cosas que salen del sentimiento y los medios ni nadie puede evitarlo, pero que entran a jugar en la política. No creo que nadie pueda hacer “previsiones muy previsibles”, ahora el sentimiento popular arrastra a la política, más allá e incluso a pesar de los dirigentes. La historia nos demuestra esto.
–¿Pero imagina que el mito bastará para sostener al kirchnerismo?
–No me animo a predecir nada, entran en juego dos planos muy diferentes, el de la realidad y el mítico, interactúan, son acontecimientos que desafían a la imaginación.
–Cuáles son las huellas que considera más destacables de la gestión de Néstor Kirchner?
–Creo que Kirchner restableció la confianza en el país, en el futuro, en la posibilidad de consolidar y ampliar la base de ciudadanía real, en que el Estado social no es un recuerdo del pasado sino una realidad que hay que defender y consolidar, fue la contracara de la última década del siglo pasado.
–¿Sus virtudes y defectos como dirigente?
–Como virtud, su forma de hacer política. Kirchner, igual que Alfonsín, buscaba el trato personal con la gente, no era un político mediático, sino que iba por todos lados y se contactaba con las personas en forma directa, personal. Se movía por todo el territorio. Kirchner y Alfonsín, en este sentido, fueron la antípoda del político-espectáculo, la forma de hacer política que espero cunda en el futuro, a la que hay que volver. ¿Defectos? Bueno, no se los atribuyo a él, en general son los del presidencialismo, es la función que a veces condiciona errores. En lo político, creo que a veces abría demasiados frentes de lucha al mismo tiempo. Aunque en lo personal me parecía un tipo muy capaz para hacer alianzas y tranquilizar a la gente, creo que en ocasiones se fabricaba algunos enemigos innecesarios. Pero no sé, no hablábamos muy frecuentemente, por eso no conozco todas las motivaciones, los detalles, no tengo el cuadro completo de la situación en cada caso. Es sólo una impresión. Pero bueno, ahora es un mito.
–¿En qué está pensando cuando habla de “enemigos innecesarios”?
–Creo que en el caso del llamado conflicto “con el campo” hubo un poco de precipitación, me parece que hablando un poco más con algunos sectores se los podía tener del otro lado. Tal vez me equivoco, es una impresión, por ahí los acontecimientos se precipitaron y no quedó otra alternativa, no viví el conflicto desde adentro, pero pienso que siempre hay que extremar más la posibilidad de negociación.
–De aquellas charlas o encuentros aislados que mencionó que compartió con Kirchner, ¿qué le queda como recuerdo?
–Hablando con Kirchner impresionaba mucho la capacidad de comunicación, tenía una actitud humilde que lo hacía “querible”, instaba a la confianza, era un tipo de posiciones firmes pero nunca arrogante, conseguía que uno se sintiese como si lo hubiese conocido siempre. Traté a varias personas con ribetes de liderazgo. Está el perfil del prócer, tipo De Gaulle; está el del perfil paternal, tipo Alfonsín; Kirchner respondía a un perfil fraternal.
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
El país|Domingo, 31 de octubre de 2010
EL JUEZ DE LA CORTE SUPREMA RAUL ZAFFARONI HABLA SOBRE KIRCHNER
“Hasta ayer era una persona, hoy es un mito”
La relación del Poder Judicial con el kirchnerismo. El futuro. El recuerdo del momento en que el ex presidente le ofreció postularlo como ministro del alto tribunal. “¿Vos me conocés?, le preguntó Zaffaroni.
Por Irina Hauser
El día que Néstor Kirchner le ofreció ser juez de la Corte Suprema, el primero del histórico recambio, Raúl Zaffaroni se quedó “mudo”. Tiene el recuerdo intacto. “Era algo que no había entrado en mi proyecto existencial”, explica a Página/12. Pero, además, semejante proposición –pensó– sólo se le podía ocurrir a alguien tanto o más “transgresor” que él mismo. “¿Vos me conocés?”, le preguntó al entonces Presidente. “Quedate tranquilo”, le respondió, en tono bromista. La relación entre ellos, para colmo, había empezado muy mal, con fuertes críticas del penalista a la reforma constitucional de Santa Cruz que establecía la reelección indefinida. Aunque no se veían con asiduidad, Zaffaroni se sorprendía de cómo Kirchner lograba “que uno se sintiese como si lo hubiese conocido siempre”. Hoy, asegura el juez supremo, ese hombre que solía tener “una actitud humilde que lo hacía ‘querible’” ya “renace como un mito” que “entra a jugar en la política” y “ni los medios ni nadie pueden evitarlo”. Ese sentimiento de irrealidad que invadió a tanta gente al conocerse la noticia de la muerte de Kirchner, también le tocó a Zaffaroni. “La sensación –describe– fue de desconcierto ante lo inesperado del hecho. Pero tuve dos sensaciones, además: la personal, la afectiva, siempre me pareció un buen tipo, ‘querible’ por así decir; otra, la política, aunque uno no participe activamente, es obvio que no puede dejar de valorar el vendaval que la desaparición del precandidato con mayor intención de voto causa. Además, Kirchner fue el más importante político de la década, no es fácil predecir las consecuencias de su desaparición. Y, en lo personal, sesenta años hoy no es nada, se es joven, pensás que tenés más años, la fragilidad de la vida. En otro orden, te salta la idea de que en pos de la política, del estrés permanente, de la lucha, exigió demasiado a la máquina, pasó por sobre su propia resistencia física.”
–¿Cómo fue que conoció a Kirchner y en qué devino la relación?
–La relación no empezó bien, sino con una fuerte crítica de mi parte a la reforma constitucional de Santa Cruz que establecía la reelección indefinida. Después de años lo volví a encontrar cuando se anunciaba su candidatura, conversamos un largo rato, un poco sobre todo, en particular sobre las instituciones, los problemas estructurales, la necesidad que iría a tener de hacer un gobierno de transición, etc. Estábamos apenas flotando en la crisis. Después hablé un par de veces, cuando me ofreció el cargo y cuando me entregó el decreto con el nombramiento. Con posterioridad hablamos algunas veces, pero no mucho, nos encontrábamos en algún acto, no tenía un diálogo permanente con Kirchner. Era un tipo con mucho sentido del humor también. Nos encontramos hace poco más de un año en Olivos, la última vez nos vimos en San Juan en ocasión del congreso de ciencia política. Después hablamos una vez por teléfono, muy brevemente. Siempre me trató con mucha deferencia y respeto, creo que nos llevamos bien pero sin una intimidad ni mucha frecuencia de trato.
–¿Y cómo llegó a ofrecerle un lugar en la Corte?
–La verdad es que yo nunca había soñado con integrar la Corte, más aún, considero que conforme a las pautas tradicionales, nunca había “hecho los deberes” para eso. No cultivé la imagen del “mesurado”, no lo soy mucho que digamos en algunos aspectos. Un buen día me llamó un ministro de Kirchner y me invitó a ir a verlo con cierta urgencia. Creí que tenía algún problema que resolver. En cuanto llegué, me largó que habían hablado y si yo aceptaría ser ministro de la Corte.
–¿Usted cómo reaccionó?
