IX Foro Social Mundial (Belém do Pará, enero 2009)
11-01-2009
Pará (Brasil) se prepara para recibir el Foro Social Mundial
Maurício Thuswohl
Carta Maior
Faltando poco más de un mes para el inicio de la próxima edición del Foro Social Mundial, son prioridades del gobierno del Estado de Pará el establecimiento de una agenda común con los movimientos sociales y la adecuación logística de Belém para recibir a cerca de 100 mil personas. El evento ocurrirá entre el 27 de enero y el 1° de febrero del 2009.
Faltando poco más de un mes para el inicio de la próxima edición del Foro Social Mundial, el Gobierno de Pará finaliza los preparativos para crear las condiciones políticas y de infraestructura necesarias para recibir a las 100 mil personas que deben llegar a Belém para el evento, que se desarrollará entre el 27 de enero y el 1º de febrero. Entre los principales desafíos que deberá enfrentar la organización del FSM están el establecimiento de una efectiva colaboración entre el poder público y los movimientos sociales para lograr construir una agenda política común y la adecuación logística de Belém para recibir al mayor evento político mundial de la izquierda.
Designada por la gobernadora Ana Júlia Carepa para coordinar la organización del FSM 2009, la secretaria de Gobierno, Ana Cláudia Cardoso, afirma que la mayor aproximación entre el gobierno del Estado y las organizaciones del movimiento social nacionales y paraenses ya constituye una conquista provocada por el Foro: "Cuando iniciamos las discusiones sobre el FSM, hace un año, tuvimos algunos problemas, porque el gobierno presentó una pauta y los movimientos entendieron que nosotros estábamos, de alguna manera, queriendo competir con ellos. En ese momento quedó claro para nosotros, del gobierno, cuál es el papel del Estado: el movimiento social es el protagonista y nosotros somos los apoyadores", dice.A partir de ese momento, cuenta Ana Cláudia, se organizaron diversas reuniones durante las cuales los movimientos plantearon sus necesidades y prioridades políticas: "Nos dimos cuenta de que había una tarea muy clara a ser cumplida por parte del gobierno, que era la de articular las demandas e intentar mediar la lista de esas demandas con quienes pudieran atenderlas. El Gobierno de Pará contribuyó en un aspecto: en ninguna otra edición del Foro hubo ese nivel de organización en términos de concentrar las demandas y lograr que fuesen trabajadas por el gobierno y por las entidades federales".Ana Cláudia afirma que el gobierno del Estado pretende realizar, durante el FSM, un balance de sus acciones en lo referente a las pautas presentadas por los movimientos: "Esa fue una demanda de los movimientos que nosotros asumimos. El gobierno estará planteando, con mucha transparencia, sus acciones, y mostrando que se están logrando avances en el sentido de atender expectativas y supuestos de los movimientos en diversos aspectos que serán debatidos en el Foro, como medio ambiente, derechos humanos, minería, etc".El movimiento social de Pará, según Ana Cláudia, podrá dar un salto organizativo tras el FSM: "Queremos que en el Foro se articulen redes entre las organizaciones. Vivimos un momento de ruptura en la economía mundial, estamos caminando hacia otro paradigma y el Foro viabilizará, para el movimiento social de Pará, la discusión sobre cómo se incorpora la sociedad a esa nueva dinámica que será establecida", dice.Hospedaje solidario El Gobierno de Pará quiere garantizar la infraestructura adecuada para la realización del FSM en aspectos como hospedaje, transporte, salud y seguridad pública. Una de las iniciativas que deberán ser adoptadas es el hospedaje solidario, concepto utilizado en las ediciones anteriores del Foro: "Belém sólo tiene ocho mil camas en la red hotelera, pero nosotros sabemos que la población que viene al Foro tal vez de todas maneras quedaría fuera de ese mercado. Entonces, con la iniciativa del hospedaje solidario, a través del cual habitantes de la ciudad cederán habitaciones, logramos ampliar ese número a 30 mil camas ", revela Ana Cláudia Cardoso.También serán utilizadas otras alternativas de hospedaje: "Casas de veraneo en áreas como la Ilha do Mosqueiro serán destinadas a esto, y estamos apostando en los alojamientos que están programados al interior del Foro, como los campamentos que serán organizados por la juventud, por los quilombolas, por los indígenas y por las comunidades rurales", dice la secretaria de Gobierno. También habrá alojamientos en las universidades y en diversas escuelas: "El Colegio Nazaré, por ejemplo, reservó mil lugares para recibir a integrantes de colegios maristas de todo Brasil".Transporte alternativo En cuanto a transporte, afirma Ana Cláudia, la orden es utilizar las potencialidades de Belém: "Estamos estimulando algunas estrategias. Hubo toda una coordinación con la Capitanía de los Puertos y la Marina de Brasil para que sea viable que lleguen embarcaciones y que aprovechemos la costa de Belém tanto para garantizar soluciones de movilidad con rutas alternativas, como para que puedan atracar. Estamos trabajando eso desde el punto de vista de la seguridad y también de la logística", dice."Vamos a mejorar los puntos de acceso por carreteras, aerovías e hidrovías y estableceremos rutas para que esos puntos se comuniquen. Además, estamos renovando el asfalto y arreglando la principal vía de Belém, que es la Avenida Perimetral, y viabilizando la ruta alternativa por hidrovía de la Universidad Federal de Pará hasta Mosqueiro. El gobierno tiene la expectativa de que eso pueda absorber a ese contingente de personas que llegará a la ciudad", dice la secretaria.Las cosas habrían sido más fáciles, en lo que se refiere a los transportes, si hubiera habido colaboración entre los gobiernos del Estado y el municipal: "La relación con la Prefectura de Belém no fue muy fácil. Lo ideal, por ejemplo, sería que tuviéramos una ruta de ómnibus especial para atender a los participantes del Foro, pero eso es una prerrogativa del municipio, que debe otorgar la concesión, y no se ha resuelto", dice Ana Cláudia.Seguridad y salud Para garantizar la seguridad del FSM, el gobierno del Estado cuenta con el apoyo del Ministerio de la Justicia: "El ministerio destinó recursos para trabajar la comunicación, inteligencia, defensa civil, etc. Eso trae a Pará nuevos equipos, como ambulancias, lanchas, automóviles e instrumentos para la protección de los policías. Todo ese equipo permanecerá aquí después del Foro. También fueron destinados recursos para el entrenamiento de los agentes policiales en el ámbito de las relaciones públicas, para que éstos puedan recibir al público del Foro", dice Ana Cláudia.El Ministerio de la Salud también envió recursos al gobierno de Pará: "Solicitamos ayuda para el sector de la salud porque aquí existe el riesgo de enfermedades endémicas, como dengue y malaria. Los recursos también sirvieron para que pudiéramos hacer con que sea viable atender a eventuales emergencias durante el Foro. El gobierno del Estado está contribuyendo con la parte de las inversiones - remodelando unidades de atención y un hospital - y el Ministerio de la Salud participa con toda la parte de costeo, como medicamentos, fondos para pago de personal, etc.", dice la secretaria.
http://www.cartamaior.com.br/templates/materiaMostrar.cfm?materia_id=15427
domingo, 11 de enero de 2009
27 de Enero 2009 : IX FORO SOCIAL MUNDIAL
viernes, 9 de enero de 2009
OMAR ACHA : El marxismo de derecha.
El marxismo de derecha: elementos para su definición y crítica
Autor: Omar Acha* **
Este artículo está destinado a discutir una dificultad en el marxismo actual, o más exactamente, dentro del complejo, conflictivo e incierto territorio que denominamos marxismo. Su redacción fue estimulada por el contraste entre algunas de sus formas concretas y la distancia que se percibe con los principios de la política de izquierda. En otras palabras, por la evidencia de una colonización derechista del marxismo. Para dar cuenta del fenómeno es necesario explicarlo, fecharlo y describirlo. Aquí sólo podré ofrecer una perspectiva esquemática, anticipatoria de una investigación en curso.
El punto de partida conceptual de este ensayo se legitima en la distinción entre dos términos: marxismo e izquierda. No se trata de sinónimos, porque se puede ser de izquierda sin ser marxista. Por ejemplo, esto es habitual en el anarquismo. O también en algunas versiones del cristianismo de liberación y del feminismo. El campo de la izquierda es más extenso que el marxismo. Pero, ¿se puede ser marxista sin ser de izquierda? Esa es justamente la brecha donde introduzco mi querella: sostengo que sí, que existe un marxismo de derecha.
La tesis que defenderé afirma que en la situación teórica y política contemporánea existe un tenaz marxismo de derecha, rastreable también en la historia del movimiento revolucionario socialista. De manera subsidiaria se verá la distancia con la alternativa de hallar una actitud de derecha en el marxismo. La argumentación seguirá el siguiente periplo: primero, justificaré la relevancia del concepto de "derecha" e "izquierda"; segundo, describiré las formas que adoptó en el pasado y adquiere hoy en el marxismo, subrayando las de orden contemporáneo; tercero, propondré su crítica. Mi conclusión dirá que la existencia predominante de un marxismo de derecha es el indicio más evidente del carácter actual de la crisis del pensamiento y práctica marxistas. En el tramo final explicaré por qué, en mi sentir, la neutralización del marxismo de derecha y la desderechización del marxismo es una condición previa a toda refiguración creativa de la política socialista.
Dos palabras sobre derecha e izquierda
Es habitual plantear la dificultad del trazado de una delimitación nítida entre izquierda y derecha. Sobre todo eso vale para las ideologías y movimientos políticos. Por ejemplo: ¿es el peronismo de izquierda o de derecha? ¿Contiene a ambas orientaciones? O bien: ¿era Américo Ghioldi un socialista de derecha?
Las denominaciones de centro-izquierda y centro-derecha parecen decretar el fin de la utilidad de la distinción. Incluso desde sectores que en el viejo lenguaje se situarían en la izquierda, se llegó a proponer una superación o una "tercera vía", pues las políticas tradicionales de izquierda fueron consideradas insuficientes.
No obstante estas objeciones corrientes, la relevancia de la distinción izquierda-derecha sobrevive a los múltiples ataques y refiguraciones. Las negaciones de su pertinencia se revelan pronto limitadas. Sucede como si la diferencia entre ambas orientaciones se reintrodujera estructuralmente, incluso si sus rasgos sufren ciertas transformaciones.
¿Cómo definir una política o ideología de derecha? El nacimiento de la derecha, como el de la denominación de izquierda, tuvo lugar durante el primer tramo de la Revolución Francesa. La derecha se caracterizó por su resistencia al cambio radical, profundo, o a toda innovación en tanto que tal. Pronto se consolidó un perfil más claro. Se entendió que la derecha aboga por la defensa de la autoridad establecida y de las tradiciones antiguas. Para la derecha el igualitarismo contravenía la diferencia jerárquica entre las personas y los "estados" sociales, y un exceso de libertad conducía a la anarquía. Naturalmente, la derecha adquirió su perfil en combate con una izquierda que aspiraba a una destruccción de las desigualdades sistemáticas de la sociedad feudal y de la religión católica. La derecha fue al principio la postura de quienes tenían que defender sus privilegios, mientras que la izquierda se nutrió de las nacientes clases bajas.
Los rasgos definitorios de la derecha se fueron modificando al calor de la historia. Por ejemplo, hoy no es evidente que la derecha esté claramente orientada a la defensa del pasado. No es siempre reaccionaria, como sí lo fue cuando el comunismo "real" competía con el capitalismo. Después del derrumbe del bloque soviético, la derecha pudo hacerse modernizante, no sólo en los países ex comunistas, sino en el mundo. Véase por caso la ideología de Mauricio Macri, un representante inequívoco de la derecha argentina. Pues bien, Macri utiliza un discurso de modernización, a veces tecnologicista, incluso si lleva adelante políticas antipopulares, representativas de ciertos grupos capitalistas concentrados. Lo importante aquí es que su ideología muestra las vicisitudes del contenido nocional de lo que se entiende por derecha. Lo mismo podría decirse de las evoluciones de la izquierda. En efecto, antes la izquierda estaba orientada hacia el futuro, hacia la revolución, hacia el progreso. Hoy, al menos en sectores muy significativos, parece apresada en el pasado, sueña con los modelos revolucionarios de antaño, es nostálgica de lo ido.
Para estas notas preliminares es suficiente señalar una definición actual de izquierda, que será utilizada para comprender algunas transformaciones históricas y la situación contemporánea del marxismo. Luego del siglo XX, una concepción deseable de la izquierda debe conciliar la lucha por la igualdad, la libertad, la democracia de base, la autonomía, la diversidad y la protección de la naturaleza. Son incompatibles con esos principios la defensa del capitalismo, del racismo y la xenofobia, del machismo y las jerarquías de sexualidad, del tradicionalismo, del autoritarismo, de la destrucción de los recursos naturales. ¿Se trata de una elucidación antojadiza? En todo caso, es la grilla de lectura eficiente en la tesis que se defenderá, sin duda sometible a debate. Su arbitrariedad no es inoportuna porque es propuesta para discutir, justamente, qué valores merecen ser defendidos desde la izquierda.
Orígenes teóricos y políticos del marxismo de derecha
Una reflexión superficial sugiere que el marxismo es, por definición, una ideología de izquierda. ¿Por qué? Porque el marxismo retoma las reivindicaciones de la izquierda burguesa y pequeño-burguesa de los siglos XVIII y XIX (al menos hasta 1848 en Europa), y las radicaliza para la época de consolidación del capitalismo. Al transformarlas en una perspectiva ligada a la clase productora de plusvalía en las sociedades industrializadas, el marxismo va más allá de las exigencias "democráticas". Los reclamos de libertad individual, separación entre iglesia y estado, voto democrático, propios de la era de las revoluciones burguesas, son superados en el tiempo de las revoluciones proletarias. Entonces son refiguradas las demandas democráticas burguesas, pues junto a ellas ingresan a la agenda de la izquierda nuevas aspiraciones que comprenden reformas y exigencias incompatibles con la sociedad capitalista: socialización de los medios de producción, reducción al mínimo del poder estatal, democracia popular. No obstante, estas exigencias, con matices, fueron defendidas por al anarquismo, el socialismo y el comunismo. El marxismo es una de las teorías fundamentales para el sostén de conocimiento y de doctrina de esa nueva fase de la izquierda o, si se quiere, de la extrema izquierda.
El marxismo nació como una crítica de la economía política, pero al mismo tiempo quiso ser una teoría de la sociedad. En efecto, contra Hegel, Marx pensaba que lo fundamental ocurría en la "sociedad civil" (entendía por esto el sistema de clases sociales y el mundo del mercado) antes que en el estado. Muchas veces se señaló el extravío de Marx al proponer la imagen arquitectónica de una base estructural, compuesta por la contradicción del desarrollo de las fuerzas productivas proliferantes y las relaciones sociales de producción tendencialmente estables. Sobre la contradicción se asentaría una diversidad de realidades políticas, sociales y culturales. En realidad, el conocido pasaje de la Contribución a la crítica de la economía política de 1859 era necesario, si es que, como se ha dicho, es preciso respetar el otro aspecto del marxismo, que es la praxis revolucionaria. En efecto, si el marxismo es sólo una crítica, ¿cómo se realiza el pasaje a la acción, a la política? Allí Marx se encontró con el límite de su propio pensamiento. Marx no era economicista, porque en realidad en la economía residía la esencia del todo social. Es cierto que hay iluminadores escritos marxianos sobre la política. Pensemos en El XVIII Brumario o en los escritos sobre la Comuna de París o el Programa de Gotha. Pero fueron textos de intervención concreta en la práctica política o escritos periodísticos recopilados en forma de libro. A él no le estaba dado pensar que el socialismo era una construcción de dificultad específica, pues viviendo dos generaciones después de la Revolución Francesa creía que de las crisis se salía con transformaciones radicales. Fueron otras generaciones de socialistas quienes enfrentaron la evidencia de que el capitalismo no estaba condenado a derrumbarse y la ideología burguesa a reducirse ante la evidencia de la pauperización masiva.
