sábado, 3 de enero de 2009
¿HASTA DONDE LLEGA EL CAMBIO?
03-01-2009
La izquierdas sudamericanas: un mapa para armar
Bruno Fornillo y Pablo Stefanoni
Latinoamérica vive, sin duda, un cambio de época. En los "pospolíticos" años noventa no estaba en el horizonte un grado de integración regional como el actual, acompañada de una visible erosión de las "relaciones carnales" con Washington y una variedad de nuevos socios como Rusia, China o Irán. Ni que la movilización social acumulara fuerza suficiente para destituir gobiernos y modificar el "clima ideológico" imperante, o que el voto se erigiera en el canal privilegiado para la llegada al gobierno de un conjunto de izquierdas post Muro de Berlín.
Un militar nacionalista en Venezuela, un indígena aymara en Bolivia, un ex obrero metalúrgico en Brasil, mujeres presidentas en Chile y Argentina, un ex obispo que asume en sandalias en Paraguay, un economista keynesiano en Ecuador… las izquierdas sudamericanas constituyen un mapa para armar. La relación entre los discursos y las prácticas de los nuevos gobiernos, el complejo balance entre continuidades y rupturas, y la diversidad de actores y herencias culturales e institucionales del variopinto mosaico de las izquierdas sudamericanas introduce no pocas dificultades a la hora del análisis, a prueba de conclusiones impulsivas o de clichés que –como maleable término "populismo"– agotan la discusión antes de abrirla. ¿Qué bases empíricas y teóricas tiene el actual giro "post neoliberal"? ¿Hasta qué punto la renovada retórica socialista se sustenta en un nuevo modelo de desarrollo? ¿De la experiencia latinoamericana están surgiendo elementos novedosos para imaginar un socialismo renovado, diferente al del siglo XX?
Tras años de gobiernos de talante progresista en la mayor parte de América del Sur, una serie de libros aparecidos recientemente, como El sueño de Bolívar, de Marc Saint-Upéry, y La nueva izquierda, de José Natanson, –desde un "periodismo de impregnación" que mezcla crónica periodística con interpretaciones sobre la realidad actual–, o Las disyuntivas de la izquierda, de Claudio Katz, desde el activismo político-intelectual, abordan esta temática de forma comparativa y constituyen un importante plafón para problematizar las experiencias en curso. Los tres trabajos coinciden en que los conceptos de izquierda y derecha siguen teniendo sentido como brújula para escrutar la por momentos enigmática realidad política y social latinoamericana. Y tienen, además, un mismo trasfondo: la información empírica corroe la idea de un giro poscapitalista en Sudamérica, al tiempo que destacan un renovado empoderamiento y politización de los sectores más marginados junto con un esfuerzo de (re)construcción de los Estados nacionales después de casi dos décadas de neoliberalismo desregulador.
¿Nuevo modelo de desarrollo?
"¿A alguien se le ocurriría comparar a Hugo Chávez o Evo Morales con la gobernadora de Alaska Sarah Palin? Dirán que la ex candidata vicepresidencial republicana es ultraconservadora y odia al comunismo. Es cierto. Pero si nos limitamos a llamar socialismo a un reparto más equitativo de la renta proveniente de los recursos naturales, este estado subártico sería el primer Estado socialista del siglo XXI. Palin se peleó con las principales trasnacionales petroleras y aumentó a 3.200 dólares el cheque que cada año los habitantes de Alaska pasan a retirar por el correo; es su parte de la renta petrolera". La exposición –en un diálogo con Ñ– es del autor de El sueño de Bolívar. Saint-Upéry no duda: "Detrás de la retórica socialista se está pintando de rojo-rojito –como dicen los venezolanos– una reprimarización dependentista de las economías sudamericanas".
El caso venezolano es aleccionador: Natanson destaca que, si bien la economía no petrolera creció, lo hizo al estilo saudita: la construcción o las finanzas se expandieron ostensiblemente, pero como resultado del propio boom petrolero (el 70% de las exportaciones es oro negro y se dirige en un 80% a Estados Unidos), más que como producto de de una renovada diversificación económica. Además, la revolución bolivariana tiene como sustrato una cultura de consumismo desenfrenado de la que no está excluida la nueva "boliburguesía", con discotecas que rifan operaciones de senos a chicas de 15 años y consumos récord mundial de whisky importado, lo que llevó al propio Chávez a preguntarse: "¿qué revolución es esta pues, la del whisky y las Hummer?". "Son banqueros que lucran con la intermediación de títulos públicos, contratistas que obtuvieron jugosas licitaciones, importadores que aprovechan la fiebre de consumo dispendioso y empresarios que no invierten pero remarcan precios, generando un círculo vicioso de baja oferta y alta inflación", explica Katz. Y las propias bases bolivarianas hablan de una "derecha endógena" que busca frenar el avance hacia la radicalización de la revolución y crear una nueva casta burocrática-empresarial.
No casualmente las fronteras de los gobiernos más "antiimperialistas" coinciden con la de los países ricos en hidrocarburos: Venezuela, Bolivia y Ecuador, donde las izquierdas gubernamentales tienen poco que festejar ante la crisis del capitalismo global, al principio tomada con cierta sorna. Los ejes de las políticas públicas de unas y otras izquierdas parecen resumirse en el fortalecimiento del rol del Estado en la economía, la ciudadanización de los excluidos y una ampliación de las políticas sociales, lo que no es poco después de la "larga noche neoliberal", como la define Correa; presidente de un país que –como pocos- busca aplicar un sistema tributario progresivo y un sector ambientalista disputa dentro del gobierno una propuesta alternativa de desarrollo.
En el caso de Brasil, la discusión –reflejada en los textos de los tres autores- se centra en gran medida acerca de si el de Lula es un "gobiernos en disputa", entre tendencias keynesianas-desarrollistas y tendencias neoliberales o –como sostiene una parte de la izquierda decepcionada– es una administración abiertamente neoliberal, sostenida en la ortodoxia financiera y los agronegocios, con políticas asistenciales de contención. Pero hay dos temas que hacen cortocircuito a la hora de defenestrar al ex obrero metalúrgico del panteón de los nuevos izquierdistas: la autonomía relativa de Brasilia frente a EE.UU. (hay coincidencia en que fue Brasil que dio el mazazo final al ALCA) y el hecho que los propios movimientos sociales brasileños –como el radical Movimiento Sin Tierra– no terminen de dar el portazo. Más complejo es el caso argentino, donde el peronismo desafía cualquier fórmula fácil: lo cierto es que el matrimonio Kirchner parece actuar pragmáticamente en función de la coyuntura más imaginar proyectos "ideológicos" de cambio social. Incluso, recientemente, los máximos defensores de la idea del "gobierno en disputa" –Libres del Sur– abandonaron el gobierno por considerar que el proyecto K volvió a recostarse en el pejotismo en detrimento de un proyecto renovador de centroizquierda.
Ser de izquierda
En una geometría por lo demás variable, los gobiernos progresistas del continente, hoy embebidos de un halo carismático, han sido en buena parte fruto de la movilización popular con consignas "antineoliberales". El kirchnerismo es incomprensible sin las jornadas de 2001, el ciclo de rebeliones populares boliviano catapultó al primer presidente indígena, la presión popular evitó un golpe contra Chávez en 2002, la acumulación sindical-electoral del PT en Brasil fue la base de los triunfos de Lula, las sucesivas rebeliones urbano-rurales proyectaron a Correa al Palacio Carondelet y el agotamiento ciudadano con el Partido Colorado -60 años en el poder- movilizó al electorado paraguayo a favor de Lugo… sólo Chile y Uruguay se mantuvieron fieles a una institucionalidad a prueba de fisuras a la hora de "girar a la izquierda".
Katz enfrenta esta heterogeneidad proponiendo una tipología general que distingue entre gobiernos "centroizquierdistas" (con Lula como ejemplo paradigmático) y "nacionalistas radicales" (con Chávez en el lugar de caso testigo). Y aunque reconoce que la frontera es difusa –con casos como Evo Morales o Rafael Correa "navegando entre dos aguas"- sostiene que el primer proyecto difiere del segundo por la confrontación con el imperialismo, los conflictos con los capitalistas locales y el aliento a la movilización popular. Por su parte, Saint-Upéry rechaza de plano la existencia de dos izquierdas, y sostiene que se debe reemplazar los enfoques "sobreideologizados" por "análisis concretos de trayectorias institucionales y políticas, y márgenes de acción diferenciados" que enfrenta cada administración. Con todo, la idea de revolución –"cultural", "ciudadana", "bolivariana"- ha vuelto a la escena en unos procesos que serpentean entre un fuerte presidencialismo y la apuesta por formas de participación popular más o menos institucionalizadas.
Sin embargo, pese a que la actual crisis del "capitalismo global" y la cantidad de gobiernos de izquierda en Sudamérica alimenta las voces más optimistas, a la izquierda "socialista del siglo XXI" –dentro o fuera del gobierno– no le resulta fácil reconstruir su identidad sin tirar el agua de la bañera (el stalinismo) y el niño adentro (el anticapitalismo) como ocurrió con la vía eurocomunista. Todo lo cual plantea una revisión del debate sobre el clivaje reforma-revolución que Katz cree vigente –aunque reformula esta tensión en términos "no dogmáticos"– y Natanson y Saint-Upéry condenan a una mejor vida, a la vista de la presencia de unas nuevas izquierdas pragmáticas y post revolucionarias que habrían reemplazado los discursos epopéyicos de largo plazo por objetivos de corto plazo.
Déficit de identidad
Los actuales países formalmente socialistas no ayudan mucho: el referente más próximo, Cuba, parece mirar con más entusiasmo el Doi Moi (renovación) vietnamita –que considera a la economía mercantil "una conquista de la humanidad y no un mero atributo exclusivo del capitalismo"– que a la incierta reinvención del socialismo. Y son los propios cubanos –concientes del agotamiento del modelo de "economía de comando" de tipo soviético– quienes les dicen a Evo y Chávez: "no hagan lo que nosotros hicimos".
Tampoco los elogios de Chávez a un Vladimir Putin que está contribuyendo a reposicionar a la Rusia Potencia sobre la base de la revalorización de una larga cultura autoritaria e imperial que sobrevivió a los zares, los bolcheviques y los "liberales", o el tratamiento de Evo Morales al iraní Mahmud Ahmadinejad de "compañero revolucionario" parecen contribuir a pisar en firme sobre el pantanoso terreno de las nuevas izquierdas ni a pensar las bases de un socialismo que, en palabras del ex presidente de la Asamblea Constituyente ecuatoriana Alberto Acosta, debería ser "una democracia sin fin". En ese sentido, parte del esfuerzo de Katz es revisar críticamente la tradición de los diferentes socialismos del siglo XX para ensayar una salida que incorpore el anticapitalismo sin planificación burocrática y con pluralismo político. Y, desde esta perspectiva, propone separar –y dedica parte del libro a ello- las tendencias "socialistas" (anticapitalistas) de las neodesarrollistas, que conviven sin demasiada distinción en el aún etéreo "socialismo del siglo XXI".