–Me quedé mudo, primero porque no tenía idea de lo que Kirchner imaginaba que ocurriría al proponerme, segundo porque era algo que nunca había entrado en mi proyecto existencial. La verdad es que me asumo como un tanto transgresor, pero sólo un presidente más o menos simétrico (o que me superase) podía proponerme. Al día siguiente conversé con Kirchner y, sinceramente, le pregunté si realmente me conocía, no quería hacerle asumir riesgos en que no hubiese calculado o pensado. Mi pregunta la tomó a broma, pero en realidad iba en serio. Creo que en análogo tono me respondió que me quedase tranquilo, que me conocía bien y por eso me propondría.
–¿Por qué aceptó si no lo tenía en los planes? ¿Qué le atrajo?
–Hay ofrecimientos que imponen deberes. Si alguien critica no puede negarse cuando le dicen que entre al ruedo, de lo contrario pierde legitimidad. En ese momento dije que era una “carga pública”, y lo sigo pensando. Hace exactamente siete largos años, desde el 31 de octubre de 2003 que vengo sintiéndolo, no lo dudes.
–¿Qué significaba Kirchner como líder político?
–Sin duda que se fue como persona, pero dada su centralidad en los últimos diez años, es obvio que renace como mito. Un hombre relativamente joven o al menos en plenitud, luchador, tenaz, que abusa hasta la muerte de sus limitaciones físicas en la lucha política, que abrió frentes donde nadie se había animado y que desaparece de repente, creo que nada le falta para renacer como mito. Es casi inevitable.
–¿Le sorprendió la respuesta colectiva, del común de la gente, que generó su fallecimiento?
–No me extraña en absoluto la reacción popular: hasta ayer era una persona, hoy es un mito.
–¿Un mito como Perón, como Evita?
–Ningún mito es igual a otro ni borra otro. Los mitos forman parte de la vida de los pueblos, surgen en su historia, se enlazan con las primeras y las últimas páginas de los libros de historia, las que se perdieron. No se pueden comparar entre sí, cada uno es original porque responde a un momento diferente.
–¿Qué cambió a partir de Kirchner en el Poder Judicial?
–En cuanto a la Corte y al Poder Judicial, soy protagonista de lo que pasa, creo que no puedo incurrir en valoraciones, es cosa que debe evaluar la sociedad. Por mi parte, trato de hacer las cosas lo mejor que puedo y nada más.
–¿Fue un error la reforma del Consejo de la Magistratura?
–No lo sé, el Consejo de la Magistratura nació mal en 1994, no está constitucionalmente claro cómo se integra ni cuál es su competencia y, por tanto, siempre es opinable lo que se haga al respecto.
–¿Cree que desde ahora va a cambiar la relación del Gobierno con la Justicia?
–La relación del Ejecutivo con el Judicial en general y pese a muchas exageraciones, ha sido respetuosa. No dejará de serlo. Si Kirchner o la Presidenta se sintieron molestos alguna vez, bueno, tienen todo el derecho a decirlo y a criticarnos, del mismo modo que como ciudadano me reservé siempre todo el derecho a criticarlos a ellos. Ninguna función pública, por alta que sea, nos priva de los elementales derechos de la ciudadanía. Cuando sienta que pierdo ese derecho me voy y pienso que la misma sensación deben haber sentido Kirchner o la Presidenta cuando algunos pretendieron que no pueden criticarnos.
–¿Qué cambios intuye que va a haber en el Gobierno, en la oposición y los medios?
–Es obvio que va a haber cambios, es un golpe fuerte, la política argentina tiene una dinámica que desafía cualquier imaginación, todo cálculo a mediano plazo deviene fantaciencia y mucho más cuando se produce un hueco de esta magnitud. Se trata de un hueco, una ausencia personal, que es reemplazada de repente por un mito, nadie puede impedir el nacimiento del mito, son cosas que salen del sentimiento y los medios ni nadie puede evitarlo, pero que entran a jugar en la política. No creo que nadie pueda hacer “previsiones muy previsibles”, ahora el sentimiento popular arrastra a la política, más allá e incluso a pesar de los dirigentes. La historia nos demuestra esto.
–¿Pero imagina que el mito bastará para sostener al kirchnerismo?
–No me animo a predecir nada, entran en juego dos planos muy diferentes, el de la realidad y el mítico, interactúan, son acontecimientos que desafían a la imaginación.
–Cuáles son las huellas que considera más destacables de la gestión de Néstor Kirchner?
–Creo que Kirchner restableció la confianza en el país, en el futuro, en la posibilidad de consolidar y ampliar la base de ciudadanía real, en que el Estado social no es un recuerdo del pasado sino una realidad que hay que defender y consolidar, fue la contracara de la última década del siglo pasado.
–¿Sus virtudes y defectos como dirigente?
–Como virtud, su forma de hacer política. Kirchner, igual que Alfonsín, buscaba el trato personal con la gente, no era un político mediático, sino que iba por todos lados y se contactaba con las personas en forma directa, personal. Se movía por todo el territorio. Kirchner y Alfonsín, en este sentido, fueron la antípoda del político-espectáculo, la forma de hacer política que espero cunda en el futuro, a la que hay que volver. ¿Defectos? Bueno, no se los atribuyo a él, en general son los del presidencialismo, es la función que a veces condiciona errores. En lo político, creo que a veces abría demasiados frentes de lucha al mismo tiempo. Aunque en lo personal me parecía un tipo muy capaz para hacer alianzas y tranquilizar a la gente, creo que en ocasiones se fabricaba algunos enemigos innecesarios. Pero no sé, no hablábamos muy frecuentemente, por eso no conozco todas las motivaciones, los detalles, no tengo el cuadro completo de la situación en cada caso. Es sólo una impresión. Pero bueno, ahora es un mito.
–¿En qué está pensando cuando habla de “enemigos innecesarios”?
–Creo que en el caso del llamado conflicto “con el campo” hubo un poco de precipitación, me parece que hablando un poco más con algunos sectores se los podía tener del otro lado. Tal vez me equivoco, es una impresión, por ahí los acontecimientos se precipitaron y no quedó otra alternativa, no viví el conflicto desde adentro, pero pienso que siempre hay que extremar más la posibilidad de negociación.
–De aquellas charlas o encuentros aislados que mencionó que compartió con Kirchner, ¿qué le queda como recuerdo?
–Hablando con Kirchner impresionaba mucho la capacidad de comunicación, tenía una actitud humilde que lo hacía “querible”, instaba a la confianza, era un tipo de posiciones firmes pero nunca arrogante, conseguía que uno se sintiese como si lo hubiese conocido siempre. Traté a varias personas con ribetes de liderazgo. Está el perfil del prócer, tipo De Gaulle; está el del perfil paternal, tipo Alfonsín; Kirchner respondía a un perfil fraternal.