El subdesarrollo del pensamiento político marxista permitió que se introdujeran subrepticiamente elementos de derecha en su seno. Como no había nociones sólidas para detectarlos, pasaron desapercibidos y perduraron.
El fin del siglo XIX fue ingrato para los devotos del marxismo, porque se hizo claro que el capitalismo no estaba autodestruyéndose. Enfrentando el revisionismo evolucionista de Eduard Bernstein, los revolucionarios Karl Kautsky y Lenin produjeron un desplazamiento radical del campo del marxismo, que pasó de la sociedad civil y la economía a la política y el estado. Lenin y Kautsky aceptaron la imposibilidad de derivar la política revolucionaria de las contradicciones económicas, pero no siguieron el consejo reformista de Bernstein. Propusieron soluciones distintas para defender la perspectiva de un cambio radical. Éste ya no se daría por el derrumbe de la economía, sino por una transformación política.
Kautsky sostenía que el partido socialista en el estado debía propender a un desarrollo de la cultura política socialista, favorecida por reformas sociales, pero sin perder de vista el quiebre del capitalismo. Lenin era antiparlamentarista. El agente revolucionario era el partido político, que proveería a la clase obrera en lucha económica de una orientación estratégica socialista. Lo común en ambos era el "sustituismo" que se resignaba a expresar los intereses de la clase obrera que sola no superaría el límite de la lucha sindical.
Interesa destacar que para dar cuenta de las exigencias de la época, ambos revisaron de manera desigual, pero en todos los casos con profundidad, distintos aspectos del marxismo heredado. Kautsky y Lenin fueron los verdaderos "revisionistas" porque situaron la estrategia socialista en el terreno político. Instituyeron una visión vertical de la política revolucionaria. Determinaron que no eran las mayorías populares las que debían conducir la revolución social deseable. Al depositar la claridad marxista en el partido, naturalmente que con importantes matices entre ambos, sentaron las bases de una expropiación de la voluntad política de la clase obrera. Instalaron la noción de un credo marxista que no debía ser "revisado". El costo de la ortodoxia marxista reclamada por Kautsky y Lenin fue alto. Para neutralizar toda desviación del marxismo lo entendieron como una teoría total. Fueron respuestas distintas a una de las crisis del marxismo. Por el momento sus derivas de derecha no fueron predominantes, pero ya eran perceptibles, tal como lo hizo el joven Trotsky al advertir del peligro dictatorial de la primera formulación del leninismo.
La Revolución Rusa amortiguó durante algunos años el examen de las derivas autoritarias de la reconfiguración leninista del marxismo, que convivía con una vocación de izquierda revolucionaria sostenida en condiciones de lucha extremadamente duras. El proceso social ruso en 1917 constriñó a los bolcheviques a modificar sus perspectivas y les impuso renovar una agenda de izquierda. Con su enorme olfato político, Lenin lo vio bien en sus Tesis de Abril, mientras el resto del partido seguía con su visión conservadora de los dogmas establecidos y no supo percibir la significación revolucionaria de los soviets. Ante eso Kautsky se hizo reactivo, por no decir reaccionario, porque sólo vio la entronización del estatismo. Pocos años más tarde, hacia 1924, Stalin parió un marxismo de derecha con todas las letras y justificaciones.
A partir de allí, otras crisis del marxismo repetirían la visión dogmática de un marxismo conservador, incluso si en muchos casos se sostenía en una crítica del estalinismo. Buena parte de la historia del marxismo posterior se vertebró en la doble lucha contra el capitalismo y contra sus propias tendencias de derecha. La derechización de algunas orientaciones marxistas se vio favorecida por las victorias de las revoluciones sociales, dado que la toma del poder estatal facilitó el desarrollo de vetas conservadoras y sustituistas.
Los años ochenta y noventa del siglo XX cambiaron los goznes que definieron las inclinaciones de derecha en la comprensión del marxismo, por razones distintas a las prevalecientes cuando fue ideología de estado. El retroceso de la perspectiva marxista estimuló una derechización dentro del contexto de una "defensa" de la teoría. ¿Cuáles son sus características dominantes?
Características del marxismo de derecha
El primer rasgo definitorio del marxismo de derecha es su actitud idolátrica del pasado. Defiende un mundo pretérito heroico, sea el de la revolución de octubre, la china, la cubana o los años setenta en la Argentina. Suele identificarse con individuos (Marx, Lenin, Trotsky, Stalin, Mao o Guevara), ante los que guarda una veneración incapaz de analizar críticamente. Una evidencia de esa inclinación mitológica es el uso de retratos, pinturas o fotografías, que se cuelgan en las paredes. La mirada del héroe vigila que los hijos no se descarríen del mandato. El talante orientado al pasado es conservador y a veces reaccionario. En la modernidad, los sujetos no se apoyan en la autoridad del pasado para vivir. Es cierto que existe una carga de experiencia, pero lo crucial se define en lo por venir. El historiador Koselleck ha dicho por esto que, a diferencia del pensamiento premoderno que aceptaba sin discusión la autoridad fundada en la tradición, el sujeto moderno se sitúa entre un horizonte de experiencia pasada y un horizonte de expectativa futura. Para el sujeto moderno el futuro siempre es mejor o es una promesa de algo mejor. El marxismo revolucionario es una buena expresión, extremada, de tal encrucijada subjetiva. Ya no se nutre el saber del pasado porque apuesta a crear un mundo nuevo (a tal punto que hoy diríamos que incluso Marx simplificaba en demasía el carácter retrógrado de la tradición).
Pues bien, el marxismo de derecha es incompatible con esta estructura de modernidad radicalizada que caracteriza a la política de izquierda. Habla y repite palabras de revolución, pero se apoya en fórmulas añosas, asume mandatos de páginas amarillas, venera la tradición propia, pero que es una tradición al fin. Su deseo es volver al pasado. Añora tomas del Palacio de Invierno, asaltos al Moncada, Largas Marchas o nuevos 1968.
El segundo rasgo está determinado por el tipo de relación con la teoría. Ésta se encuentra decidida en sus elementos centrales por la biblioteca cerrada, sólo extensible por medio de comentarios o aplicaciones. Incluso las contrariedades se encuentran previstas en los meandros de las palabras expresadas en los textos consagrados. Hay una figura literaria que suele soportar este sentimiento de completitud del saber marxista: la intervención inoportuna de la muerte que, sin embargo, no impide que la línea de corrección esté ya presente en el origen. Así por ejemplo, el eurocentrismo de Marx estaría prácticamente superado en las cartas a Vera Zasúlich sobre la comuna rusa, o el tema de las clases en el capítulo inconcluso del tomo III de El capital, o la crítica de la burocracia en el último Lenin que logró censurar la concentración del poder por Stalin, o el manuscrito "perdido" de Mariátegui donde analizaba con profundidad la producción de un marxismo situado.
Rebosantes de tesis y superaciones anticipadas de las futuras antítesis, la teoría es la fuente de aprendizajes infinitos. El sujeto lector mira hacia el pasado coagulado en textos, del que mama la Verdad. Con esa munición se enfrenta a la realidad. Aunque acepta que la práctica exige una adaptación de la teoría (una "guía para la acción"), ésta sería lo suficientemente flexible para nutrir cualquier política marxista correcta. No aflora el impulso crítico que pone en cuestión lo que se lee, pues esa actitud es vista como arrogancia o traición. ¿Quién podría enmendarle la plana a Marx, a Lenin o a Luxemburg? ¿Quién podría relativizar a Gramsci, Lukács o Trotsky? El marxismo de derecha se zambulle en un mar textual en el que se encuentra cómodo, intentando deletrear los folios plagados de verdades incorruptibles. Su actitud teórica es subalterna. Para ser un buen o una buena marxista, quien suscribe al marxismo de derecha reprime su pensamiento, porque si va muy lejos en la crítica puede concernir al propio marxismo. Del mismo modo que el pensamiento se aleja inconscientemente de los temas tabúes, el derechismo marxista se abstiene de incursionar en la creación. Se recuesta en el lecho mullido de lo sabido, que se ajustaría como un guante a la mano.
El tercer rasgo del marxismo de derecha es su carácter defensivo. Después de transcurrido el siglo XX, es difícil conservar la traza del militante de otros tiempos, que ante los más duros contrastes podía señalar el triunfo de su idea en otra parte. Así como el estalinista era inmune a las más sólidas de las críticas porque la Unión Soviética existía y competía con los Estados Unidos, o el guevarista tenía sus créditos político-intelectuales apostados en la realidad cubana, hoy el derrumbe de los socialismos reales y la transformación capitalista de China, por no hablar de Camboya o los gulags, debilitan la seguridad inconmovible del marxismo de derecha. La aparición de estados revolucionarios fue esencial en la constitución de los marxismos de este tipo, porque fueron estilizaciones del marxismo que usualmente se pusieron al servicio de aparatos institucionales. La teoría revolucionaria fue convertida, al menos en parte, en doctrina legitimadora del poder establecido, especialmente cuando era utilizado como sostén de la idea de "socialismo en un solo país". La grisalla cientificista del marxismo soviético fue su concreción más neta. Dado que ese contexto ya no existe, la facha defensiva del marxismo de derecha se sostiene en seguridades imaginarias, es decir, sin base real. En general se apoya en lecturas talmúdicas, como se ha comentado en el párrafo anterior, pero sobre todo se ampara en la existencia de grupos más o menos reducidos de marxistas convencidos de que la verdad está, en lo fundamental, de su parte.
La actitud defensiva se observa claramente en la relación con las teorías anti- o postmarxistas, de cualquier signo que fueran. El marxismo de derecha, puesto que no está dispuesto a reformularse, se pone en guardia. Reemplaza el examen crítico con el rechazo de antemano. Afirma que el problema no es el marxismo, sino la renuncia de las otras perspectivas a la crítica radical y revolucionaria. Se trataría, en suma, de teorías derrotistas o pro capitalistas. El marxismo de derecha es incapaz de aprender a superar los argumentos contrarios. Se encierra en su "bibliografía" y la rumia incansablemente. Se quiere polémica y provocadora ante las defecciones ajenas. No se le ocurre que lo revolucionario debe estar también en el pensamiento, en la innovación teórica y política. Por eso no produce nuevos conceptos. Hace falta contrastar la ausencia de creación intelectual de las izquierdas marxistas para notar inmediatamente el lugar del marxismo de derecha en la configuración actual del movimiento revolucionario.
En cuarto lugar, es necesario que el marxismo de derecha designe al marxismo como una teoría total. Contra el fragmentarismo postmoderno se postula la defensa de la totalidad, como si esta fuera una noción políticamente obvia. Se postula que la realidad tiene un núcleo conocible. Puesto que ese sexo íntimo es accesible sólo a través del marxismo, toda perspectiva que reconozca autonomías relativas en la praxis social o sitúe a la teoría de Marx en una zona específica (por ejemplo, en la economía) equivale a antimarxismo. El encadenamiento de razonamientos es correcto si reducimos al marxismo a su comprensión derechista. Esto es así porque si la totalidad social carece de una homogeneidad o un centro representable por una teoría singular pero totalizante, la capacidad del marxismo para devenir la única teoría social tambalea. Las zonas de la práctica que se resisten a la interpretación marxista, como lo inconsciente o el arte, negarían que el marxismo sea la teoría infinita y omnisciente que penetra todos los rincones de lo existente. El error consiste en confundir la crítica de la realidad global con la reducción de esa realidad a la unidad simple, o lo que es una formulación similar, a una realidad regida por un centro esencial y matizada por aspectos accesorios. Los efectos habituales de la ontología del marxismo de derecha hace sistema con el economicismo y el obrerismo. La economía es el ámbito esencial de las contradicciones y la clase obrera es el sujeto social fundamental en combate objetivo con la burguesía. Dicha ontología caricaturiza la realidad y extravía el entendimiento político.
El quinto rasgo del marxismo de derecha consiste en la exclusión de toda otra teoría para el conocimiento crítico de la realidad y para la identificación de las tareas políticas de la praxis. El totalismo que se atribuye el marxismo produce efectos políticos detestables en algunas actitudes que son sistemáticamente cultivadas por el marxismo de derecha. Si el marxismo es la teoría unitaria del todo social (unificado por la "lógica del capital", el "modo de producción" o la "relación de fuerza entre las clases"), la "contradicción principal", la cima de la "jerarquía de causalidades", es la que define el marxismo, sea que lo haga en su forma habitual de la contradicción entre las "clases fundamentales", o en sus versiones nacionalistas, en la lucha entre nación e imperialismo. Como sea, así se toleró una serie de actitudes típicamente derechistas, que no fueron vistas como contrarias con la identidad de izquierda. Y no lo fueron porque en realidad eran eso, actitudes de derecha invisibles en un campo socialista hegemonizado por una versión derechista del marxismo.
Por ejemplo, individuos o grupos que se regodeaban (y aún se regodean) en su deseo revolucionario podían ser machistas, racistas, homofóbicos o xenófobos. Como lo esencial se decidía en el cuestionamiento de la opresión de clase o en el combate contra la dependencia imperialista, se podía ser de derecha en otros sentidos, llamados "secundarios" o directamente denostados como preocupaciones "pequeño burguesas". Pero no solamente ser machista es ser de derecha -porque el machismo se basa en la subordinación y opresión de las mujeres- sino que ese talante suele ser denegado de lo que realmente es, vale decir, una práctica de dominación camuflada por el mencionado rasgo del marxismo de derecha. Un sujeto de derecha en su desprecio a los homosexuales, es un sujeto completamente de derecha. No es que su condición de izquierdista en cuanto lucha contra la explotación burguesa lo libere de su vertiente derechista homofóbica, porque la comprensión política que le permite esa doblez es propiamente de derecha. En efecto, en el hecho simple de reducir las otras opresiones a lo inesencial o secundario, el marxismo de derecha fundamenta la apología de los homofóbicos o los machistas que sonríen cuando se les señala su práctica opresiva. ¿Acaso no estaría probada su vocación emancipatoria por su militancia anticapitalista? La subordinación de las opresiones distintas a las del capital (la "centralidad de la lucha de clases") implica que el resto de las dominaciones son secundarias, es decir, que no son tan graves. Serán resueltas después de la revolución socialista. Tal actitud revela una indiferencia ante las opresiones múltiples de la existencia social. Ese es un rasgo de derecha.
El marxismo de derecha tiene una especial afinidad con las explicaciones deterministas y estructuralistas, unidireccionales y lineales, que postulan el proceso de cambio como confrontación molar de grandes sujetos, definidos por caracteres simples, orientados por ideologías claras. Se extasía con los lenguajes hegelianos de Marx (las "leyes de movimiento del capital" extendidos a la "totalidad social") o sus traducciones positivistas ("los datos observables" de la confrontación de las "clases fundamentales"). El marxismo de derecha suele ser idealista, incluso en esa variante del idealismo que es el economicismo ramplón, donde la determinación económica aparece como causa "en última instancia" definitiva. El parentesco entre diestromarxismo y determinismo se explica porque esta aproximación es fatalista e incorregible, permite predicciones y anula la incertidumbre. ¿Qué otra noción de saber es más propia de la infalibilidad? El temperamento de derecha desea la seguridad absoluta y la complejidad del pensamiento le parece una concesión a la debilidad ideológica. Pensar es ceder. Dudar es claudicar. Revisar es traicionar.