Por otro lado, los gobiernos "socialistas" se enfrentan a menudo con las características sociológicas de sus seguidores políticos y electorales. Al mencionado consumismo incontinente de los venezolanos, se suman otros elementos. Pese a que Evo Morales llama a "exterminar el capitalismo" en los foros internacionales, su propia base de sustento se asocia a lo que Álvaro García Linera llamó "la rebelión de las economías familiares": un conglomerado heterogéneo a nivel de riqueza e ingresos de pequeños o medianos propietarios campesinos (como los cocaleros), microempresarios de El Alto o comerciantes informales de La Paz. Por eso el vicepresidente boliviano habla de "capitalismo andino" o de "modelo nacional productivo" y no de socialismo.
Aunque los estilos personales juegan un papel no despreciable, como es visible en los impulsos de Chávez (basta ver la emisión de Aló Presidente en la que, desde un helicóptero, propone "en vivo y en directo" construir una "ciudad socialista" en un desierto), las intuiciones de Evo Morales –producto de sus viajes diarios a los confines de la Bolivia profunda–, o las preferencias de Correa por las "demostraciones racionales" combinadas con una fuerte atracción por el marketing político, vale subrayar algunos aspectos que trascienden la mirada estatal de gobiernos progresistas.
La densidad de la sociedad civil, o la implantación de los movimientos sociales en el continente no deja de augurar una secuencia política de largo plazo, particularmente en el área andina y, en paralelo, nuevos paradigmas comprensivos y esquemas de pensamiento producidos por la multifacética izquierda continental: la luchas por la dignidad (que puede desplegarse desde el derecho al trabajo hasta la defensa de los recursos naturales, pasando por una fuerte erosión de los diversos "colonialismos internos") y, en definitiva, una puesta en cuestión de la democracia formal, descreyendo de su representatividad y apostando por la participación efectiva. En este marco, un efecto de primer orden es la superación práctica del letargo posmodernista y la reinserción de la política como una apelación a la lucha por un destino común. En la coyuntura continental, que combina sorpresas con resonantes déjà vu, resta aún calibrar si en el juego de las afinidades y diferencias con el pasado predominan las rupturas o las continuidades, tratando, al mismo tiempo, de salir de la imagen garciamarquiana de América Latina que reactiva todo tipos de mitos del buen salvaje y donde todo parece posible.
viernes, 2 de enero de 2009
America Latina y el control imperial.
La nueva estrategia de control
El dominio "democrático" y la lógica "antiterrorista" en América Latina
EFE,10-Julio-07
En los 80, salvo en Colombia, los militares de la "seguridad nacional" ya habían terminado con la izquierda revolucionaria y la resistencia armada en América Latina, había desaparecido la URSS como punto de referencia logística y organizativa de los movimientos revolucionarios, y Washington resolvió imponer un orden regional de dominio basado en el pacifismo, la democracia y los derechos humanos. En la nueva estrategia de dominio -sustitutiva del "viejo orden militar"- se impuso la "guerra contraterrorista" como nueva lógica de control político y social en la región.
A) El dominio "democrático"
Tras la desaparición de la URSS y de la Guerra Fría por áreas de influencia en América Latina, Washington implantó un nuevo sistema de control político y social que se situaba en las antípodas del anterior (basado en gobiernos y dictaduras represivas), y que explotaba el consenso masivo que despertaba la apertura de procesos constitucionales después de largos años de dictaduras militares con supresión de elecciones y parlamentos.Paralelamente, y en el plano político, en la década del 80 los gobiernos "democráticos" fueron sustituyendo a los viejos y gastados gobiernos militares mediante elecciones, procesos constitucionales, y banderas de defensa de los derechos humanos.En una Latinoamérica dormida por el "pacifismo", donde ya no existen métodos violentos de toma del poder revolucionario, sin huelgas generales, sin tomas de fábricas o de empresas, sin ataques contra los bancos o las trasnacionales, con movimientos sociales "revolucionarios" financiados y "domesticados" por las ONG del Imperio, el dominio militar abierto se había tornado obsoleto.En otras palabras, la estrategia del control político y social por medios militares, fue sustituida gradualmente por administraciones civiles, poderes ejecutivos, parlamentos y cortes de justicia totalmente maleables a los intereses y objetivos de Washington y las trasnacionales capitalistas en la región.Ese sueño que los bancos y las trasnacionales imperiales no pudieron concretar con las dictaduras y los golpes militares diseñados en el Departamento de Estado, hoy se cumple con la aceptación pasiva del sistema capitalista como "única alternativa", modelada masivamente en los cerebros por los sacerdotes de las grandes corporaciones mediáticas que han sustituido a los curas y a los maestros en la orientación de conducta social.Ya sin hipótesis de conflicto "subversivo" los ejércitos de "seguridad e inteligencia" privados fueron sustituyendo más eficientemente en el control social y político a las vetustas y desmovilizadas tropas de los ejércitos represores latinoamericanos que ya habían perdido vigencia con el ingreso de las democracias made in USA en los ochenta y los noventa.Con una Latinoamérica domesticada por la democracia made in USA y los gobiernos dependientes (por derecha y por izquierda), la lógica del control social y político ya no la ejercen los militares y los tanques, sino los nuevos ejércitos de dominación: los medios de comunicación que nivelan a las mayorías desposeídas y a sus dirigentes en la doctrina de la resignación, haciendo realidad aquel precepto de máxima: la paz es el negocio del dominador.Con la desaparición de la guerra por áreas de influencia con la URSS , las viejas consignas "anticomunistas" de las dictaduras militares formadas en la Escuela de las Américas fueron sustituídas gradualmente por las banderas de la lucha contra el terrorismo, las drogas y el crimen organizado con las que hoy EEUU justifica su injerencia intervencionista en la región latinoamericana.
B) La lógica "antiterrorista"Ya desaparecido el "peligro rojo" con la URSS, y con un creciente proceso de conflictos sociales en varios países del área, ahora se intenta nivelar a las inteligencias militares y policiales regionales en la nueva hipótesis de conflicto: la "guerra contraterrorista" que sustituye en el tiempo a la "guerra antisubversiva" aplicada por las dictaduras militares de la década del setenta.Sin focos de lucha armada (salvo Colombia), sin movimientos revolucionarios vertebradores en el continente o en el mundo, con la socialdemocracia "progresista" convertida en alternativa de "cambio", las guerras por el control social ya no se desarrollan en plano militar sino en el plano de la inteligencia y de la manipulación mediática con el "terrorismo" y la "seguridad".Las nuevas hipótesis de conflicto regional y las coordenadas de control militar-estratégico se trazan a partir de la "guerra contra el terrorismo", que reemplaza en la lógica doctrinaria imperial a la "guerra contra el comunismo" de la década del setenta y de la era reaganiana en Latinoamérica.La hipótesis de trabajo existe, en forma casi simultánea a los planes de Washington tras el 11-S, y salió de las entrañas de la CIA, de la Agencia de Seguridad Nacional, el FBI, y la Agencia de Inteligencia para la Defensa, es decir, de los máximos proveedores de inteligencia a la Casa Blanca.Para los que manejan y procesan información estratégica, el sustento funcional del plan, su argumentación central, fue claramente expresado por el entonces director de la CIA, Porter Goss, durante un informe que brindó ante el Senado, a fines de febrero de 2004.En su exposición ante el Comité de Inteligencia del Senado el director de la CIA señaló que las "células clandestinas" de la red Al Qaeda, los "terroristas" de las FARC, y las ambiciones nucleares del régimen de Irán, son las principales amenazas que enfrentan los intereses de EEUU en el mundo. A este plan se le suma -como táctica de "cierre" complementario- la estrategia desarrollada en forma permanente por el Departamento de Estado para complicar a Cuba y Venezuela con las FARC en supuestos planes y operaciones para desestabilizar la región, principalmente Bolivia. En sus primeros pasos, la metodología de mezclar en una misma bolsa a Cuba, Venezuela, las FARC y las organizaciones combativas de ultra izquierda (sobre todo de Bolivia) intentaría demostrar que el "terrorismo", tanto local como internacional, está operando en forma fusionada para potenciar sus resultados "criminales" a nivel mundial, incluido el territorio latinoamericano.La nueva estrategia -expresada casi crudamente por los jefes militares y de inteligencia estadounidenses- busca instalar la "guerra contraterrorista" global en América Latina mezclando a las FARC y otras organizaciones armadas con planes del "terrorismo internacional" orientados a vulnerar la seguridad nacional de EEUU y a desestabilizar toda la región.En marzo de 2005, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, visitó América Latina para cerrar (mejor dicho, imponer) acuerdos concretos ya en curso contenidos en la nueva estrategia de guerra contraterrorista global que Washington y el Pentágono ya tienen diseñada para la región, tal cual como fue expuesta en el Congreso estadounidense por el jefe de la CIA, Porter Goss, y el entonces comandante del Comando Sur de EEUU, general Bantz Craddock.Es en ese punto donde la estrategia regional imperial-estadounidense se enlaza con la red latinoamericana de espionaje montada por la Central de Inteligencia (CIA) estadounidense y el servicio de inteligencia israelí (Mossad), cuyo objetivo central -sostenido institucionalmente tanto por EEUU e Israel es la "guerra contraterrorista" desarrollada en el campo de la inteligencia, de los medios de comunicación y de las operaciones especiales.Dentro de este nuevo esquema los servicios de información latinoamericanos se convirtieron en sucursales de las políticas de inteligencia diseñadas para el control operativo y estratégico de Washington y Tel Aviv en la región.Las nuevas hipótesis de conflicto "terrorista", a su vez, buscan complementar y dar sustento "doctrinario" a las legislaciones de mano dura y de criminalización de conflictos sociales que ya funcionan en muchos países de la región, caso de Argentina, el Estado con mayor cantidad de presos políticos de la región.
D) La nueva estrategia de control
Así como los preceptos doctrinarios de la "doctrina de seguridad nacional" identificaron al "subversivo" como el principal enemigo de la "libertad" y el "orden", la nueva doctrina sitúa al "terrorista" como la fuente del "caos" y la "violencia" que amenazan por igual a toda la región.Ya sin hipótesis de conflicto "subversivo" los ejércitos de "seguridad e inteligencia" privados fueron sustituyendo más eficientemente en el control social y político a las vetustas y desmovilizadas tropas de los ejércitos militares represores latinoamericanos que ya habían perdido vigencia con el ingreso de las democracias made in USA en los ochenta y los noventa.El "cuco terrorista" de las FARC, convertidas en una "Al Qaeda latinoamericana", es el caballito de batalla que están utilizando el Pentágono y la inteligencia norteamericana para abrochar dentro de un "modelo colombiano" a todos los gobiernos de la región. Complementariamente a la "lucha contra el terrorismo" se desarrolla la lucha contra el narcotráfico y el "crimen organizado", en cuyas hipótesis de conflicto se busca ensamblar en una estrategia y un funcionamiento común a los ejércitos, las policías y los servicios de inteligencia latinoamericanos.Operativamente la "guerra contraterrorista" busca alinear -mediante acuerdos de cooperación militar, tratados, entrenamiento y operaciones conjuntas- a los servicios de inteligencia, policías y ejércitos regionales en un plan estratégico de "combate contra el terrorismo", cuyo eje organizador y operativo se centralice en el Comando Sur de Estados Unidos.El FBI norteamericano está presente además en las delegaciones diplomáticas de Brasilia, Buenos Aires, Santiago de Chile, Caracas, Bogotá, Ciudad de Panamá y Ciudad de México y cuenta con 53 oficinas en el mundo para la "lucha contra el terrorismo".Detrás del "terrorista" se agazapan el negocio de las drogas, la prostitución, las mafias y las armas, pero, básicamente en sus entrañas acechan los viejos fantasmas del "caos" y de la "violencia", cuyo enganche con los conflictos sociales sintetiza el flamante objetivo neo-represor de la "guerra contraterrorista" de EEUU e Israel en el continente.Además, con la "guerra contraterrorista" como telón de fondo se pone en marcha un plan geopolítico estratégico con el cual Washington intenta afianzar su dominio geo-militar estratégico sobre las estructuras económicas y los recursos naturales y de biodiversidad de la región.Mediante el acuerdo con Paraguay el imperio norteamericano estableció un anillo militar sobre el acuífero guaraní, una de las mayores reservas de agua potable del mundo. Desde su emplazamiento militar estratégico en suelo paraguayo, el Pentágono ya controla las monumentales represas hidroeléctrica, de Itaupú y Yaciretá, monitoreando y teniendo bajo su radio de influencia militar a los mayores potenciales de energía de la región.La fuerza aérea norteamericana podrá alcanzar, en solo minutos, blancos en el Amazonas, en el Mato Grosso, o en la propia represa de Salto Grande en Uruguay.