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
J P FEINMANN: MOVILIZARSE
31 de octubre de 2010
OPINION
La transformación del número en fuerza
Por José Pablo Feinmann
1
La sorpresa fue para todos: para los peronistas nacional-populares y para los enemigos del proyecto que esa fuerza impulsa desde 2003 y ha acentuado desde 2008. ¿De dónde salió tanta gente? ¿De dónde salieron todos esos cristinistas? Me suena lindo esto: cristinistas tiene un aire de nuevo, tiene un perfume de mujer exquisito, un feminismo que se asume con fuerza ante los hombres, ante los viejos machos hoy en alevosa retirada y, a la vez, los acepta, porque la mujer que da origen al neologismo es mina, es linda, es independiente y lo fue al lado de un hombre, que se sintió orgulloso justamente por eso: porque tenía a su lado a una mujer inteligente y brillante, que no sólo se le ponía de igual a igual sino que lo exigía, que le pedía todo el tiempo que fuera más y que lo fuera con ella, que le impidiera dejarlo atrás, porque lo amaba y quería seguir adelante con él, por eso cristinismo suena mejor que peronismo y hasta que kirchnerismo, porque suena a independencia, a germinación, a dar a luz ideas, proyectos, osadías, porque las minas no sólo dan a luz hijos de los tipos a los que supuestamente pertenecen (¿hasta cuándo ese “de” infamante para las mujeres, una mujer no es de nadie, es libre, es ella, tiene su nombre y su apellido, hasta cuándo ese “de” burgués del siglo XIX que adosa a las mujeres a los hombres en tanto propiedad privada?; probablemente Cristina conserve el “de Kirchner” para recordarlo, pero es una cuestión política, ella es ella y ahora no tiene otro remedio más que ése: ser lo que siempre fue junto al hombre que eligió: ella, pero ahora sola, con el recuerdo, la memoria y hasta las ideas compartidas y los buenos consejos de él, pero sola), sino que dan a luz sorpresas luminosas que pueden sorprendernos todos los días y mantenernos despiertos, alertas, con los músculos, los nervios y las neuronas tenso/as (¡ese machismo del lenguaje que toma el régimen del masculino para los adjetivos, cuánto hay que cambiar en este perro mundo!). No me volví feminista. Admiro simplemente a las mujeres. Primero: porque son bellas. Segundo: porque hace treinta años que estoy al lado de una compañera bárbara, sin la cual no sería lo que soy ni la mitad de lo que soy, sea lo que mierda sea, porque, en verdad, quién puede saber lo que es si apenas es algo ya es otra cosa, que es la esencia de la libertad, al menos de los que la ejercen y no se anquilosan como idiotas hijos de la TV o de los medios que buscan hacer basura con la gente. (Sugerencia de cambio para la revista Gente: Gente Idiota. Porque Gente es fresca... y pelotuda.)
2
El problema central para el cristinismo es ahora transformar en fuerza militante a la inmensa cantidad de personas que desfilaron ante el féretro de Kirchner. Que nadie crea que alcanzará con haberse dado una vuelta por la Rosada (aunque, lo sé, fue más que eso, pero me interesa ahora marcar otra cosa) para fortalecer el gobierno de Cristina Fernández. Que no lo crean tampoco los líderes que rodean a la Presidenta. Una situación emocional: hombre que muere joven, que llena de culpas a todos los que lo atacaron, a los que cacerolearon contra él en el 2008 (¿cuántos de éstos habrán ido a lavar esa culpa?), a los tacheros que durante todos estos años si abrieron la boca (¡y cómo la abren!, cómo habla el tachero argentino lo quiera o no el pasajero, parecieran militantes de una causa de hierro en la que creen a muerte: odiar a Néstor y Cristina Kirchner) fue para putearlos, hasta a los jóvenes de familias acomodadas que repitieron las palabras de sus padres, que convoca a adherentes emocionales momentáneos, que han ido porque les impresiona la muerte de un tipo joven, a jóvenes, a chicos y chicas, que ahora descubren lo “copado que era el Flaco”, a formidables tenores que te cantan un Ave María que te parte el corazón pero que termina el Ave María y se va y Cristina necesita que siga cantando, cantando al lado de ella, porque la música tiene que seguir, y no sólo el Ave María sino otras músicas, menos tiernas, menos dulces, más agresivas, a la altura de los Himnos de Guerra que día a día los medios entonan desde sus miles de voces bancadas por empresas poderosas, monopolios formados con capitales nacionales e internacionales, con diarios de inmediata e ininterrumpida relación con la Embajada de los Estados Unidos y, a través de ésta, inevitablemente, con la CIA y el FBI, a los que este Gobierno no les gusta nada. ¡Qué enemigos, caramba! ¡Qué fuerza habrá que nuclear!
3
De aquí la propuesta. A no entusiasmarse demasiado con los números. Con las encuestas. Las encuestas no salen a la calle. Los que salieron a la calle a despedir a Kirchner deberán saber que ese compromiso, que esa muestra de amor, deberá prolongarse en política, en militancia. En dolor ante la muerte, si se agota en sí mismo, permanece en el lugar de donde surgió: en la muerte. Hay que transformar ese dolor en militancia. Si Kirchner se definió a sí mismo como un heredero (no violento, como tantos y tantos y tantos) de la militancia juvenil de los setenta, hay que dar forma (con las decenas de miles de jóvenes que seguirán a Cristina a lo largo y lo ancho del país) a una nueva juventud. Que será peronista, o kirchnerista o cristinista. Pero esos jóvenes deberán saber ya (y ya lo saben) que la militancia será territorial y no armada. Se diferenciarán en esto, tajantemente, de los jóvenes de los ’70. Si quieren admirar al Che como símbolo de la rebelión, perfecto. Si lo toman como el héroe y el mártir de la lucha armada y el foco (teoría que le dio un francesito de esos años: Regis Debray y que Guevara perfeccionó y llevó a la práctica, una práctica desastrosa en la que sin duda tuvo la dignidad impecable de morir, de poner su cuerpo al lado de sus ideas, penosamente equivocadas, de aquí que ese cuerpo terminara acribillado por un pobre y asustado soldadito boliviano) el camino será otra vez el del desastre. Si insistimos tanto en la militancia territorial y no en la violencia, es porque la violencia fue un mal camino. Llevó a la muerte a una generación de jóvenes en toda América latina. Pero la militancia territorial ha vuelto a ponerse sobre la mesa de la mejor política. Que ya no se hace a través de los medios. Al ver a esos millones de argentinos (peronistas y no peronistas) desfilar junto a Néstor y abrazar a Cristina con un abrazo-promesa (no te vamos a abandonar) muchos empleados periodísticos de las grandes empresas multinacionales de la comunicación se habrán sentido no sólo defraudados, azorados también. ¿Cómo, y todo el trabajo que hicimos? ¿Y todo lo que le hemos dicho a esta gente durante años? Parece, señores, que no sirvió. Que hay otros canales por donde ahora se filtra la verdad, que la verdad, parece, no la construyen ustedes. Que los sujetos son todavía capaces de un acto libre. Porque fue un ejercicio poderoso de la praxis libre del sujeto haber ido a despedir a Néstor Kirchner. Los sujetos no están sujetados. La rebelión no es inexplicable. Ejercer la libertad fue decirle no a la política omnipresente comunicacional, y salir a la calle, inundar la territorialidad. En el conflicto de la 125 los ínfimos movileros que los medios arrojaban a la calle (conscientes de las órdenes que tenían) preguntaban a los militantes kirchneristas: “¿Viniste por el choripán? ¿En qué medio te trajeron?” Y a los conchetos del otro lado: “¿Nos podría explicar la causa por la que vino hasta aquí?” Del lado concheto, la causa. Del lado de “la negrada peronista”: el choripán o el camión de algún sindicato. De un lado, la libertad de elección. Del otro, la manipulación del aparatismo. ¿Fueron esos movileros a preguntarle a alguno de los que estaban haciendo interminables colas para despedir a un líder popular quién los había traído, si habían venido por el choripán? Sería interesante haberlo intentado. Pero los medios se cuidaron. Se pasmaron. Se sorprendieron hasta el dolor. No todos. Hubo, para mí, una excepción valiosa. Ya llegaré a ese punto.