El quinto y último rasgo del marxismo de derecha es su intransigencia. Despacha en dos palabras a las teorías críticas que operan en zonas consideradas propias o en regiones sociales específicas. Así por ejemplo, considera al psicoanálisis o al feminismo, a la crítica ecológica o al giro lingüístico, como meras "teorías burguesas". Se resiste a conocerlas y a conversar sin prevenciones los usos radicalizados que algunas prácticas de esas teorías permiten. El marxismo de derecha, para conservarse igual a sí mismo, excluye toda apertura intelectual sincera. Cuando se muestra más astuto, acepta que se subordinen a su imperio. Por ejemplo, sucede en la lectura del Foucault de Vigilar y castigar como demógrafo de la acumulación del capital. La estrategia ha sido generalmente fallida porque pocas veces hubo una auténtica vocación de intercambio que modificara a las perspectivas en diálogo. Aconteció con el feminismo socialista o el psicoanálisis mezclado con pavlovismo, donde tanto el feminismo como el psicoanálisis perdían sus filos críticos. Es cierto que esto también sucedió con las otras posiciones políticas o teóricas, cuya apología no tengo intención de hacer. Aquí no las desarrollo porque me ocupo de una cierta forma del marxismo.
La derecha en el marxismo está indistintamente ligada al extremismo revolucionario o al reformismo más oportunista. Sus cualidades pueden afectar cualquier variante de las opciones estratégicas.
El marxismo de derecha tiene la extraña virtud de procrear antimarxistas. La experiencia subjetiva de compromiso con una práctica derechista del marxismo es al principio el mejor de los mundos. Se posee una teoría total, una "filosofía"; se comparte el ideal revolucionario con un grupo de referencia, casi una secta, inmune a las seducciones burguesas; se posee un fin paradisíaco próximo que justifica todos los sacrificios; se sigue a líderes omniscientes que conocen la política y la historia. Se proclama una Doctrina. El marxismo de derecha, porque es verticalista, tradicionalista, unitario, propicia lo que en psicoanálisis se denomina transferencia, esto es, un lazo de amor que es también un vínculo de saber. Pero si el individuo que tanto recibió del marxismo en su versión de derecha logra comprender en qué había creído, suele desarrollar una aversión al marxismo. Esto se vio en innumerables conversiones de sinceros/as marxistas al campo de la antirrevolución, por no decir de la contrarrevolución más rabiosa. Y en cierto sentido tenían razón, porque lo que habían abrazado con amor era una ideología peligrosa.
En resumen, el marxismo de derecha se caracteriza por su adoración del pasado, considera a la teoría marxista completa y autorreferente, su actitud es defensiva antes que creativa y propositiva y, finalmente, es intransigente. Asumido en forma colectiva o individual, el marxismo de derecha cultiva la subordinación a lo existente de la tradición marxista, a la jerarquía de su saber insuperable y no revisable, a las lealtades establecidas con los conceptos elaborados en los textos consagrados. Estimo que esta configuración cultural tiene una amplia validez para captar la manera de entender actualmente ciertos sectores que hoy se identifican con el marxismo, pues creyendo ser catequistas de una izquierda verbal o práctica son derechistas ideológicos.
Se podría objetar que antes que un marxismo de derecha, hay una postura de derecha en el campo del marxismo. Como en todo área de la política, sería posible reconocer en el mundillo del marxismo una izquierda y una derecha, es decir, inclinaciones hacia el cambio igualitario y democrático e inclinaciones hacia la conservación jerárquica. Por lo tanto, la noción de marxismo de derecha se revelaría inexacta, dado que sería más riguroso destacar una posición interna dentro del campo heterogéneo del marxismo. Esa perspectiva tendría la ventaja de plantear una polémica dentro del marxismo y, por otra parte, eludiría esencializar a un "marxismo de izquierda". El planteo es interesante porque nos obliga a establecer qué es ese concepto, en apariencia risueño, del marxismo de izquierda.
Hubo siempre una lucha entre izquierda y derecha en el terreno de la práctica política marxista, como en cualquier otra de la era de la modernidad. Creo que a grandes rasgos eso podría decirse de la lucha entre el trotskismo y el stalinismo, y en algún sentido entre el maoísmo y el sovietismo postestalinista. No obstante, estas afirmaciones son demasiado masivas e imprecisas. Exigen un trabajo de investigación histórico-política que desde luego aquí es imposible.
Sin embargo, si es cierto que pueden identificarse fracciones de derecha e izquierda en la complejidad de toda obra teórica o grupo político marxistas, hay épocas y fases históricas en que el marxismo se derechiza. Como ya he indicado, esto no significa que una determinada estrategia careciera de consignas identificables con la izquierda. Sucede que el continente teórico marxista que legitimaba teóricamente esas políticas estaba colonizado por rasgos derechistas, hasta cubrir buena parte de su realidad discursiva y estratégica.
Pienso que el momento más propicio para el marxismo de derecha es la época contemporánea. El fracaso de buena parte de los supuestos teórico-políticos de la izquierda marxista y la derrota de sus proyectos estratégicos ocurridos durante los últimos treinta años a lo largo de todo el planeta es la circunstancia material de mediano plazo que nutre al marxismo de derecha.
La pesadumbre de un cierre epocal suscita la reafirmación de las antiguas creencias, defendidas como reminiscencias valiosas en un clima reaccionario. El triunfo del capitalismo compele a proteger los restos del naufragio, llama vacilante que merece ser conservada para encender las futuras hogueras de la lucha de clases. La ofensiva de la globalización y la postmodernización de la cultura inclinan a la afirmación de las críticas del capital, cuya centralidad -proclama ese marxismo- no debería ser desplazada por el culturalismo relativista y fragmentario que anula la totalidad, y por ende la idea de transformación mundial. Paradójicamente, el marxismo de derecha es solidario del postmodernismo que sostiene que si la sociedad es una totalidad imposible, la idea de revolución global es inviable.
La situación argentina y latinoamericana añade sus propias razones: la desaparición de buena parte de lo mejor de una generación revolucionaria a manos de sangrientas dictaduras pro capitalistas y pro imperialistas suscita la reafirmación de las luchas pasadas, cuya crítica aparece como traición o cobardía; el abandono irritado y tantas veces irreflexivo del marxismo por la intelectualidad sobreviviente de los años setenta conduce, por reacción, a una afirmación maciza del materialismo histórico; el cinismo postmoderno que se burla de la voluntad revolucionaria y se afirma en lo existente; en fin, la dificultad de desarrollar teorías y prácticas nuevas que superen la fragmentación de los sectores críticos y radicalizados.
Existen también motivos relacionados con las necesidades organizativas de los grupos políticos establecidos, que cultivan el marxismo de derecha como producto de conservatismos ideológicos y de lógicas de preservación burocrática. En esos partidos o grupos, se es diestromarxista porque el marxismo de derecha es lo más conveniente para reproducir prácticas anquilosadas. En efecto, se moviliza un abanico de declaraciones revolucionarias sin calar en la realidad difícil, convenciendo a los convencidos, con "grupos de formación", "cursos" y "seminarios", donde se repite lo de siempre, sumando créditos para los propietarios de la palabra autorizada, que coinciden generalmente con sus lugares en la jerarquía burocrática. Esto ocurre en los partidos como en los pequeños grupos. Sin embargo, no quiero decir que esto acontece en toda la izquierda. Por fortuna, y contra quienes celebran la muerte de la izquierda y del marxismo, hay procesos que tienden hacia otra dirección.
El marxismo de izquierda y la sensibilidad de izquierda en el marxismo
He presentado algunos argumentos para la identificación de la fisonomía del marxismo de derecha. Sin embargo, creo que es fundamental recuperar creativamente, esto es, a través de reformulaciones más bien arduas, el aliento característico de la teoría marxista, a saber, la crítica de la economía política. Pienso que esto es imprescindible hasta que podamos ofrecer un examen mejor del capitalismo actual. Pero por otra parte, porque creo necesario acudir al otro momento del marxismo, heterogéneo pero solidario, que es el de la política socialista. En este terreno se ha operado una revisión profunda (con Lenin, con Gramsci, con Guevara, con Negri) y aún está en curso. Porque no han faltado esfuerzos marxistas por desplegar una reflexión sobre la política y la ideología.
La teoría verbal de la revolución, tan propia de los pasillos y cafés universitarios, pretende que la comprensión de la política sea fundada en cada situación concreta. Esto es una banalidad idealista, que desconoce las estructuras sociales, políticas y económicas que configuran un campo de producción de las situaciones. Y si éstas son irreductibles a las estructuras, están articuladas en sus condicionamientos y recortan lo impredecible. Por lo tanto, sin una teoría de las estructuras ninguna inteligencia de las situaciones es políticamente relevante. Pero justamente por ese condicionamiento es que las grandes teorías son insuficientes, y deben ser sometidas a revisiones dramáticas, que contemplen las transformaciones de larga y mediana duración, y sean corregidas en el corto plazo de la acción estratégica.
La teoría socialista marxista vale algo cuando se articula, pagando sus costos, con la crítica de la economía política. La conexión es válida mientras no se pretenda constituir en una causalidad esencial y total. El reconocimiento del carácter incongruente entre el origen teórico del marxismo y su vocación política es esencial para desarrollar un marxismo de izquierda. Porque la incompletitud del marxismo (Althusser lo nombró su "finitud") es el prefacio a su apertura, es el envite a su reinvención y, ¿por qué no?, a su futura superación en la praxis teórica y política. Como estamos lejos de ese hecho, nuestras tareas próximas consisten en el cultivo de una compostura teórico-política propia de un marxismo de izquierda. ¿Qué significa esto?
Ser marxista de izquierda es perder el ceño de una historia de derrotas, para elaborarlas y mirar el presente y el futuro abiertos para el saber y la acción. Es estudiar y combatir al capital y a la explotación, pero también adoptar como propias, sin subordinaciones, todas las luchas emancipatorias progresivas. Es revisar sin pena ni autorrepresión los conocimientos establecidos. Es leer las obras de la tradición como un alimento que nutre cuando es digerido por las necesidades actuales, y reformuladas, quizás gravemente, para ser adecuadas a las necesidades contemporáneas. Es adoptar una cadencia creativa, innovadora, lejos de la repetición dogmática. Es reconstruir críticamente más de un siglo y medio de luchas, donde no todo fue error y tragedia, sino donde también hubo victorias y renovaciones. Es multiplicar las búsquedas y alianzas con sectores inquietos y disconformes con la realidad en sus diversas manifestaciones. Ser de izquierda es también disfrutar de serlo, incluso en el peligro que implicará cuando llegue el momento de la ruptura radical.
No es fortuito que el marxismo de derecha haya tendido a ser autoritario, uniformizante, conservador y centralista. El marxismo de izquierda es un marxismo desde abajo, democrático y revolucionario, en exploración de nuevas formas de organización y praxis. Es un marxismo abierto y exigente, a la vez que buceador partícipe de las infatigables vocaciones de transformación social. Porque el marxismo de izquierda no es monógamo ni celoso. Coopera con otras teorías críticas, en gozosa asociación, repleto de preguntas no complacientes y propuestas de debates, porque sabe que lo crucial no es el acatamiento de órdenes, sino la acción emancipatoria. Así entiendo la sensibilidad de izquierda socialista.
* Trabajo presentado por el autor para su publicación en Herramienta
** Licenciado en historia. Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Miembro del equipo de investigación "Filosofía de la Historia", Instituto de Filosofía de la UBA. Ha publicado entre otros: El sexo de la historia. Intervenciones de género para una crítica antiesencialista de la historiografía, Buenos Aires, El Cielo por Asalto, 2000. Compilación junto a Paula Halperin: Cuerpos, géneros e identidades. Estudios de historia de género en Argentina, Buenos Aires, Ediciones del Signo, 2000. Carta abierta a Mariano Grondona. Interpretación de una crisis argentina, Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación, 2003. Integrante del Consejo de Redacción de Herramienta. omaracha@gmail.com
Autor: Omar Acha* **
Este artículo está destinado a discutir una dificultad en el marxismo actual, o más exactamente, dentro del complejo, conflictivo e incierto territorio que denominamos marxismo. Su redacción fue estimulada por el contraste entre algunas de sus formas concretas y la distancia que se percibe con los principios de la política de izquierda. En otras palabras, por la evidencia de una colonización derechista del marxismo. Para dar cuenta del fenómeno es necesario explicarlo, fecharlo y describirlo. Aquí sólo podré ofrecer una perspectiva esquemática, anticipatoria de una investigación en curso.
El punto de partida conceptual de este ensayo se legitima en la distinción entre dos términos: marxismo e izquierda. No se trata de sinónimos, porque se puede ser de izquierda sin ser marxista. Por ejemplo, esto es habitual en el anarquismo. O también en algunas versiones del cristianismo de liberación y del feminismo. El campo de la izquierda es más extenso que el marxismo. Pero, ¿se puede ser marxista sin ser de izquierda? Esa es justamente la brecha donde introduzco mi querella: sostengo que sí, que existe un marxismo de derecha.
La tesis que defenderé afirma que en la situación teórica y política contemporánea existe un tenaz marxismo de derecha, rastreable también en la historia del movimiento revolucionario socialista. De manera subsidiaria se verá la distancia con la alternativa de hallar una actitud de derecha en el marxismo. La argumentación seguirá el siguiente periplo: primero, justificaré la relevancia del concepto de "derecha" e "izquierda"; segundo, describiré las formas que adoptó en el pasado y adquiere hoy en el marxismo, subrayando las de orden contemporáneo; tercero, propondré su crítica. Mi conclusión dirá que la existencia predominante de un marxismo de derecha es el indicio más evidente del carácter actual de la crisis del pensamiento y práctica marxistas. En el tramo final explicaré por qué, en mi sentir, la neutralización del marxismo de derecha y la desderechización del marxismo es una condición previa a toda refiguración creativa de la política socialista.
Dos palabras sobre derecha e izquierda
Es habitual plantear la dificultad del trazado de una delimitación nítida entre izquierda y derecha. Sobre todo eso vale para las ideologías y movimientos políticos. Por ejemplo: ¿es el peronismo de izquierda o de derecha? ¿Contiene a ambas orientaciones? O bien: ¿era Américo Ghioldi un socialista de derecha?
Las denominaciones de centro-izquierda y centro-derecha parecen decretar el fin de la utilidad de la distinción. Incluso desde sectores que en el viejo lenguaje se situarían en la izquierda, se llegó a proponer una superación o una "tercera vía", pues las políticas tradicionales de izquierda fueron consideradas insuficientes.
No obstante estas objeciones corrientes, la relevancia de la distinción izquierda-derecha sobrevive a los múltiples ataques y refiguraciones. Las negaciones de su pertinencia se revelan pronto limitadas. Sucede como si la diferencia entre ambas orientaciones se reintrodujera estructuralmente, incluso si sus rasgos sufren ciertas transformaciones.
¿Cómo definir una política o ideología de derecha? El nacimiento de la derecha, como el de la denominación de izquierda, tuvo lugar durante el primer tramo de la Revolución Francesa. La derecha se caracterizó por su resistencia al cambio radical, profundo, o a toda innovación en tanto que tal. Pronto se consolidó un perfil más claro. Se entendió que la derecha aboga por la defensa de la autoridad establecida y de las tradiciones antiguas. Para la derecha el igualitarismo contravenía la diferencia jerárquica entre las personas y los "estados" sociales, y un exceso de libertad conducía a la anarquía. Naturalmente, la derecha adquirió su perfil en combate con una izquierda que aspiraba a una destruccción de las desigualdades sistemáticas de la sociedad feudal y de la religión católica. La derecha fue al principio la postura de quienes tenían que defender sus privilegios, mientras que la izquierda se nutrió de las nacientes clases bajas.