Además de permanecer alerta y en capacidad de prevenir y/o abortar cualquier brote de "conflicto", sea militar, social o político, que pueda alterar los estándares del dominio estadounidense en la región.El emplazamiento militar en la Triple Frontera, argumentado por el "peligro terrorista", le permite al Comando Sur estar cerca de las cinco fronteras (Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Venezuela) donde se halla la gigantesca bolsa de petróleo compartida.
Agua, gas, petróleo, biodiversidad y una plataforma continental (la Amazonia), vitales para su supervivencia futura, se presentan como los detonantes principales del plan de control geopolítico-militar de las cinco fronteras desarrollado por Washington bajo la fachada de la "guerra contra el terrorismo".En cuanto al control geopolítico: la estrategia "contraterrorista busca alinear en un mismo programa y en una misma agenda política a los gobiernos regionales -tanto "progresistas" como "neoliberales"- en un eje vertebrador central que es la defensa de la democracia regional amenazada por el narcotráfico y el peligro del "terrorismo internacional" (Plan de acción institucional).En cuanto al control militar: busca alinear -mediante acuerdos de cooperación militar, tratados, entrenamiento y operaciones conjuntas- a los servicios de inteligencia, policías y ejércitos regionales en un plan estratégico de "combate contra el terrorismo", cuyo eje organizador y operativo es el Comando Sur de Estados Unidos (Plan contraterrorista). En cuanto al control social: busca alinear a los gobiernos regionales -mediante convenios de seguridad y entrenaamiento conjunto- en un mismo plan represivo contra los conflictos sociales, cuya consigna aglutinadora es la de preservar a la sociedad del "caos y la violencia terrorista" de las organizaciones sociales, los sindicatos y los partidos de izquierda que proponen y realizan huelgas, tomas de fábricas o de empresas, o bloqueos de rutas (Plan de contención de conflictos sociales).La "democracia blindada"Este plan estratégico general se cierra con el nuevo proyecto del Departamento de Estado de reinsertar nuevamente a las fuerzas armadas latinoamericanas en tareas de represión interna, configuradas dentro de la llamada "guerra contra las drogas, las pandillas, la delincuencia común y el crimen organizado" que complementan a la "guerra contra el terrorismo" en la nueva estrategia de dominio regional.El proyecto busca insertar a las FFAA en una nueva hipótesis de seguridad regional, no ya basado en un "orden militar" (como la vieja Doctrina de seguridad Nacional) sino en un "orden democrático" y preservando la gobernabilidad constitucional.Se trata de un salto cualitativo transformacional, donde las FFAA recobran su poder represivo no ya desde un gobierno militar (de facto e ilegítimo), sino desde un gobierno constitucional legitimado por el voto popular.Y la nueva hipótesis de conflicto ya no es defender a la nación de un enemigo ideológico (el "rojo subversivo" proveniente de la Unión Soviética) , sino de un enemigo "terrorista" (proveniente de las redes islámicas internacionales) que se inserta en las sociedades a través del narcotráfico y el crimen organizado.Esa es la tesis central de la "democracia blindada" que Washington está estudiando aplicar para detener los conflictos sociales que se avecinan en América Latina como consecuencia de la brutal concentración de riqueza ( y su contrapartida de pobreza, desocupación y exclusión) que produce el actual modelo de explotación capitalista en la región.Se trata, en resumen, de complementar la fachada "democrática" del dominio con la represión militar, pero "sin que se note", y con las mayorías viviendo periódicamente la euforia de "elegir libremente en las urnas". Algo que ni al propio Maquiavelo se le hubiera ocurrido.
El dominio "democrático" y la lógica "antiterrorista" en América Latina
EFE,10-Julio-07
En los 80, salvo en Colombia, los militares de la "seguridad nacional" ya habían terminado con la izquierda revolucionaria y la resistencia armada en América Latina, había desaparecido la URSS como punto de referencia logística y organizativa de los movimientos revolucionarios, y Washington resolvió imponer un orden regional de dominio basado en el pacifismo, la democracia y los derechos humanos. En la nueva estrategia de dominio -sustitutiva del "viejo orden militar"- se impuso la "guerra contraterrorista" como nueva lógica de control político y social en la región.
A) El dominio "democrático"
Tras la desaparición de la URSS y de la Guerra Fría por áreas de influencia en América Latina, Washington implantó un nuevo sistema de control político y social que se situaba en las antípodas del anterior (basado en gobiernos y dictaduras represivas), y que explotaba el consenso masivo que despertaba la apertura de procesos constitucionales después de largos años de dictaduras militares con supresión de elecciones y parlamentos.Paralelamente, y en el plano político, en la década del 80 los gobiernos "democráticos" fueron sustituyendo a los viejos y gastados gobiernos militares mediante elecciones, procesos constitucionales, y banderas de defensa de los derechos humanos.En una Latinoamérica dormida por el "pacifismo", donde ya no existen métodos violentos de toma del poder revolucionario, sin huelgas generales, sin tomas de fábricas o de empresas, sin ataques contra los bancos o las trasnacionales, con movimientos sociales "revolucionarios" financiados y "domesticados" por las ONG del Imperio, el dominio militar abierto se había tornado obsoleto.En otras palabras, la estrategia del control político y social por medios militares, fue sustituida gradualmente por administraciones civiles, poderes ejecutivos, parlamentos y cortes de justicia totalmente maleables a los intereses y objetivos de Washington y las trasnacionales capitalistas en la región.Ese sueño que los bancos y las trasnacionales imperiales no pudieron concretar con las dictaduras y los golpes militares diseñados en el Departamento de Estado, hoy se cumple con la aceptación pasiva del sistema capitalista como "única alternativa", modelada masivamente en los cerebros por los sacerdotes de las grandes corporaciones mediáticas que han sustituido a los curas y a los maestros en la orientación de conducta social.Ya sin hipótesis de conflicto "subversivo" los ejércitos de "seguridad e inteligencia" privados fueron sustituyendo más eficientemente en el control social y político a las vetustas y desmovilizadas tropas de los ejércitos represores latinoamericanos que ya habían perdido vigencia con el ingreso de las democracias made in USA en los ochenta y los noventa.Con una Latinoamérica domesticada por la democracia made in USA y los gobiernos dependientes (por derecha y por izquierda), la lógica del control social y político ya no la ejercen los militares y los tanques, sino los nuevos ejércitos de dominación: los medios de comunicación que nivelan a las mayorías desposeídas y a sus dirigentes en la doctrina de la resignación, haciendo realidad aquel precepto de máxima: la paz es el negocio del dominador.Con la desaparición de la guerra por áreas de influencia con la URSS , las viejas consignas "anticomunistas" de las dictaduras militares formadas en la Escuela de las Américas fueron sustituídas gradualmente por las banderas de la lucha contra el terrorismo, las drogas y el crimen organizado con las que hoy EEUU justifica su injerencia intervencionista en la región latinoamericana.
B) La lógica "antiterrorista"Ya desaparecido el "peligro rojo" con la URSS, y con un creciente proceso de conflictos sociales en varios países del área, ahora se intenta nivelar a las inteligencias militares y policiales regionales en la nueva hipótesis de conflicto: la "guerra contraterrorista" que sustituye en el tiempo a la "guerra antisubversiva" aplicada por las dictaduras militares de la década del setenta.Sin focos de lucha armada (salvo Colombia), sin movimientos revolucionarios vertebradores en el continente o en el mundo, con la socialdemocracia "progresista" convertida en alternativa de "cambio", las guerras por el control social ya no se desarrollan en plano militar sino en el plano de la inteligencia y de la manipulación mediática con el "terrorismo" y la "seguridad".Las nuevas hipótesis de conflicto regional y las coordenadas de control militar-estratégico se trazan a partir de la "guerra contra el terrorismo", que reemplaza en la lógica doctrinaria imperial a la "guerra contra el comunismo" de la década del setenta y de la era reaganiana en Latinoamérica.La hipótesis de trabajo existe, en forma casi simultánea a los planes de Washington tras el 11-S, y salió de las entrañas de la CIA, de la Agencia de Seguridad Nacional, el FBI, y la Agencia de Inteligencia para la Defensa, es decir, de los máximos proveedores de inteligencia a la Casa Blanca.Para los que manejan y procesan información estratégica, el sustento funcional del plan, su argumentación central, fue claramente expresado por el entonces director de la CIA, Porter Goss, durante un informe que brindó ante el Senado, a fines de febrero de 2004.En su exposición ante el Comité de Inteligencia del Senado el director de la CIA señaló que las "células clandestinas" de la red Al Qaeda, los "terroristas" de las FARC, y las ambiciones nucleares del régimen de Irán, son las principales amenazas que enfrentan los intereses de EEUU en el mundo. A este plan se le suma -como táctica de "cierre" complementario- la estrategia desarrollada en forma permanente por el Departamento de Estado para complicar a Cuba y Venezuela con las FARC en supuestos planes y operaciones para desestabilizar la región, principalmente Bolivia. En sus primeros pasos, la metodología de mezclar en una misma bolsa a Cuba, Venezuela, las FARC y las organizaciones combativas de ultra izquierda (sobre todo de Bolivia) intentaría demostrar que el "terrorismo", tanto local como internacional, está operando en forma fusionada para potenciar sus resultados "criminales" a nivel mundial, incluido el territorio latinoamericano.La nueva estrategia -expresada casi crudamente por los jefes militares y de inteligencia estadounidenses- busca instalar la "guerra contraterrorista" global en América Latina mezclando a las FARC y otras organizaciones armadas con planes del "terrorismo internacional" orientados a vulnerar la seguridad nacional de EEUU y a desestabilizar toda la región.En marzo de 2005, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, visitó América Latina para cerrar (mejor dicho, imponer) acuerdos concretos ya en curso contenidos en la nueva estrategia de guerra contraterrorista global que Washington y el Pentágono ya tienen diseñada para la región, tal cual como fue expuesta en el Congreso estadounidense por el jefe de la CIA, Porter Goss, y el entonces comandante del Comando Sur de EEUU, general Bantz Craddock.Es en ese punto donde la estrategia regional imperial-estadounidense se enlaza con la red latinoamericana de espionaje montada por la Central de Inteligencia (CIA) estadounidense y el servicio de inteligencia israelí (Mossad), cuyo objetivo central -sostenido institucionalmente tanto por EEUU e Israel es la "guerra contraterrorista" desarrollada en el campo de la inteligencia, de los medios de comunicación y de las operaciones especiales.Dentro de este nuevo esquema los servicios de información latinoamericanos se convirtieron en sucursales de las políticas de inteligencia diseñadas para el control operativo y estratégico de Washington y Tel Aviv en la región.Las nuevas hipótesis de conflicto "terrorista", a su vez, buscan complementar y dar sustento "doctrinario" a las legislaciones de mano dura y de criminalización de conflictos sociales que ya funcionan en muchos países de la región, caso de Argentina, el Estado con mayor cantidad de presos políticos de la región.