4
Que la militancia territorial haya ganado otra vez el protagonismo significa que lo más genuino del peronismo (del peronismo del ’45 y el de los ’70) ha regresado. La política territorial exige del militante más que la política mediática. La mediática no le pide nada. Porque los militantes no van a los medios. Van los jetones. Los dirigentes. Y los intelectuales de nombre, los “referentes”. La única posibilidad que tiene el militante es esta hermosa posibilidad que está de nuevo entre nosotros y a la que le damos una bienvenida esperanzada: la territorial. Se gana la calle. Hay que ganar la calle. La política se hace ahora saliendo de casa. Basta de estar eternamente mirando la tele o boludizándose con Internet. El número fue poderoso durante estas jornadas. Pero hay una consigna de John William Cooke que hay que recordar ahora más que nunca: la transformación del número en fuerza. Y ya lo ven: lo nombré a Cooke. ¿Setentismo? No creo: Cooke fue desde jovencito diputado peronista. Además, ¿a quién quieren que cite: a Ivanisevich, a Mendé? (No los conocen. ¡Mejor! Ni los busquen en Internet. Basta de buscar en Internet, por favor. Busquensé un poco a sí mismos. Van a encontrar mayores tesoros. Verdades y no informaciones. Verdades, además, acerca de ustedes. ¿Cuántos encontraron súbitamente su verdad saliendo a la calle el miércoles?) El número ya cumplió su tarea. Los que lloraron a Kirchner y fueron a dar apoyo a su viuda fueron innumerables. Tantos como los que pidieron la renuncia de Cobos. Que no se lo pueda echar porque se aferra a una ley que lo sostiene es una vergüenza moral e institucional. Moral, porque es un mentiroso y un hipócrita. ¡Declaró que Kirchner había sido un gran presidente! Institucional, porque todos saben que ese hombre no está ahí para cumplir con el cargo que ocupa: ser un orgánico de la Presidenta. Un Presidente y un Vice forman una entidad institucional orgánica, que funciona complementándose. ¿Cómo puede ser que este señor sea el jefe de la oposición, que funcione como el cuchillo que pende sobre la cabeza de la Presidenta, que a Kirchner hayan tenido que velarlo en la Casa Rosada y no en el Senado como se veló a la mayoría de los presidentes porque este Senado lo preside un enemigo?
5
La transformación del número en fuerza es la consigna de la hora. ¿Cómo se consigue? Tiene que penetrar en el sujeto libre la necesidad de expresar esa libertad a través de la praxis política. Tiene que surgir la pasión de compartir una causa. De participar de la historia. De sacar el culo de la silla que tenés frente a Internet o frente al televisor. De salir de la soledad a la que el universo mediático te condena. Si te gusta el twitter, seguí. Pero no es lo mismo twittear que mirarle la cara a un compañero. Que verle los ojos. Olerlo. Tocarlo. Abrazarlo, ya en la desdicha o el triunfo. No es lo mismo querer hacer la historia que mirar cómo otros la hacen. No es lo mismo ser protagonista que ser pasivo, inerte, poco o nada.
Addenda: Ya no leo los diarios de la derecha. Si hay algo que vale la pena, alguien siempre me lo dice. Esta vez me dijeron: “Leé la nota que Beatriz Sarlo publicó el jueves 28 en La Nación”. La leí. Dice: “Pensé también en los que formaron el lado intelectual del conglomerado que armó Kirchner. Con ellos he discutido mucho en estos años. Sin embargo, me resulta sencillo ponerme en su lugar. Muchos vienen de una larga militancia en el peronismo de izquierda; vivieron la humillación del menemismo, que fue para ellos una derrota y una gigantesca anomalía, una enfermedad del movimiento popular. Cuando los mayores de este contingente representativo ya pensaban que en sus vidas no habría un renacimiento de la política, Kirchner les abrió el escenario donde creyeron encontrar, nuevamente, los viejos ideales. Pensé que se engañaban, pero eso no borronea la imaginación de su dolor”. Hace muchos años que conozco a Beatriz. Sinceramente creí que el odio había extraviado su inteligencia durante los últimos tiempos. Y lo lamenté, sinceramente también. Esta nota que ha publicado, no sólo por estar al lado de la de un obsesivo y un tipo que me importa lo que pueda importarme un plumero, es de una nobleza excepcional. Si tu mano es una mano tendida, Beatriz, contá con la mía para estrecharla.
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
Imprimir|Regresar a la nota
El país|Domingo, 31 de octubre de 2010
Un flaco como cualquier otro
La nota que se publica a continuación fue escrita a los diez días de la llegada de Néstor Kirchner al poder. A él lo emocionó mucho. Cristina Fernández, siempre que me ve, me la recuerda. Era la simple expresión de un tipo (de un ex militante intelectual de la “generación diezmada”) que expresaba su agrado por el modo en que el nuevo presidente había asumido. Yo no sabía nada de Néstor Kirchner. Con Cristina habíamos presentado el libro de Bonasso Diario de un clandestino. Me senté a su lado y sentí (lo juro) esa tensa pero agradable sensación que se posesiona de uno cuando está cerca de una mujer bonita. Para qué macanear. El miércoles cuando, pálida, con anteojos negros, erguida y digna en su dolor, se plantó ante el féretro de Kirchner la vi todavía más hermosa: parecía una troyana trágica, una figura extraída de Esquilo o de Sófocles.
Por José Pablo Feinmann
El Flaco se llama Néstor, como el Presidente. También podría decirse –sin faltar a la verdad– que el Flaco es el Presidente, porque el Flaco, desde el domingo 25 de mayo de 2003, es el Presidente de este país en que todos estamos y también él; nosotros como ciudadanos, él como Presidente. Pero cuando amaneció el 25 el Flaco todavía no era el Presidente. Le tenían que poner la banda, tenía que jurar, saludar a los granaderos, advertirles a los ministros que Dios y la Patria les iban a demandar algo que jamás le demandaron a nadie, así estamos. Entonces, volvemos: empieza el 25 y el Flaco todavía no es Presidente. Para colmo, le hicieron una trampa muy fea, tan fea como podía hacerla el Gran Tramposo, que se bajó del ballottage y lo bajó al Flaco del 70 por ciento al que, cómodo, llegaba. Porque el Flaco, además de Flaco, es alto, de modo que puede llegar al 70 por ciento y hubiera llegado si no fuera porque el Gran Tramposo, que, entre otras calamidades, es muy petiso, no se hubiera bajado, pero se bajó y no hay quién no sepa por qué, el Gran Tramposo se bajó porque cuando sus Amos le dicen “Suba”, él sube, y cuando le dicen “Baje”, él baja, y esta vez le tocó bajar. Tanto, que ya ni petiso es. Tanto, que lo enterraron. Porque de un petiso podrá decirse cualquier maldad menos una: que no ocupa algún espacio en la realidad, que un cacho del ser no le pertenece, por menguado que sea. Al Gran Tramposo, en cambio, nada, tanto lo bajaron que ya no se lo ve. Y creo que somos muchos los que queremos que siga así: ausente de la realidad durante algún tiempo. De aquí a la eternidad, digamos.