Los rasgos definitorios de la derecha se fueron modificando al calor de la historia. Por ejemplo, hoy no es evidente que la derecha esté claramente orientada a la defensa del pasado. No es siempre reaccionaria, como sí lo fue cuando el comunismo "real" competía con el capitalismo. Después del derrumbe del bloque soviético, la derecha pudo hacerse modernizante, no sólo en los países ex comunistas, sino en el mundo. Véase por caso la ideología de Mauricio Macri, un representante inequívoco de la derecha argentina. Pues bien, Macri utiliza un discurso de modernización, a veces tecnologicista, incluso si lleva adelante políticas antipopulares, representativas de ciertos grupos capitalistas concentrados. Lo importante aquí es que su ideología muestra las vicisitudes del contenido nocional de lo que se entiende por derecha. Lo mismo podría decirse de las evoluciones de la izquierda. En efecto, antes la izquierda estaba orientada hacia el futuro, hacia la revolución, hacia el progreso. Hoy, al menos en sectores muy significativos, parece apresada en el pasado, sueña con los modelos revolucionarios de antaño, es nostálgica de lo ido.
Para estas notas preliminares es suficiente señalar una definición actual de izquierda, que será utilizada para comprender algunas transformaciones históricas y la situación contemporánea del marxismo. Luego del siglo XX, una concepción deseable de la izquierda debe conciliar la lucha por la igualdad, la libertad, la democracia de base, la autonomía, la diversidad y la protección de la naturaleza. Son incompatibles con esos principios la defensa del capitalismo, del racismo y la xenofobia, del machismo y las jerarquías de sexualidad, del tradicionalismo, del autoritarismo, de la destrucción de los recursos naturales. ¿Se trata de una elucidación antojadiza? En todo caso, es la grilla de lectura eficiente en la tesis que se defenderá, sin duda sometible a debate. Su arbitrariedad no es inoportuna porque es propuesta para discutir, justamente, qué valores merecen ser defendidos desde la izquierda.
Orígenes teóricos y políticos del marxismo de derecha
Una reflexión superficial sugiere que el marxismo es, por definición, una ideología de izquierda. ¿Por qué? Porque el marxismo retoma las reivindicaciones de la izquierda burguesa y pequeño-burguesa de los siglos XVIII y XIX (al menos hasta 1848 en Europa), y las radicaliza para la época de consolidación del capitalismo. Al transformarlas en una perspectiva ligada a la clase productora de plusvalía en las sociedades industrializadas, el marxismo va más allá de las exigencias "democráticas". Los reclamos de libertad individual, separación entre iglesia y estado, voto democrático, propios de la era de las revoluciones burguesas, son superados en el tiempo de las revoluciones proletarias. Entonces son refiguradas las demandas democráticas burguesas, pues junto a ellas ingresan a la agenda de la izquierda nuevas aspiraciones que comprenden reformas y exigencias incompatibles con la sociedad capitalista: socialización de los medios de producción, reducción al mínimo del poder estatal, democracia popular. No obstante, estas exigencias, con matices, fueron defendidas por al anarquismo, el socialismo y el comunismo. El marxismo es una de las teorías fundamentales para el sostén de conocimiento y de doctrina de esa nueva fase de la izquierda o, si se quiere, de la extrema izquierda.
El marxismo nació como una crítica de la economía política, pero al mismo tiempo quiso ser una teoría de la sociedad. En efecto, contra Hegel, Marx pensaba que lo fundamental ocurría en la "sociedad civil" (entendía por esto el sistema de clases sociales y el mundo del mercado) antes que en el estado. Muchas veces se señaló el extravío de Marx al proponer la imagen arquitectónica de una base estructural, compuesta por la contradicción del desarrollo de las fuerzas productivas proliferantes y las relaciones sociales de producción tendencialmente estables. Sobre la contradicción se asentaría una diversidad de realidades políticas, sociales y culturales. En realidad, el conocido pasaje de la Contribución a la crítica de la economía política de 1859 era necesario, si es que, como se ha dicho, es preciso respetar el otro aspecto del marxismo, que es la praxis revolucionaria. En efecto, si el marxismo es sólo una crítica, ¿cómo se realiza el pasaje a la acción, a la política? Allí Marx se encontró con el límite de su propio pensamiento. Marx no era economicista, porque en realidad en la economía residía la esencia del todo social. Es cierto que hay iluminadores escritos marxianos sobre la política. Pensemos en El XVIII Brumario o en los escritos sobre la Comuna de París o el Programa de Gotha. Pero fueron textos de intervención concreta en la práctica política o escritos periodísticos recopilados en forma de libro. A él no le estaba dado pensar que el socialismo era una construcción de dificultad específica, pues viviendo dos generaciones después de la Revolución Francesa creía que de las crisis se salía con transformaciones radicales. Fueron otras generaciones de socialistas quienes enfrentaron la evidencia de que el capitalismo no estaba condenado a derrumbarse y la ideología burguesa a reducirse ante la evidencia de la pauperización masiva.
El subdesarrollo del pensamiento político marxista permitió que se introdujeran subrepticiamente elementos de derecha en su seno. Como no había nociones sólidas para detectarlos, pasaron desapercibidos y perduraron.
El fin del siglo XIX fue ingrato para los devotos del marxismo, porque se hizo claro que el capitalismo no estaba autodestruyéndose. Enfrentando el revisionismo evolucionista de Eduard Bernstein, los revolucionarios Karl Kautsky y Lenin produjeron un desplazamiento radical del campo del marxismo, que pasó de la sociedad civil y la economía a la política y el estado. Lenin y Kautsky aceptaron la imposibilidad de derivar la política revolucionaria de las contradicciones económicas, pero no siguieron el consejo reformista de Bernstein. Propusieron soluciones distintas para defender la perspectiva de un cambio radical. Éste ya no se daría por el derrumbe de la economía, sino por una transformación política.
Kautsky sostenía que el partido socialista en el estado debía propender a un desarrollo de la cultura política socialista, favorecida por reformas sociales, pero sin perder de vista el quiebre del capitalismo. Lenin era antiparlamentarista. El agente revolucionario era el partido político, que proveería a la clase obrera en lucha económica de una orientación estratégica socialista. Lo común en ambos era el "sustituismo" que se resignaba a expresar los intereses de la clase obrera que sola no superaría el límite de la lucha sindical.
Interesa destacar que para dar cuenta de las exigencias de la época, ambos revisaron de manera desigual, pero en todos los casos con profundidad, distintos aspectos del marxismo heredado. Kautsky y Lenin fueron los verdaderos "revisionistas" porque situaron la estrategia socialista en el terreno político. Instituyeron una visión vertical de la política revolucionaria. Determinaron que no eran las mayorías populares las que debían conducir la revolución social deseable. Al depositar la claridad marxista en el partido, naturalmente que con importantes matices entre ambos, sentaron las bases de una expropiación de la voluntad política de la clase obrera. Instalaron la noción de un credo marxista que no debía ser "revisado". El costo de la ortodoxia marxista reclamada por Kautsky y Lenin fue alto. Para neutralizar toda desviación del marxismo lo entendieron como una teoría total. Fueron respuestas distintas a una de las crisis del marxismo. Por el momento sus derivas de derecha no fueron predominantes, pero ya eran perceptibles, tal como lo hizo el joven Trotsky al advertir del peligro dictatorial de la primera formulación del leninismo.
La Revolución Rusa amortiguó durante algunos años el examen de las derivas autoritarias de la reconfiguración leninista del marxismo, que convivía con una vocación de izquierda revolucionaria sostenida en condiciones de lucha extremadamente duras. El proceso social ruso en 1917 constriñó a los bolcheviques a modificar sus perspectivas y les impuso renovar una agenda de izquierda. Con su enorme olfato político, Lenin lo vio bien en sus Tesis de Abril, mientras el resto del partido seguía con su visión conservadora de los dogmas establecidos y no supo percibir la significación revolucionaria de los soviets. Ante eso Kautsky se hizo reactivo, por no decir reaccionario, porque sólo vio la entronización del estatismo. Pocos años más tarde, hacia 1924, Stalin parió un marxismo de derecha con todas las letras y justificaciones.
A partir de allí, otras crisis del marxismo repetirían la visión dogmática de un marxismo conservador, incluso si en muchos casos se sostenía en una crítica del estalinismo. Buena parte de la historia del marxismo posterior se vertebró en la doble lucha contra el capitalismo y contra sus propias tendencias de derecha. La derechización de algunas orientaciones marxistas se vio favorecida por las victorias de las revoluciones sociales, dado que la toma del poder estatal facilitó el desarrollo de vetas conservadoras y sustituistas.
Los años ochenta y noventa del siglo XX cambiaron los goznes que definieron las inclinaciones de derecha en la comprensión del marxismo, por razones distintas a las prevalecientes cuando fue ideología de estado. El retroceso de la perspectiva marxista estimuló una derechización dentro del contexto de una "defensa" de la teoría. ¿Cuáles son sus características dominantes?
Características del marxismo de derecha
El primer rasgo definitorio del marxismo de derecha es su actitud idolátrica del pasado. Defiende un mundo pretérito heroico, sea el de la revolución de octubre, la china, la cubana o los años setenta en la Argentina. Suele identificarse con individuos (Marx, Lenin, Trotsky, Stalin, Mao o Guevara), ante los que guarda una veneración incapaz de analizar críticamente. Una evidencia de esa inclinación mitológica es el uso de retratos, pinturas o fotografías, que se cuelgan en las paredes. La mirada del héroe vigila que los hijos no se descarríen del mandato. El talante orientado al pasado es conservador y a veces reaccionario. En la modernidad, los sujetos no se apoyan en la autoridad del pasado para vivir. Es cierto que existe una carga de experiencia, pero lo crucial se define en lo por venir. El historiador Koselleck ha dicho por esto que, a diferencia del pensamiento premoderno que aceptaba sin discusión la autoridad fundada en la tradición, el sujeto moderno se sitúa entre un horizonte de experiencia pasada y un horizonte de expectativa futura. Para el sujeto moderno el futuro siempre es mejor o es una promesa de algo mejor. El marxismo revolucionario es una buena expresión, extremada, de tal encrucijada subjetiva. Ya no se nutre el saber del pasado porque apuesta a crear un mundo nuevo (a tal punto que hoy diríamos que incluso Marx simplificaba en demasía el carácter retrógrado de la tradición).
Pues bien, el marxismo de derecha es incompatible con esta estructura de modernidad radicalizada que caracteriza a la política de izquierda. Habla y repite palabras de revolución, pero se apoya en fórmulas añosas, asume mandatos de páginas amarillas, venera la tradición propia, pero que es una tradición al fin. Su deseo es volver al pasado. Añora tomas del Palacio de Invierno, asaltos al Moncada, Largas Marchas o nuevos 1968.
El segundo rasgo está determinado por el tipo de relación con la teoría. Ésta se encuentra decidida en sus elementos centrales por la biblioteca cerrada, sólo extensible por medio de comentarios o aplicaciones. Incluso las contrariedades se encuentran previstas en los meandros de las palabras expresadas en los textos consagrados. Hay una figura literaria que suele soportar este sentimiento de completitud del saber marxista: la intervención inoportuna de la muerte que, sin embargo, no impide que la línea de corrección esté ya presente en el origen. Así por ejemplo, el eurocentrismo de Marx estaría prácticamente superado en las cartas a Vera Zasúlich sobre la comuna rusa, o el tema de las clases en el capítulo inconcluso del tomo III de El capital, o la crítica de la burocracia en el último Lenin que logró censurar la concentración del poder por Stalin, o el manuscrito "perdido" de Mariátegui donde analizaba con profundidad la producción de un marxismo situado.
Rebosantes de tesis y superaciones anticipadas de las futuras antítesis, la teoría es la fuente de aprendizajes infinitos. El sujeto lector mira hacia el pasado coagulado en textos, del que mama la Verdad. Con esa munición se enfrenta a la realidad. Aunque acepta que la práctica exige una adaptación de la teoría (una "guía para la acción"), ésta sería lo suficientemente flexible para nutrir cualquier política marxista correcta. No aflora el impulso crítico que pone en cuestión lo que se lee, pues esa actitud es vista como arrogancia o traición. ¿Quién podría enmendarle la plana a Marx, a Lenin o a Luxemburg? ¿Quién podría relativizar a Gramsci, Lukács o Trotsky? El marxismo de derecha se zambulle en un mar textual en el que se encuentra cómodo, intentando deletrear los folios plagados de verdades incorruptibles. Su actitud teórica es subalterna. Para ser un buen o una buena marxista, quien suscribe al marxismo de derecha reprime su pensamiento, porque si va muy lejos en la crítica puede concernir al propio marxismo. Del mismo modo que el pensamiento se aleja inconscientemente de los temas tabúes, el derechismo marxista se abstiene de incursionar en la creación. Se recuesta en el lecho mullido de lo sabido, que se ajustaría como un guante a la mano.
El tercer rasgo del marxismo de derecha es su carácter defensivo. Después de transcurrido el siglo XX, es difícil conservar la traza del militante de otros tiempos, que ante los más duros contrastes podía señalar el triunfo de su idea en otra parte. Así como el estalinista era inmune a las más sólidas de las críticas porque la Unión Soviética existía y competía con los Estados Unidos, o el guevarista tenía sus créditos político-intelectuales apostados en la realidad cubana, hoy el derrumbe de los socialismos reales y la transformación capitalista de China, por no hablar de Camboya o los gulags, debilitan la seguridad inconmovible del marxismo de derecha. La aparición de estados revolucionarios fue esencial en la constitución de los marxismos de este tipo, porque fueron estilizaciones del marxismo que usualmente se pusieron al servicio de aparatos institucionales. La teoría revolucionaria fue convertida, al menos en parte, en doctrina legitimadora del poder establecido, especialmente cuando era utilizado como sostén de la idea de "socialismo en un solo país". La grisalla cientificista del marxismo soviético fue su concreción más neta. Dado que ese contexto ya no existe, la facha defensiva del marxismo de derecha se sostiene en seguridades imaginarias, es decir, sin base real. En general se apoya en lecturas talmúdicas, como se ha comentado en el párrafo anterior, pero sobre todo se ampara en la existencia de grupos más o menos reducidos de marxistas convencidos de que la verdad está, en lo fundamental, de su parte.
La actitud defensiva se observa claramente en la relación con las teorías anti- o postmarxistas, de cualquier signo que fueran. El marxismo de derecha, puesto que no está dispuesto a reformularse, se pone en guardia. Reemplaza el examen crítico con el rechazo de antemano. Afirma que el problema no es el marxismo, sino la renuncia de las otras perspectivas a la crítica radical y revolucionaria. Se trataría, en suma, de teorías derrotistas o pro capitalistas. El marxismo de derecha es incapaz de aprender a superar los argumentos contrarios. Se encierra en su "bibliografía" y la rumia incansablemente. Se quiere polémica y provocadora ante las defecciones ajenas. No se le ocurre que lo revolucionario debe estar también en el pensamiento, en la innovación teórica y política. Por eso no produce nuevos conceptos. Hace falta contrastar la ausencia de creación intelectual de las izquierdas marxistas para notar inmediatamente el lugar del marxismo de derecha en la configuración actual del movimiento revolucionario.
En cuarto lugar, es necesario que el marxismo de derecha designe al marxismo como una teoría total. Contra el fragmentarismo postmoderno se postula la defensa de la totalidad, como si esta fuera una noción políticamente obvia. Se postula que la realidad tiene un núcleo conocible. Puesto que ese sexo íntimo es accesible sólo a través del marxismo, toda perspectiva que reconozca autonomías relativas en la praxis social o sitúe a la teoría de Marx en una zona específica (por ejemplo, en la economía) equivale a antimarxismo. El encadenamiento de razonamientos es correcto si reducimos al marxismo a su comprensión derechista. Esto es así porque si la totalidad social carece de una homogeneidad o un centro representable por una teoría singular pero totalizante, la capacidad del marxismo para devenir la única teoría social tambalea. Las zonas de la práctica que se resisten a la interpretación marxista, como lo inconsciente o el arte, negarían que el marxismo sea la teoría infinita y omnisciente que penetra todos los rincones de lo existente. El error consiste en confundir la crítica de la realidad global con la reducción de esa realidad a la unidad simple, o lo que es una formulación similar, a una realidad regida por un centro esencial y matizada por aspectos accesorios. Los efectos habituales de la ontología del marxismo de derecha hace sistema con el economicismo y el obrerismo. La economía es el ámbito esencial de las contradicciones y la clase obrera es el sujeto social fundamental en combate objetivo con la burguesía. Dicha ontología caricaturiza la realidad y extravía el entendimiento político.