D) La nueva estrategia de control
Así como los preceptos doctrinarios de la "doctrina de seguridad nacional" identificaron al "subversivo" como el principal enemigo de la "libertad" y el "orden", la nueva doctrina sitúa al "terrorista" como la fuente del "caos" y la "violencia" que amenazan por igual a toda la región.Ya sin hipótesis de conflicto "subversivo" los ejércitos de "seguridad e inteligencia" privados fueron sustituyendo más eficientemente en el control social y político a las vetustas y desmovilizadas tropas de los ejércitos militares represores latinoamericanos que ya habían perdido vigencia con el ingreso de las democracias made in USA en los ochenta y los noventa.El "cuco terrorista" de las FARC, convertidas en una "Al Qaeda latinoamericana", es el caballito de batalla que están utilizando el Pentágono y la inteligencia norteamericana para abrochar dentro de un "modelo colombiano" a todos los gobiernos de la región. Complementariamente a la "lucha contra el terrorismo" se desarrolla la lucha contra el narcotráfico y el "crimen organizado", en cuyas hipótesis de conflicto se busca ensamblar en una estrategia y un funcionamiento común a los ejércitos, las policías y los servicios de inteligencia latinoamericanos.Operativamente la "guerra contraterrorista" busca alinear -mediante acuerdos de cooperación militar, tratados, entrenamiento y operaciones conjuntas- a los servicios de inteligencia, policías y ejércitos regionales en un plan estratégico de "combate contra el terrorismo", cuyo eje organizador y operativo se centralice en el Comando Sur de Estados Unidos.El FBI norteamericano está presente además en las delegaciones diplomáticas de Brasilia, Buenos Aires, Santiago de Chile, Caracas, Bogotá, Ciudad de Panamá y Ciudad de México y cuenta con 53 oficinas en el mundo para la "lucha contra el terrorismo".Detrás del "terrorista" se agazapan el negocio de las drogas, la prostitución, las mafias y las armas, pero, básicamente en sus entrañas acechan los viejos fantasmas del "caos" y de la "violencia", cuyo enganche con los conflictos sociales sintetiza el flamante objetivo neo-represor de la "guerra contraterrorista" de EEUU e Israel en el continente.Además, con la "guerra contraterrorista" como telón de fondo se pone en marcha un plan geopolítico estratégico con el cual Washington intenta afianzar su dominio geo-militar estratégico sobre las estructuras económicas y los recursos naturales y de biodiversidad de la región.Mediante el acuerdo con Paraguay el imperio norteamericano estableció un anillo militar sobre el acuífero guaraní, una de las mayores reservas de agua potable del mundo. Desde su emplazamiento militar estratégico en suelo paraguayo, el Pentágono ya controla las monumentales represas hidroeléctrica, de Itaupú y Yaciretá, monitoreando y teniendo bajo su radio de influencia militar a los mayores potenciales de energía de la región.La fuerza aérea norteamericana podrá alcanzar, en solo minutos, blancos en el Amazonas, en el Mato Grosso, o en la propia represa de Salto Grande en Uruguay.
Además de permanecer alerta y en capacidad de prevenir y/o abortar cualquier brote de "conflicto", sea militar, social o político, que pueda alterar los estándares del dominio estadounidense en la región.El emplazamiento militar en la Triple Frontera, argumentado por el "peligro terrorista", le permite al Comando Sur estar cerca de las cinco fronteras (Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Venezuela) donde se halla la gigantesca bolsa de petróleo compartida.
Agua, gas, petróleo, biodiversidad y una plataforma continental (la Amazonia), vitales para su supervivencia futura, se presentan como los detonantes principales del plan de control geopolítico-militar de las cinco fronteras desarrollado por Washington bajo la fachada de la "guerra contra el terrorismo".En cuanto al control geopolítico: la estrategia "contraterrorista busca alinear en un mismo programa y en una misma agenda política a los gobiernos regionales -tanto "progresistas" como "neoliberales"- en un eje vertebrador central que es la defensa de la democracia regional amenazada por el narcotráfico y el peligro del "terrorismo internacional" (Plan de acción institucional).En cuanto al control militar: busca alinear -mediante acuerdos de cooperación militar, tratados, entrenamiento y operaciones conjuntas- a los servicios de inteligencia, policías y ejércitos regionales en un plan estratégico de "combate contra el terrorismo", cuyo eje organizador y operativo es el Comando Sur de Estados Unidos (Plan contraterrorista). En cuanto al control social: busca alinear a los gobiernos regionales -mediante convenios de seguridad y entrenaamiento conjunto- en un mismo plan represivo contra los conflictos sociales, cuya consigna aglutinadora es la de preservar a la sociedad del "caos y la violencia terrorista" de las organizaciones sociales, los sindicatos y los partidos de izquierda que proponen y realizan huelgas, tomas de fábricas o de empresas, o bloqueos de rutas (Plan de contención de conflictos sociales).La "democracia blindada"Este plan estratégico general se cierra con el nuevo proyecto del Departamento de Estado de reinsertar nuevamente a las fuerzas armadas latinoamericanas en tareas de represión interna, configuradas dentro de la llamada "guerra contra las drogas, las pandillas, la delincuencia común y el crimen organizado" que complementan a la "guerra contra el terrorismo" en la nueva estrategia de dominio regional.El proyecto busca insertar a las FFAA en una nueva hipótesis de seguridad regional, no ya basado en un "orden militar" (como la vieja Doctrina de seguridad Nacional) sino en un "orden democrático" y preservando la gobernabilidad constitucional.Se trata de un salto cualitativo transformacional, donde las FFAA recobran su poder represivo no ya desde un gobierno militar (de facto e ilegítimo), sino desde un gobierno constitucional legitimado por el voto popular.Y la nueva hipótesis de conflicto ya no es defender a la nación de un enemigo ideológico (el "rojo subversivo" proveniente de la Unión Soviética) , sino de un enemigo "terrorista" (proveniente de las redes islámicas internacionales) que se inserta en las sociedades a través del narcotráfico y el crimen organizado.Esa es la tesis central de la "democracia blindada" que Washington está estudiando aplicar para detener los conflictos sociales que se avecinan en América Latina como consecuencia de la brutal concentración de riqueza ( y su contrapartida de pobreza, desocupación y exclusión) que produce el actual modelo de explotación capitalista en la región.Se trata, en resumen, de complementar la fachada "democrática" del dominio con la represión militar, pero "sin que se note", y con las mayorías viviendo periódicamente la euforia de "elegir libremente en las urnas". Algo que ni al propio Maquiavelo se le hubiera ocurrido.
Obama ante la gran crisis.
Los emergentes de la recesión .
Imperio en crisis: 2009 puede convertirse en el año de las huelgas y conflictos sociales en EEUU
TeleSur, 23-Diciembre-08
Un escenario 2009 de huelgas y conflictos sociales en el Imperio USA no está sacado de una novela de Julio Verne sino (además de la crisis global) de una proyección lógica y emergente de la desocupación desatada por la recesión industrial y empresarial estadounidense, para la cual ni la administración saliente de Bush ni la administración entrante de Obama tienen soluciones concretas.
Informe.
Los 30 días que le faltan a Barack Obama para asumir la presidencia de la primera potencia imperial, y los que le resten de los cuatro años de su periodo, estarán marcados por una pesadilla: La quiebra de empresas y la desocupación masiva, que han desplazado de la escena al colapso financiero y a los derrumbes bursátiles.
La crisis social (consecuencia de la caída del consumo y los despidos laborales) ya se perfila como un potencial emergente de la crisis recesiva- laboral que detonó escalonadamente como consecuencia de la crisis financiera en EEUU.
Lo que suena como un panorama fantástico para el Imperio norteamericano (las huelgas y los conflictos sociales) es un escenario de corto plazo que ya están manejando entre líneas analistas y medios norteamericanos a la luz de la crisis del sector automotriz y de las quiebras empresariales que están desatando una creciente ola de despidos en EEUU.
Cada jornada de la economía norteamericana (de finales de 2008)se convirtió en un vértigo marcado por una dinámica inevitable: Recesión industrial y comercial con baja del consumo y desempleo masivo que se proyecta desde EEUU y los países centrales al mundo periférico "subdesarrollado" y/o emergente.
Por estas horas, medios y analistas norteamericanos coinciden en que la desocupación (como emergente de la recesión industrial) se ha convertido en la prioridad absoluta de la agenda de Obama y su equipo.
Presionado por los "frentes de conflicto" (internos y externos) que hereda de la administración Bush, el presidente electo de EEUU, Barack Obama, tiene por estos días una obsesión principal: Asumir la presidencia el 22 de enero y cumplir su mandato sin huelgas ni conflictos sociales en EEUU.
Las cifras sobre la evolución del desempleo en EEUU son tan negativas que el equipo de expertos formado por el presidente electo, Barack Obama, para combatir la crisis se vio forzado a ampliar los objetivos que se había marcado hace sólo un mes.
Durante la campaña, Obama se comprometió a "salvar o crear" un millón de puestos de trabajo en un plazo indeterminado. Tras ser elegido, en un discurso hace un mes reconoció que las perspectivas económicas eran tan graves que había propuesto salvar 2,5 millones de puestos en menos de dos años.Tras una reunión de cuatro horas con su equipo económico, el martes pasado en Chicago, el presidente electo amplió el objetivo hasta los tres millones de puestos. Según la proyección de los especialistas, la desocupación en EEUU aumentará del 6,7% actual, que ya es el más alto de los últimos 15 años, hasta el 9% dentro de 12 meses.
En este escenario, para los asesores de Obama, sería una victoria mantener la tasa por debajo de esa cifra, afirma The Wall Street Journal.
Mientras la recesión se agrava, Obama se ve obligado a aumentar el monto de su "plan de estímulo" de US$ 150.000 millones en la campaña a US$ 800.000 millones.
Según el Journal, el equipo del presidente electo se enfrenta a un primer dilema: aumentar los impuestos para recaudar más dinero o aplazar algunas de las propuestas estrella de la campaña, como la mejora del sistema de sanidad y la reducción de emisiones que afectan al calentamiento global.