Volvemos al Flaco. Que, la sinceridad ante todo, no se había lucido durante la campaña electoral. Le decían mucho lo de Chirolita. Que Duhalde lo chiroleaba. Que era el Chirolita de Duhalde. Cosas así. Y el Flaco hablaba aquí, hablaba allá, hablaba donde podía, pero no lo escuchaban mucho. Para qué lo voy a escuchar al Flaco –pensaban todos–, si abre la boca y habla Duhalde, para eso lo escucho a Duhalde, que, por suerte, habla poco, ya que la juega de Prócer Prescindente o de Presidente en Tránsito. Y uno no escuchaba a nadie, ni a Duhalde ni al Flaco. Sin embargo, el Flaco lo necesitaba a Duhalde (y seguramente lo sigue necesitando, pero ésta es otra cuestión) porque el Gran Jefe Bonaerense tenía lo único que restaba de un país que se llamaba Argentina, tan hecho polvo, tan amainado que sólo le restaba un aparato, el duhaldista. Y ahí se montó el Flaco, ahí puso el pie, encontró un pedazo de la realidad. Lo menos que se le puede pedir a la realidad –se dijo– es que exista, y aquí ya no existe nada. Están los piqueteros y los asambleístas, de acuerdo. Pero los asambleístas existen porque les dejaron de existir los ahorros, no bien vuelvan los ahorros se van los asambleístas. Y los piqueteros existen pero como pura negación, existen como expulsión, marginación, desechos de un podrido sistema que no puede integrarlos. Hacen lo que pueden y lo hacen bien, pero yo, piensa el Flaco, quiero ser Presidente y ver si desde ahí puedo hacer algo por traerlos de nuevo a ese viejo y venerable circuito que ya no existe, el de la producción. De modo que el Flaco se pregunta qué tiene y tiene dos cosas: el frío patagónico y el aparato de Duhalde. Llega con esas dos cosas. Se banca lo de Chirolita y empuja. Por fin, gana. Pero por descarte. Gana porque el Otro, el Gran Embaucador, se va. O sea, el Flaco, que llegó como Chirolita, que llegó por medio de Otro, del Gran Caudillo Bonaerense, gana por defección de Otro, del Gran Embaucador. No soy yo, se dice. Soy un resultado. Llegué por Otro y gané por Otro. Llegué porque Otro me hizo llegar y gané porque Otro decidió perder. Entonces, en esta feroz encrucijada, el Flaco toma la decisión de su vida. Decide inventarse. Sabe, como el hombre sartreano, que es nada. Pero sabe que esa nada le abre el infinito, la tarea vertiginosa de ser sus posibilidades, de elegirse, de darse el ser. El Flaco, entonces, inventa al Flaco. (Que nadie crea, en este punto, que la referencia a la ontología de Sartre es casual, que surgió porque sí. No, el Flaco es sartreano. Lo es, ante todo, porque tiene que inventarse, elegir, y, eligiéndose, darse el ser. Y también es, el Flaco, sartreano, porque como el Gran Virola francés, el Flaco es el Gran Virola argentino. Se le pianta un ojo. El mismo que al autor de la Crítica de la razón dialéctica, el derecho. Suele creerse que esto es un defecto, una carencia. Pero no, el Virola ve más que el pobre tipo que tiene los dos ojos para el mismo lado. El Virola, con un ojo, ve el Todo. Y con el Otro ve lo que el Todo tiene al Costado. O sea, ve el Todo y su Costado. Que alguien diga si puede ver tanto. Privilegio de pocos ver todo eso, ver el Todo y el Costado. Privilegio de grandes. Como Sartre. Como el Flaco.)
¿En qué momento empieza a inventarse, a crearse, a darse el ser el Flaco? Cuando el Gran Embaucador renuncia. Ahí se pone frente a un micrófono y dice: “Sólo este rostro nos faltaba conocerle: el de la cobardía”. Caramba, qué frase. Algo así no sale del aparato duhaldista. Los aparatos dan muchas cosas. Poder, por ejemplo. Pero no inteligencia, que es, siempre, más que el poder, ya que es su creación y no su mera acumulación burocrática. Después el Flaco va al programa de la Señora que Almuerza. Y la Señora que Almuerza le dice eso tan feo, lo del zurdaje que se viene. Y el Flaco le dice “Señora, por esa frase, murieron treinta mil personas en este país”. Y todos empiezan a decir El Flaco es Zurdo, qué Zurdo es el Flaco, qué Zurdaje se viene, cuánta razón tiene la Señora. Pero el Flaco sigue. Es posible conjeturar, aquí, que el Flaco está acostumbrado a que le digan zurdo.
Ahora es el 25. Y el Flaco hizo venir a cada gente, vea. Gente que, pongamos por caso, si ganaba López Murphy, no venía. Pero ganó el Flaco y vinieron. Fidel, Chávez, Lula, un horror. Una verdadera acumulación de zurdaje. Pero el Flaco los quería tener porque es afecto a los buenos recuerdos y dijo, después, en el discurso, que tenía algunos, algunos buenos recuerdos, el de la plaza del 25 de mayo de 1973, por ejemplo, la de Cámpora, Allende y Dorticós. Y dijo pertenezco a una generación diezmada. Y ahí –los que todavía no se habían dado cuenta, se dieron cuenta para siempre– ¡el Flaco es un Flaco de la Jotapé! El Flaco es un Flaco del setenta. Un Flaco de la izquierda peronista. Y si no, vean esa foto que aparece en los diarios: el Flaco, más flaco que ahora, como declinando en una silla, los brazos cruzados, escucha a dos o tres barbudos, circa 1972, en Río Gallegos, y los dos o tres barbudos son la imagen de la “subversión”, son perucas de izquierda de los más bravos, y por ahí el único que queda de esa foto es el Flaco, que los mira y aprende, y cree que del peronismo puede salir algo así como el socialismo, mirá vos las cosas en que creía el Flaco, si habrá sido joven, si habrá sido gil, creer eso, creer eso en lo que creyó la generación más revolucionaria de la historia de este país, la más castigada, la diezmada, como dijo el Flaco. Creer eso, creer que de un movimiento político con un general nazi a su frente podía salir la lucha de clases y la liberación nacional. Pero hay que comprender: el Flaco, en esos años, no leía a Uki Goñi sino a Fanon, a Cooke, a Jauretche, a Hernández Arregui. Y hasta, me juego, el Flaco leía la revista Envido, la única revista teórica que hizo la izquierda peronista, escrita, desde adentro, por flacos de la misma edad que el flaco, que eran, en ese entonces, tan flacos como él, y tan jóvenes y tan apasionados. Que eran, sin más, la izquierda peronista. Reducida después –por el canallismo ideológico de tantos canallas– a la mera historia de los Montoneros, y luego a la mera historia de Firmenich y Galimberti. Y luego al desprestigio y a la despolitización. Porque todos lloran por los desaparecidos pero olvidan en qué creyeron y por qué.
Y por fin, el domingo, el Flaco gana por goleada. Se come la cancha. Se mete a la gente en el bolsillo. Se hace querer. Se crea sí mismo. Es un flaco como cualquier otro. Cruza hacia el Congreso. Un periodista lo hiere. El Flaco llega al Congreso medio ensangrentado. Jura. Juega con el bastón. Tiene el saco desabrochado. Y ahí está Lula. Y Castro. Y Chávez. Y el Flaco está feliz. Y con un ojo los mira a todos. Y con el otro, con el sartreano, de costadito la mira a Cristina.