El quinto rasgo del marxismo de derecha consiste en la exclusión de toda otra teoría para el conocimiento crítico de la realidad y para la identificación de las tareas políticas de la praxis. El totalismo que se atribuye el marxismo produce efectos políticos detestables en algunas actitudes que son sistemáticamente cultivadas por el marxismo de derecha. Si el marxismo es la teoría unitaria del todo social (unificado por la "lógica del capital", el "modo de producción" o la "relación de fuerza entre las clases"), la "contradicción principal", la cima de la "jerarquía de causalidades", es la que define el marxismo, sea que lo haga en su forma habitual de la contradicción entre las "clases fundamentales", o en sus versiones nacionalistas, en la lucha entre nación e imperialismo. Como sea, así se toleró una serie de actitudes típicamente derechistas, que no fueron vistas como contrarias con la identidad de izquierda. Y no lo fueron porque en realidad eran eso, actitudes de derecha invisibles en un campo socialista hegemonizado por una versión derechista del marxismo.
Por ejemplo, individuos o grupos que se regodeaban (y aún se regodean) en su deseo revolucionario podían ser machistas, racistas, homofóbicos o xenófobos. Como lo esencial se decidía en el cuestionamiento de la opresión de clase o en el combate contra la dependencia imperialista, se podía ser de derecha en otros sentidos, llamados "secundarios" o directamente denostados como preocupaciones "pequeño burguesas". Pero no solamente ser machista es ser de derecha -porque el machismo se basa en la subordinación y opresión de las mujeres- sino que ese talante suele ser denegado de lo que realmente es, vale decir, una práctica de dominación camuflada por el mencionado rasgo del marxismo de derecha. Un sujeto de derecha en su desprecio a los homosexuales, es un sujeto completamente de derecha. No es que su condición de izquierdista en cuanto lucha contra la explotación burguesa lo libere de su vertiente derechista homofóbica, porque la comprensión política que le permite esa doblez es propiamente de derecha. En efecto, en el hecho simple de reducir las otras opresiones a lo inesencial o secundario, el marxismo de derecha fundamenta la apología de los homofóbicos o los machistas que sonríen cuando se les señala su práctica opresiva. ¿Acaso no estaría probada su vocación emancipatoria por su militancia anticapitalista? La subordinación de las opresiones distintas a las del capital (la "centralidad de la lucha de clases") implica que el resto de las dominaciones son secundarias, es decir, que no son tan graves. Serán resueltas después de la revolución socialista. Tal actitud revela una indiferencia ante las opresiones múltiples de la existencia social. Ese es un rasgo de derecha.
El marxismo de derecha tiene una especial afinidad con las explicaciones deterministas y estructuralistas, unidireccionales y lineales, que postulan el proceso de cambio como confrontación molar de grandes sujetos, definidos por caracteres simples, orientados por ideologías claras. Se extasía con los lenguajes hegelianos de Marx (las "leyes de movimiento del capital" extendidos a la "totalidad social") o sus traducciones positivistas ("los datos observables" de la confrontación de las "clases fundamentales"). El marxismo de derecha suele ser idealista, incluso en esa variante del idealismo que es el economicismo ramplón, donde la determinación económica aparece como causa "en última instancia" definitiva. El parentesco entre diestromarxismo y determinismo se explica porque esta aproximación es fatalista e incorregible, permite predicciones y anula la incertidumbre. ¿Qué otra noción de saber es más propia de la infalibilidad? El temperamento de derecha desea la seguridad absoluta y la complejidad del pensamiento le parece una concesión a la debilidad ideológica. Pensar es ceder. Dudar es claudicar. Revisar es traicionar.
El quinto y último rasgo del marxismo de derecha es su intransigencia. Despacha en dos palabras a las teorías críticas que operan en zonas consideradas propias o en regiones sociales específicas. Así por ejemplo, considera al psicoanálisis o al feminismo, a la crítica ecológica o al giro lingüístico, como meras "teorías burguesas". Se resiste a conocerlas y a conversar sin prevenciones los usos radicalizados que algunas prácticas de esas teorías permiten. El marxismo de derecha, para conservarse igual a sí mismo, excluye toda apertura intelectual sincera. Cuando se muestra más astuto, acepta que se subordinen a su imperio. Por ejemplo, sucede en la lectura del Foucault de Vigilar y castigar como demógrafo de la acumulación del capital. La estrategia ha sido generalmente fallida porque pocas veces hubo una auténtica vocación de intercambio que modificara a las perspectivas en diálogo. Aconteció con el feminismo socialista o el psicoanálisis mezclado con pavlovismo, donde tanto el feminismo como el psicoanálisis perdían sus filos críticos. Es cierto que esto también sucedió con las otras posiciones políticas o teóricas, cuya apología no tengo intención de hacer. Aquí no las desarrollo porque me ocupo de una cierta forma del marxismo.
La derecha en el marxismo está indistintamente ligada al extremismo revolucionario o al reformismo más oportunista. Sus cualidades pueden afectar cualquier variante de las opciones estratégicas.
El marxismo de derecha tiene la extraña virtud de procrear antimarxistas. La experiencia subjetiva de compromiso con una práctica derechista del marxismo es al principio el mejor de los mundos. Se posee una teoría total, una "filosofía"; se comparte el ideal revolucionario con un grupo de referencia, casi una secta, inmune a las seducciones burguesas; se posee un fin paradisíaco próximo que justifica todos los sacrificios; se sigue a líderes omniscientes que conocen la política y la historia. Se proclama una Doctrina. El marxismo de derecha, porque es verticalista, tradicionalista, unitario, propicia lo que en psicoanálisis se denomina transferencia, esto es, un lazo de amor que es también un vínculo de saber. Pero si el individuo que tanto recibió del marxismo en su versión de derecha logra comprender en qué había creído, suele desarrollar una aversión al marxismo. Esto se vio en innumerables conversiones de sinceros/as marxistas al campo de la antirrevolución, por no decir de la contrarrevolución más rabiosa. Y en cierto sentido tenían razón, porque lo que habían abrazado con amor era una ideología peligrosa.
En resumen, el marxismo de derecha se caracteriza por su adoración del pasado, considera a la teoría marxista completa y autorreferente, su actitud es defensiva antes que creativa y propositiva y, finalmente, es intransigente. Asumido en forma colectiva o individual, el marxismo de derecha cultiva la subordinación a lo existente de la tradición marxista, a la jerarquía de su saber insuperable y no revisable, a las lealtades establecidas con los conceptos elaborados en los textos consagrados. Estimo que esta configuración cultural tiene una amplia validez para captar la manera de entender actualmente ciertos sectores que hoy se identifican con el marxismo, pues creyendo ser catequistas de una izquierda verbal o práctica son derechistas ideológicos.
Se podría objetar que antes que un marxismo de derecha, hay una postura de derecha en el campo del marxismo. Como en todo área de la política, sería posible reconocer en el mundillo del marxismo una izquierda y una derecha, es decir, inclinaciones hacia el cambio igualitario y democrático e inclinaciones hacia la conservación jerárquica. Por lo tanto, la noción de marxismo de derecha se revelaría inexacta, dado que sería más riguroso destacar una posición interna dentro del campo heterogéneo del marxismo. Esa perspectiva tendría la ventaja de plantear una polémica dentro del marxismo y, por otra parte, eludiría esencializar a un "marxismo de izquierda". El planteo es interesante porque nos obliga a establecer qué es ese concepto, en apariencia risueño, del marxismo de izquierda.
Hubo siempre una lucha entre izquierda y derecha en el terreno de la práctica política marxista, como en cualquier otra de la era de la modernidad. Creo que a grandes rasgos eso podría decirse de la lucha entre el trotskismo y el stalinismo, y en algún sentido entre el maoísmo y el sovietismo postestalinista. No obstante, estas afirmaciones son demasiado masivas e imprecisas. Exigen un trabajo de investigación histórico-política que desde luego aquí es imposible.
Sin embargo, si es cierto que pueden identificarse fracciones de derecha e izquierda en la complejidad de toda obra teórica o grupo político marxistas, hay épocas y fases históricas en que el marxismo se derechiza. Como ya he indicado, esto no significa que una determinada estrategia careciera de consignas identificables con la izquierda. Sucede que el continente teórico marxista que legitimaba teóricamente esas políticas estaba colonizado por rasgos derechistas, hasta cubrir buena parte de su realidad discursiva y estratégica.
Pienso que el momento más propicio para el marxismo de derecha es la época contemporánea. El fracaso de buena parte de los supuestos teórico-políticos de la izquierda marxista y la derrota de sus proyectos estratégicos ocurridos durante los últimos treinta años a lo largo de todo el planeta es la circunstancia material de mediano plazo que nutre al marxismo de derecha.
La pesadumbre de un cierre epocal suscita la reafirmación de las antiguas creencias, defendidas como reminiscencias valiosas en un clima reaccionario. El triunfo del capitalismo compele a proteger los restos del naufragio, llama vacilante que merece ser conservada para encender las futuras hogueras de la lucha de clases. La ofensiva de la globalización y la postmodernización de la cultura inclinan a la afirmación de las críticas del capital, cuya centralidad -proclama ese marxismo- no debería ser desplazada por el culturalismo relativista y fragmentario que anula la totalidad, y por ende la idea de transformación mundial. Paradójicamente, el marxismo de derecha es solidario del postmodernismo que sostiene que si la sociedad es una totalidad imposible, la idea de revolución global es inviable.
La situación argentina y latinoamericana añade sus propias razones: la desaparición de buena parte de lo mejor de una generación revolucionaria a manos de sangrientas dictaduras pro capitalistas y pro imperialistas suscita la reafirmación de las luchas pasadas, cuya crítica aparece como traición o cobardía; el abandono irritado y tantas veces irreflexivo del marxismo por la intelectualidad sobreviviente de los años setenta conduce, por reacción, a una afirmación maciza del materialismo histórico; el cinismo postmoderno que se burla de la voluntad revolucionaria y se afirma en lo existente; en fin, la dificultad de desarrollar teorías y prácticas nuevas que superen la fragmentación de los sectores críticos y radicalizados.
Existen también motivos relacionados con las necesidades organizativas de los grupos políticos establecidos, que cultivan el marxismo de derecha como producto de conservatismos ideológicos y de lógicas de preservación burocrática. En esos partidos o grupos, se es diestromarxista porque el marxismo de derecha es lo más conveniente para reproducir prácticas anquilosadas. En efecto, se moviliza un abanico de declaraciones revolucionarias sin calar en la realidad difícil, convenciendo a los convencidos, con "grupos de formación", "cursos" y "seminarios", donde se repite lo de siempre, sumando créditos para los propietarios de la palabra autorizada, que coinciden generalmente con sus lugares en la jerarquía burocrática. Esto ocurre en los partidos como en los pequeños grupos. Sin embargo, no quiero decir que esto acontece en toda la izquierda. Por fortuna, y contra quienes celebran la muerte de la izquierda y del marxismo, hay procesos que tienden hacia otra dirección.
El marxismo de izquierda y la sensibilidad de izquierda en el marxismo
He presentado algunos argumentos para la identificación de la fisonomía del marxismo de derecha. Sin embargo, creo que es fundamental recuperar creativamente, esto es, a través de reformulaciones más bien arduas, el aliento característico de la teoría marxista, a saber, la crítica de la economía política. Pienso que esto es imprescindible hasta que podamos ofrecer un examen mejor del capitalismo actual. Pero por otra parte, porque creo necesario acudir al otro momento del marxismo, heterogéneo pero solidario, que es el de la política socialista. En este terreno se ha operado una revisión profunda (con Lenin, con Gramsci, con Guevara, con Negri) y aún está en curso. Porque no han faltado esfuerzos marxistas por desplegar una reflexión sobre la política y la ideología.
La teoría verbal de la revolución, tan propia de los pasillos y cafés universitarios, pretende que la comprensión de la política sea fundada en cada situación concreta. Esto es una banalidad idealista, que desconoce las estructuras sociales, políticas y económicas que configuran un campo de producción de las situaciones. Y si éstas son irreductibles a las estructuras, están articuladas en sus condicionamientos y recortan lo impredecible. Por lo tanto, sin una teoría de las estructuras ninguna inteligencia de las situaciones es políticamente relevante. Pero justamente por ese condicionamiento es que las grandes teorías son insuficientes, y deben ser sometidas a revisiones dramáticas, que contemplen las transformaciones de larga y mediana duración, y sean corregidas en el corto plazo de la acción estratégica.
La teoría socialista marxista vale algo cuando se articula, pagando sus costos, con la crítica de la economía política. La conexión es válida mientras no se pretenda constituir en una causalidad esencial y total. El reconocimiento del carácter incongruente entre el origen teórico del marxismo y su vocación política es esencial para desarrollar un marxismo de izquierda. Porque la incompletitud del marxismo (Althusser lo nombró su "finitud") es el prefacio a su apertura, es el envite a su reinvención y, ¿por qué no?, a su futura superación en la praxis teórica y política. Como estamos lejos de ese hecho, nuestras tareas próximas consisten en el cultivo de una compostura teórico-política propia de un marxismo de izquierda. ¿Qué significa esto?
Ser marxista de izquierda es perder el ceño de una historia de derrotas, para elaborarlas y mirar el presente y el futuro abiertos para el saber y la acción. Es estudiar y combatir al capital y a la explotación, pero también adoptar como propias, sin subordinaciones, todas las luchas emancipatorias progresivas. Es revisar sin pena ni autorrepresión los conocimientos establecidos. Es leer las obras de la tradición como un alimento que nutre cuando es digerido por las necesidades actuales, y reformuladas, quizás gravemente, para ser adecuadas a las necesidades contemporáneas. Es adoptar una cadencia creativa, innovadora, lejos de la repetición dogmática. Es reconstruir críticamente más de un siglo y medio de luchas, donde no todo fue error y tragedia, sino donde también hubo victorias y renovaciones. Es multiplicar las búsquedas y alianzas con sectores inquietos y disconformes con la realidad en sus diversas manifestaciones. Ser de izquierda es también disfrutar de serlo, incluso en el peligro que implicará cuando llegue el momento de la ruptura radical.
No es fortuito que el marxismo de derecha haya tendido a ser autoritario, uniformizante, conservador y centralista. El marxismo de izquierda es un marxismo desde abajo, democrático y revolucionario, en exploración de nuevas formas de organización y praxis. Es un marxismo abierto y exigente, a la vez que buceador partícipe de las infatigables vocaciones de transformación social. Porque el marxismo de izquierda no es monógamo ni celoso. Coopera con otras teorías críticas, en gozosa asociación, repleto de preguntas no complacientes y propuestas de debates, porque sabe que lo crucial no es el acatamiento de órdenes, sino la acción emancipatoria. Así entiendo la sensibilidad de izquierda socialista.
* Trabajo presentado por el autor para su publicación en Herramienta
** Licenciado en historia. Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Miembro del equipo de investigación "Filosofía de la Historia", Instituto de Filosofía de la UBA. Ha publicado entre otros: El sexo de la historia. Intervenciones de género para una crítica antiesencialista de la historiografía, Buenos Aires, El Cielo por Asalto, 2000. Compilación junto a Paula Halperin: Cuerpos, géneros e identidades. Estudios de historia de género en Argentina, Buenos Aires, Ediciones del Signo, 2000. Carta abierta a Mariano Grondona. Interpretación de una crisis argentina, Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación, 2003. Integrante del Consejo de Redacción de Herramienta. omaracha@gmail.com
FRANCOIS CHESNAIS: LA CRISIS SERA PROFUNDA.