Lo cierto, lo concreto, es que Obama, sin ningún tipo de "experiencia administrativa" en la alta política imperial, terminado el discurso de cotillón electoral "progresista", se enfrenta a un complejo cuadro de situación signado por conflictos económicos, geopolíticos y militares -hoy en estado "latente". que amenazan con entrar en erupción en cualquier momento.
Irán, Afganistán, Irak, Medio Oriente, el Cáucaso, y la "guerra fría" con Rusia sobresalen nítidamente en la agenda de Obama, mientras que las mechas multiplicadas de la crisis económica recesiva pueden tornar en pesadilla su gestión de cuatro años en la Casa Blanca.
Desde hace varias semanas, el protagonismo de la crisis financiera-bursátil fue rebalsado y cedió paso a un nuevos personajes: Las quiebras empresariales y los despidos masivos.
El sector bancario y el automotriz encabezan la lista de la crisis que ya se extiende por toda la geografía de la primera economía imperial.
A los despidos en el sector bancario, en las automotrices y en las grandes tiendas y centros de consumo, esta semana se suman los despidos en el sector financiero, lo que marcan una tendencia "masiva" del proceso.
De esta manera, la desocupación (emergente de la desaceleración económica) se ha convertido en una cuestión clave para el equipo de Obama y el establishment de poder estadounidense que temen que su propagación convierta a EEUU, la primera potencia mundial, en un polvorín de huelgas y conflictos sociales que terminen paralizando aún más a la economía.
Según The Wall Street Journal, Obama y su entorno fueron impactados con el rechazo en el Congreso del pedido de "salvataje urgente" lanzado por los tres principales pulpos de la industria automotriz estadounidense con asiento en Detroit: Ford, General Motors y Chrysler.
Pero los peligros que acechan a Obama antes de su asunción no se limitan solamente al sector automotriz.
Según The Wall Street Journal, los ejecutivos que dirigen empresas que van desde cadenas de peluquerías hasta gigantes de los servicios públicos están reforzando sus defensas al recortar los gastos de capital, aplazar la construcción de plantas, despedir empleados y limitar aumentos de sueldo.
Los presidentes ejecutivos participaron de una reunión en The Wall Street Journal CEO Council, para analizar los principales desafíos que aguardan al gobierno del presidente electo Barack Obama.
Temas como salud, energía y medio ambiente ocuparon un lugar destacado en la agenda, aunque ninguno de ellos superó al de la quiebra de empresas como la "mayor preocupación" de los ejecutivos, publica el Journal.
Las señales son claras: La crisis financiera ya devino en recesión y amenaza (por efecto de la desocupación) en convertirse en una crisis social de difícil pronóstico en EEUU.
La economía estadounidense se está deteriorando a un ritmo mucho más rápido de lo esperado hace tan sólo unas semanas. Esto sugiere que la recesión será más profunda y duradera de lo que se temía, señala el Journal.
Según el Departamento de Comercio de EEUU las exportaciones, que hasta mediados de año habían servido de salvavidas para la economía, cayeron 2,2% en octubre a medida que la demanda extranjera de bienes estadounidenses continuó cuesta abajo.
El déficit comercial, por su parte, subió en octubre a US$57.200 millones, frente a los US$56.600 millones de septiembre, a pesar del considerable abaratamiento del petróleo. El valor total de las exportaciones e importaciones fue el más bajo desde abril, en un reflejo más de la recesión que vive el país, según el Departamento de Comercio.
En todo 2007, el saldo negativo en la balanza comercial de Estados Unidos fue de 700.258 millones de dólares y este año ya es de 709.100 millones.
Por su parte, el Departamento de Trabajo informó que la desaceleración de la economía global trajo en noviembre una caída sin precedentes del 6,7% en los precios de bienes y servicios importados, y una, también sin antecedentes, rebaja del 3,2% en el valor de las exportaciones de EEUU.
El valor total del intercambio comercial -importaciones y exportaciones- de EEUU. en octubre fue de 360.642 millones de dólares, y ha estado disminuyendo mes a mes desde los 371.844 millones de dólares de abril. Entre enero y octubre de este año, el déficit ha sido de 590.917 millones de dólares comparado con uno de 582.808 millones de dólares en el período similar del año pasado.
Los economistas que participaron en una última encuesta de The Wall Street Journal estiman en promedio que el declive del PBI, que empezó en julio, seguirá durante los dos primeros trimestres de 2009. Si tienen razón, sería la primera vez en que la economía estadounidense se contrae durante cuatro trimestres consecutivos desde después de la posguerra.
EEUU, de esta manera, experimentaría una recesión de 18 meses, el período más largo desde la Gran Depresión. Las recesiones de 1973-75 y 1981-82 duraron 16 meses.
Por si esto fuera poco -señala The Wall Street Journal- , el final de la recesión probablemente no marcará el final del desempleo en EEUU. En otras recesiones, la contracción del mercado laboral continuó durante muchos meses después de la declaración oficial del fin de la recesión.
Los billonarios paquetes de "rescate bancario" estatal con dinero de los impuestos (pagado por toda la población) no han servido de antídoto y han fracasado estrepitosamente como medida para enfrentar la crisis mundial, que ha devenido de financiera a recesiva a escala global.
La Reserva Federal de EEUU y los poderosos bancos centrales de EEUU y Europa (los patrones del capitalismo financiero internacional) fracasaron y se muestran impotentes para generar otra alternativa de salida que no sean los remanidos "planes anticrisis" orientados exclusivamente a "salvar a los bancos" (además de hacer negocios financieros con la crisis) en desmedro de los sectores productivos y sociales que sufren los efectos más letales del descalabro del sistema económico globalizado.
Con un agravante: La desatención y falta de medidas concretas para "salvar" a los sectores productivos (sobre todo con la reactivación del crédito) ha profundizado a niveles inéditos la caída del consumo, y consecuentemente ya impactó en un proceso de desenlace con despidos laborales a escala masiva cuyas manifestaciones se extienden desde los países centrales a los periféricos a escala planetaria.
Al terminar 2008 la economía estadounidense afronta desigual y combinadamente tres procesos simultáneos que se retroalimentan y complementan: la crisis financiera, la crisis recesiva y la crisis laboral que empieza a desarrollarse como consecuencia de los despidos y recortes salariales.
Las principales economías del mundo (según los números oficiales) están "desaceleradas" o en recesión, cae el consumo, cae el empleo, caen las exportaciones, caen las importaciones, y los precios suben en forma "moderada" (para compensar caídas en ventas).
La desocupación es el elemento clave, el detonante estratégico, que marca el principio del desarrollo de la crisis social.
A medida que se acumulan los planes de rescate, los economistas no consiguen explicar por qué hasta ahora nada parece haber evitado una recesión profunda.
El fracaso de los planes de "rescate" y la no solución de la crisis económico-productiva tiene un costo: La agudización de la recesión con desempleo a escala global.
Economistas de J.P. Morgan calculan que la economía mundial se contraerá a una tasa anual de 3,7% en este trimestre y a una de 2,3% en los tres primeros meses del año siguiente. Esto posiblemente constituirá los peores seis meses para la economía global desde la Segunda Guerra Mundial.
En este escenario, los despidos masivos de obreros y empleados en EEUU son el barómetro y marcan el momento en que la crisis comienza a salir de la "superestructura" económico financiera y a meterse dentro de la sociedad estadounidense.
La desocupación, ya ocurra en el mundo subdesarrollado como en el Imperio, es una instancia límite, donde la prioridad es el riesgo de la supervivencia del individuo y su familia. Ya no se trata de una devaluación de su salario por aumento de precios, sino de la desaparición del salario y de la capacidad del consumo con la disgregación de la conducta social que conlleva.
Un desocupado (que ha perdido su universo de consumo y de supervivencia, incluido el de su familia) no puede ser contenido con "inyecciones financieras" ni con "asistencialismo", requiere de una solución estructural (la restitución del empleo y el salario).
En este marco, un escenario de huelgas y conflictos sociales en el 2009 en el Imperio USA no está sacado de una novela de Julio Verne sino de una proyección lógica y emergente de los números de la recesión industrial y empresarial estadounidense para la cual ni la administración saliente de Bush ni la administración entrante de Obama tienen (salvo los fracasados planes de rescate) soluciones concretas.
Y explica porqué la desocupación se ha convertido en la peor pesadilla de Obama.
Imperio en crisis: 2009 puede convertirse en el año de las huelgas y conflictos sociales en EEUU
TeleSur, 23-Diciembre-08
Un escenario 2009 de huelgas y conflictos sociales en el Imperio USA no está sacado de una novela de Julio Verne sino (además de la crisis global) de una proyección lógica y emergente de la desocupación desatada por la recesión industrial y empresarial estadounidense, para la cual ni la administración saliente de Bush ni la administración entrante de Obama tienen soluciones concretas.
Informe.
Los 30 días que le faltan a Barack Obama para asumir la presidencia de la primera potencia imperial, y los que le resten de los cuatro años de su periodo, estarán marcados por una pesadilla: La quiebra de empresas y la desocupación masiva, que han desplazado de la escena al colapso financiero y a los derrumbes bursátiles.
La crisis social (consecuencia de la caída del consumo y los despidos laborales) ya se perfila como un potencial emergente de la crisis recesiva- laboral que detonó escalonadamente como consecuencia de la crisis financiera en EEUU.
Lo que suena como un panorama fantástico para el Imperio norteamericano (las huelgas y los conflictos sociales) es un escenario de corto plazo que ya están manejando entre líneas analistas y medios norteamericanos a la luz de la crisis del sector automotriz y de las quiebras empresariales que están desatando una creciente ola de despidos en EEUU.
Cada jornada de la economía norteamericana (de finales de 2008)se convirtió en un vértigo marcado por una dinámica inevitable: Recesión industrial y comercial con baja del consumo y desempleo masivo que se proyecta desde EEUU y los países centrales al mundo periférico "subdesarrollado" y/o emergente.
Por estas horas, medios y analistas norteamericanos coinciden en que la desocupación (como emergente de la recesión industrial) se ha convertido en la prioridad absoluta de la agenda de Obama y su equipo.
Presionado por los "frentes de conflicto" (internos y externos) que hereda de la administración Bush, el presidente electo de EEUU, Barack Obama, tiene por estos días una obsesión principal: Asumir la presidencia el 22 de enero y cumplir su mandato sin huelgas ni conflictos sociales en EEUU.
Las cifras sobre la evolución del desempleo en EEUU son tan negativas que el equipo de expertos formado por el presidente electo, Barack Obama, para combatir la crisis se vio forzado a ampliar los objetivos que se había marcado hace sólo un mes.
Durante la campaña, Obama se comprometió a "salvar o crear" un millón de puestos de trabajo en un plazo indeterminado. Tras ser elegido, en un discurso hace un mes reconoció que las perspectivas económicas eran tan graves que había propuesto salvar 2,5 millones de puestos en menos de dos años.Tras una reunión de cuatro horas con su equipo económico, el martes pasado en Chicago, el presidente electo amplió el objetivo hasta los tres millones de puestos. Según la proyección de los especialistas, la desocupación en EEUU aumentará del 6,7% actual, que ya es el más alto de los últimos 15 años, hasta el 9% dentro de 12 meses.