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
OPINION
La transformación del número en fuerza
Por José Pablo Feinmann
1
La sorpresa fue para todos: para los peronistas nacional-populares y para los enemigos del proyecto que esa fuerza impulsa desde 2003 y ha acentuado desde 2008. ¿De dónde salió tanta gente? ¿De dónde salieron todos esos cristinistas? Me suena lindo esto: cristinistas tiene un aire de nuevo, tiene un perfume de mujer exquisito, un feminismo que se asume con fuerza ante los hombres, ante los viejos machos hoy en alevosa retirada y, a la vez, los acepta, porque la mujer que da origen al neologismo es mina, es linda, es independiente y lo fue al lado de un hombre, que se sintió orgulloso justamente por eso: porque tenía a su lado a una mujer inteligente y brillante, que no sólo se le ponía de igual a igual sino que lo exigía, que le pedía todo el tiempo que fuera más y que lo fuera con ella, que le impidiera dejarlo atrás, porque lo amaba y quería seguir adelante con él, por eso cristinismo suena mejor que peronismo y hasta que kirchnerismo, porque suena a independencia, a germinación, a dar a luz ideas, proyectos, osadías, porque las minas no sólo dan a luz hijos de los tipos a los que supuestamente pertenecen (¿hasta cuándo ese “de” infamante para las mujeres, una mujer no es de nadie, es libre, es ella, tiene su nombre y su apellido, hasta cuándo ese “de” burgués del siglo XIX que adosa a las mujeres a los hombres en tanto propiedad privada?; probablemente Cristina conserve el “de Kirchner” para recordarlo, pero es una cuestión política, ella es ella y ahora no tiene otro remedio más que ése: ser lo que siempre fue junto al hombre que eligió: ella, pero ahora sola, con el recuerdo, la memoria y hasta las ideas compartidas y los buenos consejos de él, pero sola), sino que dan a luz sorpresas luminosas que pueden sorprendernos todos los días y mantenernos despiertos, alertas, con los músculos, los nervios y las neuronas tenso/as (¡ese machismo del lenguaje que toma el régimen del masculino para los adjetivos, cuánto hay que cambiar en este perro mundo!). No me volví feminista. Admiro simplemente a las mujeres. Primero: porque son bellas. Segundo: porque hace treinta años que estoy al lado de una compañera bárbara, sin la cual no sería lo que soy ni la mitad de lo que soy, sea lo que mierda sea, porque, en verdad, quién puede saber lo que es si apenas es algo ya es otra cosa, que es la esencia de la libertad, al menos de los que la ejercen y no se anquilosan como idiotas hijos de la TV o de los medios que buscan hacer basura con la gente. (Sugerencia de cambio para la revista Gente: Gente Idiota. Porque Gente es fresca... y pelotuda.)
2
El problema central para el cristinismo es ahora transformar en fuerza militante a la inmensa cantidad de personas que desfilaron ante el féretro de Kirchner. Que nadie crea que alcanzará con haberse dado una vuelta por la Rosada (aunque, lo sé, fue más que eso, pero me interesa ahora marcar otra cosa) para fortalecer el gobierno de Cristina Fernández. Que no lo crean tampoco los líderes que rodean a la Presidenta. Una situación emocional: hombre que muere joven, que llena de culpas a todos los que lo atacaron, a los que cacerolearon contra él en el 2008 (¿cuántos de éstos habrán ido a lavar esa culpa?), a los tacheros que durante todos estos años si abrieron la boca (¡y cómo la abren!, cómo habla el tachero argentino lo quiera o no el pasajero, parecieran militantes de una causa de hierro en la que creen a muerte: odiar a Néstor y Cristina Kirchner) fue para putearlos, hasta a los jóvenes de familias acomodadas que repitieron las palabras de sus padres, que convoca a adherentes emocionales momentáneos, que han ido porque les impresiona la muerte de un tipo joven, a jóvenes, a chicos y chicas, que ahora descubren lo “copado que era el Flaco”, a formidables tenores que te cantan un Ave María que te parte el corazón pero que termina el Ave María y se va y Cristina necesita que siga cantando, cantando al lado de ella, porque la música tiene que seguir, y no sólo el Ave María sino otras músicas, menos tiernas, menos dulces, más agresivas, a la altura de los Himnos de Guerra que día a día los medios entonan desde sus miles de voces bancadas por empresas poderosas, monopolios formados con capitales nacionales e internacionales, con diarios de inmediata e ininterrumpida relación con la Embajada de los Estados Unidos y, a través de ésta, inevitablemente, con la CIA y el FBI, a los que este Gobierno no les gusta nada. ¡Qué enemigos, caramba! ¡Qué fuerza habrá que nuclear!
3
De aquí la propuesta. A no entusiasmarse demasiado con los números. Con las encuestas. Las encuestas no salen a la calle. Los que salieron a la calle a despedir a Kirchner deberán saber que ese compromiso, que esa muestra de amor, deberá prolongarse en política, en militancia. En dolor ante la muerte, si se agota en sí mismo, permanece en el lugar de donde surgió: en la muerte. Hay que transformar ese dolor en militancia. Si Kirchner se definió a sí mismo como un heredero (no violento, como tantos y tantos y tantos) de la militancia juvenil de los setenta, hay que dar forma (con las decenas de miles de jóvenes que seguirán a Cristina a lo largo y lo ancho del país) a una nueva juventud. Que será peronista, o kirchnerista o cristinista. Pero esos jóvenes deberán saber ya (y ya lo saben) que la militancia será territorial y no armada. Se diferenciarán en esto, tajantemente, de los jóvenes de los ’70. Si quieren admirar al Che como símbolo de la rebelión, perfecto. Si lo toman como el héroe y el mártir de la lucha armada y el foco (teoría que le dio un francesito de esos años: Regis Debray y que Guevara perfeccionó y llevó a la práctica, una práctica desastrosa en la que sin duda tuvo la dignidad impecable de morir, de poner su cuerpo al lado de sus ideas, penosamente equivocadas, de aquí que ese cuerpo terminara acribillado por un pobre y asustado soldadito boliviano) el camino será otra vez el del desastre. Si insistimos tanto en la militancia territorial y no en la violencia, es porque la violencia fue un mal camino. Llevó a la muerte a una generación de jóvenes en toda América latina. Pero la militancia territorial ha vuelto a ponerse sobre la mesa de la mejor política. Que ya no se hace a través de los medios. Al ver a esos millones de argentinos (peronistas y no peronistas) desfilar junto a Néstor y abrazar a Cristina con un abrazo-promesa (no te vamos a abandonar) muchos empleados periodísticos de las grandes empresas multinacionales de la comunicación se habrán sentido no sólo defraudados, azorados también. ¿Cómo, y todo el trabajo que hicimos? ¿Y todo lo que le hemos dicho a esta gente durante años? Parece, señores, que no sirvió. Que hay otros canales por donde ahora se filtra la verdad, que la verdad, parece, no la construyen ustedes. Que los sujetos son todavía capaces de un acto libre. Porque fue un ejercicio poderoso de la praxis libre del sujeto haber ido a despedir a Néstor Kirchner. Los sujetos no están sujetados. La rebelión no es inexplicable. Ejercer la libertad fue decirle no a la política omnipresente comunicacional, y salir a la calle, inundar la territorialidad. En el conflicto de la 125 los ínfimos movileros que los medios arrojaban a la calle (conscientes de las órdenes que tenían) preguntaban a los militantes kirchneristas: “¿Viniste por el choripán? ¿En qué medio te trajeron?” Y a los conchetos del otro lado: “¿Nos podría explicar la causa por la que vino hasta aquí?” Del lado concheto, la causa. Del lado de “la negrada peronista”: el choripán o el camión de algún sindicato. De un lado, la libertad de elección. Del otro, la manipulación del aparatismo. ¿Fueron esos movileros a preguntarle a alguno de los que estaban haciendo interminables colas para despedir a un líder popular quién los había traído, si habían venido por el choripán? Sería interesante haberlo intentado. Pero los medios se cuidaron. Se pasmaron. Se sorprendieron hasta el dolor. No todos. Hubo, para mí, una excepción valiosa. Ya llegaré a ese punto.