Autor: François Chesnais* **
"La crisis va a desenvolverse de tal modo que las primeras y realmente brutales manifestaciones de la crisis climática mundial que hemos visto van a combinarse con la crisis del capital en cuanto tal"
La tesis que voy a presentar sostiene que el año pasado se produjo una verdadera ruptura que deja atrás una larga fase de expansión de la economía capitalista mundial; y que esa ruptura marcó el inició de un proceso de crisis con características que son comparables con la crisis de 1929, aunque se desarrollará en un contexto muy distinto.
Lo primero que hay que recordar es que la crisis de 1929 se desarrolló como un proceso: un proceso que tuvo comienzo en 1929, pero cuyo punto culminante se dio bastante después, en 1933, y que luego abrió paso a una larga fase de recesión. Digo esto para subrayar que, en mi opinión, estamos viviendo las primeras etapas, pero realmente las primeras, primerísimas etapas, de un proceso de esa amplitud y esa temporalidad. Y que lo que por estos días está ocurriendo y tiene como escenario los mercados financieros de Nueva York, de Londres y de otros grandes centros bursátiles, es solamente un aspecto -y tal vez no sea el aspecto mas importante- de un proceso que se debe interpretar como un proceso histórico.
Estamos frente a uno de esos momentos en los que la crisis viene a expresar los límites históricos del sistema capitalista. No se trata de alguna versión de la teoría de "la crisis final" del capitalismo o algo por el estilo. De lo que sí se trata, en mi opinión, es de entender que estamos enfrentados a una situación en la que se expresan estos límites históricos de la producción capitalista. Y aunque no quisiera aparecer como un Pastor con su Biblia marxista, quiero leerles un pasaje de El capital:
El verdadero límite de la producción capitalista es el mismo capital; es el hecho de que, en ella, son el capital y su propia valorización lo que constituye el punto de partida y la meta, el motivo y el fin de la producción; el hecho de que aquí la producción sólo es producción para el capital y no, a la inversa, los medios de producción simples medios para ampliar cada vez más la estructura del proceso de vida de la sociedad de los productores. De aquí que los límites dentro de los cuales tiene que moverse la conservación y valorización del valor-capital, la cual descansa en la expropiación y depauperación de las grandes masas de los productores, choquen constantemente con los métodos de producción que el capital se ve obligado a emplear para conseguir sus fines y que tienden al aumento ilimitado de la producción, a la producción por la producción misma, al desarrollo incondicional de las fuerzas sociales productivas del trabajo. El medio empleado -desarrollo incondicional de las fuerzas sociales productivas- choca constantemente con el fin perseguido, que es un fin limitado: la valorización del capital existente. Por consiguiente, si el régimen capitalista de producción constituye un medio histórico para desarrollar la capacidad productiva material y crear el mercado mundial correspondiente, envuelve al propio tiempo una contradicción constante entre esta misión histórica y las condiciones sociales de producción propias de este régimen. [1]
Bueno, seguramente hay algunas palabras que hoy ya no utilizaríamos, como esas de "misión histórica"... Pero creo que lo que iremos viendo en los años que vendrán, se dará precisamente sobre la base de que ya se ha creado en toda su plenitud ese mercado mundial intuido por Marx. Es decir, tenemos un mercado y una situación mundial diferentes a las de 1929, porque en ese entonces países como China y como India eran todavía semicoloniales, en tanto que ahora ya no tienen ese carácter; son grandes países que, más allá de que tengan un carácter combinado que requiere un cuidadoso análisis, son ahora partícipes de pleno derecho dentro de una economía mundial única, una economía mundial unificada en un grado desconocido hasta esta etapa de la historia. La cita puede ayudarnos a entender el momento actual y la crisis que se ha iniciado precisamente en este marco de un sólo mundo.
Un nuevo tipo de crisis
En mi opinión, en esta nueva etapa, la crisis va a desenvolverse de tal modo que las primeras y realmente brutales manifestaciones de la crisis climática mundial que hemos visto van a combinarse con la crisis del capital en cuanto tal. Entramos en una fase que plantea realmente una crisis de la humanidad, dentro de complejas relaciones en las que están también los acontecimientos bélicos, pero lo más importantes es que, incluso excluyendo el estallido de una guerra de gran amplitud que en el presente solo podría ser una guerra atómica, estamos enfrentados a un nuevo tipo de crisis, a una combinación de esta crisis económica que se ha iniciado con una situación en la cual la naturaleza, tratada sin la menor contemplación y golpeada por el hombre en el marco del capitalismo, reacciona ahora de forma brutal. Esto es algo casi excluido de nuestras discusiones, pero que va a imponerse como un hecho central.
Por ejemplo, muy recientemente, leyendo el trabajo de un sociólogo francés, me enteré de que los glaciares andinos de los que fluye el agua con que se abastecen La Paz y El Alto, están agotados en más de un 80% y se estima que dentro de quince años La Paz y El Alto ya no tendrán agua... y sin embargo, esto es algo que nunca se trató, nunca se discutió un hecho de tal magnitud que puede hacer que la lucha de clases en Bolivia, tal como la conocimos, se modifique sustancialmente, por ejemplo haciendo que el tan controvertido traslado de la capital a Sucre se imponga como algo "natural", porque se acabe el agua en La Paz.
Estamos entrando a un período de ese tipo y el problema es que casi no se habla de eso, mientras que en los ambientes revolucionarios se sigue discutiendo de cosas que en este momento resultan minucias, cuestiones completamente mezquinas en comparación con los desafíos a los que estamos enfrentados.
Límites inmanentes del capitalismo
Para seguir con la cuestión de los límites del capitalismo, quiero llamar la atención sobre una cita de Marx, inmediatamente anterior a la ya citada: "La producción capitalista aspira constantemente a superar estos límites inmanentes a ella, pero solo puede superarlos recurriendo a medios que vuelven a levantar ante ella estos mismos límites todavía con mayor fuerza".[2] Esta indicación nos introduce al análisis y a la discusión de los medios a los que se recurrió, durante los últimos treinta años, para superar los límites inmanentes del capital.
Esos medios han sido, en primer lugar, todo el proceso de liberalización de las finanzas, del comercio y de la inversión, todo el proceso de destrucción de las relaciones políticas surgidas a raíz de la crisis del 29 y de los años treinta, después de la Segunda Guerra Mundial y de las guerras de de liberación nacional... Todas esas relaciones, que expresaban la dominación del capital pero representaban al mismo tiempo formas de control parcial del mismo capital, fueron destrozadas y, por algún tiempo, al capital le pareció que con esto se superaban los límites puestos a su actuación.
La segunda forma que se eligió para superar esos límites inmanentes del capital ha sido recurrir, en una escala sin precedentes, a la creación de capital ficticio y de medios de crédito para ampliar una demanda insuficiente en el centro del sistema.
Y la tercera forma, la más importante históricamente para el capital, ha sido la reincorporación, en cuanto elementos plenos del sistema capitalista mundial, de la Unión Soviética y sus "satélites", y de China.
Sólo en el marco de las resultantes de estos tres procesos es posible captar la amplitud y la novedad de la crisis que se inicia.
Liberalización, mercado mundial, competencia…
Comencemos por interrogarnos sobre qué ha significado la liberalización y la desregulación llevadas a cabo a escala mundial, con la incorporación del antiguo "campo" soviético y la incorporación y modificación de las relaciones de producción en China... El proceso de liberalización y desreglamentación ha significado el desmantelamiento de los pocos elementos regulatorios que se habían construido en el marco internacional al salir de la Segunda Guerra Mundial, para entrar en un capitalismo totalmente desreglamentado. Y no sólo desreglamentado, sino también un capitalismo que ha creado realmente el mercado mundial en el pleno sentido del término, convirtiendo en realidad lo que era en Marx una intuición o anticipación. Puede ser útil precisar el concepto de mercado mundial e ir tal vez más allá de la palabra mercado. Se trata de la creación de un espacio libre de restricciones para las operaciones del capital, para producir y realizar plusvalía tomando este espacio como base y proceso de centralización de ganancias a escala verdaderamente internacional. Ese espacio abierto, no homogéneo pero con una reducción drástica de todos los obstáculos a la movilidad del capital, esa posibilidad para el capital de organizar a escala universal el ciclo de valorización, está acompañada por una situación que permite poner en competencia entre sí a los trabajadores de todos los países. Es decir, se sustenta en el hecho que el ejército industrial de reserva es realmente mundial y que es el capital como un todo el que rige los flujos de integración o de repulsión, en las formas estudiadas por Marx.
Este es entonces el marco general de un proceso de "producción para la producción" en condiciones en que la posibilidad para la humanidad y las masas del mundo de acceder a esa producción es totalmente limitada... y por lo tanto, el cierre exitoso del ciclo de valorización del capital, para el capital en su conjunto, y para cada capital en particular, se hace cada vez más difícil. Y por eso se incrementan y se hacen más determinantes en el mercado mundial "las leyes ciegas de la competencia". Los bancos centrales y los gobiernos pueden proclamar que acordarán entre sí y colaborarán para impedir la crisis, pero no creo que se pueda introducir la cooperación en el espacio mundial convertido en escenario de una tremenda competencia entre capitales. Y ahora, la competencia entre capitales va mucho más allá de las relaciones entre los capitales de las partes más antiguas y más desarrolladas del sistema mundial con los sectores menos desarrollados desde el punto de vista capitalista. Porque bajo formas particulares e incluso muy parasitarias, en el marco mundial se han dado procesos de centralización del capital por fuera del marco tradicional de los centros imperialistas: en relación con ellos, pero en condiciones que también introducen algo totalmente nuevo en el marco mundial.
Durante los últimos quince años, y en particular durante la última etapa, se han desarrollado, en determinados puntos del sistema, grupos industriales capaces de integrarse como socios de pleno derecho en los oligopolios mundiales. Tanto en la India como en China se han conformado verdaderos y fuertes grupos económicos capitalistas. Y en el plano financiero, como expresión del rentismo y del parasitismo puro, los llamados Fondos Soberanos se han convertido en importantes puntos de centralización del capital bajo la forma dinero, que no son meros satélites de los Estados Unidos, tienen estrategias y dinámicas propias y modifican de muchas maneras las relaciones geopolíticas de los puntos clave en que la vida del capital se hace y se hará.
Por eso, otro elemento a tener en cuenta es que esta crisis tiene como otra de sus dimensiones la de marcar el fin de la etapa en que los Estados Unidos pudieron actuar como potencia mundial sin parangón... En mi opinión, hemos salido del momento que analizara István Mészáros en su libro Más allá del Capital, (2001), y los Estados Unidos serán sometidos a prueba: en un plazo temporal muy corto, todas sus relaciones mundiales se han modificado y deberá, en el mejor de los casos, renegociar y reordenar todas sus relaciones en base al hecho de que deberán compartir el poder. Y esto, por supuesto, es algo que nunca se produjo de forma pacífica en la historia del capital... Entonces, primer elemento: uno de los métodos elegidos por el capital para superar sus límites se ha transformado en fuente de nuevas tensiones, conflictos y contradicciones, indicando que una nueva etapa histórica se abrirá paso a través de esta crisis.
Creación incontrolada de capital ficticio
El segundo medio utilizado para superar los limites para el capital de las economías centrales fue que todas ellas recurrieron a la creación de formas totalmente artificiales de ampliación de la demanda efectiva, las que, sumándose a otras formas de creación de capital ficticio, generaron las condiciones para la crisis financiera que se está desarrollando hoy. En el artículo que los compañeros de Herramienta tuvieron la gentileza de traducir al castellano y publicar,[3] abordé con cierto detenimiento esta cuestión del capital ficticio y los nuevos procesos que se han dado dentro del proceso mismo de acumulación de capital ficticio. Para Marx, el capital ficticio es la acumulación de títulos que son "sombra de inversiones" ya hechas pero que, como títulos de bonos y de acciones aparecen con el aspecto de capital a sus poseedores. No lo son para el sistema como un todo, para el proceso de acumulación, pero sí lo son para sus poseedores y, en condiciones normales de cierre de los procesos de valorización del capital, rinden a sus poseedores dividendos e intereses. Pero su carácter ficticio se revela en situaciones de crisis. Cuando sobrevienen crisis de sobreproducción, quiebra de empresas, etcétera, se advierte que ese capital no existía... por eso también puede leerse a veces en los periódicos que tal o cual cantidad de capital "desapareció" en algún sacudón bursátil: esas sumas nunca habían existido como capital propiamente dicho, a pesar de que, para los poseedores de esas acciones, representaban títulos que daban derecho a dividendos e intereses, a percibir ganancias…
Por supuesto, uno de los grandes problemas de hoy es que en muchísimos países los sistemas de jubilación están basados en capital ficticio, con pretensiones de participación en los resultados de una producción capitalista que puede desaparecer en momentos de crisis. Toda la etapa de la liberalización y globalización financiera de las décadas de los ochenta y los noventa estuvo basada en acumulación de capital ficticio, sobre todo en manos de Fondos de inversión, Fondos de pensiones, Fondos financieros... Y la gran novedad desde finales o mediados de los años 90 y a todo lo largo de la primera década del siglo XXI fue, en los Estados Unidos y en Gran Bretaña en particular, el empuje extraordinario que se dio a la creación de capital ficticio en la forma de crédito. De crédito a empresas, pero también y sobre todo de créditos a los hogares, créditos al consumo y más que nada créditos hipotecarios. Y eso hizo dar un salto en la masa de capital ficticio creado, originando formas aún más agudas de vulnerabilidad y fragilidad, incluso frente a choques menores, incluso frente a episodios absolutamente predecibles. Por ejemplo, en base a todo lo estudiado anteriormente, se sabía que un boom inmobiliario se termina, que inexorablemente hay un momento en el que, por procesos internos muy bien estudiados, se acaba; y si puede ser relativamente comprensible que en el mercado accionario existiera la ilusión de que no había límites para la suba en el precio de las acciones, en base a toda la historia previa se sabía que eso no podía ocurrir en el sector inmobiliario: cuando se trata de edificios y casas es inevitable que llegue el momento en que el boom acaba. Pero se colocaron en tal situación de dependencia que ese acontecimiento completamente normal y previsible se transformó en una crisis tremenda. Porque a todo lo que ya dije, se añadió el hecho de que durante los dos últimos años los préstamos se hacían a hogares que no tenían la menor posibilidad de pagar. Y además, todo eso se combino con las nuevas "técnicas" financieras que traté de explicar con un grado aceptable de vulgarización en mi artículo de Herramienta, permitiéndose así que los bancos vendieran bonos en condiciones tales que nadie podía saber exactamente qué estaba comprando… hasta el fuerte estallido de los "subprime", en 2007.
Ahora están en el proceso de desmontaje de ese proceso. Pero dentro de ese desmontaje hay procesos de concentración del capital financiero. Cuando el Bank of America compra Merrill Lynch, estamos ante un proceso de concentración clásico. Y vemos además estos procesos de estatización de las deudas, que implican la creación inmediata de más capital ficticio. La Reserva Federal de los Estados Unidos crea más capital ficticio para mantener la ilusión de un valor del capital que está a punto de derrumbarse, con la perspectiva de tener en algún momento dado la posibilidad de aumentar fuertemente la presión fiscal, pero en realidad no puede hacerlo porque eso significaría el congelamiento del mercado interno y la aceleración de la crisis en tanto crisis real. Asistimos, pues, a una fuga hacia adelante que no resuelve nada. Dentro de ese proceso existe también el avance de los Fondos Soberanos que buscan modificar la repartición intercapitalista de los flujos financieros a favor de los sectores rentistas que han acumulado estos fondos. Y esto es un factor de perturbación aun mayor en el proceso.