En este escenario, para los asesores de Obama, sería una victoria mantener la tasa por debajo de esa cifra, afirma The Wall Street Journal.
Mientras la recesión se agrava, Obama se ve obligado a aumentar el monto de su "plan de estímulo" de US$ 150.000 millones en la campaña a US$ 800.000 millones.
Según el Journal, el equipo del presidente electo se enfrenta a un primer dilema: aumentar los impuestos para recaudar más dinero o aplazar algunas de las propuestas estrella de la campaña, como la mejora del sistema de sanidad y la reducción de emisiones que afectan al calentamiento global.
Lo cierto, lo concreto, es que Obama, sin ningún tipo de "experiencia administrativa" en la alta política imperial, terminado el discurso de cotillón electoral "progresista", se enfrenta a un complejo cuadro de situación signado por conflictos económicos, geopolíticos y militares -hoy en estado "latente". que amenazan con entrar en erupción en cualquier momento.
Irán, Afganistán, Irak, Medio Oriente, el Cáucaso, y la "guerra fría" con Rusia sobresalen nítidamente en la agenda de Obama, mientras que las mechas multiplicadas de la crisis económica recesiva pueden tornar en pesadilla su gestión de cuatro años en la Casa Blanca.
Desde hace varias semanas, el protagonismo de la crisis financiera-bursátil fue rebalsado y cedió paso a un nuevos personajes: Las quiebras empresariales y los despidos masivos.
El sector bancario y el automotriz encabezan la lista de la crisis que ya se extiende por toda la geografía de la primera economía imperial.
A los despidos en el sector bancario, en las automotrices y en las grandes tiendas y centros de consumo, esta semana se suman los despidos en el sector financiero, lo que marcan una tendencia "masiva" del proceso.
De esta manera, la desocupación (emergente de la desaceleración económica) se ha convertido en una cuestión clave para el equipo de Obama y el establishment de poder estadounidense que temen que su propagación convierta a EEUU, la primera potencia mundial, en un polvorín de huelgas y conflictos sociales que terminen paralizando aún más a la economía.
Según The Wall Street Journal, Obama y su entorno fueron impactados con el rechazo en el Congreso del pedido de "salvataje urgente" lanzado por los tres principales pulpos de la industria automotriz estadounidense con asiento en Detroit: Ford, General Motors y Chrysler.
Pero los peligros que acechan a Obama antes de su asunción no se limitan solamente al sector automotriz.
Según The Wall Street Journal, los ejecutivos que dirigen empresas que van desde cadenas de peluquerías hasta gigantes de los servicios públicos están reforzando sus defensas al recortar los gastos de capital, aplazar la construcción de plantas, despedir empleados y limitar aumentos de sueldo.
Los presidentes ejecutivos participaron de una reunión en The Wall Street Journal CEO Council, para analizar los principales desafíos que aguardan al gobierno del presidente electo Barack Obama.
Temas como salud, energía y medio ambiente ocuparon un lugar destacado en la agenda, aunque ninguno de ellos superó al de la quiebra de empresas como la "mayor preocupación" de los ejecutivos, publica el Journal.
Las señales son claras: La crisis financiera ya devino en recesión y amenaza (por efecto de la desocupación) en convertirse en una crisis social de difícil pronóstico en EEUU.
La economía estadounidense se está deteriorando a un ritmo mucho más rápido de lo esperado hace tan sólo unas semanas. Esto sugiere que la recesión será más profunda y duradera de lo que se temía, señala el Journal.
Según el Departamento de Comercio de EEUU las exportaciones, que hasta mediados de año habían servido de salvavidas para la economía, cayeron 2,2% en octubre a medida que la demanda extranjera de bienes estadounidenses continuó cuesta abajo.
El déficit comercial, por su parte, subió en octubre a US$57.200 millones, frente a los US$56.600 millones de septiembre, a pesar del considerable abaratamiento del petróleo. El valor total de las exportaciones e importaciones fue el más bajo desde abril, en un reflejo más de la recesión que vive el país, según el Departamento de Comercio.
En todo 2007, el saldo negativo en la balanza comercial de Estados Unidos fue de 700.258 millones de dólares y este año ya es de 709.100 millones.
Por su parte, el Departamento de Trabajo informó que la desaceleración de la economía global trajo en noviembre una caída sin precedentes del 6,7% en los precios de bienes y servicios importados, y una, también sin antecedentes, rebaja del 3,2% en el valor de las exportaciones de EEUU.
El valor total del intercambio comercial -importaciones y exportaciones- de EEUU. en octubre fue de 360.642 millones de dólares, y ha estado disminuyendo mes a mes desde los 371.844 millones de dólares de abril. Entre enero y octubre de este año, el déficit ha sido de 590.917 millones de dólares comparado con uno de 582.808 millones de dólares en el período similar del año pasado.
Los economistas que participaron en una última encuesta de The Wall Street Journal estiman en promedio que el declive del PBI, que empezó en julio, seguirá durante los dos primeros trimestres de 2009. Si tienen razón, sería la primera vez en que la economía estadounidense se contrae durante cuatro trimestres consecutivos desde después de la posguerra.
EEUU, de esta manera, experimentaría una recesión de 18 meses, el período más largo desde la Gran Depresión. Las recesiones de 1973-75 y 1981-82 duraron 16 meses.
Por si esto fuera poco -señala The Wall Street Journal- , el final de la recesión probablemente no marcará el final del desempleo en EEUU. En otras recesiones, la contracción del mercado laboral continuó durante muchos meses después de la declaración oficial del fin de la recesión.
Los billonarios paquetes de "rescate bancario" estatal con dinero de los impuestos (pagado por toda la población) no han servido de antídoto y han fracasado estrepitosamente como medida para enfrentar la crisis mundial, que ha devenido de financiera a recesiva a escala global.
La Reserva Federal de EEUU y los poderosos bancos centrales de EEUU y Europa (los patrones del capitalismo financiero internacional) fracasaron y se muestran impotentes para generar otra alternativa de salida que no sean los remanidos "planes anticrisis" orientados exclusivamente a "salvar a los bancos" (además de hacer negocios financieros con la crisis) en desmedro de los sectores productivos y sociales que sufren los efectos más letales del descalabro del sistema económico globalizado.
Con un agravante: La desatención y falta de medidas concretas para "salvar" a los sectores productivos (sobre todo con la reactivación del crédito) ha profundizado a niveles inéditos la caída del consumo, y consecuentemente ya impactó en un proceso de desenlace con despidos laborales a escala masiva cuyas manifestaciones se extienden desde los países centrales a los periféricos a escala planetaria.
Al terminar 2008 la economía estadounidense afronta desigual y combinadamente tres procesos simultáneos que se retroalimentan y complementan: la crisis financiera, la crisis recesiva y la crisis laboral que empieza a desarrollarse como consecuencia de los despidos y recortes salariales.
Las principales economías del mundo (según los números oficiales) están "desaceleradas" o en recesión, cae el consumo, cae el empleo, caen las exportaciones, caen las importaciones, y los precios suben en forma "moderada" (para compensar caídas en ventas).
La desocupación es el elemento clave, el detonante estratégico, que marca el principio del desarrollo de la crisis social.
A medida que se acumulan los planes de rescate, los economistas no consiguen explicar por qué hasta ahora nada parece haber evitado una recesión profunda.
El fracaso de los planes de "rescate" y la no solución de la crisis económico-productiva tiene un costo: La agudización de la recesión con desempleo a escala global.
Economistas de J.P. Morgan calculan que la economía mundial se contraerá a una tasa anual de 3,7% en este trimestre y a una de 2,3% en los tres primeros meses del año siguiente. Esto posiblemente constituirá los peores seis meses para la economía global desde la Segunda Guerra Mundial.
En este escenario, los despidos masivos de obreros y empleados en EEUU son el barómetro y marcan el momento en que la crisis comienza a salir de la "superestructura" económico financiera y a meterse dentro de la sociedad estadounidense.
La desocupación, ya ocurra en el mundo subdesarrollado como en el Imperio, es una instancia límite, donde la prioridad es el riesgo de la supervivencia del individuo y su familia. Ya no se trata de una devaluación de su salario por aumento de precios, sino de la desaparición del salario y de la capacidad del consumo con la disgregación de la conducta social que conlleva.
Un desocupado (que ha perdido su universo de consumo y de supervivencia, incluido el de su familia) no puede ser contenido con "inyecciones financieras" ni con "asistencialismo", requiere de una solución estructural (la restitución del empleo y el salario).
En este marco, un escenario de huelgas y conflictos sociales en el 2009 en el Imperio USA no está sacado de una novela de Julio Verne sino de una proyección lógica y emergente de los números de la recesión industrial y empresarial estadounidense para la cual ni la administración saliente de Bush ni la administración entrante de Obama tienen (salvo los fracasados planes de rescate) soluciones concretas.
Y explica porqué la desocupación se ha convertido en la peor pesadilla de Obama.
JOSE CASTILLO : KEYNES y MARX.
01-01-2009
La vuelta de Keynes y Marx y la crisis del neoliberalismo
José Castillo
Argenpress
Mientras la crisis mundial parece entrar en la fase donde veremos todas las consecuencias en materia de recesión, se está produciendo una verdadera revolución en el pensamiento económico. Retrocede en desorden el neoliberalismo y vuelven a "estar de moda" Marx y Keynes.
Alan Greespan, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos anterior a Ben Bernanke, era una eminencia en el establishment económico. Todavía hoy, por esos naturales retrasos de la industria editorial, se puede encontrar en las mesas de las principales librerías la traducción al español de "La era de la turbulencia", texto con un fuerte contenido autobiográfico donde Greespan se proponía revelar los "secretos" de casi veinte años al frente de las finanzas norteamericanas.
Pero el libro llegó en mal momento. Cuando se habla de otra cosa: la crisis, que se come las estadísticas y, más importante que eso, los empleos y las esperanzas de millones en el mundo. Y será el propio Greespan, ícono de la economía ortodoxa, quien termine declarando a principios de octubre ante el Comité de Control de Acción Gubernamental de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos: "se me reveló una laguna en la ideología capitalista en la que siempre creí. Mi opinión era que los mercados libres y competitivos son de lejos la mejor manera de organizar la economía. A lo mejor cometí un error al confiar en que los mercados podían regularse a sí mismos". A confesión de partes, relevo de pruebas.
El mundo se derrumba
La crisis arrecia. Nombres como Ford, General Motors o Chrysler figuran en primera fila como candidatos a la quiebra. Los economistas neoliberales, que durante tres décadas se autodefinieron como "la única economía", guardan un oportunista silencio. Es, naturalmente, la hora de la "heterodoxia". Pero, como siempre, tenemos que tener cuidado con la nueva oleada de travestismo ideológico que todo cambio trae consigo. No se trata de hacer historia, que se podría, preguntándose donde estaban Joseph Stiglitz, George Soros o el propio Paul Krugman a comienzos de la década del '90. Limitémonos a sus planteos actuales. En todos los casos se limitan a un diagnóstico simple y una recomendación. El diagnóstico: faltó regulación en los mercados financieros y así "emergió" la especulación. La salida: dar recursos a los bancos para salvar una quiebra en masa.