4
Que la militancia territorial haya ganado otra vez el protagonismo significa que lo más genuino del peronismo (del peronismo del ’45 y el de los ’70) ha regresado. La política territorial exige del militante más que la política mediática. La mediática no le pide nada. Porque los militantes no van a los medios. Van los jetones. Los dirigentes. Y los intelectuales de nombre, los “referentes”. La única posibilidad que tiene el militante es esta hermosa posibilidad que está de nuevo entre nosotros y a la que le damos una bienvenida esperanzada: la territorial. Se gana la calle. Hay que ganar la calle. La política se hace ahora saliendo de casa. Basta de estar eternamente mirando la tele o boludizándose con Internet. El número fue poderoso durante estas jornadas. Pero hay una consigna de John William Cooke que hay que recordar ahora más que nunca: la transformación del número en fuerza. Y ya lo ven: lo nombré a Cooke. ¿Setentismo? No creo: Cooke fue desde jovencito diputado peronista. Además, ¿a quién quieren que cite: a Ivanisevich, a Mendé? (No los conocen. ¡Mejor! Ni los busquen en Internet. Basta de buscar en Internet, por favor. Busquensé un poco a sí mismos. Van a encontrar mayores tesoros. Verdades y no informaciones. Verdades, además, acerca de ustedes. ¿Cuántos encontraron súbitamente su verdad saliendo a la calle el miércoles?) El número ya cumplió su tarea. Los que lloraron a Kirchner y fueron a dar apoyo a su viuda fueron innumerables. Tantos como los que pidieron la renuncia de Cobos. Que no se lo pueda echar porque se aferra a una ley que lo sostiene es una vergüenza moral e institucional. Moral, porque es un mentiroso y un hipócrita. ¡Declaró que Kirchner había sido un gran presidente! Institucional, porque todos saben que ese hombre no está ahí para cumplir con el cargo que ocupa: ser un orgánico de la Presidenta. Un Presidente y un Vice forman una entidad institucional orgánica, que funciona complementándose. ¿Cómo puede ser que este señor sea el jefe de la oposición, que funcione como el cuchillo que pende sobre la cabeza de la Presidenta, que a Kirchner hayan tenido que velarlo en la Casa Rosada y no en el Senado como se veló a la mayoría de los presidentes porque este Senado lo preside un enemigo?
5
La transformación del número en fuerza es la consigna de la hora. ¿Cómo se consigue? Tiene que penetrar en el sujeto libre la necesidad de expresar esa libertad a través de la praxis política. Tiene que surgir la pasión de compartir una causa. De participar de la historia. De sacar el culo de la silla que tenés frente a Internet o frente al televisor. De salir de la soledad a la que el universo mediático te condena. Si te gusta el twitter, seguí. Pero no es lo mismo twittear que mirarle la cara a un compañero. Que verle los ojos. Olerlo. Tocarlo. Abrazarlo, ya en la desdicha o el triunfo. No es lo mismo querer hacer la historia que mirar cómo otros la hacen. No es lo mismo ser protagonista que ser pasivo, inerte, poco o nada.
Addenda: Ya no leo los diarios de la derecha. Si hay algo que vale la pena, alguien siempre me lo dice. Esta vez me dijeron: “Leé la nota que Beatriz Sarlo publicó el jueves 28 en La Nación”. La leí. Dice: “Pensé también en los que formaron el lado intelectual del conglomerado que armó Kirchner. Con ellos he discutido mucho en estos años. Sin embargo, me resulta sencillo ponerme en su lugar. Muchos vienen de una larga militancia en el peronismo de izquierda; vivieron la humillación del menemismo, que fue para ellos una derrota y una gigantesca anomalía, una enfermedad del movimiento popular. Cuando los mayores de este contingente representativo ya pensaban que en sus vidas no habría un renacimiento de la política, Kirchner les abrió el escenario donde creyeron encontrar, nuevamente, los viejos ideales. Pensé que se engañaban, pero eso no borronea la imaginación de su dolor”. Hace muchos años que conozco a Beatriz. Sinceramente creí que el odio había extraviado su inteligencia durante los últimos tiempos. Y lo lamenté, sinceramente también. Esta nota que ha publicado, no sólo por estar al lado de la de un obsesivo y un tipo que me importa lo que pueda importarme un plumero, es de una nobleza excepcional. Si tu mano es una mano tendida, Beatriz, contá con la mía para estrecharla.
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
Imprimir|Regresar a la nota
El país|Domingo, 31 de octubre de 2010
Un flaco como cualquier otro
La nota que se publica a continuación fue escrita a los diez días de la llegada de Néstor Kirchner al poder. A él lo emocionó mucho. Cristina Fernández, siempre que me ve, me la recuerda. Era la simple expresión de un tipo (de un ex militante intelectual de la “generación diezmada”) que expresaba su agrado por el modo en que el nuevo presidente había asumido. Yo no sabía nada de Néstor Kirchner. Con Cristina habíamos presentado el libro de Bonasso Diario de un clandestino. Me senté a su lado y sentí (lo juro) esa tensa pero agradable sensación que se posesiona de uno cuando está cerca de una mujer bonita. Para qué macanear. El miércoles cuando, pálida, con anteojos negros, erguida y digna en su dolor, se plantó ante el féretro de Kirchner la vi todavía más hermosa: parecía una troyana trágica, una figura extraída de Esquilo o de Sófocles.
Por José Pablo Feinmann
El Flaco se llama Néstor, como el Presidente. También podría decirse –sin faltar a la verdad– que el Flaco es el Presidente, porque el Flaco, desde el domingo 25 de mayo de 2003, es el Presidente de este país en que todos estamos y también él; nosotros como ciudadanos, él como Presidente. Pero cuando amaneció el 25 el Flaco todavía no era el Presidente. Le tenían que poner la banda, tenía que jurar, saludar a los granaderos, advertirles a los ministros que Dios y la Patria les iban a demandar algo que jamás le demandaron a nadie, así estamos. Entonces, volvemos: empieza el 25 y el Flaco todavía no es Presidente. Para colmo, le hicieron una trampa muy fea, tan fea como podía hacerla el Gran Tramposo, que se bajó del ballottage y lo bajó al Flaco del 70 por ciento al que, cómodo, llegaba. Porque el Flaco, además de Flaco, es alto, de modo que puede llegar al 70 por ciento y hubiera llegado si no fuera porque el Gran Tramposo, que, entre otras calamidades, es muy petiso, no se hubiera bajado, pero se bajó y no hay quién no sepa por qué, el Gran Tramposo se bajó porque cuando sus Amos le dicen “Suba”, él sube, y cuando le dicen “Baje”, él baja, y esta vez le tocó bajar. Tanto, que ya ni petiso es. Tanto, que lo enterraron. Porque de un petiso podrá decirse cualquier maldad menos una: que no ocupa algún espacio en la realidad, que un cacho del ser no le pertenece, por menguado que sea. Al Gran Tramposo, en cambio, nada, tanto lo bajaron que ya no se lo ve. Y creo que somos muchos los que queremos que siga así: ausente de la realidad durante algún tiempo. De aquí a la eternidad, digamos.