Quiero recordar, para terminar con este punto, que ese déficit comercial de 5 puntos del PBI es lo que ha conferido a los Estados Unidos la particularidad de ser un lugar clave para la concreción del ciclo del capital en el momento de realización de la plusvalía, para el proceso capitalista en su conjunto. Enfrentados ahora a una casi inevitable retracción económica, se plantea como el gran interrogante si, en un corto lapso, la demanda interna China podrá pasar a ser el lugar que garantice ese momento de realización de la plusvalía que se daba en los Estados Unidos. La amplitud de la intervención del Tesoro es muy fuerte y logró que la contracción de la actividad en los Estados Unidos y la caída en las importaciones haya sido hasta ahora muy limitada. El problema es saber cuánto tiempo se podrá tener como único método de política económica crear más y más liquidez... ¿Será posible que no haya límites a la creación de capital ficticio bajo la forma de liquidez para mantener el valor del capital ficticio ya existente? Me parece una hipótesis demasiado optimista, y entre los mismos economistas norteamericanos, muchos lo dudan.
¿Sobreacumulación en China?
Para terminar, llegamos a la tercer manera en la cual el capital superó sus limites inmanentes, que es en definitiva la más importante de todas y plantea los interrogantes más interesantes. Me refiero a la extensión, en particular a China, de todo el sistema de relaciones sociales de producción del capitalismo. Algo que Marx mencionó en algún momento como una posibilidad, pero que sólo se hizo realidad durante los últimos años. Y se realizó en condiciones que multiplican los factores de crisis.
La acumulación del capital en China se hizo en base a procesos internos, pero también en base a algo que está perfectamente documentado, pero poco comentado: el traslado de una parte importantísima del Sector II de la economía, el sector de la producción de medios de consumo, desde los Estados Unidos hacia China. Y esto tiene mucho que ver con el grueso de los déficits norteamericanos (el déficit comercial y el fiscal), que sólo podrían revertirse por medio de una "reindustrialización" de los Estados Unidos.
Esto significa que se establecieron nuevas relaciones entre los Estados Unidos y China. No se trata ya de las relaciones de una potencia imperialista con un espacio semicolonial. Los Estados Unidos crearon relaciones de un tipo nuevo, que ahora tiene dificultades en reconocer y en asumir. En base al superávit comercial, China acumula millones y millones de dólares, que luego presta a los Estados Unidos. Una ilustración de las consecuencias que esto trae, lo tenemos con la nacionalización de esas dos entidades llamadas Fannie Mae y Freddy Mac: parece ser que la banca de China tenía el 15% de los fondos de estas entidades y le comunicó al gobierno americano que no aceptaría su desvalorización. Son relaciones internacionales de un tipo totalmente nuevo.
Pero ¿qué ocurre en el seno mismo de China? En mi artículo en Herramienta ya citado, había una sola página sobre esto, y al final, pero de alguna manera es la cuestión más decisiva para la próxima etapa de la crisis. En China se ha dado internamente un proceso de competencia entre capitales, que se combinó con procesos de competencia entre sectores del aparato político chino, y de competencia para atraer a empresas extranjeras, todo lo cual ha resultado en un proceso de creación de inmensas capacidades de producción, además de violentar a la naturaleza en una escala grandísima: en China se concentra una sobreacumulación de capital que en un momento dado se tornará insostenible. En Europa es evidente la tendencia a una aceleración de la destrucción de capacidades productivas y de puestos de trabajo, para trasladarse al único paraíso del mundo capitalista que hoy es China. Considero que este traslado de capitales a China ha significado una reversión de procesos anteriores hacia un alza de la composición orgánica del capital. La acumulación es intensiva en medios de producción y es intensiva y muy dilapidadora de la otra parte del capital constante, es decir las materias primas. La masiva creación de capacidades de producción en el Sector I estuvo acompañada por todos los mecanismos y el empuje económico que caracteriza el crecimiento de China, pero el mercado final para sostener toda esa producción es el mercado mundial, y una retracción de éste pondrá en evidencia esa sobreacumulación de capital. Alguien como Aglietta, que ha estudiado específicamente esto, afirma que realmente hay sobreacumulación, hay un acelerado proceso de creación de capacidad productiva en China, un proceso que, en el momento en que se termine -y tiene que terminar- la realización de toda esa producción va a plantear problemas. Además, China es realmente un lugar decisivo, porque incluso pequeñas variaciones en su economía determinan la coyuntura de otros muchos países en el mundo. Fue suficiente que la demanda china de bienes de inversión cayera un poco para que Alemania perdiera exportaciones y entrara en recesión. Las "pequeñas oscilaciones" en China tienen repercusiones fuertísimas en otros lugares, como debería ser evidente para el caso de la Argentina.
Para seguir pensando y discutiendo
Y vuelvo a lo que decía en el comienzo. Aunque sean comparables, las fases de esta crisis van a ser distintas a las del 29, porque en aquel entonces la crisis de sobreproducción de los Estados Unidos se verificó desde los primeros momentos. Después se profundizó, pero se supo enseguida que se estaba ante una crisis de sobreproducción. Ahora, en cambio, con diversas políticas están aplazando ese momento, pero no podrán hacerlo mucho más. Simultáneamente, y como ocurriera también con la crisis de 1929 y los años treinta, aunque en condiciones y bajo formas distintas, la crisis se combinará con la necesidad, para el capitalismo, de una reorganización total de la expresión de sus relaciones de fuerzas económicas en el marco mundial, marcando el momento en el que los Estados Unidos verán que su superioridad militar es solamente un elemento, y un elemento bastante subordinado, para renegociar sus relaciones con China y otras partes del mundo. O llegará el momento en el cual dará el salto a una aventura militar de imprevisibles consecuencias.
Por todo ello, concluyo que esto es mucho más que una crisis financiera, incluso si estamos por ahora en esa fase, incluso si el artículo publicado por Herramienta debió concentrarse en tratar de iluminar los enredos del capital ficticio y permitir entender por qué es tan difícil el desmontaje de ese capital, pero estamos ante una crisis muchísimo más amplia. Ahora bien, tengo la impresión, por el tenor de las distintas preguntas u observaciones que se me hicieron, que muchos opinan que estoy pintando un escenario de tipo catastrofista, de derrumbe del capitalismo... En realidad, creo que estamos ante el riesgo de una catástrofe, pero no ya del capitalismo, sino de una catástrofe de la humanidad. En cierta forma, si tomamos en cuenta la crisis climática, posiblemente ya existe algo de eso... Yo opino (junto con Mészáros, por ejemplo, pero somos muy pocos los que damos importancia a esto) que estamos ante un peligro inminente. Lo dramático es que, por el momento, esto afecta directamente a poblaciones que no son tomadas en cuenta: lo que pueda estar pasando en Haití pareciera que no tiene la menor importancia histórica; lo que ocurre en Bangladesh no tiene peso más allá de la región afectada; tampoco lo ocurrido en Birmania, porque el control de la Junta militar impide que trascienda. Y lo mismo en China: se discuten los índices de crecimiento pero no sobre las catástrofes ambientales, porque el aparato represivo controla las informaciones sobre las mismas.
Y lo peor es que esa "opinión", que está siendo constantemente construida por los medios, está interiorizada muy profundamente, incluso en muchos intelectuales de izquierda. Yo había comenzado a trabajar y a escribir sobre todo eso, pero con el comienzo de la crisis de alguna manera debí volver a ocuparme de las finanzas, aunque no lo hago con mucho gusto, porque lo esencial me parece que se juega en un plano distinto.
Para terminar: el hecho de que todo esto ocurra después de esa tan larga fase, sin paralelo en la historia del capitalismo, de 50 años de acumulación ininterrumpida (salvo una pequeñísima ruptura en 1974/1975), así como también todo lo que los círculos capitalistas dirigentes, y en particular los bancos centrales, aprendieron de la crisis del 29, todo ello hace que la crisis avance de manera bastante lenta. Desde septiembre del año pasado, el discurso de los círculos dominantes viene sosteniendo, una y otra vez, que "lo peor ya pasó", cuando lo cierto es que, una y otra vez, "lo peor" estaba por venir. Por eso insisto en el riego de minimizar la gravedad de la situación, y sugiero que en nuestros análisis y forma de enfocar las cosas deberíamos incorporar la posibilidad, como mínimo la posibilidad, de que inadvertidamente estemos también interiorizando ese discurso de que, en definitiva "no pasa nada"...
* Exposición realizada en el encuentro organizado por Herramienta el 18 de septiembre de 2008. La desgrabación y preparación para su publicación es de Aldo Casas.
** Destacado marxista, es parte del Consejo científico de ATTAC-Francia, director de Carré rouge, y miembro del Consejo asesor de Herramienta, con la que colabora asiduamente. La finance capitaliste, último libro publicado bajo su dirección, está siendo traducido para ser publicado por Ediciones Herramienta.
[1] Carlos Marx, El capital México, FCE, 1973, Vol. III, pág. 248.
[2] Idem.
[3] "El fin de un ciclo. Alcance y rumbo de la crisis financiera", en Herramienta Nº 37, marzo 2008.
Joao Pedro Stedile : 25 años del Movimiento Sin Tierra
09-01-2009
MST: 25 años de obstinación
João Pedro Stedile
ALAI AMLATINA
En enero de 1984, había un proceso de reascenso del movimiento de masas en Brasil. La clase trabajadora estaba reorganizándose, acumulando fuerzas orgánicas. Los partidos clandestinos ya estaban en la calle, como el Partido Comunista Brasileño (PCB), el Partido Comunista del Brasil (PCdoB), etc. Habíamos conquistado una amnistía parcial, pero la mayoría de los exiliados habían regresado.Ya se habían conformado el Partido de los Trabajadores (PT) y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y el Congreso Nacional de las Clases Trabajadoras (CONCLAT), impulsada por los comunistas que más tarde se fundió en la CUT. Amplios sectores de las iglesias cristianas ampliaban su trabajo de hormiguita, para ir generando consciencia y núcleos de base en defensa de los pobres, inspirados por la teología de la liberación. Había entusiasmo en todo lado, porque la dictadura estaba siendo derrotada y la clase trabajadora brasileña, a la ofensiva; luchando y organizándose.Los campesinos en el medio rural vivían el mismo clima y la misma ofensiva. Entre 1979 y 1984 se realizaron decenas de ocupaciones de tierra en todo el país. Los posseiros (1), los sin tierra, los asalariados rurales, perdieron el miedo. Y fueron a la lucha. Ya no querían migrar más a la ciudad como bueyes que marchan al matadero (en la expresión de nuestro recordado poeta uruguayo Zitarroza).Fruto de todo eso, nos reunimos en Cascabel, en enero de 1984, estimulados por el trabajo pastoral de la CPT (Comisión Pastoral de la Tierra), líderes de luchas por la tierra de dieciséis estados brasileños. Y allá, después de 5 días de debates, discusiones, reflexiones colectivas, fundamos el MST: el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra.Nuestros objetivos eran claros. Organizar un movimiento de masas a nivel nacional, que pueda concienciar a los campesinos para que luchen por tierra, por reforma agraria (implicando cambios más amplios en la agricultura) y por una sociedad más justa e igualitaria. Queríamos, en fin, combatir la pobreza y la desigualdad social. Y la causa principal de esa situación en el campo era la concentración de la propiedad de la tierra, conocida como latifundio.No teníamos la menor idea de si eso era posible. Ni cuanto tiempo llevaríamos en busca de nuestros objetivos.Han pasado 25 años. Mucho tiempo. Fueron años de muchas movilizaciones, muchas luchas y de una obstinación constante, de siempre luchar y movilizarnos contra el latifundio.Pagamos caro por esa obstinación. Durante el gobierno Collor fuimos duramente reprimidos, con la instalación inclusive de un departamento especializado en sin tierra en la Policía Federal. Después, con la victoria del neoliberalismo del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, hubo luz verde para que los latifundistas y sus policías provinciales ataquen al movimiento. Y tuvimos en poco tiempo dos masacres: Corumbiara y Carajás. A lo largo de esos años, cientos de trabajadores rurales pagaron con su propia vida, por el sueño de la tierra libre.Pero seguimos la lucha.Frenamos al neoliberalismo eligiendo el gobierno Lula. Teníamos esperanza de que la victoria electoral pudiese desencadenar un nuevo reascenso del movimiento de masas y que, con eso, la reforma agraria tendría más fuerza para ser implementada. No hubo reforma agraria durante el gobierno Lula. Al contrario, las fuerzas del capital internacional y financiero, a través de sus empresas transnacionales, ampliaron su control sobre la agricultura brasileña. Hoy, la mayor parte de nuestras riquezas, producción y distribución de mercancías agrícolas está bajo control de las empresas transnacionales. Ellas se aliaron con los hacendados capitalistas y produjeron el modelo de explotación del agro-negocio. Muchos de sus portavoces se apresuraron a preanunciar en las columnas de los grandes periódicos de la burguesía que el MST se acabaría. Equívoco engaño.La hegemonía del capital financiero y de las transnacionales sobre la agricultura, no consiguió, felizmente, acabar con el MST. Por un solo motivo: el agro-negocio no presenta solución alguna para los problemas de los millones de pobres que viven en el medio rural. Y el MST es la expresión de la voluntad de liberación de esos pobres.La lucha por la reforma agraria que antes se basaba sólo en la ocupación de tierras del latifundio, ahora se presenta más compleja. Tenemos que luchar contra el capital. Contra la dominación de las empresas transnacionales. Y la reforma agraria dejó de ser aquella medida clásica: expropiar grandes latifundios y distribuirlos en lotes a los pobres campesinos. Ahora, los cambios en el campo, para combatir la pobreza, la desigualdad y la concentración de riquezas, dependen de cambios no sólo de la propiedad de la tierra, sino también del modelo de producción. Ahora, los enemigos son también las empresas internacionalizadas, que dominan los mercados mundiales. Significa también que los campesinos dependerán cada vez más de las alianzas con los trabajadores de la ciudad para poder avanzar en sus conquistas.Felizmente, el MST adquirió experiencia en estos 25 años. Sabiduría necesaria para desarrollar nuevos métodos, nuevas formas de lucha de masa, que puedan resolver los problemas del pueblo. (Traducción ALAI)Nota(1) Campesinos que tienen posesiones precarias de tierra, sobre todo en la Amazonía, que, sin embargo, no tienen títulos de propiedad.- João Pedro Stedile es miembro de la Coordinación Nacional del MST y de la Vía Campesina Brasil.(Revista Caros Amigos, Sao Paulo, enero de 2009).
lunes, 5 de enero de 2009
PALESTINA y los DERECHOS HUMANOS MASACRADOS.