Repasemos. Dijo Soros (reportaje en Ambito Financiero, 22/9/2008): "La culpa de la actual crisis la tiene el fundamentalismo de mercado, que no es otra cosa que el laissez faire (dejar hacer) del siglo XXI; las finanzas se han vuelto tan irracionales que habrá que ponerlas nuevamente bajo control; el monetarismo es una doctrina errónea". Joseph Stiglitz, por su parte, agrega (Página 12, 21/9/2008): "Hemos aprendido que no se puede dejar a los bancos de inversión regularse a sí mismos. No se puede dejar a la Reserva Federal, que está aliada estrechamente a los banqueros, a cargo de toda la regulación del sistema financiero. Se suponía que la Reserva retiraba el ponche cuando la fiesta se volvía escandalosa, pero en su lugar echó más alcohol". Por último, escuchemos a Paul Krugman (New York Times, 14/10/2008): "¿Cuál es la naturaleza de la crisis? Los detalles pueden ser demencialmente complejos, pero los rasgos básicos son bastante sencillos. El estallido de la burbuja inmobiliaria ha producido grandes pérdidas para todos los que compraron activos respaldados por hipotecas; estas pérdidas han dejado a muchas instituciones financieras con demasiada deuda y muy poco capital para proporcionar el crédito que necesita la economía. ¿Qué se puede hacer frente a la crisis? La ayuda a los propietarios, aunque es deseable, no puede impedir las grandes pérdidas ocasionadas por los préstamos fallidos, y en cualquier caso, sus efectos serán demasiado lentos para mitigar el pánico existente. Lo natural sería, entonces, buscar la solución adoptada en muchas crisis anteriores, que es enfrentar el problema del inadecuado capital financiero haciendo que los gobiernos proporcionen a las instituciones financieras más capital a cambio de una parte de las empresas".
Marx y Keynes
Mientras la crisis arrecia, los neoliberales se esconden y los "heterodoxos" ofrecen estas tibias salidas, donde ni siquiera hay un salvavidas para los que pierden sus casas, algunas otras noticias nos llaman la atención. En Alemania se ha transformado en best seller, nada menos que "El Capital" de Carlos Marx. Las revistas de todo el mundo desempolvan, a la vez, y hacen conocido para el mundo, el viejo rostro del economista inglés John Maynard Keynes. Todo esto merece, sin duda, una reflexión.
Ambos, Marx y Keynes, comparten algo que los hace atractivos. Demostraron, cada uno en su momento y con distintas herramientas teóricas, la realidad de la crisis en el capitalismo, frente a los que creían que se la podía exorcizar simplemente haciendo como si no existiera. Los dos, también, se mostraron escépticos frente a lo que siempre se vendió desde la ortodoxia económica: la mano invisible del mercado como mejor asignador de los recursos. La reaparición de estos viejos íconos es un verdadero cross en la mandíbula a tantos economistas del establishment que se autodefinían como "la" economía, remitiendo a todos los que teníamos ideas diferentes al destierro de "las ideologías perimidas".
La propuesta de Keynes
Pero ambos también interpelan a la heterodoxia. Una lectura básica del gran economista inglés llenaría de vergüenza a los hoy de moda Krugman o Stiglitz. Hay un abismo entre sus tibios planteos y las propuestas intervencionistas de Keynes, sus planes de obras públicas, su desparpajo para afirmar "que se hagan pozos de día y se los tape de noche" como afirmación de que lo fundamental era reactivar la demanda efectiva, e incluso su respuesta cínica a quienes dudaban de la consistencia de sus propuestas ("en el largo plazo estamos todos muertos"). Salvar a los bancos, bajar la tasa de interés de referencia, ampliar el crédito sirve para poco, nos dirían Keynes, cuando reina la incertidumbre y caemos en la preferencia por la liquidez, donde nadie se desprende de su propio dinero y así se ahonda la depresión. Keynes no se fijaría en "cómo financiar" la obra pública, o cuán prolijas quedan las cuentas públicas. Propondría un shock, como hizo en su famosa carta a Roosevelt de la década del '30. Lejos, muy lejos, incluso de Krugman, que sí propone un plan de obras públicas, pero inmediatamente advierte de "no excederse". Y mucho más lejos de las políticas concretas de Estados Unidos, donde su Congreso votó 700.000 millones para salvar a sus bancos, pero se negó a poner 30.000 para evitar que tres millones de obreros quedaran sin empleo ante la quiebra de las automotrices.
El fantasma de Marx
Pero Keynes no es "socialista". Su imagen brilla ante la palidez de los nuevos heterodoxos. Pero debemos tener cuidado con el riesgo inverso. El embellecimiento del inglés puede llevarnos a creer que se trata simplemente de imponer un conjunto de medidas más "radicales" que las actuales, pero que finalmente existe un capitalismo "bueno", "productivo", que puede imponerse a otro "especulativo", "de exclusión", "neoliberal". Y aquí es donde emerge, con todo, la sombra barbada del viejo Marx. ¡Enhorabuena la "moda" de volver a leer El Capital! Allí, el alemán afirma, blanco sobre negro, que el capitalismo engendra siempre, inevitablemente, crisis, miseria y opresión. Que es el escándalo de la pobreza y el hambre en medio de la opulencia y el despilfarro. Y que eso no es producto de los "excesos", sino que está en la lógica misma de un sistema que se mueve en base a la mayor ganancia y la acumulación del capital.
Keynes no era socialista. Sus medidas tenían como objetivo salvar a un sistema que el veía, en medio de la crisis del '30, seriamente en peligro. Pero dejemos que sea el propio Keynes quien nos aclare su posición: "(los conservadores) están conducidos por hombres incapaces de distinguir las nuevas medidas para salvaguardar el capitalismo de lo que ellos llaman bolchevismo". (¿Por qué no me afilio al Partido Laborista?) "En primer lugar, es un partido de clase, y de una clase que no es la mía. Si yo he de defender intereses parciales, defenderé los míos. Cuando llegue la lucha de clases como tal, mi patriotismo como tal, mi patriotismo local y mi patriotismo personal estarán con mis afines. Yo puedo estar influido por lo que estimo que es justicia y buen sentido, pero la lucha de clases me encontrará del lado de la burguesía educada". (Ensayos en persuasión, 1925).
Marx y Keynes. Dos miradas distintas, pero claramente más útiles que las actuales para reflexionar sobre los desafíos que nos depara el 2009, el año donde la crisis nos pegará de lleno. Que, como dice el ideograma chino, "crisis" se transforme también en oportunidad de cambio. Felices fiestas.
José Castillo es economista. Profesor de economía política y sociología política en la UBA. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).
Noam Chomsky: fin de un modelo cultural.
04-11-2008
Entrevista a Noam Chomsky
"La crisis financiera marca el fin de un modelo cultural cuya doctrina es el fundamentalismo del libre mercado"
Agencia Reforma
La crisis financiera actual representa también la crisis de un modelo cultural que tiene como principal doctrina al fundamentalismo del libre mercado, aseguró en entrevista Noam Chomsky (Philadelphia, 1928), calificado como el intelectual más influyente del planeta por las revistas Foreign Policy y Prospect Magazine en 2005."Donde la liberación financiera ha tenido lugar, a menudo resulta ser desastrosa, un hecho que debe ser suficientemente familiar en América Latina", dijo el lingüista y profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts."Este modelo intelectual ha sufrido un duro golpe. Ha sido modificado radicalmente por la intervención del Estado, el mismo tipo de intervención que ha sido prohibida para los países pobres. El modelo será objeto de nuevas modificaciones de acuerdo a los intereses de los centros de poder económico que en gran medida controlan la política estatal".Estados Unidos (EU) ha destinado 700 mil millones de dólares para salvar a los bancos, el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan dijo que cometió un error al confiar en el libre mercado, el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz comparó la caída del sistema financiero con la caída del Muro de Berlín, a diario pierden las bolsas de valores y se dice que lo peor está por llegar.-¿Cuál es la magnitud de la actual crisis económica?Nadie sabe qué tan grave será. Y no es una sola crisis: hay varias. Una es la crisis financiera que se encuentra en las primeras páginas. Otra es la recesión en la economía real, es decir, la economía productiva. Una tercera, en EU, es la inminente crisis del ineficiente y costoso sistema privado de atención a la salud, que socavará el presupuesto federal a menos que se aborde en serio. Estos interactúan de manera compleja.No veo ninguna utilidad en compararla con el Muro de Berlín. Ese fue un paso crucial para la caída de la URSS. No hay indicios de que las instituciones del Estado capitalista estén enfrentando un destino similar, excepto sectores como los bancos de inversión y algunas otras en el sector financiero, y por muy diferentes razones, sectores industriales como el automotriz en EU.-¿Cuáles son las lecciones de esta crisis?La más inmediata es que el fundamentalismo de mercado fue un desastre, lo cual no debería sorprender a los latinoamericanos o a otros sometidos a esta disciplina. Más específicamente, la liberalización financiera conduce al desastre. También, que la liberalización es un serio golpe contra la democracia. Otra lección subraya la sensible observación del principal filósofo social estadounidense del siglo 20, John Dewey: la política es "la sombra que las grandes empresas proyectan sobre la sociedad".-¿Será el ocaso del poder de los Estados Unidos y el inicio de la hegemonía de China o la India?Es muy poco probable, a pesar de que la crisis puede llevar adelante el proceso de diversificación de la economía mundial. Los EU tienen enormes ventajas, aparte de su abrumador poderío militar. Europa tiene una economía de escala comparable, pero es heterogénea, y ha sido renuente a dar un paso adelante en los asuntos mundiales, prefiere permanecer bajo la sombra de EU. China y la India han estado creciendo, al igual que otros países de Asia que desafían la ortodoxia neoliberal, pero tienen enormes problemas internos. Un indicador está dado por el Índice de Desarrollo Humano de la ONU: China ocupa el lugar 81; India, el 128 (apenas por encima de Laos y Camboya). Y eso es sólo la superficie. -¿Es la crisis de las finanzas o la crisis de un modelo cultural? Es la crisis de un "modelo cultural" si por esto nos referimos a un sistema doctrinal: el fundamentalismo del libre mercado. Pero, a pesar de las pretensiones, esa doctrina nunca fue aceptada por los mismos centros de poder occidentales, pese a que fueron felices en predicarlo a los demás. Esto es un patrón histórico que se remonta por siglos, y es un importante factor en la creación del Tercer Mundo en las regiones colonizadas. Autor de "Hegemonía o supervivencia. La estrategia imperialista de EU", Chomsky menciona que Ronald Reagan, quien es reconocido como el "sumo sacerdote de los libres mercados", incrementó el tamaño del gobierno, rescató el Continental Illinois Bank y fundó el consorcio Sematech para salvar a la industria de semiconductores estadounidense, entre otras acciones. La crisis económica también ha evidenciado el "desmantelamiento" que sufre la democracia a causa del sistema del libre mercado, consideró Chomsky, quien se ubicó en la onceava posición de la lista de junio pasado sobre los intelectuales más influyentes del mundo. En la lista elaborada por Foreign Policy, editada por el Fondo Carnegie para la Paz Internacional, los primeros 10 fueron musulmanes. "En una democracia, las organizaciones populares, sindicatos, partidos políticos y otros, podrían estar formulando soluciones y presionando a los representantes políticos para ponerlas en práctica y no hay ninguna señal de eso", sostuvo.Es sorprendente, agregó el icono de la izquierda internacional, que los principales medios de comunicación estadounidenses insistan en invertir recursos públicos para salvar a los bancos, sin ningún tipo de control público, mientras que condenan el rescate de la industria automotriz.Los empleados de la industria del auto ganan 56 mil 650 dólares al año, casi lo que gana en un día Robert Rubin, actual presidente del Comité Ejecutivo de Citigroup, y uno de los responsables del actual desastre económico, en su calidad de ex Secretario del Tesoro de Bill Clinton, apuntó.-¿Qué puede esperar el mundo y Estados Unidos si Barak Obama gana las elecciones? Las bases de Obama parecen ser las de un demócrata centralista, tal vez no como Clinton. Un análisis más detallado tendría que considerar caso por caso. -¿Qué representa el que un afroamericano pueda llegar a ser presidente de EU? Es bastante significativo, como el hecho de que en las elecciones del partido Demócrata los candidatos fueron una mujer y un negro. Hace 40 años habría sido prácticamente inconcebible. Este es uno de los muchos indicios de la militancia popular de la década de 1960 y sus secuelas. -¿Cuáles serán las consecuencias de la crisis económica en el ámbito cultural? Eso es impredecible. Las crisis económicas a menudo se han visto acompañadas por la aparición del gran arte.