Volvemos al Flaco. Que, la sinceridad ante todo, no se había lucido durante la campaña electoral. Le decían mucho lo de Chirolita. Que Duhalde lo chiroleaba. Que era el Chirolita de Duhalde. Cosas así. Y el Flaco hablaba aquí, hablaba allá, hablaba donde podía, pero no lo escuchaban mucho. Para qué lo voy a escuchar al Flaco –pensaban todos–, si abre la boca y habla Duhalde, para eso lo escucho a Duhalde, que, por suerte, habla poco, ya que la juega de Prócer Prescindente o de Presidente en Tránsito. Y uno no escuchaba a nadie, ni a Duhalde ni al Flaco. Sin embargo, el Flaco lo necesitaba a Duhalde (y seguramente lo sigue necesitando, pero ésta es otra cuestión) porque el Gran Jefe Bonaerense tenía lo único que restaba de un país que se llamaba Argentina, tan hecho polvo, tan amainado que sólo le restaba un aparato, el duhaldista. Y ahí se montó el Flaco, ahí puso el pie, encontró un pedazo de la realidad. Lo menos que se le puede pedir a la realidad –se dijo– es que exista, y aquí ya no existe nada. Están los piqueteros y los asambleístas, de acuerdo. Pero los asambleístas existen porque les dejaron de existir los ahorros, no bien vuelvan los ahorros se van los asambleístas. Y los piqueteros existen pero como pura negación, existen como expulsión, marginación, desechos de un podrido sistema que no puede integrarlos. Hacen lo que pueden y lo hacen bien, pero yo, piensa el Flaco, quiero ser Presidente y ver si desde ahí puedo hacer algo por traerlos de nuevo a ese viejo y venerable circuito que ya no existe, el de la producción. De modo que el Flaco se pregunta qué tiene y tiene dos cosas: el frío patagónico y el aparato de Duhalde. Llega con esas dos cosas. Se banca lo de Chirolita y empuja. Por fin, gana. Pero por descarte. Gana porque el Otro, el Gran Embaucador, se va. O sea, el Flaco, que llegó como Chirolita, que llegó por medio de Otro, del Gran Caudillo Bonaerense, gana por defección de Otro, del Gran Embaucador. No soy yo, se dice. Soy un resultado. Llegué por Otro y gané por Otro. Llegué porque Otro me hizo llegar y gané porque Otro decidió perder. Entonces, en esta feroz encrucijada, el Flaco toma la decisión de su vida. Decide inventarse. Sabe, como el hombre sartreano, que es nada. Pero sabe que esa nada le abre el infinito, la tarea vertiginosa de ser sus posibilidades, de elegirse, de darse el ser. El Flaco, entonces, inventa al Flaco. (Que nadie crea, en este punto, que la referencia a la ontología de Sartre es casual, que surgió porque sí. No, el Flaco es sartreano. Lo es, ante todo, porque tiene que inventarse, elegir, y, eligiéndose, darse el ser. Y también es, el Flaco, sartreano, porque como el Gran Virola francés, el Flaco es el Gran Virola argentino. Se le pianta un ojo. El mismo que al autor de la Crítica de la razón dialéctica, el derecho. Suele creerse que esto es un defecto, una carencia. Pero no, el Virola ve más que el pobre tipo que tiene los dos ojos para el mismo lado. El Virola, con un ojo, ve el Todo. Y con el Otro ve lo que el Todo tiene al Costado. O sea, ve el Todo y su Costado. Que alguien diga si puede ver tanto. Privilegio de pocos ver todo eso, ver el Todo y el Costado. Privilegio de grandes. Como Sartre. Como el Flaco.)
¿En qué momento empieza a inventarse, a crearse, a darse el ser el Flaco? Cuando el Gran Embaucador renuncia. Ahí se pone frente a un micrófono y dice: “Sólo este rostro nos faltaba conocerle: el de la cobardía”. Caramba, qué frase. Algo así no sale del aparato duhaldista. Los aparatos dan muchas cosas. Poder, por ejemplo. Pero no inteligencia, que es, siempre, más que el poder, ya que es su creación y no su mera acumulación burocrática. Después el Flaco va al programa de la Señora que Almuerza. Y la Señora que Almuerza le dice eso tan feo, lo del zurdaje que se viene. Y el Flaco le dice “Señora, por esa frase, murieron treinta mil personas en este país”. Y todos empiezan a decir El Flaco es Zurdo, qué Zurdo es el Flaco, qué Zurdaje se viene, cuánta razón tiene la Señora. Pero el Flaco sigue. Es posible conjeturar, aquí, que el Flaco está acostumbrado a que le digan zurdo.
Ahora es el 25. Y el Flaco hizo venir a cada gente, vea. Gente que, pongamos por caso, si ganaba López Murphy, no venía. Pero ganó el Flaco y vinieron. Fidel, Chávez, Lula, un horror. Una verdadera acumulación de zurdaje. Pero el Flaco los quería tener porque es afecto a los buenos recuerdos y dijo, después, en el discurso, que tenía algunos, algunos buenos recuerdos, el de la plaza del 25 de mayo de 1973, por ejemplo, la de Cámpora, Allende y Dorticós. Y dijo pertenezco a una generación diezmada. Y ahí –los que todavía no se habían dado cuenta, se dieron cuenta para siempre– ¡el Flaco es un Flaco de la Jotapé! El Flaco es un Flaco del setenta. Un Flaco de la izquierda peronista. Y si no, vean esa foto que aparece en los diarios: el Flaco, más flaco que ahora, como declinando en una silla, los brazos cruzados, escucha a dos o tres barbudos, circa 1972, en Río Gallegos, y los dos o tres barbudos son la imagen de la “subversión”, son perucas de izquierda de los más bravos, y por ahí el único que queda de esa foto es el Flaco, que los mira y aprende, y cree que del peronismo puede salir algo así como el socialismo, mirá vos las cosas en que creía el Flaco, si habrá sido joven, si habrá sido gil, creer eso, creer eso en lo que creyó la generación más revolucionaria de la historia de este país, la más castigada, la diezmada, como dijo el Flaco. Creer eso, creer que de un movimiento político con un general nazi a su frente podía salir la lucha de clases y la liberación nacional. Pero hay que comprender: el Flaco, en esos años, no leía a Uki Goñi sino a Fanon, a Cooke, a Jauretche, a Hernández Arregui. Y hasta, me juego, el Flaco leía la revista Envido, la única revista teórica que hizo la izquierda peronista, escrita, desde adentro, por flacos de la misma edad que el flaco, que eran, en ese entonces, tan flacos como él, y tan jóvenes y tan apasionados. Que eran, sin más, la izquierda peronista. Reducida después –por el canallismo ideológico de tantos canallas– a la mera historia de los Montoneros, y luego a la mera historia de Firmenich y Galimberti. Y luego al desprestigio y a la despolitización. Porque todos lloran por los desaparecidos pero olvidan en qué creyeron y por qué.
Y por fin, el domingo, el Flaco gana por goleada. Se come la cancha. Se mete a la gente en el bolsillo. Se hace querer. Se crea sí mismo. Es un flaco como cualquier otro. Cruza hacia el Congreso. Un periodista lo hiere. El Flaco llega al Congreso medio ensangrentado. Jura. Juega con el bastón. Tiene el saco desabrochado. Y ahí está Lula. Y Castro. Y Chávez. Y el Flaco está feliz. Y con un ojo los mira a todos. Y con el otro, con el sartreano, de costadito la mira a Cristina.
© 2000-2010 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