05-01-2009
Diario de una madre palestina (2, 3 y 4 de enero)
Bombas de racimo, uranio empobrecido y fósforo blanco contra Gaza
Leila El-Haddad
http://a-mother-from-gaza.blogspot.com/
Traducido para Rebelión por Ana Sastre
viernes, 2 de enero de 2009 La "historia" de mi padre
Gaza está repleta de historias. Los vecinos de mi pariente, 3 niños, fueron asesinados hoy mientras jugaban a las canicas en la puerta de su casa. Otro pariente lejano fue asesinado en su casa. Todos ellos han muerto para hacer de Israel un lugar más seguro. Mi padre está poniendo su granito de arena compartiendo su historia personal con el mundo entero. Ayer, habló en la emisora de NPR, WUNC, de Carolina del Norte. Intervino en la Historia con Dick Gordon. Puedes oírle compartir su fascinante experiencia aquí, una historia no muy distinta a la del abuelo de mi amiga Laila Al-Arian, publicada hoy en the Nation. Moussa El-Haddad vive en Gaza con su esposa. Las bombas han sido arrojadas a menos de 100 metros de su casa. Hace dos noches, estaba sentado a su escritorio y las reverberaciones de una bomba cercana le tiraron de la silla. Le cuenta a Dick Gordon cómo es su vida ahora que su ciudad se encuentra en estado de sitio y le habla sobre las esperanzas de que con la nueva administración estadounidense se aprueben nuevas políticas para esta conflictiva región. ENLACE A LA ENTREVISTA COMPLETA LINK TO THE FULL BROADCAST, que incluye las imágenes que mi padre tomó de la mezquita cercana a su casa y de la cola que se forma a las puertas de la panadería. Nota: después de la entrevista de mi padre, el presentador se sintió obligado a entrevistar a un residente de Sderot (ya que, después de todo, la "historia" estaría incompleta sin el otro punto de vista). Acabó entrevistando a una mujer americano-israelí que residió en Gush Qatif y que ahora vive en Sderot. Ella recuerda con nostalgia los maravillosos días pasados en Gaza (en complejos paramilitares fortificados ilegales) y afirma que le gustaría volver a vivir de nuevo cerca de sus "vecinos árabes" allí (???). Después, pasa a quejarse de lo poco protegida que se siente y afirma que no se siente realmente segura en ningún sitio (intenta explicar eso a los residentes de Jabaliya, Anita). Lo que realmente me molestó de esta situación es que en ningún momento se le preguntó por el asalto de Israel sobre Gaza, ni por las obvias equivalencias morales y políticas implícitas.
http://www.thenation.com/doc/20090112/al_arian
Vivir y morir en Gaza
Por Laila Al-Arian
2 de enero de 2009
El domingo por la mañana encontré una nota escrita por mi amiga en Facebook en la que me decía que la Fuerza Aérea israelí estaba atacando el barrio de mi abuelo en Gaza. Safa, que vive cerca de mi abuelo en un "Asqoola" súper poblado de Ciudad de Gaza, relató las angustiosas horas que vivió aterrorizada por lo que ella denominó "el horrendo sonido enloquecedor, ominoso e incesante" de los helicópteros Apache sobrevolando su cabeza. "Fuera de mi casa, que está cerca de dos de las universidades más grandes de Gaza, cayó un misil sobre un gran grupo de jóvenes, estudiantes universitarios", escribió Safa durante el fin de semana. "Les habían advertido que no formasen grupos, puesto que eso los convertiría en un objetivo más fácil, pero estaban esperando los autobuses que los llevarían a casa. Siete de ellos fueron asesinados".
Mi familia había estado intentando hablar con mi abuelo desde el sábado, después de que Israel diera inicio a la ofensiva contra Gaza. Pero no hemos podido localizarlo, algo que no es demasiado sorprendente, puesto que muchas líneas telefónicas han sido cortadas. "Permanezca a la espera", es todo lo que oímos. Una directiva informatizada de la compañía telefónica, que va ganando estridencia a medida que se repite una y otra vez. "Permanezca a la espera". Mi madre cuelga con frustración, incapaz de calmar su ansiedad o despejar su mente de los peores augurios.
Mi abuelo se trasladó a Gaza hace cinco años, después de vivir por todo Oriente Medio durante casi cincuenta años. Todos nosotros sabíamos que sólo era cuestión de tiempo que regresara a su tierra natal. Nació en Ciudad de Gaza en 1933. Su padre y su madre murieron de cáncer cuando él tenía sólo cinco años, por lo que fue criado por sus hermanas mayores. La Gaza que él conoció durante su infancia sufrió una gran transformación tras el asentamiento de Israel en 1948. Tras su expulsión forzosa de pueblos y ciudades del país, cientos de miles de palestinos llegaron a oleadas a la diminuta franja costera. La mayor parte de los refugiados pasaron a depender de la asistencia prestada por el recién creado Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para sobrevivir, y resultaba muy difícil encontrar trabajo. Mi abuelo se vio obligado a trasladarse a otros países árabes para sacar adelante a su joven familia. En 1958, se casó con mi abuela, una refugiada de Jaffa cuyo padre, un policía, había sido asesinado por paramilitares sionistas diez años antes. Mi abuelo se trasladó con ella y con su hijo de un año a Arabia Saudí, donde se convirtió en profesor de árabe.
Abandonar su amada Gaza fue muy doloroso para mi abuelo, pero no le quedó más remedio. Como nunca se le permitió convertirse en ciudadano de ninguno de los cuatro países árabes en los que trabajó y vivió, mi abuelo nunca se sintió realmente "en casa". En su mente, no fueron más que paradas transitorias, lugares de descanso provisionales en su camino al Regreso. Ahorraba todo lo que podía de su exiguo salario para reunir dinero suficiente para llevar a su familia a Gaza durante el verano. Tras varios años de vivir modestamente, pudo comprar un cuarto de acre de tierra en la costa de Gaza cercana al Mar Mediterráneo.
Mi abuelo estaba sentado en una cafetería con un grupo de amigos en la ciudad costera de Jeddah, en Arabia Saudí, cuando oyó que Israel había tomado Gaza en la guerra de junio de 1967 (la Guerra de los 6 días). Su rostro palideció y se desmayó de la impresión sufrida. La ocupación del ejército israelí significaba la pérdida de Gaza. Pero en la práctica, la noticia tuvo otro efecto catastrófico: las autoridades militares israelíes decretaron que todo palestino que no estuviera en Gaza antes de la guerra, no sería reconocido como residente de la franja.
Mi abuelo se convirtió en ciudadano estadounidense en 1999. Cuando aprobó su examen de ciudadanía, su conocimiento de la historia americana era tan profundo como el mío. Tres de sus hijos se habían trasladado aquí unos años antes y allí formaron sus familias. Aunque mi madre le rogó que se quedara a vivir aquí con ella, el sueño de mi abuelo de regresar a Gaza nunca le abandonó, y fue precisamente su estatus de ciudadano estadounidense el que le ayudó a convertirlo en realidad.
Cuando por fin se traslado a Gaza, mi abuelo cambió. Dejó su impenitente hábito de fumar sin parar y adoptó la costumbre de vivir al aire libre, plantando un jardín en el patio. Bebió té de menta en el viñero de su sobrino y comió frutos de las higueras con las que había soñado durante años. Pero también se sintió consternado por los cambios que observó. Su ciudad natal estaban tan superpoblada que los árboles habían sido talados para dejar sitio a los edificios. Con más de 10.000 habitantes por milla cuadrada, se había convertido en la ciudad más densamente poblada del mundo. (Teniendo en cuenta el entorno superpoblado de Gaza, resulta difícil comprender cómo alguien puede argumentar que el bombardeo aéreo israelí se centra exclusivamente en los "objetivos de Hamas".)
Mi abuelo no había pertenecido en su vida a ninguna facción política, pero como muchos gazanos, tenía la esperanza de que la elección de Hamas devolvería una apariencia de paz y orden. Los oficiales de la Autoridad Palestina habían sido perseguidos con alegaciones de corrupción desde que comenzaran a gobernar Gaza y Cisjordania en virtud de los acuerdos de Oslo de 1993. Para muchos gazanos, la Autoridad Palestina y sus acólitos no eran mejores que gángsteres.
Con el bloqueo draconiano impuesto por Israel sobre Gaza como castigo por la elección de Hamas con el respaldo por EE.UU. y Europa, la vida de mi abuelo volvió a transformarse. La medicación para tratar su diabetes comenzó a escasear y debido al desabastecimiento de gas y electricidad su familia se vio obligada a usar primitivos quemadores de queroseno para cocinar. Las panaderías tuvieron que empezar a hornear el pan con forraje para animales y las plantas de tratamiento de residuos dejaron de funcionar a medida que el combustible se terminaba, obligando a la autoridad competente del suministro de agua a verter millones de litros de residuos al Mar Mediterráneo. La electricidad escaseaba y los hogares recibían una media de seis horas de electricidad al día. La tasa de desempleo se disparó hasta alcanzar el 49%. Debido a los cierres de la frontera, los sobrinos de mi abuelo, que trabajaban en el sector de la construcción en Israel, se quedaron sin su fuente de ingresos. El bloqueo de Israel provocó la hambruna lenta de toda la población y las tasas de desnutrición superaron el 75% entre los 1,5 millones de habitantes de la franja. Como ocurre en la mayoría de las situaciones de sitio, los niños fueron los que más sufrieron las consecuencias del hambre y de las enfermedades.
Mientras los misiles llueven sobre Gaza, no dejo de imaginar lo que piensa mi abuelo. La mayor parte de la infraestructura civil del territorio, incluidos los cuarteles de policía, las universidades, las mezquitas y los edificios residenciales, ha sido diezmada. En el campo de refugiados de Jabalya, cinco hermanas, la más mayor de 17 años y la más pequeña de 4, fueron asesinadas el lunes mientras dormían en sus camas, cuando un ataque aéreo israelí destruyó una mezquita situada al lado de su casa. Sus padres contaron a los reporteros que pensaban que estaban seguros, ya que las casas de culto nunca habían sido objetivos militares. El cementerio en el que enterraron a las niñas estaba atestado, por lo que enterraron a las cuatro en tres tumbas. Un portavoz de las Naciones Unidas dijo que la matanza es un "ejemplo trágico de que este bombardeo se está cobrando una cantidad ingente de víctimas civiles inocentes". El desconsolado padre expresó el sentir de muchos de los habitantes de Gaza en una entrevista interview concedida al Washington Post. "No tengo nada que ver con ningún partido político palestino. No tengo nada que ver con Hamas ni con nadie. Sólo soy una persona normal". Unos días después del ataque, me enteré de que las niñas eran parientes de nuestros amigos de Florida.
Le pregunté a mi madre por qué mi abuelo no salía de Gaza mientras las puertas siguieran abiertas. Por qué no abandonaba el asedio antes de que su vida se convirtiera en una pesadilla insoportable y antes de este último bombardeo. "Porque es allí donde tiene sus raíces", me dijo. "Toda su vida ha echado de menos su tierra. En Gaza están enterrados sus padres. Y es allí donde quiere morir".
Get The Nation at home (and online!) for 75 cents a week!
If you like this article, consider making a donation to The Nation.
Acerca de Laila Al-Arian
Laila Al-Arian es periodista freelance y coautora, con Chris Hedges, de Collateral Damage: America's War Against Iraqi Civilians (Nation Books), basado en su artículo publicado en Nation en 2007 "The Other War" ("La otra guerra).sábado, 3 de enero de 2009 El plan israelí para derrocar a Hamas y restituir a Abbas
Un extracto de un artículo escrito en JTA (Jewish and Israeli News – Noticias judías e israelíes)... en el que se resumen las valoraciones del Consejo de Seguridad Nacional Israelí para 2009: "Ocurra lo que ocurra, dice el NSC, Israel debe continuar presionando y debilitando a Hamas. Si la actual tregua entre Hamas e Israel en Gaza se rompe, el NSC recomienda a Israel que ponga en marcha una operación generalizada para derrocar a Hamas en Gaza. Si eso significa volver a ocupar Gaza y, de ser así, durante cuánto tiempo, el NSC no lo especifica… Para mantener a Abbas en el poder y mantener en vigor la solución de los dos estados, el NSC recomienda que Israel evite la celebración de elecciones en Palestina". La ruptura de la tregua el día 4 de noviembre fue, por tanto, la forma que tiene Israel de mantener en funcionamiento la maquinaria de este enorme y macabro juego: el derrocamiento de Hamas y la restitución del impotente Abbas en Gaza para que el "proceso de paz" pueda conservarse para siempre en formaldehído. Los portavoces israelíes en Aljazeera y la CNN han confirmado este punto, diciendo que "los dirigentes palestinos legítimos están en Cisjordania" y que deben regresar a Gaza y que, si se presenta la ocasión, les facilitarán este regreso. Así que, el plan es: destruir la infraestructura y los edificios gubernamentales, sembrar el caos y un vacío político; restituir a Abbas y a sus secuaces como subcontratistas de la ocupación. Jonathan Cooke señala en un artículo reciente publicado en EI: "No debe sorprender que Israel… haya asesinado a un número considerable de policías civiles, los garantes de la ley y el orden en Gaza".
COMIENZA LA OFENSIVA TERRESTRE EN GAZA
Acabamos de volver de una protesta celebrada en Durham... antes de irnos, mi padre me llamó para decirme que la invasión terrestre era inminente, y que una bomba había destruido un mezquita cercana asesinando a 11 civiles. Ahora nos informa de que la invasión terrestre HA COMENZADO. Todo el mundo se está preparando. Nos ha dicho que Israel ha destruido 3 centros de JAWAL (el proveedor de telefonía móvil), por lo que muchos teléfonos móviles, incluido el suyo, han dejado de funcionar, aunque sí se mantienen las líneas telefónicas fijas. Me dice que un edificio situado detrás de la casa de mi tío en Ciudad de Gaza ha sido destruido y que está ardiendo en llamas. En él había un orfanato. Mi madre dice que no me va a engañar… que está aterrorizada. Están lanzando bombas incendiarias y bengalas para iluminar el cielo. Por todas partes vuelan folletos propagandísticos que informan a la gente de Gaza que "ellos eligieron a Hamas y Hamas les ha abandonado"; que "Hamas les conducirá a la catástrofe", un texto superpuesto a la imagen de un edificio bombardeado; y les insta a "tomar las riendas de su destino" y a llamar al número de teléfono indicado o enviar un correo electrónico con información; se recomienda llamar "en secreto" (gracias por el consejo). Israel también está retransmitiendo noticias en la cadena de televisión al-Aqsa TV. Mi padre me dice que las calles de Gaza están "oscuras como la boca del lobo". Para más noticias, consultar mi página de Twitter: www.twitter.com/Gazamom También se pueden ver las fotos de Sameh Habeeb en: http://www.digitaljournal.com/, y http://picasaweb.google.com/sameh.habeeb/GazaWar3# (incluyendo fotos de los folletos diseminados por toda la ciudad) Estado de ánimo en estado de sitio
Ayer, me pregunté qué le habría pasado al pájaro newly acquired bird de mi padre, el que le compró al granjero que cuida el terreno de mi madre en el sur de Gaza. Temí que la pobre criatura muriera de un ataque al corazón. Mi padre me aseguró que estaba bien… pero que en lugar de gorjear las melodías habituales que le han hecho famoso, ahora sólo profiere "bum, bum". domingo, 4 de enero de 2009 Bombas racimo, uranio empobrecido y fósforo blanco contra Gaza
Los residentes de Gaza llevan días informando de que el ejército israelí está descargando una cantidad de fuerza inusitada y sin precedentes contra ellos, pero también nos hablan de los nuevos tipos de armamento utilizados. Esto no sorprende a nadie... Gaza siempre ha sido el "terreno de pruebas" de Israel, desde el gas neurotóxico nerve agents utilizado en Khan Younis en 2003 hasta los "ataques aéreos fantasma" con estampido sónico. Ahora, se habla de bombas racimo, uranio empobrecido y fósforo blanco. Y estas son sólo las armas que la población ha podido identificar, aunque corresponsales de la CNN apostados cerca de las fronteras también hablan de nuevos tipos de explosiones. Médicos noruegos afirman que algunas de las víctimas que han sido heridas desde que comenzaran los ataques de Israel sobre la Franja de Gaza el día 27 de diciembre tienen rastros de uranio empobrecido en sus cuerpos, según Press TV. También existen informes que señalan que el ejército israelí está utilizando bombas racimo en la zona norte de la Franja, así como fósforo blanco, un arma incendiaria utilizada por los Estados Unidos en Irak (lo que explicaría las enormes explosiones en forma de llamaradas nunca vistas en Gaza).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