Noam Chomsky: Bush violador maximo del Derecho Internacional.
21-03-2007
Chomsky considera a George Bush el mayor violador del derecho internacional en la historia de EEUU
Prensa Latina
El intelectual estadounidense Noam Chomsky afirmó ayer en un foro radiotelevisado en Cuba que el gobierno de George W. Bush es el más abierto violador del derecho internacional en la historia de Estados Unidos."Digo abierto porque quizás sus antecesores, como Ronald Reagan, lo fueron, pero la administración de Bush lo hace de manera inusual", apuntó Chomsky vía telefónica al espacio de debate de la Mesa Redonda, transmitido desde La Habana.El experto en temas de la comunicación señaló que es evidente el irrespeto a las normas internacionales desde la Casa Blanca, cuyos inquilinos, según dijo, son herederos de administraciones anteriores que también hicieron lo mismo.Chomsky señaló que el gobierno de Estados Unidos comete delitos internacionales supremos, al matar a cientos de miles iraquíes y cometer atrocidades, destruir a Faluja, desconocer la ONU y su carta fundamental, entre otros tantos.Sin embargo, acotó, el debate interno en la nación norteña no gira en torno a si agredir a otro país como Iraq constituye un delito, sino a si es costosa o no, o si la táctica militar empleada es la idónea para alcanzar el triunfo.El experto señaló que sí se producen críticas al gobierno norteamericano por parte de estudiosos y de académicos acerca de la invasión a iraq, la cual consideró "el más puro acto de agresión", como se estableció en el juicio de Nuremberg (1946).En el caso iraquí, enfatizó, no se puede esgrimir la autodefensa, ni tampoco hubo autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, por lo que se violó la Carta de ese organismo internacional.Chomsky también calificó una verdadera violación lo que ha sucedido a supuestos combatientes enemigos en Guantánamo, torturados y vejados, así como en las prisiones secretas diseminadas en el mundo, entre otros hechos.Juana Carrasco, experta en temas de política internacional, dijo en el foro que esta guerra contra Iraq es probablemente la primera donde dentro de los propios Estados Unidos se produjeron protestas en su contra, mucho antes de iniciar.Es preciso preguntarse cuánto ha pesado esa agresión en los programas de salud y la educación del pueblo norteamericano, de cuyos hijos murieron ya en combate unos tres mil 200, mientras más de 23 mil resultaron heridos y casi mil mutilados.Además, comentó, la ocupación en Iraq ha incitado a la violencia interna en esa nación, con la agudización de luchas inter-étnicas, a la vez que las tropas invasoras han destruido el patrimonio cultural de ese país mesopotámico.Semejante arrogancia e ilegalidad, recordó Randy Alonso, director de la Mesa Redonda, acompañan a esta administración, "que sin el menor sonrojo expulsa a fiscales, profesores y científicos por causas políticas y encarcela sin causas a ciudadanos de origen árabe".Señaló que la política "de arrogancia e ilegalidad" han levantado un rechazo casi unánime y han puesto contra la pared a una administración "cada vez más debilitada pero por por tanto cada vez más peligrosa, por su irracionalidad".
DAVID BROOKS: 2008 final de epoca.
02-01-2009
2008, un año marcado por la “caída del sistema” y el desencanto masivo con el neoliberalismo
David Brooks
La Jornada
Fue el año en que “se cayó el sistema”, literalmente. Fue el año de una elección, por definición, histórica. Fue el año que marca el final de una obra de teatro fatal, con un elenco encabezado por George W. Bush y Dick Cheney, que dejó como saldo cientos de miles de muertos y heridos, una Constitución y una Carta de Naciones Unidas hechas trizas, y una economía en ruinas.
Tal vez fue el año que marca el principio del fin del poder imperial de Estados Unidos.
En Estados Unidos concluye 2008 con la peor crisis económica en casi 80 años. Eso, a la vez, desenmascaró el modelo neoliberal como una gran estafa piramidal, donde se construyó un paraíso para los ricos sobre una riqueza que simplemente no existía.
Este año acaba con tal vez la mayor intervención estatal en el mercado “libre” jamás realizada para salvar al sistema.
Se calcula que en la combinación de préstamos, inyecciones de capital, garantías de deudas, compra de hipotecas y compromisos de respaldo a ciertas instituciones el gobierno ha otorgado más de 7 billones de dólares al sector privado, sobre todo el financiero, para evitar el colapso total del sistema.
Éste fue el año en que la implosión del proyecto neoliberal alcanzó hasta la sede del capital mundial. El “consenso de Washington”, con su ecuación de que libre mercado más libre comercio es igual a “democracia” y “libertad”, se estrelló con la realidad.
“¿Y cómo fue que estos créditos empaquetados y base de mayores préstamos llegaron a ser lo que a fin de cuentas es una pirámide global de 140 billones de basura (junk)?”, pregunta la analista Nomi Prins, ex directora administrativa de Goldman Sachs, en una columna en The Nation.
La respuesta, dice, no es fácil, ya que no es transparente la manera en que se multiplicaba la distribución de “préstamos individuales en el sistema financiero global”. Y el rescate oficial de todo este desastre tampoco lo es.
Nadie sabe bien en qué y cómo se están empleando los fondos públicos entregados a los grandes bancos del paquete de 700 mil millones aprobado por el Congreso hace un par de meses.
Explicación de una elección
Fue todo este desastre que, en gran medida (aunque no en todo), explica cómo un afroestadunidense de nombre extraño (más bien extranjero) ocupará el 20 de enero una Casa Blanca construida por esclavos negros.
Y lo primero que Barack Obama tendrá que hacer es levantar el sistema. Ha propuesto un enorme paquete de “estimulo económico” que podría sumar de 675 a 775 mil millones de dólares, según comentó, el pasado domingo, su principal estratega político, David Axelrod, en el programa de CBS News Face the Nation.
Agregó que “una cosa en que todos están de acuerdo, economistas desde la izquierda a la derecha, es que tenemos que hacer algo muy grande”.
Lo más importante de esta elección no fue sólo que ganó un afroestadunidense, sino que el pueblo optó entre su futuro y su pasado. Es el futuro Estados Unidos, dentro de unas tres décadas, los blancos serán una minoría más en un país donde las actuales minorías serán mayoría.
Acaba 2008 con una población total de 305 millones 529 mil 237 personas, un incremento de 2 millones 743 mil 429 (0.9 por ciento) en este año, reporta la Oficina del Censo de Estados Unidos en sus proyecciones.
Al comenzar 2009 se espera un nacimiento cada ocho segundos y una muerte cada 12. Cada 36 segundos se incrementará la población con un inmigrante.
Sin embargo, éste también fue el año en que hubo algunas de las redadas más grandes de migrantes en la historia, y un fracaso en resolver uno de los grandes problemas de este siglo, que continuará transformando a Estados Unidos con o sin muros.
La elección fue un paso hacia un futuro, pero también un repudio del pasado inmediato que Gore Vidal caracterizó como la “junta Cheney-Bush”, y el mandatario estadunidense acaba su último año como el presidente más repudiado de la historia moderna.
Pero la nueva administración que aquí ha despertado tantas expectativas de “cambio” no necesariamente significa la transformación del país, ni de los intereses básicos que definen sus políticas internas y externas.
Como ha reiterado el historiador Howard Zinn a lo largo de 2008, con el triunfo de Obama todo depende de la resurreción de un movimiento social amplio, y no del juego político de la cúpula. Eso fue la clave durante la gran depresión y lo es de nuevo hoy.
Mientras caen bombas lanzadas por Israel sobre Gaza con apoyo estadunidense y sigue existiendo Guantánamo, mientras un año que empezó con el presidente alabando su política económica “exitosa”, que generaba empleo y más dueños de su propia vivienda, y acaba con despidos masivos, niveles récord de personas sin techo, mayor hambre, bancarrotas, un sistema bancario al borde de la precipicio y severos recortes en educación y salud, 2008 concluye manchado de sangre a consecuencias de la avaricia desenfrenada.
Pero sí marca el fin de lo que muchos historiadores consideran el peor presidente de la historia y el fin de la fe en el neoliberalismo. Lo que está por verse es qué es lo que empieza ahora.
De las esperanzas despertadas este año se perfila, dentro de esta crisis, una oportunidad para un cambio sin precedente en Estados Unidos, algo más allá que sólo el fin de Bush, sino también el inicio de algo nuevo. Ahora se verá si hay un cambio o si en su esencia el nuevo año solamente acaba con más de lo mismo pero con nuevas caras. Eso no depende de Washington, sino de todos.
Así, hoy tal vez sólo marca el fin de 2008, pero también podría ser el comienzo de una nueva era en Estados Unidos.
Los que se fueron
Entre los estadunidenses que fallecieron en 2008 están el actor Paul Newman; el ex agente de la CIA, y su crítico más feroz, Phillip Agee; el inventor del LSD Albert Hofmann; la fuente clandestina más importante de la historia, W. Mark Felt, conocido como Garganta Profunda (en honor a la clásica película porno); la cantante progresista de folk y gospel Odetta, el actor Charlton Heston y el genio del ajedrez Bobby Fischer.
Además, el cómico George Carlin, el politólogo favorito de la elite Samuel Huntington, la encueratriz Betty Page, el periodista e historiador oral Studs Terkel, el músico Isaac Hayes, el senador Jesse Helms, la actriz Cyd Charisse, el músico y pionero del rock Bo Diddley, el cineasta Sydney Pollack, el artista Robert Rauschenberg, el actor Richard Widmark, el analista político conservador William F. Buckley, y Arthur C. Clarke, autor de ciencia ficción.
También, un número indefinido de héroes no famosos que ofrecieron su vida a algo más grande que sí mismos en las luchas por la justicia y la dignidad. O sea, nos regalaron las posibilidades de un Año Nuevo.
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